martes, 22 de enero de 2019

La Piedra De Rayo Y Otras Mataris



Otro tema polémico dentro del Palo Monte son las mataris; especialmente la piedra de rayo. Por regla general se considera que pertenece a Sabranu Nsasi y con ella se monta la prenda 7 Rayos, originaria de Mayombe; pero también hay muchos paleros que la emplean para montar Sarabanda y otros, entre los que me encuentro, que piensan que toda nganga debería llevar una piedra de rayo, aunque no sea la principal ni la prenda un 7 Rayos o un Sarabanda.

Se supone que una piedra de rayo es aquella que se forma al caer un rayo en la tierra fundiendo los minerales que contiene el suelo en ese punto. Sobre todo en Europa, existe la creencia de que su aspecto es el de una piedra negra, lisa y alargada, como una punta de hacha primitiva, pero geológicamente es poco probable; ya que al fundirse distintos minerales al mismo tiempo se producen erupciones o burbujas que al enfriarse parecen frituras de piedra con tonalidades terrososas, como algunas piedras volcánicas. Estas piedras no se parecen en nada y son mucho más difíciles de encontrar que las supuestas piedras de rayo que venden en las botánicas y tiendas esotéricas de todo el mundo, de color negro liso o negro con vetas grises. Incluso hay muchos lugares donde te venden piedras negras con vetas grises lo mismo para montar 7 Rayos, que un Sarabanda o un Centella. Sí usted tiene alguna prenda montada con piedras negras lisas o piedras negras de vetas grises, no se extrañe si no le camina bien, ya que lo más probable es que no sea una verdadera matari de rayo.

Después de la kriyumba, la matari es el elemento más importante de la nganga, por eso hay que tener especial cuidado al buscar la nuestra. Sí se monta un Fundamento con una matari incorrecta, este no funcionará como es debido. El nfumbe hará su labor lo mejor que pueda, pero sin el poder de los mpungus que habitan en las mataris no podrá convertirse en nkisi y sus trabajos serán débiles y erráticos. La confusión generada por la producción y comercialización masiva de artículos religiosos de dudosa procedencia es tal, que ya existen varias generaciones de paleros con sus prendas mal montadas por desconocimiento y que, a su vez, montan mal las de sus ahijados. Es una práctica cada vez más habitual, sobre todo fuera de Cuba, que los nuevos Tatas entreguen a sus ahijados prendas sin kriyumba y sin mpungu; sólo con tierras, palos, algunos ngandos y una matari equivocada, que no sirve para nada. Dichos artefactos están más cerca de una maceta con plantas, que de una cazuela mágica.


La auténtica piedra de rayo hay que salir a buscarla tra la tormenta, cuando acaba de nacer y su poder es más grande y evidente. Suelo, plantas y árboles quemados pueden servirnos de guía para hallarla. De hecho, la madera de un árbol partido por un rayo puede albergar su espíritu o mpungu tan bien como una matari. Algunos antiguos 7 Rayos de Mayombe están montados en recipientes tallados con madera de rayo, sin matari y su poder es tremendo.



De la misma forma que se forman las piedras de rayo se forman las mataris de Centella, pero las suyas son más pequeñas y claras. Se buscan al día siguiente de una noche de centellas. 



También son distintas las mataris de Sarabanda, de color rojizo por su alto contenido en hierro y/u otros metales. 



La matari de Lucero y de Cuatro Vientos es fragmento de meteorito y suele ser oscura.



La matari de Tiembla Tierra puede ser una piedra de color blanco del llano, de tierras de cultivos, de un terremoto o temblor sísmico o de la cima de una montaña. El ideal es la piedra de mármol.



La matari de Kalunga es una piedra lisa del mar y su prenda debe llevar al menos una perla.



La matari de Mamá Chola es una piedra lisa de río y su prenda lleva también mineral de cobre.







La matari de Kobayende puede ser piedra de tumba del monte, de cementerio, de hospital, de morgue o de una zona azotada por alguna epidemia.

La matari de Ngonda puede ser piedra de un ojo de agua, pozo o estanque; pero el ideal es una piedra con mineral de plata. Su prenda lleva también piedra Luna.





La matari de Centella es piedra de Centella.

La matari de Nsasi y de su espíritu auxiliar Brazo Fuerte o Vence Batalla, es piedra de rayo.

La matari de Sarabanda y de su espíritu auxiliar Watariamba o Cabo Ronda, es piedra de hierro.

En mi opinión, todas las ngangas deben llevar, independientemente de la matari de su Nkisi, una piedra de rayo, una piedra imán hembra, una piedra de río, una piedra de mar, una piedra de monte o bosque, una piedra de montaña, una piedra del llano y un cuarzo. También se le pueden añadir todos los minerales metálicos y las piedras preciosas y semipreciosas que se puedan conseguir.


sábado, 19 de enero de 2019

Tratado De Nkuyo Lucero O Cómo Se Monta Un Lucero Nganga



El tema de Lucero siempre crea confusión y controversia por su complejidad en comparación con la sencillez de otros mpungus; cómo Kalunga, que es la fuerza espiritual o tótem del Mar; Chola Wengue, que es el Río y las aguas dulces; Nsasi, que es el Rayo y el Fuego; Ngurufinda, que es el Monte; Sarabanda, que es la fuerza de los metales que rigen el trabajo y la guerra; Watariamba, que es el espíritu de la caza y de la Ley; Kobayende, que es la enfermedad; Mariwanga, que es la fuerza de las Centellas y Vientos Malos, como ciclones y tornados; Tiembla Tierra, que es la fuerza espiritual de los movimientos sísmicos, terremotos y temblores de tierra; o Ngonda, que es la Luna. 

¿Pero quien es realmente Nkuyo y porqué le llaman Lucero?

En las antiguas culturas y lenguas bantúes, el vocablo nkuyo se refiere a cualquier figura antropomórfica que albergue a un nfumbe o fuerza espiritual. Sin embargo, durante el período colonial español en el que fueron llegando a Cuba los bantúes para trabajar en sus campos de caña, el vocablo nkuyo fue cobrando protagonismo en el mundo mágico de los esclavos y de sus descendientes; del cual nació el culto afrocubano del Palo Monte. En nuestras reglas congas o de Palo Monte; síntesis y adaptación criolla de varios cultos africanos a la realidad del Nuevo Mundo que ha seguido evolucionando desde entonces independientemente de la suerte corrida por la cultura bantú en Africa; a cada mpungu o fuerza superior de la naturaleza le corresponde una matari o piedra que es capaz de contenerla. Antes que residir en cualquier recipiente o forma que le den los humanos, los mpungus habitan en piedras; cómo la piedra de rayo que alberga la fuerza de Sabranu Nsasi o las piedras de mar y de río que contienen a Kalunga y Chola Wengue, respectivamente; ¿pero cuál es la verdadera matari de nuestro Nkuyo, al que llamamos Lucero?

Para muchos paleros influenciados por las reglas Yoruba, Nkuyo corresponde al Eleggua de Osha o al Éshu de Ifá, y lo ven cómo a un nfumbe que cobró fuerza en el Monte y ronda los caminos de las personas; cómo los güijes o jigües, chichirikús, kini kinis y demás entidades traviesas y a veces malvadas que espían y trastocan la vida de los humanos y que suelen simbolizarse antropomórficamente; es decir, con formas de rostros o figuras que recuerdan a los humanos. Pero mientras Nkuyo se sincretizaba con Eleggua en algunas partes de Cuba, en otras; sobre todo en el campo; se le asociaba más con el Lucero del Alba que precede al amanecer; cuyo espíritu o fuerza mágica se considera muy poderosa en muchas culturas. Astronómicamente corresponde al planeta Venus, cuyo reflejo puede verse desde el campo a esas horas; pero eso no lo sabían los antiguos brujos afrocubanos y asociaban fonéticamente la entidad Lucero con la entidad Lucifer. Lucero Madrugá era para ellos como el rostro luminoso y extraño de cierto avatar del Diablo que logra asomarse al mundo por la pequeña rendija temporal que deja La Luna al retirarse y dar paso al Sol cada día, y con con el que se puede “hablar y trabajar”; siempre que se le busque sin miedo y de corazón.

En algún momento entre finales del siglo XIX y principios del XX se fundieron en Cuba los cultos a esas dos entidades -el Nkuyo que habita en una matari de un cruce de caminos o de un bibijaguero en el monte, con el Lucero Madrugá o espíritu diabólico que se adoraba en el campo y cuya matari es un fragmento de meterorito-, en una sola: Nkuyo Lucero. Nkuyo es un espíritu de Tierra y Lucero uno de Aire; ya que viene del cielo; pero ambos se representan con formas que recuerdan un rostro humano, poseen un carácter caprichoso y a menudo malvado que recuerda a un niño travieso y conocen y dominan los caminos de las personas, ya sea en la tierra o desde el cielo. Eso explicaría cómo pudieron fundirse dos entidades de Elementos tan opuestos y el origen de la confusión sobre los diferentes artefactos y entidades mágicas llamados Nkuyos y/o Luceros en la actualidad; cómo los Ndundus, Guardieros o Luceritos que protegen las casas y negocios; los Lucero Guías que protegen la nganga en algunas reglas o casas de Palo Monte; el Cuatro Vientos que cuelga y gira sobre la nganga y los 21 diferentes Caminos de Nkuyo Lucero Nganga o de Fundamento.

La Magia no es una ciencia exacta; en ella no existe una sola verdad, sino muchas y por esa razón cada brujo puede tener un librito o técnica diferente al de los demás y aún así obtener éxito en sus obras. Yo tengo coronado Eleggua en Ocha, poseo Éshu de Ifá, fui rayado sobre Lucero y Sarabanda hace treinta años, tengo un Nkuyo Ndundu, un Cuatro Vientos y un Fundamento o nganga de Lucero y he dedicado bastante tiempo a investigar sobre esta escurridiza entidad que guía mis pasos; por lo que me atrevo a ofrecerles mi interpretación personal sobre las principales prendas de Nkuyo Lucero; sus cargas, montaje, firmas y métodos de consulta y trabajo que yo empleo con ellas. Ojalá este tratado aclare sus dudas sobre este tema y les sea tan útil como a mí.

Nkuyo Ndundu, Guardiero o Lucerito: Ndundu o nfumbe benéfico o protector que habita en matari de cruce de caminos o bibijaguero del monte y se monta en nkuyo o figura antropomórfica de madera, arcilla o cemento, como una figura de madera de pie o un rostro de madera o cemento en una pequeña vasija de barro. No lleva matari de meteorito, pero lleva rastro del Fundamento de Lucero del cual nació, que sí contiene una piedra de meteorito. El ndundu de Lucero es, por tanto, un nfumbe benéfico o positivo consagrado al mpungu Lucero, que se mete en un nkuyo y se le entrega a los ahijados del Tata para proteger sus hogares y negocios; un espíritu de Tierra consagrado a un mpungu de Aire y a la protección de un individuo en particular. 

Además de la matari y rastro del tronco del que nació, el Lucerito lleva en su carga un imán hembra, un espejo, azogue, corazón de gallo, cuatro monedas, limallas o fragmentos de oro, plata, hierro y cobre; cuarzo, 4 peonías, corojo, ntoto de bibijaguero, cruce de caminos, mercado, iglesia, hospital y policía; Ébano Carbonero, Jiquí, Palo Tocino, Tengue, Abrecamino, Palo Caja y Guara ( 7 palos de Lucero, que pueden variar según el camino de la persona ); ngandos de perro, ratón, cocuyo, carpintero, cigüeña, lechuza y la foto del dueño del Lucerito con sus datos escritos por detrás y algún rastro suyo, cómo uñas o un mechón de pelos, sobre la firma de Nkuyo Lucero Ndundu pintada en blanco sobre tela roja. Se comprime la carga en la tela formando un makuto que se enrolla y aprieta con hilo negro por fuera. Se consagra en mamba de 14 yerbas de Lucero y se le hacen sacrificios de un gallo negro y una paloma blanca y ofrendas de malafo y nsunga. Se deja tomando sombra de la nganga rodeado de 4 velas rojas, hasta que se seca y luego se introduce en el nkuyo de rostro o figura asignado. Se sella el fetiche con cera de abejas y un espejo y se le ofrenda un gallo o pollo, malafo y nsunga. Por último se consulta con cuatro chamalongos que fueron consagrados previamente con la misma mamba y menga que la carga, sí todo está bien. Se deja al fetiche tomando sombra de la nganga hasta el día siguiente y ya está listo para ser entregado.



Nkuyo Lucero Guía: Es muy parecido a un Ndundu o Lucerito en cuanto a forma y tamaño. Su recipiente puede ser un fetiche o muñeco de pie o un rostro con dos caras en una vacija de barro. Lo que cambia es la carga. Dependiendo del camino de la nganga, los palos pueden ser Jiquí, Tengue, Corojo,  Palo Diablo, Abrecamino, Ébano Carbonero y Palo Torcido. También lleva rastro de la nganga y el nfumbe se instala en una matari de cruce de caminos del monte, con ngandos de perro, lechuza, mayimbe, loro africano, gallo, jutía, lagartija o salamandra, ciempiés, gusano de tumba, cocuyo y escarabajo. Lleva ntotos de montaña, de monte o bosque, del llano o sabana, de cruce de caminos, de orilla de río y del mar y de cementerio. Lleva hueso de nfumbe, lengua de gallina atravesada con un alfiler, imán hembra, espejo, azogue, cuatro clavos de hierro y cuatro monedas de plata. La carga se envuelve en tela negra con la firma del Nkuyo Lucero Guía pintada en rojo sobre la firma de la nganga pintada en blanco y se le ofrendan un gallo, chamba, malafo y nsunga. En la imagen se muestra como ejemplo la firma de Nkuyo Lucero Guía sobre un Sarabanda:



Cuatro Vientos: La carga de esta prenda va en una güira que cuelga sobre la nganga. Sí la misión del Lucero Guía es proteger el Nso Nganga y todo lo que sucede en él, desviar la mirada de los curiosos y guiar las obras en la Tierra; el Cuatro Vientos orienta en el plano astral a los nfumbes para que puedan localizar a sus objetivos, aunque no se conozca el paradero y se carezca de rastros de la víctima. También, cuando gira sin mediar corrientes de aire, avisa al Tata de la presencia de nfumbes, nfuiris, mpungus, karires y otras entidades en el Nso Nganga.

Lleva matari de meteorito, ntotos de cráter de meteorito o de cima de montaña, de monte, de cementerio y rastro de nidos de aves y de la nganga; ngandos de nfumbe de la nganga, de mayimbe, murciélago, águila, halcón, lechuza, búho o sijú, carpintero, loro africano, gaviota, golondrina, cigüeña, cuervo, gorrión, ruiseñor, pavo real, distintos tipos de palomas y zun zún o colibrí. Se corona con plumas de diferentes aves y/o alrededor de la güira se colocan plumas de mayimbe en forma de cruz. Se consagra con mamba de 21 yerbas y se le ofrenda un gallo negro, una gallina de Guinea, una paloma blanca y chamba, malafo y nsunga. El Cuatro Vientos se baja del techo o del árbol del que cuelgue hasta la altura de la cintura, más o menos, sin nunca tocar el suelo, para alimentarlo cuando come la nganga. La firma del Cuatro Vientos se pinta de blanco sobre la firma de la nganga en azul, en el fondo de la güira y en su centro se coloca la matari rodeada por cuatro monedas de plata y encima los ntotos y el resto de la carga. En la imagen se muestra de ejemplo el Cuatro Vientos sobre la firma de un Sarabanda:



Lucero Nganga o de Fundamento: Actualmente se dice que este mpungu tiene 21 Caminos, pero eso se debe a 21 prendas legendarias de las cuales descienden la mayoría de los Luceros modernos. Por imitación y tradición se siguen montando fundamentos de Lucero con esos 21 tratados que sobrevivieron a su tiempo, pero eso no quiere decir que a cada hijo de Lucero le corresponde obligatoriamente uno de esos caminos, cómo creen muchos religiosos influenciados por la liturgia yoruba. En el Palo Monte más puro los hombres no son hijos de los mpungus, como en la santería y las ngangas se van conformando a partir de los poderes y elementos con los que se cuente. Sí el brujo encuentra una piedra de rayo, montará un Fundamento de Nsasi y le llamará 7 Rayos o algo parecido; en cambio, sí se encuentra un fragmento de meteorito, montará con él un Lucero. Cada mpungu posee poderes diferentes y el brujo puede trabajar con todos ellos. Sí se decanta más por unos que por otros es por suerte, necesidad y experiencia; no porque su camino esté marcado de antemano en algún signo.

Lo que sí no puede faltarle a un brujo para funcionar es un nfumbe con su kriyumba; que es su matari. Atrapar, convencer o pactar con un nfuiri o difunto reciente es la piedra angular del Palo Monte. Sin un nfumbe inteligente, estable y amoldado a las características y necesidades del Palo Monte; que ejerza de mayoral de otros nfumbes y de intermediario entre el brujo y los mpungus, karires y demás entidades superiores; ninguna nganga puede caminar. El nfumbe son las manos, ojos y lengua del Tata en el Astral; su embajador en el más allá.

Una buena nganga es como un micro mundo donde están representados todos los elementos y fenómenos naturales, formas de vida, lugares y caminos del mundo que abarca su dueño. Un buen Fundamento lleva a un nfumbe principal o mayoral en su kriyumba y varios nfumbes secundarios a su mando ( los cuales se contienen en mpakas, frascos sellados, pequeños huesos o rastros e incluso en fotos e los difuntos ), como Ndokis y Ndundus, para hacer el mal o el bien, respectivamente. Los nfumbes por sí solos poco pueden hacer en el mundo de los vivos, ya que carecen de materia y por eso necesitan los poderes de plantas, animales, astros, elementos y fenómenos naturales para fortalecer y dar cuerpo a sus trabajos. El nfumbe es como la mente o cerebro de la nganga, mientras que los restos de palos, semillas, tierras, minerales y animales vienen a ser su cuerpo. Esos elementos -ntotos, nkunias y ngandos- corresponden a diversos tótems o mpungus que el brujo puede invocar con la ayuda de su nfumbe. Entre todos esos mpungus siempre hay uno que trabaja mejor con cada Tata; ya sea por empatía espiritual o porque la matari que lo contiene es más fuerte que las demás o camina mejor que las otras en determinada zona geográfica o ámbito social; y que se convierte en el Aliado, nsambe o mpungu de cabecera del ngangulero. Su matari se amarra con la kriyumba del nfumbe principal para fundir ambas entidades en una nueva y más poderosa y eficiente: Nkisi.

Es decir, que todo Fundamento alberga a un Nkisi formado por un nfumbe y un mpungu en particular, aunque lleve elementos de otros nfumbes y mpungus, que quedan subordinados al Nkisi. El nsambe de cada Tata, por tanto, no se averigua con total seguridad hasta que termina de montar y configurar su prenda. En el Palo Monte, a diferencia de la Santería, la iniciación no consiste en asignar y colocar un santo, orisha o mpungu en la cabeza del neófito, sino en rayar la piel del que se inicia, para que pueda comunicarse con los muertos. Las heridas se rellenan con mpolos de nfumbe y, a su vez, su sangre se le entrega a los muertos para sellar el pacto con ellos. El rayamiento es un pacto con los nfumbes, no con los mpungus; el primer paso hacia el dominio de la brujería. Los nfumbes servirán de guías al palero en el Astral hasta que encuentre uno que quiera pactar con él permanentemente. Un Aliado. Sólo entonces y no antes, el pino nuevo empezará a recolectar diferentes ntotos, nkunias y ngandos; hacia los cuales le irá guiando el nfumbe.

A través de la Gran Obra que es el montaje de una nganga, no solo se conforma el carácter de la prenda; también lo hace el carácter del brujo. Por eso el vocablo nganga se refiere lo mismo al recipiente del nkisi que a su dueño. Nganga es la unión o sociedad entre un ser humano vivo y un Nkisi. Cuerpo y objeto forman una sola entidad más poderosa que un hombre y un nkisi: la Nganga. En algún momento del proceso de montaje, el nuevo brujo descubrirá  el mpungu con el que mejor se lleva y lo convertirá en su Nkisi. Los registros y augurios previos pueden orientar al ngueyo en su búsqueda de un nsambe o mpungu de cabecera, pero no son definitorios. Imagínense, por ejemplo, a una persona que al rayarse le sale que es hija de Kalunga y recibe un Fundamento de ese mpungu; pero resulta que vive y trabaja en una zona desértica y sin costas. De poco le va servir una cazuela de Madre de Agua en esas circunstancias; salvo para escapar de ese lugar. Sí el mpungu que conforma el Nkisi de una prenda se halla muy lejos de su Elemento, no podrá caminar correctamente o lo hará débil y lentamente.

Eso explica porque muchos paleros que creen ser hijos de tal o más cual mpungu terminan montando una nganga diferente a la de su nsambe; como un hijo de Tiembla Tierra o de Kalunga, por ejemplo, que acaba manejando un Sarabanda o un Siete Rayos porque se le da mejor. Amarrarse al mpungu correspondiente al signo que nos haya salido en los registros es como usar ropa confeccionada por tallas; puede funcionar y hasta ser cómoda, pero nunca será lo mismo que llevar ropa a medida. De hecho, no habían signos en el Palo Monte original. Los signos del Palo Monte surgieron en la segunda mitad del siglo XX y son el resultado de la recopilación y ordenamiento de libretas y tratados de antiguos y prestigiosos Tatas; pero no constituyen una regla sagrada que los ngueyos deban tomar al pie de la letra. Los registros abren diversas puertas, pero sólo nosotros podemos cruzarlas.

Dicho eso les explicaré cómo montar un Fundamento de Lucero en general, sin concretar su camino; como los antiguos Luceros de mayombe:

El recipiente original es una cazuela de barro cocido rojo oscuro, pero también se puede montar en un caldero de hierro con una tela roja envuelta alrededor de la parte superior, para distinguirlo de un Sarabanda. En el fondo se pinta la firma del sello en blanco, cómo se muestra en la imagen y en su centro se coloca la matari de Lucero con una falange u otro hueso o fragmento del muerto entizado con hilo rojo a la piedra y rastro ( cabellos, uñas o sangre y los datos y/o foto ) del dueño de la prenda. A su alrededor se colocan una vela blanca y 4 monedas de plata formando una cruz y se sacrifica un pollo negro encima y se ofrenda malafo y abundante humo de nsunga. Se deja hasta que la vela se extinga y su esperma selle el fondo con el pacto entre vivo, muerto y mpungu. El cabo de vela y el de tabaco usados en el sello deben dejarse dentro de la cazuela.



Sobre el sello se va colocando el resto de elementos de la carga; primero los ntotos, tierras o rastros de cráter de meteorito o cima de montaña, cueva, cruce de caminos y bibijaguero del Monte, cultivos en llano, cementerio y tumba del nfumbe, iglesia, mercado, edificio de gobierno, juzgados, estación de policía, cárcel, hospital, forja o fábrica, banco, universidad o colegio, prostíbulo, museo o teatro, puerto, aeropuerto, orilla de río y de mar; y después las semillas, minerales y ngandos. Lleva semillas de ojo de Buey, mate, corojo, peonía, coco y frijol de carita; gusanos y bichos de tumba, lombriz, ciempiés, alacrán, musaraña, escarabajo, cocuyo, caracol de tierra, camaleón o salamandra, hormigas bravas, avispas, sapo, jutía, almiquí, sapo y araña; limallas de oro, hierro, acero, cobre, bronce, estaño, zinc, niquel y plomo; piedra imán, mercurio, azufre, coral rojo y negro, ónix, cuarzo y calcedonia o jaspe rojo ( lo ideal sería tener un rubí ), una perla de mar y su concha. Encima lleva la kriyumba o cráneo del nfumbe, un cráneo de perro, una cabeza de búho o lechuza y otra de mono, sí es posible; rodeadas por cornamenta de distintos animales; como cabra, gacela, toro y venado (cuerno de elefante o rinoceronte sería genial, pero no es fácil conseguirlos ). 

En los bordes del recipiente se clavan los 21 palos -Amansa Guapo, Para Mí, Palo Bronco, Palo Caballero, Cambia Voz, Palo Diablo, Guayacán, Jiquí, Palo Malambo, Palo Moro, Palo Negro, Ébano Carbonero, Palo Ramón, Tengue, Palo Tocino, Palo Torcido, Quita Maldición, Siguaraya, Ácana, Cayajabo y Palo Caja- que se coronan con plumas de múltiples aves -mayimbe, lechuza, búho o Sijú, gaviota, cigüeña, halcón, carpintero verde y real, zun zún o colibrí, perdiz, tórtola, sinsonte, gorrión, loro africano, catey, cotorra, pavo real, urraca, cuervo, totí, tocororo, guacamayo, bijirita, gallo fino, pitirre, golondrina, ruiseñor, garsa, etc- y se inclinan hacia el centro formando un cono de palos coronado por un gran mechón de plumas. Se completa la prenda con una cadena y una tela roja enrollada alrededor de la cazuela, de la que cuelgan garras y colmillos de algunas fieras; como perro jíbaro, jabalí, zorro, coyote y cocodrilo. También se le pone una herradura de caballo, un clavo de línea, un machete corto o cuchillo y un garabato de guayabo; cómo se muestra en la imagen.



Una vez concluido el montaje, se le ofrenda un chivo virgen negro o tres gallos negros y una paloma, chamba, malafo, vino tinto y nsunga y se entierra envuelta en paño negro o rojo al pie de un árbol grande y frondoso del monte. A los 7 días se desentierra y se le da entrada en su Nso o cuarto de nganga con manteca de cacao y de corojo, un gallo negro y una paloma, chamba, malafo, café y nsunga y se le consagran 4 chamalongos con mamba de 21 palos y yerbas, malafo, fula y menga de los sacrificios; para consultar y comunicarse con el Nkisi.

La mpaka de Lucero va en cuerno de gacela o de cabra y se monta antes de ser enterrada la prenda, con rastro de cada elemento de la misma, corazón de gallo, azogue, falange o fragmento de hueso del nfumbe, imán, rastro del Tata y una salamandra o camaleón vivo. Se sella con cera de abejas y un espejo y se consagra con mamba de 21 yerbas y palos y las ofrendas y sacrificios a la nganga antes y después de enterrarla. La firma de su montaje se dibuja con grafito en papel estraza y del otro lado se dibuja la firma de la prenda; se coloca en el centro del papel el hueso del nfumbe y el rastro del Tata y se doble tres veces formando un paquetico triangular, que se introduce en el fondo de la mpaka, antes de cargar el resto de elementos. La mpaka es como una mini nganga o nganga portátil que sirve para trabajar con el Nkisi cuando el Tata se encuentra lejos de la prenda. También se usa para “ver” el aura de los consultantes y descubrir ndokis o espíritus oscuros.












sábado, 9 de julio de 2016

Vititi Mensu: El registro o consulta con mpaka

  Mucho se ha escrito sobre el palo monte, pero poco o casi nada sobre la liturgia o ritual y los diferentes métodos de vititi o adivinación empleados por los brujos y brujas para ver el aura y el nsila o camino de cada persona, así como los nsaras o trabajos que marcan los nfumbes, nkisis y demás entidades espirituales, para salvarlos, resolver sus problemas y hacer realidad sus sueños y deseos más profundos. Las causas de ese silencio o vacío son dos, principalmente: Por un lado el palo monte y todas sus reglas, descendientes de los brujos bantú que llegaron como esclavos a Cuba, son muy herméticas o secretas y, por otro, la adivinación en el palo monte es muy diferente de otros sistemas adivinatorios, como los de la santería y el tarot, por ejemplo, cuyos arcanos o signos siempre se repiten al pie de la letra. Los registros de palo monte, en cambio, ya sean de mayombe, kimbisa, nuevos kimbisa, briyumba, shamalongo, o buey suelto, son de naturaleza fundamentalmente espiritual. Es decir, que el Padre o Madre, Tata o Yayi, brujo o bruja que oficia, debe emplear y potenciar sus habilidades mediúmnicas o extrasensoriales para comunicarse con los espíritus, recibir sus inspiraciones y ver a través de sus ojos.

Los signos del chamalongo solo son una referencia para auxiliar a los brujos, especialmente a los ngueyos o aprendices. Estamos trabajando arduamente para terminar y publicar el tratado general de los chamalongos este año, pero existen otros detalles del registro o consulta de gran interés para cualquier persona que se inicia en las reglas muerteras o que decida recorrer el camino del buey suelto, que enseñan la liturgia o procedimientos básicos del registro con cualquier sistema de adivinación, espiritual o de signo, en persona o a distancia, y que podemos ir estudiando mientras tanto. De hecho, la mayor parte de lo explicado aquí formará parte del libro o tratado general de vititi chamalongo que preparo, como introducción.

Lo primero que debe saber un palero es que sin muerto no hay brujería, que sin espíritu no hay magia, por eso es preciso poseer al menos un nfumbe para hacer vititi o cualquier otro bilongo, con éxito. Los nfumbes se reciben de los mayores, cuando somos ngueyos, o se pactan o capturan personalmente, cuando tenemos más experiencia. Algunas personas nacen con dones mediúmnicos que les permiten comunicarse con facilidad con los nfuiris o los que ya no están vivos, y pactar con ellos o capturarlos, para transformarlos en nfumbes. Todos los nfumbes son nfuiris que aceptaron trabajar con un ngangulero o cayeron en su trampa.

Los nfumbes no son los únicos espíritus con los que trabajamos los brujos, también están los mpungus ( espíritus de plantas, minerales, animales y fuerzas elementales de la naturaleza, espíritus acuáticos, de montañas y volcanes, etc ), los nkuyos ( espíritus que moran en el monte, en cruces de caminos, líneas de tren, mercados, cuevas y ojos de agua, etc ), los ndokis ( espíritus oscuros, nfuiris que tuvieron una muerte violenta, prematura o injusta, que no estaba en el nsila o destino trazado por Nsambi ) y los karires ( fuerzas primigenias y violentas de la naturaleza, antiguos dioses y demonios ) entre otros.

A los mpungus no se les posee, son demasiado poderosos para eso, pero podemos trabajar con ellos y contar con su guía y protección, si sabemos cómo. Un nkisi, por ejemplo, es la alianza entre un brujo y uno o varios mpungus, a través de un nfumbe que se consagra a ellos exclusivamente. Cuando decimos nganga o nkisi nos referimos al recipiente o prenda donde habita un nfumbe en estrecha relación con un mpungu o un nkuyo, fundidos en una sola entidad, pero también nos referimos al dueño de la prenda, a la persona viva que cierra el triángulo espiritual que activa el poder mágico. Espíritu vivo + espíritu muerto + espíritu de la naturaleza = nkisi o nganga.

En el caldero de un brujo o en la cazuela de una bruja, tiene que habitar un nfumbe ( espíritu pactado o esclavizado ) y parte de la fuerza o energía espiritual de uno o varios mpungus ( como Sarabanda, que es la fuerza del fuego y del hierro, o de 7 Rayos, que es la fuerza del rayo ), nkuyos ( como las entidades que viajan en los meteoritos o se ocultan en los hormigueros, ojos de agua, cuevas y caminos ) o ndokis ( que pueblan los cementerios, morgues y hospitales, las casas malditas, los parajes oscuros y negativos, las copas de los árboles antiguos y frondosos, etc ). De los karires o demonios no se hacen nkisis ni ngangas, ya que son entidades demasiado peligrosas para darles el poder de una nganga o prenda mayor, solo se montan kini kinis o muñecos de palo con ellos.

Los nfumbes se pueden recibir de manos de los padrinos en mpakas o gajos, con los que se podrá fundamentar un nuevo nkisi, o directamente en la nganga o recipiente definitivo. Se puede consultar y trabajar con el nfumbe en la mpaka o en el nkisi, la diferencia está en el poder, que es mucho mayor en la nganga. Con un nkisi se puede hacer cualquier trabajo, mientras que la mpaka se emplea para emergencias o trabajos menores cuando se está de viaje, para comunicarse a distancia con el nkisi y, sobre todo, para vititi.

La mpaka o cuerno cargado es un artefacto básico en las reglas de palo monte. Hay varias clases de mpaka y cada una tiene sus propias funciones. La mpaka para consultar lleva un espejo en su boca y se llama vititi mensu, el ojo del nkisi. Cada nganga posee su propio ojo. Sin su vititi mensu las entidades que conforman un nkisi no pueden ver con claridad y precisión a las personas, objetos, lugares y situaciones que el brujo señala y sobre los cuales quiere enfocar su poder, pasando el espejo de la mpaka por ellos, como una cámara de video remota, o sobre las patipembas ( firmas o trazos mágicos ) o muñecos cargados que los simbolizan.

Cuando una persona acude a la consulta de un palero, ambos se sientan junto a la prenda, donde el nkisi pueda ver todo lo que pasa a través de su ojo o vititi mensu. Si la consulta se realiza lejos de la prenda, la mpaka debe estar presente, a menos que se trate de un brujo poderoso y experimentado, capaz de comunicarse a distancia con sus nkisis sin necesidad de mpaka, mostrándoles las cosas que le interesan en la pantalla de su mente. Las personas con alto poder de visualización, capaces de imaginar cosas complejas con cierta precisión y detalle, no precisan de mpaka para consultar, pues los nfumbes y nkisis pueden ver por sus ojos y escuchar sus palabras dentro de su cabeza. Ellos son los verdaderos nganga, los tatas mayores que están tan unidos a su nkisi que pueden trabajar sin prendas, pues lo llevan dentro. Cuando el nganga mira, aunque sea ciego, son los muertos quienes miran por sus ojos, y cuando abren la boca, son ellos los que hablan con su lengua.

La potencia de un registro no disminuye con la distancia. Las consultas realizadas para una persona que no se encuentra físicamente frente al brujo o bruja pueden tener la misma claridad que una sesión en persona ( o incluso más, puesto que a menudo resulta más fácil concentrarse en silencio, sin las distracciones que genera el consultante con su parloteo ), pues uno de los principios de toda magia es que la parte es igual al todo y, por lo tanto, se puede ver y actuar espiritualmente sobre una persona, cosa o situación a partir de su nombre, su foto, su cabello, su sudor, su sangre, o dibujos y muñecos que le representan. Para los espíritus no hay diferencia entre la imagen directa y la simbólica para rastrear a los vivos y encontrar sus auras en el plano astral de la existencia.

El aura es el reflejo espiritual de la energía vital de los seres vivos. Los no vivos no tienen cuerpo ni aura, pero, a diferencia de la mayoría de las personas, pueden verla con claridad desde el plano astral. Conociendo el aspecto del aura de alguien, un brujo puede descifrar su nsila y los factores que lo afectan u obstaculizan, por las tonalidades e intensidades de sus colores. Sabiendo eso, puede elegir y ejecutar el nsara más apropiado para resolver cada problema, no sin antes confirmar con las entidades implicadas ( los distintos mpungus y nkisis que rigen a una persona o trabajo ) si todo está correcto.


Sólo los videntes, brujos y espiritistas pueden comunicarse directamente con los espíritus y ver el aura de las cosas vivas. Los tarotistas, babalawos y muchos santeros que consultan sin pasar muerto ( sin ser mediumnidad ) no pueden ver el aura, únicamente los arcanos y signos que los santos y orishas emplean para comunicarse con los vivos. Los signos pueden interpretarse erróneamente con más facilidad que los colores del aura. En el palo monte se emplean para trabajar ambos sistemas, vititi mensu y vititi chamalongo, según las necesidades de cada momento. En el registro inicial se suele usar más la mpaka para estudiar el caso y luego la fula o pólvora y/o los chamalongos, para ir preguntando y confirmando cosas puntuales sobre los trabajos o prendas correspondientes.

Hoy en día la fula, por ser un sistema más delicado y peligroso, no se emplea casi en las consultas y trabajos, quedando reservado para los rituales y ceremonias más importantes, como pactos con nfumbes y karires, montaje de prendas, rayamientos, cajón de muerto, funerales y fundación de nuevos munansos, juegos, potencias o templos.

Volviendo a la consulta, tenemos al buey suelto ( brujo/a que recorre su camino en solitario ) sentado en el suelo junto a su prenda y/o mpaka. El consultante o, en su ausencia, el rastro ( nombre, imagen, pelos, sudor, etc ), se coloca frente al practicante. Entre ambos se traza la patipemba o firma de vititi cuatro vientos, la consulta o registro, con yeso blanco.

El círculo del cuatro vientos simboliza al planeta tierra y al universo material en general. Las cuatro flechas indican los cuatro elementos básicos -aire, fuego, tierra y agua-, que corresponden a los cuatro puntos cardinales -norte, este, sur y oeste-, y el centro donde convergen es el quinto elemento, el astral o más allá, el mundo espiritual, la dimensión sin materia.

Es fundamental que el cuatro vientos se trace teniendo en cuenta los puntos cardinales. El practicante se coloca al sur de la firma y el consultante o su rastro, encima, al norte. La mpaka vititi mensu debe quedar a la izquierda del brujo, aunque hay muchos que prefieren ponerse al norte, con la prenda a su derecha, lo cual también es válido. Se enciende una vela blanca delante de las prendas, donde no debe faltar tampoco un vaso o copa de agua con una rama de albahaca y un crucifijo ( que no implica que seamos cristianos, ya que un palero puede estar bautizado o no en cualquier religión. Hay brujos católicos, musulmanes, budistas, etc. La cruz es un símbolo prehistórico universal, anterior a todas las religiones, que se refiere al misterio de la muerte y a la existencia espiritual, en general ).

Después hay que saludar a Nsambi, a los mpungus y nkuyos, a  los nfumbes y nkisis, a los ancestros y nfuiris guías, y llamar o invocar a las entidades con las que vamos a trabajar. También decimos en voz alta el nombre del consultante y demás personas implicadas, así como los objetivos principales que se persiguen. Esto se hace mientras rociamos con chamba, aguardiente de caña y abundante humo de puro de tabaco a la prenda y/o a la mpaka, para que despierten los espíritus y presten atención. Los saludos se acompañan de golpes rítmicos de bastón o maraka de muertos.

La mpaka se pasa por el rostro y manos del consultante o sobre su rastro, para que el ojo del nkisi pueda reconocer bien a la persona. Tengan en cuenta que los no vivos, los que no tienen cuerpo ni materia alguna, tampoco poseen ojos, ni oídos o cualquier otro órgano sensorial que les permita percibir la realidad física; ellos sólo perciben la energía o, mejor dicho, el resplandor espiritual de la energía de las cosas terrenales y de los seres vivos, y la mpaka viene a ser como una lupa que ilumina y agranda ciertos lugares, situaciones e individuos, destacándolos del resto. Sí, la mpaka es para los espíritus como un faro o una linterna en la oscuridad.

El humo de incienso, cáñamo, tabaco y salvia, entre otras yerbas y preparados, potencia la percepción extrasensorial del practicante vivo y, al mismo tiempo, la percepción astral o energética de la materia, que poseen los espíritus.  En la brujería afroamerindia de la que brota el camino del Buey Suelto, se emplea mucho el tabaco, puro o en mezcla con otras yerbas y sustancias, para facilitar vititi, la videncia.

Después de pasar la mpaka por el cuerpo o rastro del consultante, el brujo rocía de chamba y aguardiente el espejo y luego lo ahuma soplando con el cigarro encendido dentro de la boca. Repite varias veces esta acción, mirando el reflejo de las velas en el cristal de la mpaka, hasta que empieza a "ver" lo que sus aliados en el más allá le muestran o responden. Esa visión es más o menos precisa dependiendo de las facultades y experiencia del brujo.

La mpaka se mueve en la mano del brujo empujada por los espíritus, sintonizando las imágenes en los reflejos del espejo. Otros nganguleros prefieren hacer girar la mpaka en el suelo, con la mano, sobre el cuatro vientos, o atarla con cordel y colgarla del techo para que gire por sí misma. Los muertos hablan en el aire que mueve la mpaka y en los resplandores del otro mundo que se ven en su cristal. El humo y las cenizas, la humedad del licor y las partículas de la chamba, junto con la saliva del propio brujo, se acumulan en la superficie del espejo, alterando sus reflejos. No hay códigos, ni signos con la mpaka, su secreto consiste en mantener la vista sobre el cristal del espejo sin perder de vista al consultante, persiguiendo cada movimiento aunque sea mínimo, para no perder ninguna imagen o revelación; fuera de eso, cada brujo desarrolla su propia forma o estilo, que es la mezcla de la tradición heredada de sus mayores con sus propios aportes y experiencias.



Los métodos de hipnosis y autohipnosis de la sicología moderna se basan, curiosamente, en los mismos principios que los antiguos chamanes bantúes empleaban para entrar y salir a voluntad de distintos tipos e intensidades de trances, manipulando la luz y el ritmo de los sonidos. También el péndulo y la ouija tienen un principio parecido al de la mpaka. Y es que los reyes de la música y del trance fueron siempre los sabios africanos, los pueblos más antiguos y espirituales de la tierra.

De vuelta a la consulta: si el brujo posee ciertos dones extrasensoriales, o si tiene un buen día, puede que no le haga falta nada más -ni fula, ni chamalongos, ni naipes, etc- que su mpaka para ver e interpretar el aura de una persona y, teniendo en cuenta sus preguntas y deseos, establecer un diagnóstico correcto de su caso; pero si no los posee, no se angustie, porque se pueden desarrollar con el tiempo y voluntad. Muchos grandes paleros no eran mediumnidad cuando se rayaron, pero la fueron desarrollando a lo largo de los años, con la práctica constante. Se por experiencia que cualquier persona que practique esta técnica de la mpaka cada noche durante años, antes o después, empieza a ver lo invisible. Mientras tanto, los chamalongos o cualquier otro oráculo de nuestra preferencia, nos ayudarán a terminar el registro.

A las personas preocupadas por la salud les aclaro que el humo del tabaco no hay que aspirarlo, solo soplar para que salga abundante, y los licores ( chamba, aguardiente, ron, vino seco, vino tinto, etc ) no hay que tragarlos, sino atomizarlos con la boca. Se sopla chamba sobre las prendas al principio, para despertar a los nkisis, y después continuamos con aguardiente de caña y más humo, soplando en las cuatro direcciones, arriba y abajo, para que todo el ambiente se cargue bien ( Esa es una de las razones por las que el nso nganga o templo de consulta debe ser un cuarto pequeño, para que se llene de humo con facilidad ). Esa atmósfera propicia el trance y las posesiones espirituales, abriendo una puerta entre nuestro mundo y la dimensión astral.

El uso de sillones de balance para mecerse mientras se sopla licor y humo, también potencia y provoca las inspiraciones espirituales. Yo recomiendo practicar un rato todos los días después de la caída del sol. Más que un ritual, este ejercicio es como sentarse a charlar con un amigo invisible. Se comparte la bebida, el tabaco y las preocupaciones, las penas y alegrías, con los nfumbes. No hay que verlo como un deber, o no funcionará, sino como un momento mágico de relajación, meditación y comunión espiritual. Se saludan y mencionan a las entidades y se comentan con ellos los principales acontecimientos del día, se estudian los casos o problemas a solucionar, se repasan y actualizan los proyectos, etc, mientras respiramos y nos va llenando, poco a poco, de la presencia de nuestros aliados invisibles, hasta sentir sus mensajes con claridad dentro de la mente.

La luna es fundamental para desarrollar vititi, pues Ngonda nkisi es la reina de los sueños, el subconsciente, las plantas de poder y las percepciones extrasensoriales, y su visión durante los ejercicios resulta muy inspiradora. A diferencia de muchos trabajos de magia que no deben realizarse en luna llena o menguante, las consultas y ejercicios espirituales funciona mejor mientras más grande y visible sea la luna. Las peores fechas para hacer registros nuevos son las noches sin luna, y las mejores, las de luna llena.

Para ejercitar vititi se pueden usar puros de tabaco o preparar grandes cigarros con una mezcla de picadura de tabaco puro, un poco de salvia y flores secas de campana o de támbula, enrollada en hojas de tabaco, en papel de estraza o en papel de fumar 100% natural. También podemos preparar una chamba especial para estas sesiones, a base de aguardiente de caña y hojas y flores de albahaca, hierbabuena, tabaco, salvia, támbula, flor de campana y toda clase de plantas enteógenas y de nkunias o árboles sagrados, como ceiba, jagüey, flamboyán y ciprés de cementerio. A esta chamba no se le echa fula, pimientas, ni picantes de ninguna clase, en cambio sí lleva menga de paloma o de cualquier ave que vuele ( no gallinas ) y un chorrito de miel de caña y de abejas.

Flores y yerbas aromáticas, inciensos y esencias espirituales, como agua de florida y 7 potencias, y música o sonidos rítmicos y naturales( instrumentos de percusión y sonajeros, principalmente ), también resultan elementos válidos para acompañar y potenciar las prácticas espirituales, especialmente si se realizan con la mpaka. Se trata de saturar las percepciones físicas con determinados olores fuertes, humo denso, resplandores de velas encendidas, sabores y sonidos rítmicos, etc, para forzar a la consciencia a enfocar su atención más allá de los sentidos ordinarios. Las formas que vemos en el cristal de la mpaka bajo esas condiciones sensoriales, si se observan fijamente con los ojos entornados, se transforman una y otra vez, revelando las respuestas que buscamos.

Con el tiempo y la práctica se consigue entrar en un estado ideal de semi-trance ( que, a diferencia del trance o posesión completa, permite al practicante mantener cierta consciencia de lo que sucede y recordar lo que ha expresado el espíritu a través de su mente, ojos y cuerdas vocales, y su práctica no debilita tanto al cuerpo. Desde afuera, la persona en semi-trance parece mareada o ebria, con las pupilas dilatadas, párpados entornados, mirada perdida, lenguaje y gestos torpes, la respiración y el pulso se alteran ) en pocos segundos, que transcurren mientras se encienden las velas y el cigarro, se escupen los primeros buches de chamba y se saluda a los espíritus, con licencia de Nsambi. La propia preparación y cuidado del nso nganga es un ritual, una rutina litúrgica que prepara a la mente para el salto de consciencia que implica abrirse a los no vivos y dejar que sientan y se expresen con nuestro cuerpo, pero sin bajar la guardia, ni olvidarnos del mundo material que nos rodea. Al enfocar el espejo de la mpaka con los ojos, ya la mente del brujo se haya lista para sumergirse en una visión espiritual a través del cristal.

No es que vayamos a ver una película en la mpaka, como si fuera un celular; las visiones se proyectarán en el interior de la mente desde los reflejos que estallan sobre el cristal. Se consigue así la visión simultánea de las imágenes que entran por los ojos ( lo que sucede en el nso a nuestro alrededor, el consultante o su rastro, los trabajos, etc ), las que están en la memoria del brujo ( sus conocimientos y experiencias personales ) y las que muestran los espíritus, que son las revelaciones, propiamente dichas. En toda esa información recibida en un resplandor, el brujo aprende a encontrar patrones y asociaciones simbólicas que le ayudan a descubrir nuevos nsilas o caminos, soluciones y respuestas.



Por eso es tan importante conocer el significado esotérico o secreto de los colores, figuras geométricas, números, animales, planetas, objetos y demás elementos simbólicos que aparecen en nuestros sueños, visiones y trances, y su relación o equivalencias con los diversos factores que activan la magia, como la hora y día de la semana en la que se deben hacer los trabajos o rituales; la cantidad de palos, yerbas, animales, etc, que deben emplearse; los elementos, mpungus y otras entidades que rigen una obra o intervienen en un caso; la naturaleza del problema que aqueja al consultante; el tipo de trabajo que hay que hacer; etc.

Cada planeta corresponde a un día de la semana, a ciertos colores, números y figuras geométricas, a determinadas divinidades, santos y otros espíritus, que, a su vez, trabajan con ciertos palos, yerbas, animales, minerales, etc, y moran en lugares y parajes específicos. Conociendo ese código secreto, que es el lenguaje de Nsambi y de todos los espíritus, se pueden interpretar con bastante precisión los símbolos que nos rodean; en ellos está escrito el nsila de todas las cosas, presentes, pasadas y futuras.

La Luna, por ejemplo, corresponde al lunes, segundo día de la semana y, por tanto, al número dos. Su figura geométrica es la línea, que posee dos puntos, y sus divinidades, todas aquellas entidades relacionadas directamente con la Luna, como Ngonda, Chola Wengue y Madre de Agua, ya que la Luna se refleja de noche en las aguas y altera las mareas. Por esa razón, el Agua es un elemento primordial en relación a la Luna, pero también lo es el Fuego de los rayos solares que refleja en su superficie. Si el Sol es el padre que cuida la vida durante el día, la Luna es la madre que vela por las noches. El Agua tiene que ver con las emociones y deseos, ya que las lágrimas, tanto de dolor, como de alegría, están hechas de agua, y el reflejo de la Luna en el cielo y en las aguas saladas y dulces de este mundo evoca sentimientos profundos que inspiran poesía, música y arte en el corazón de los humanos. Por eso Ngonda, la Luna, es el planeta y el mpungu de los amantes, poetas, visionarios y lunáticos.

El Sol ( sunday ) es el domingo, el primer día de la semana y le corresponden el número uno y la figura del círculo, puesto que solo posee un punto. Su Elemento es el Fuego, ya que el Sol es una gran bola de candela. Los rayos del Sol calientan y animan la vida, pero en alta intensidad producen incendios, erupciones volcánicas, fuego. El fuego licua los minerales y permite crear y dar forma a los metales, por eso el Sol rige el trabajo y los metales, las forjas y fábricas, el oro y el hierro, las herramientas y máquinas que, a su vez, pertenecen a Sarabanda.

Como Sarabanda controla los metales, sus elementos básicos son el Fuego y la Tierra, y sus planetas, el Sol y Marte, el tercer día de la semana y antiquísimo dios de la guerra. Las armas son herramientas. Un mbele -cuchillo, machete- sirve para matar y destruir, pero también para cortar y construir; de igual forma, Sarabanda es mpungu de violencia, guerra y destrucción, pero también de trabajo, justicia y creación, como mismo el Sol es capaz de dar vida y de quitarla, según la intensidad o la cercanía de sus rayos.

Y así sucesivamente. Cada elemento que aparezca en nuestras visiones o que salga por nuestra boca al manipular una mpaka vititi mensu, puede ser asociado a determinados elementos y mpungus que regirán las consultas y obras que se lleven a cabo para solucionar el caso por el que se pregunta o en el que se esté trabajando. No basta ser médium o poseer dones extrasensoriales para ser un buen ngangulero, también es importante conocer los símbolos y sus correspondencias con los diversos mpungus y factores de la brujería. Las visiones son confusas y se pierde gran parte de los mensajes, como en los sueños, que al despertar casi no recordamos nada, por eso, mientras más símbolos y correspondencias domine el practicante, más posibilidades tendrá de hacer una lectura acertada a partir de cualquier color, número, figura, etc, que logre retener en su memoria.



miércoles, 8 de junio de 2016

Kalunga Siete Legua: Madre de Agua por camino de Sarabanda


Esta prenda la monté recientemente para una ahijada que vive en New York. Es un fundamento de Kalunga o Madre de Agua, Siete Legua; es decir, por nsila o camino de Sarabanda. En Kimbisa las mujeres reciben fundamentos femeninos( Kalunga, Chola Wengue, Mariwanga, Ngonda, etc ), aunque se monten por camino o ascendente de mpungus masculinos( Sarabanda, Siete Rayos, Lucero, Kobayende, Tiembla Tierra, Cabo Ronda, Brazo Fuerte, etc ), como en este caso. Las Madres o yayis kimbisa no reciben prendas de hombre, como Sarabanda, sino que reciben fundamentos de su mpungu de cabecera, cruzado con el mpungu de su camino, que generalmente es masculino( compensación cósmica ). Por eso esta ahijada recibe una Madre de Agua por camino de Sarabanda montada en cazuela de barro, en vez de un Sarabanda montado en caldero de hierro, como reciben los Padres kimbiseros.



Por su parte, los Padres o tatas kimbisa no reciben fundamentos puros de mpungus femeninos( aunque pueden montarlos para sus ahijadas ), solo prendas menores, como mpakas, muñecas, calabazas, etc. De esa forma, brujos y brujas pueden trabajar con la energía de todos los mpungus, aunque sean de polos opuestos. Esta Kalunga Siete Legua no tiene nada que envidiarle a un Sarabanda puro.

Saludos a todos y que Nsambi y Madre de Agua acutaren.



domingo, 3 de enero de 2016

Letra Del Año 2016. Consejo cubano de sacerdotes mayores de Ifá

Hola amigos: Les traigo la letra de Ifá del año 2016, sacada conjuntamente por las dos principales asociaciones de babalawos cubanos, la Comisión Miguel Febles Padrón y la Sociedad Cultural Yoruba. El año pasado me quejaba de que ya no se sabía a quién creer, pues cada una publicaba cosas opuestas, y parece que me oyeron. Los felicito por dar este paso importante de unificación, diálogo e intercambio, que podría inspirar otros pasos hacia la reconciliación nacional, y oro porque el gobierno cubano no interfiera en los asuntos culturales y espirituales de su pueblo, pues son lo único que nos queda.
Este será un año revuelto en todas partes y pasarán cosas malas, pero también algunas buenas que valdrán por todas las desgracias. El año del Mono de Fuego -en el horóscopo chino- será inquieto e inestable y traerá grandes avisos y noticias que cambiarán el mundo y nuestras vidas de forma considerable.

Letra del Año 2016
ccdsmifa.gifConsejo Cubano De Sacerdotes Mayores De Ifá
LETRA DEL AÑO 2016

PREDICCIONES DE IFA PARA CUBA Y EL MUNDO

A los sacerdotes de Ifá, a los hermanos Oriates, 

Babaloshas, Iyaloshas e Iworos.

Pueblo religioso en general y a quien pueda 

interesar.


El día 31 de Diciembre del 2015 se reúnen en la sede 

social de la Sociedad Cultural Yoruba los miembros de 

la Comisión Organizadora de la Letra del Año Miguel 

Febles Padrón “Awo Odi Ka” y el Consejo de Mayores 

de Cuba, para realizar la Ceremonia de Apertura del 

Año 2016.


Esta ceremonia fue Presidida por el Sacerdote de Ifá 

Ángel Padrón Cárdenas “Awo Baba Eyiobe” y el 

respaldo de los Sacerdotes de Ifa de todas las 

familias de Cuba y sus descendientes en el Mundo, 

sacó La Letra el Sacerdote más pequeño.


Signo Regente: OBEYONO


Oración Profética: “Un beneficio de comprender con 

mayor equidad siguiendo los patrones de Elégbà”.


Onishe a Elegba: Eyebale (Sacrificio) Otan

Onishe Ara: Sarayeye con 3 Jio Jio y Baños con 

Atiponla y Cascarilla, Otan

EBBO: 1 Pollon Blanco, un mazo de berro y demás 

ingrediente, Otan

Divinidad Regente: OGGUN

Divinidad Acompañante: OSHUN

Bandera del Año: VERDE CON RIBETES AMARILLOS




ENFERMEDADES DE CUIDADO EXTREMO

1.- Enfermedades digestivas (Alteraciones del 

Páncreas).

2.- Enfermedades neurológicas (Embolias).

3.- Brotes de Epidemias e Intoxicación masiva.

Acontecimientos de Interés Social

1.- Estallidos migratorios.

2.- Incremento de las Inversiones extranjeras.

3.- Apertura de los convenios y encuentro entre 

países.

4.- Estallidos sociales provocados por la 

desesperación.

Recomendaciones:

1.- Evitar contaminación ambiental.

2.- Garantizar la recogida de basura y saneamiento 

de barrios y sitios marginales.

3.- Extremar las medidas higiénicas y sanitarias para 

evitar la proliferación de epidemias.

5.- Establecer acuerdos favorables respecto a la 

política migratoria.

6.- Preservar los conceptos éticos y morales de los 

religiosos practicantes.

7.- Cuidado con la confección, manipulación y 

distribución de alimentos.

8.- Utilizar el dialogo como herramienta importante 

en la solución de los conflictos.

9.- Lograr un equilibrio entre los salarios y el alto 

costo de los artículos de primera necesidad.

10. El respeto debe reinar en las relaciones con la 

familia y el medio social donde nos desenvolvemos.

11.- Signo que augura peligro de guerra.

12.- Signo que advierte de descontrol en las 

gestiones económicas.

13.- Un peligroso aumento de actos terroristas.

14.- Estimular la procreación de la familia, creando 

métodos que garanticen el aseguramiento de los 

infantes.

15.- Recomendamos que las personas consulten con 

sus Padrinos en busca de orientaciones precisas.

Recomendadas en este signo.

NOTA: Tomar como referencia los modelos positivos 

(avances) y los modelos negativos (errores) de los 

años 1994, 1999 y 2002. Donde este Odu tuvo 

regencia.

Refranes Conductuales del Odù

“El gandido agranda el vientre y achica su cabeza”.

“La Paciencia te hace Rey”

“El dinero en el mundo lo encontramos, y en el 

mundo lo dejamos”.

“Cuando tenemos guerra con nuestra propia cabeza, 

siempre salimos vencidos”.

“La orgullosa laguna se aparta del arroyuelo, como si 

el agua no fuera lo común entre ambas”.


Agradecemos a los Órganos Masivos de Comunicación 

que hacen posible que estas Predicciones lleguen a 

todos los rincones del Mundo.


LOS SACERDOTES DE IFA DE CUBA Y EL MUNDO LES 

DESEAN UN FELIZ AÑO 2016.


PINCHA AQUÍ PARA SOLICITAR UNA CONSULTA PERSONAL O ENCARGAR UN TRABAJO CON EL PADRE MONTENEGRO 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Rayamiento En La Aldea De Los Nuevos Kimbisa

Gráfico de la iniciación y del templo de los nuevos Kimbisa.
Cuando el sol comenzó a ocultarse en la selva amazónica, el ritmo de la aldea cambió por completo, pasando del moderado ajetreo cotidiano a la excitación colectiva de los preparativos para mi rayamiento. Yo observaba a los hermanos entrar y salir del templo dando carreritas y portando toda clase de cosas - fuentes y cestas con yerbas, frutas, bebidas y alimentos; monos y diversas aves, incluyendo un guacamayo; amplificadores, tambores y otros instrumentos musicales y objetos rituales - sentado entre las gruesas raíces de la mafumeira, que formaban un cómodo asiento natural frente al bohío, amplio y circular, destinado únicamente al culto mágico. Tenía que permanecer allí sin moverme hasta que empezara la ceremonia, haciendo penitencia, que es un concepto que Andrés Petit tomó del catolicismo y acopló, a su manera, en la liturgia Kimbisa.

Recordé que en mi primer rayamiento, en la regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, tuve que hacer penitencia durante varias horas, hincado de rodillas en la tierra, con los ojos vendados, frente a una prenda. Esta vez, al ser ya mi tercer rayamiento kimbisa ( el segundo fue cuando me rayaron Padre o Tata, como prefieran decirlo ) y no existir, por tanto, factor sorpresa alguno, no tenía sentido vendarme los ojos, pero de la penitencia -que es una oportunidad forzada de limpiar la consciencia del churre de los errores y pecados del pasado, antes de entrar en el templo-, no me pude librar. 


La penitencia es esencial para todos, seamos neófitos o brujos consagrados, porque hay arrastres que no se quitan con baños, despojos, ni rompimientos, si no somos capaces de enfrentarlos y vernos en su reflejo, hasta que logremos vencer a esos demonios y perdonarnos a nosotros mismos con nuestros propios medios. Para las grandes religiones organizadas, como la iglesia católica, el pecado es una mancha moral que debe ser limpiada para no ofender con su vulgaridad a la divinidad y a los espíritus santos, pero en la magia y en la brujería, que son disciplinas prácticas, evitamos los juicios morales, tan susceptibles de ser manipulados por diversos intereses y/o grupos, y preferimos guiarnos, no por las reglas de los juegos y modas de las sociedades humanas, sino por las leyes espirituales de Nsambi - el Creador-, como el hecho universalmente aceptado de que, cualquier crecimiento y evolución espiritual o mágica solo es posible desde una mente fuerte y disciplinada, que sepa acallar el ruido de las preocupaciones mundanas proyectadas por el ego, y modular el pensamiento a voluntad, para sintonizar con las frecuencias precisas de cada entidad espiritual de los planos astrales o metafísicos. Los espíritus descarnados o difuntos, y los espíritus naturales -como los Elementos, los Vientos, los Astros, los mpungus del mundo vegetal y los totems del reino animal, entre otros- no poseen cuerpo o materia, pero sí energía. Y la energía, como todos sabemos, puede ser empleada de muchas formas prácticas -curación, conocimiento, poder, amor, venganza, etc- que constituyen la brujería. 


Es decir, que a diferencia de la penitencia religiosa, que se hace para lavar los pecados morales, la penitencia de los brujos es una especie de auto-despojo mental. Por eso vemos tantos casos de ex-criminales, personas que encontraron a tiempo el camino de los brujos y se salvaron. No fue porque se volvieran moralistas después de una vida de maleantes, sino porque el mundo mágico resulta más apasionante y provechoso que el mundo del hampa, pero, paradógicamente, exige una serenidad y concentración que es difícil cultivar en ambientes violentos. Por eso es frecuente ver cómo los nervios de acero de un delincuente se transforman en virtudes mágicas con la práctica de la brujería. No se vuelven buenos por seguir ninguna moral humana, ya sea social o religiosa, sino que trascienden la maldad a medida que evolucionan espiritualmente, así de simple.


Yo era consciente de que la penitencia es simbólica, en el sentido de que no se trata de esas pocas horas de meditación antes del rayamiento, sino de alcanzar un estado mental a lo largo de la vida; pero también lo era del tremendo valor del símbolo, ya que el neófito recordará cada detalle de la noche de su iniciación el resto de su vida, como una lección grabada en fuego en la memoria, un primer gran paso hacia la disciplina mental que caracteriza a los brujos. Pero como yo no era un neófito, podía darme el lujo de hacer trampa y atender más a lo que estaba ocurriendo fuera, que dentro de mi ser. Quizás por eso Umbral había dispuesto que no me taparan los ojos. Tal vez la verdadera importancia de mi penitencia fuera documentar lo mejor posible en mi memoria el singular e inédito evento que experimenté esa noche.


Nadie hablaba conmigo, pero todos me sonreían al pasar y estaban pendientes de mi. Me ofrecían aguas de yerbas y zumos de frutas para limpiar mi organismo y al mismo tiempo mantener mi cuerpo hidratado y nutrido, pese al ayuno( no comía nada sólido desde antes del mediodía, cuando me dieron una ensalada de verduras, huevos y frutas ). Cuando sentí ganas de orinar, un chico que pasaba se volvió hacia mí de pronto, como si hubiera escuchado mis pensamientos, y me indicó con un gesto de la mano que orinara del otro lado del árbol, que da a la selva y es poco transitado. Así lo hice y luego me quedé pensando sí no habría sido todo ilusión mía, ya que en realidad el chico no había pronunciado palabra y su gesto, que en su momento me pareció tan claro, pudo ser un simple saludo o visaje.


Di media vuelta alrededor del tronco y volví a sentarme en mi puesto, entre las raíces. Alcé la vista y descubrí un calidoscopio de infinitas ramas y estrellas brillando en la noche alrededor de una luna tan grande que casi podía tocarla. Sus luces titilaban alegremente, como si bailaran con las hojas de la mafumeira al compás de la aldea. Existía una conversación evidente entre el cielo y la tierra a través de aquél árbol. Cuanto más me concentraba, más sentía que sus voces se iban aclarando y acercando, como si aprobaran que un intruso mortal espiara su diálogo por un rato. Me esforzaba tanto por entender los cuchicheos entre los astros y seres de la noche y las hojas, piedras y criaturas de la tierra, que llegado a un punto sentí que perdía el equilibrio ( lo cual era muy extraño, teniendo en cuenta que me hallaba sentado ) y, de pronto, estaba cayendo hacia arriba, fuera de mi cuerpo, como si la gravedad funcionara a la inversa y el espíritu fuera más pesado que la materia que le alberga.


Comprendí que mi consciencia se encontraba fuera de mi cuerpo físico, a lomos de mi aura o cuerpo astral. Estoy habituado a viajar a voluntad por el astral y a tratar con diferentes entidades, siguiendo los rituales y procedimientos de seguridad( como el círculo mágico, las patipembas y los rezos correspondientes, entre otros ), pero no estoy acostumbrado a que un ente desconocido me saque de un tirón de mi propio cuerpo, como un niño jugando con un caracol entre sus dedos. Fue una sensación muy desagradable, que por un instante casi me hace sucumbir al pánico, pero logré controlarme a tiempo. Dejé de prestar atención a los miedos del ego y lo despedí como a un perro. "Cuida la casa", le dije, y el perro, sorprendido, me vio echar a volar -o más bien ascender dando saltos flotantes, como una pluma en el viento- hacia la copa de la mafumeira.


La sorpresa del perro -me explico- era la sorpresa del ego, acostumbrado a regir el pensamiento, que de pronto ve como otra voluntad superior a la suya lo trasciende, y entonces deja de ladrar sus temores e inseguridades y cumple la orden: se queda cuidando de que las constantes vitales del cuerpo -ese caracol que ocupamos temporalmente- sigan funcionando correctamente mientras yo vuelo en el astral.


De lo anterior se podría deducir -y lo hago-, que existe más de una consciencia habitando cualquier cuerpo humano. Lo qué creemos ser -yo, en singular-, en realidad es nosotros, el -generalmente- mal llevado matrimonio entre espíritu y ego. Tan mal llevado, que en la mayoría de los casos ni se hablan, como si el otro no existiera.


Por un lado actúa el ego -esa voz neurótica que roba tanta pantalla en nuestra mente que llegamos a creer que es la única, como si ego y yo fueran lo mismo-, que a lo largo de millones de años de evolución ha ido adueñándose del control de algunos sistemas del organismo humano, como el sistema motor ( piernas, brazos, articulaciones, músculos, etc, ) y, por consiguiente, del movimiento de la columna y del cuello, para ver y escuchar selectivamente; de las manos, pies y órganos sexuales, para tocar, tomar, transformar e interactuar con el mundo físico; del lenguaje verbal ( que es posible gracias a los músculos o cuerdas vocales ) y del pensamiento racional, que legitiman y sostienen la ilusión del ego en la mente.


Y por otro lado tenemos al espíritu -la porción de Nsambi que todos llevamos dentro- que es la consciencia que realiza el trabajo más duro y complejo, encargada del funcionamiento del sistema circulatorio, digestivo, excretor, respiratorio, regenerativo e inmunológico, entre otros, incluso durante el sueño, cuando hasta el ego se echa la siesta. El espíritu no descansa, ni se distrae con las trivialidades de la vida social que piensa el ego, salvo cuando éstas afectan la salud del cuerpo y de la mente, o entorpecen su trabajo de cualquier otro modo. 


El ego tiene una gran importancia, no vayan a pensar lo contrario. Sin el ego no habría esa ilusión de individualidad que hace la vida terrenal más emocionante y gracias a la cual se ha desarrollado la civilización humana. Y sin la civilización no habríamos creado las ciencias y las artes, físicas y metafísicas, como la medicina, la genética, la música o la magia, por ejemplo. Disciplinas cuyo desarrollo ha permitido mejorar y alargar la vida humana y la experiencia terrenal del espíritu.


El ego también produce cosas malas y muchas tonterías, como las guerras, la represión, la economía y las fotos de gatos en Internet. Lo hace con buena intención, para distraernos  y evitar que nos angustiemos con la idea de la muerte, sin embargo, para evolucionar espiritualmente, e incluso para tener una vida material y emocional satisfactoria, es preciso meditar mucho la muerte, tratar con ella a diario, hasta perderle el miedo y verla como a nuestra mejor amiga. La muerte es la verdad disfrazada de miedo.


Todo eso y mucho más, se puede pensar en un instante en el astral, ya que en esa dimensión no funcionan las leyes físicas, como la dependencia entre tiempo y espacio, del plano material. De modo que no puedo precisar cuánto rato pasó desde que salí de mi cuerpo y ascendí, hasta poder ver, debajo, la copa de la mafumeira y mi cuerpo sentado entre sus raíces, con la cabeza mirando hacia arriba y la boca abierta, con expresión de asombro. 


Junto a mi cuerpo se apiñaba en silencio un grupo de curiosos. 


Distinguí al Chino y a Umbral, que miraban hacia lo alto del árbol, como si pudieran verme flotar a través de sus ramas. Sus caras brillaban de forma inusual, como si Ngonda -nkisi de la Luna- les apuntara con un foco de luz desde lo alto de un escenario a oscuras.

"Deja de mirarte en el espejo y atiende hacia arriba", me dijo una voz que venía del tronco del árbol y de los ojos del padre Umbral al mismo tiempo. "Ve, yo cuido la casa", me ladró el ego desde mi cuerpo en silencio.

Hice caso y cambié la vista. Ahora flotaba por encima del bohío. En la entrada, afuera, había una figura oscura que me llamó la atención. No tenía sombra el individuo o, más bien, era una sombra sin cuerpo, un fantasma. Pero brillaba de un modo que le distinguía de un nfumbe corriente. Podía tratarse de un santo, de un buda u otro espíritu muy elevado. Me acerqué hasta poder reconocerlo.


 Conocía el rostro de Andrés Petit de haberlo visto en un par de retratos antiguos, que constituyen el único testimonio visual, documentado, de su apariencia, ya que su cadáver, libretas, prendas mágicas, y demás pertenencias, fueron escondidos con gran secreto por sus herederos espirituales más cercanos. No me sorprendió que fuera él -en cierto modo era lógico-, pero de todos modos me impresionó la intensidad y perfección de su proyección. Los fantasmas de los nfumbes corrientes son muy confusos e inestables, pero el fantasma de Andrés Petit era y nítido y firme como el de un santo o un buda, o como un holograma.


La voz de Petit sonó igual que el árbol, los astros, vientos y piedras rodantes del camino: "Ven, mi niño".


Seguí al fantasma al interior del bohío. Había mucho ajetreo, pero nadie reparaba en nosotros. Entre el punto más alto del techo cónico y el centro del suelo de tierra apisonada, se alzaba un poste de madera, a cuyo alrededor se colocaban las ofrendas a los distintos nkisi, al estilo del poto mitan del vodú haitiano. El largo tronco de madera sagrada ( señalado por un rayo, supe luego ) facilita el desplazamiento de las entidades entre las dimensiones físicas y las astrales. 


El área de las ofrendas, alrededor del poste, estaba encerrada en un grueso círculo de mpolo o polvo blancuzco, mezcla de distintas sustancias aislantes, como cascarilla de huevo, yeso, harina de ñame, sales y fula( pólvora ), para que los nkisi y karires no puedan traspasar ese límite sin autorización.


Los miembros de la aldea traían sus propias prendas( mpakas, bastones, nkisi, calabazas, makutos, etc ) y las colocaban dentro del círculo para que los gajos comieran en comunión con sus padres, en el orden en que iban siendo llamados con la música.


Los músicos tocaban sus instrumentos -tambores, sonajeros, teclados y cuerdas eléctricas- y cantaban, situados al oeste del centro, punto correspondiente al elemento Agua y a la energía mágica del sonido. Improvisaban variaciones a partir de ritmos y mambos fijos para cada entidad. Sonaban como una descarga de jazz y un cajón de muerto ocupando el mismo espacio-tiempo. Era una locura, musicalmente hablando, pero de algún modo mágico toco encajaba a la perfección.


La entrada estaba ubicada en el extremo sur del templo circular y los fundamentos estaban colocados en el suelo o sobre diversos taburetes, piedras, etc, contra la pared de bambú o colgando de las vigas de bambú del techo, ocupando desde el este hasta el oeste, casi la mitad del espacio del bohío. En esa parte, que vendría a ser el altar, solo operaban los tatas mayores y sus discípulos más aventajados. El resto de la aldea se agrupaba en la otra mitad, contemplándoles trabajar, bailando y cantando, como en un rave. Afuera, un par de chicos velaba mi cuerpo, junto a la mafumeira.


Empezando por el este, puede reconocer a 7 Rayos en la figura tallada en cedro de un guerrero con un brazo en alto, a punto de lanzar una lanza ( verdadera, de una tribu del Amazonas ), y el cuerpo erizado de clavos, puntas de lanza y de flechas, alrededor de un espejo en la zona abdominal. De los pinchos colgaban tiras de cuero y piel de fieras, ropa rasgada, papeles escritos, fotos, trenzas y mechones de pelo, colgantes, aretes, dientes, etc. 


A los pies del nkisi, sobre un tocón, se hallaba una enorme güira de la que sobresalía un haz de palos y ramas terminados en lanzas y flechas de sílex o metal, y un sable antiguo, de la época colonial, rodeando a una cabeza humana, parcialmente momificada -con algo de pelo y piel acartonada, pero sin ojos, nariz, ni labios, con la mandíbula inferior desencajada, un puro de tabaco entre los dientes, y coronada con una cabeza de jaguar disecada y plumas de diversas aves, de colores cálidos y vivos, en lo alto. De los palos colgaban mpakas, makutos, collares y brazaletes de cuentas y cristales, medallitas y cadenas de oro, con pequeñas piedras y cuarzos rojos, colmillos y garras de felinos, plumas y cabezas de pájaros, dedos humanos, etc.


Alrededor del nkisi Nsasi y de la güira de 7 Rayos se acumulaban numerosos accesorios y elementos rituales, como güiras de diferentes tamaños, botellas con bebidas y sustancias, frascos con trabajos dentro y velas ardiendo encima, huesos, cuchillos, chamalongos, una pipa con un cabo de tabaco, unas claves de madera, un pequeño tambor, manzanas y flores rojas, yeso, etc. 


Las tres cosas -nkisi, nganga, y su corte de accesorios y atributos- formaban una montaña rojiza de más de dos metros de altura, cubierta de sangre fresca y plumas de las aves sacrificadas. Nsasi 7 Rayos -el nkisi del rayo y del fuego, de la electricidad, el corazón de la fiera( en África es el tigre y el león, en la Amazonia es el jaguar ), el rey de la selva, el castigo de Nsambi, el alma del tambor-, vibraba de energía vital, borracho de menga, de materia viva. Con su poder absorbía el humo de los puros e inciensos cercanos y formaba un cuerpo etéreo y cambiante, mediante el cual se manifestaba, danzaba con la música y, de vez en cuando, se lanzaba sobre alguna persona y la poseía durante unos minutos, en plena danza. Yo veía claramente cómo lo hacía con los ojos de mi cuerpo astral.


A su lado estaba Sarabanda -poderoso guerrero, nkisi del hierro y de los metales, de la forja, el ferrocarril, los transportes, la industria, el trabajo y la fuerza del hombre-, un enorme caldero de hierro de tres patas, repleto de palos, cadenas y herramientas de hierro y acero, herraduras, machetes, crucifijos, un cráneo humano, dos tibias cruzadas, plumas de mayimbe y de cóndor, varias mpakas, etc.


Sobre Sarabanda estaba un casco metálico del ejército colombiano, lleno de tierra de cárcel, guerra y cementerio, entre otros elementos, de la que sobresale otra kriyumba( cráneo ), un par de manos en los huesos, palos cortos, flechas, dardos, una cerbatana, una bayoneta, un revólver, medallas militares, una canana con balas, una oreja humana, cornamenta de ciervo, chivo y otros animales, numerosas plumas de aves, y hasta el pico de un tucán. Todo bien apuntalado entre los palos de Sarabanda, y entizado hasta arriba en soga de horca y cadenas con grilletes y candados. Se trataba de Watariamba, Cabo Ronda, el guerrero cazador, el soldado, el policía, el criminal, la fuerza de la guerra y de la cárcel.


Coronando la torre de Sarabanda y Watariamba, estaba la piel de un jaguar, fijada con la cornamenta de un ciervo, y encima el cráneo de un mayimbe y muchas plumas grandes y negras. 


El conjunto parecía un demonio humeante y cornudo, un guerrero de hierro, envuelto en su capa de jaguar y plumas negras, erizado de machetes, armas y pinchos chorreando sangre, y echando humo como un dragón por varios puros colocados en los ojos vacíos de las kriyumbas y entre los huesos de las manos. las luces de cientos de velas se reflejaban en los espejos de las numerosas mpakas, como inquietantes ojos brillando en la oscuridad.


Astralmente, pude ver la energía entrelazada de ambos mpungus -Sarabanda y Cabo Ronda- con varios nfumbes, formando un solo y formidable nkisi ( al que lo kimbiseros llamamos, simplemente, Sarabanda ), cuya aureola era más amplia e intensa que la del propio 7 Rayos.


A la izquierda de Sarabanda había una cazuela de cerámica, de un hermoso color rojo oscuro -realizada por indígenas vecinos-, sostenida por tres palos medianos, sobre el círculo de yeso de un 4 Vientos. Sobre las cuatro flechas, debajo de la cazuela, había cuatro nsandis de coco. Dos boca arriba, y dos boca abajo. Se trata de Lucero, nkuyo de los caminos, dueño del nsila o suerte de las personas en la tierra, el mensajero de Nsambi.


De la tierra oscura de la cazuela roja sobresalía un cráneo humano hasta el hueco de la nariz, como si espiara cualquier movimiento a su alrededor. En el fondo de la cuenca de los ojos, tenía dos pequeños espejos redondos, que aumentaban la sensación de vigilancia. Veintiún ramas o palos delgados, coronados con plumas de diversos pájaros, formaban un cono en torno a la kriyumba de ojos de espejo, con un penacho de plumas multicolor en la punta. 

También tenía cuatro garabatos: Uno a rayas rojas y negras, otro a yayas negras y blancas, otro negro con algunas rayas rojas, y otro rojo con puntos negros.

Colgando del techo, justo sobre la cazuela de Lucero, se encuentra una güira mediana, con su tapa, cubierta de trazos de yeso de patipembas, con cuatro plumas grandes de cóndor clavadas en sus costados, en cruz, como la firma de un Cuatro Vientos, que es realmente el espíritu de esta prenda. En Briyumba se le conoce como Ngurufinda, pero para muchos kimbiseros ese nkisi del monte es el propio Lucero, pero por camino aéreo. 


Es decir, Lucero en la tierra, y 4 Vientos en el cielo, son el mismo Nkuyo, mensajero entre Nsambi y los humanos, señor de los destinos y, por tanto, de la adivinación. Cualquier sistema de consulta, registro u oráculo de los nuevos Kimbisa se consagra, ante todo, a Lucero-Cuatro Vientos, el Vigilante, el Guardián de las puertas. Tampoco hay makuto o resguardo de protección y suerte, que funcione sin su licencia. En general, cualquier brujería para evolución en el mundo material, debe hacerse, para que tenga éxito, contando con su apoyo. 


La forma del halo energético de esta compleja entidad mágica, suma de espíritus de astros y nkuyos del monte, con nfumbes de humanos, recordaba la silueta de un perro alado, que lo mismo retozaba en el suelo, entre los pies de la gente, que revoloteaba alegrmente por encima de sus cabezas.


Después de Lucero, en el extremo norte del bohío, había un altar de madera cubierto con delicadas telas rojas, con patipembas bordadas en hilo dorado, y muchos objetos y luces de velas y humo de incienso. Era el secreto de Kunankisi, el mayor misterio y fundamento de la regla Kimbisa de Andrés Petit.


Debajo del retablo, en el suelo, escondido tras un fino velo rojo, había un viejo ataúd de caoba, abierto por la mitad superior. Dentro se adivinaba un cráneo y un traje oscuro, con camisa amarillenta, y un crucifijo en el pecho. Una de las mangas descansaba fuera del féretro, con una mano esquelética en el suelo, con los dedos entrelazados a un cáliz de oro, medio lleno de sangre reciente.


Sobre el altar habían numerosos objetos, fotos, imágenes y figuras de bulto, entre los que divisé varias cruces de diferentes culturas, budas de jade, santos católicos, collares de cuentas, caracoles y semillas, tallas y máscaras africanas, cetros y tongos, dos lanzas cruzadas, un arco primitivo y su carcaj lleno de flechas, con plumas de múltiples aves, flautas, claves, sonajeros, un instrumento de tres cuerdas montadas sobre un hueso largo, ensamblado a un carapacho de tortuga, y muchas barritas de incienso y velas rojas, de distintos tamaños, encendidas, rodeando el retrato enmarcado de Andrés Petit y un ánfora de porcelana roja, con finos dibujos en negro y dorado, y un santísimo sacramento de oro y plata, colocados en el centro. 


Por encima de todo, en lo alto de la pared, colgaba un Cristo del Buen Viaje de plata, con su mirada puesta en el cielo y su decisión, tomada; en espera, tan solo ya, de su licencia, para reunirse con el Padre allá arriba, en su reino eterno.


A la izquierda del altar de Kunankisi se hallaban las cazuelas de Tiembla Tierra y Brazo Fuerte, las fuerzas del terremoto y del volcán, respectivamente. La prenda de Tiembla Tierra es de arcilla blanca, con kriyumba completa, palos y cadenas; mientras que la de Brazo Fuerte es de barro rojo y lleva los cuatro huesos principales de los brazos de un nfumbe rodeando su cráneo, apuntalados con palos emplumados, con las manos cruzadas por encima. Ambas ngangas estaban cubiertas de sangre y muchas plumas blancas. Cuatro gallos y palomas del mismo color, sin cabeza, reposaban a sus pies, entre restos de sangre, pétalos y yerbas.


Después vi otro fundamento que me impresionó profundamente: Un esqueleto completo, de pie, con muletas y harapos de yute, como San Lázaro. A sus pies estaba la cazuela de Kobayende, nkisi de las enfermedades y hospitales, llena de palos, yerbas y flores, machetes, los cráneos de dos perros, y un sombrero de yarey. Numerosas obras en platos blancos y pequeñas fuentes de barro, y velas encendidas, se agrupaban alrededor, en el suelo.


Junto a Kobayende estaba Mariwanga, más conocida en América como Centella Ndoki, la fuerza de los vientos malos ( remolinos, ciclones, huracanes, tornados, etc ), reina de los muertos y señora del cementerio. Habita una cazuela de cerámica negra, cubierta de patipembas de yeso blanco. De la tierra sobresale hasta los ojos el cráneo con pelo de una cabeza de mujer. Lleva una corona de bronce oxidada, y un collar de perlas blancas, que contrasta con la tierra oscura, a su alrededor. Lleva dos tibias cruzadas, la quijada inferior del nfumbe sobre la kriyumba y la corona, palos, machete, bastón, una escoba, cadenas, grilletes, la cabeza de un gato negro de ojos verdes, una muñeca negra vestida de rojo oscuro y cuentas multicolores, entre otros elementos. La rodean copas de cristal con vino tinto y menga, güiras con mambas de yerbas y figuritas de arcilla atravesadas por alfileres, velas, puros, sangre, flores de muertos, humo, el cuerpo del gato y de algunas aves, plumas negras, etc.


A su lado estaba Madre de Agua, fundamento que agrupa a diversas entidades acuáticas, como Kalunga y Chola Wengue, recogidas en diversos recipientes, agrupados en torno a una Venus de ébano -medio vestida con retazos de sedas azules, amarillas y doradas, y cuentas de cristal, nácar, turquesas y otras piedrecitas de diferentes tonalidades-, y cubiertos con una gruesa red de pescar.


Kalunga, la fuerza de las aguas saladas, de los océanos y de las lágrimas de las madres, ocupaba una tinaja de arcilla cubierta de conchas, perlas, caracoles, corales, estrellas y caballitos de mar incrustados, de cuya ancha boca salían diversos palos, mpakas, yerbas, flores, anzuelos, un ancla, un arpón, un machete y una corona de plata, que rodeaban la parte superior del cráneo de una mujer ahogada.


Una calabaza junto a Kalunga albergaba la fuerza de las aguas dulces, Chola Wengue, nkisi de la abundancia y de la sensualidad. Estaba decorada con polimitas de Cuba, adornos femeninos de nácar y cobre, cadenitas y medallas de oro, perlas y piedrecitas de río. Por la boca de la calabaza sobresalían algunos palos, huesos, un largo puñal, una mpaka de caña de bambú cargada, una corona dorada y plumas de pavo real y de otras aves coloridas.

A los pies de las prendas, rodeando la red, había una maraca azul decorada con cuentas, una campanita de oro, endulzamientos en vasos, copas de cerveza y licores, tacitas de café, diminutos naipes españoles, un Tarot, una bola de cristal, un péndulo, cuarzos, güiras con mambas de yerbas, flores y preparaciones, figuritas de cera de abejas amarradas con estambres y cintas de colores o castigadas con agujas y cordel apretado, lámparas en calabazas y cocos cortados por la mitad, muchas velas rojas, azules, blancas y de miel ardiendo, barritas de incienso, puros y cigarrillos finos humeando, sangre, cuerpos y plumas de aves recién sacrificadas, etc.


Encima de Madre de Agua, colgando del techo, a la misma altura que el 4 Vientos, estaba Ngonda Nkisi, Mamá Canasta, la fuerza de la Luna y de las plantas enteógenas, la hermana pequeña de Lucero, que rige el subconsciente, los sueños y ensueños, y la imaginación. Su recipiente consistía en una cuna de mimbre, con un nido encima y varias cabezas de lechuzas y búhos dentro, de la que sobresalían yerbas, flores, cactus, setas, ramas, palos y huesos menudos -de una niña de 3 años-, un garabato y una escoba pequeños, entizado todo con collares de cuentas y plumas de pájaros diferentes, blancas, negras, grises, moradas, azules, verdes, rosadas y anaranjadas.


Delante de los fundamentos, como una fila de peones protegiendo a las piezas de mayor calibre, se colocan los guardieros -nkuyos y kini kinis o muñecos de palo-, las mpakas, calabazas y otras prendas de los miembros de la aldea, ordenadas genealógicamente -los gajos o prendas más antiguos se colocan más cerca de sus fundamentos y los gajos nuevos, más alejados-, para que se alimenten y festejen en comunión con los troncos ancestrales, de abuelos a padres, de padres a hijos, y así sucesivamente, vivos y muertos, todos unidos.


Entre toda esa gruesa franja formada por montones de fetiches y artefactos de brujería, el fantasma de Petit me señaló un pequeño nchila -resguardo en forma de corazón o punta de lanza- camuflado entre las sombras de varios nkuyos, muy próximo al fundamento de Lucero. Desde el borde exterior de la franja, donde empezaba el grupo de gente, resultaba prácticamente invisible para los ojos de un cuerpo físico.


En ese momento, los músicos hicieron una pausa y me fijé en que los capacitados también concluían los sacrificios, y sus ayudantes corrían a limpiar del suelo los restos y a rematar la faena con fuertes buches de chamba y aguardiente de caña, y densos chorros de humo de tabaco y otras yerbas. Los bailadores aprovecharon para refrescarse, y una cuadrilla de veteranos, comandada por Umbral, salió por la puerta en dirección a mi cuerpo.


"Ya son las horas", me dijo el rostro de Petit antes de esfumarse y los tambores volvieron a sonar, pero en esta ocasión con un ritmo más solemne, casi marcial, y a la vez más hipnótico. 

Debía volver a mi cuerpo, pensé, y en seguida estaba afuera, en la noche, flotando de prisa hacia la mafumeira, donde empezaba a mover las manos y a sacudir los pies.

Las caras se apartaron un poco de mi rostro, hasta que pude distinguir al Chino y a Umbral, que me estudiaban atentamente. Detrás de ellos había otros hermanos curiosos, aguardando para echar una mano, si necesitaba ayuda para levantarme. Parpadee y respire hondo, y todo el mundo sonrió. Me encontraba bien, aunque mareado y con el estómago encharcado. Vomité, me dieron varias palmadas en la espalda, y me sentí mucho mejor.


Mientras me ponía en pie y los brujos me guiaban hacia la puerta del bohío, me explicaron que la bebida sacramental que tragué al comenzar la penitencia, cuatro horas atrás, contenía una dosis generosa de cierta mezcla de plantas de poder, que limpia y dilata los canales espirituales. Crea el mismo efecto en el aura que varios días de ayuno y concentración, pero sin desnutrir, ni deshidratar al organismo vivo. Una purificación indispensable para entrar al templo y jurar como nuevo Kimbisa. Este requisito, me contó el padre Umbral, fue inspiración directa de San Petit, cuando fundaron la aldea. Desde entonces, todos los novicios pasan por lo mismo.


Nos detuvimos y me vendaron los ojos antes de llegar a la puerta. Alguien golpeó tres veces sobre madera, y una voz grave respondió desde el interior: "¿Quién llama?". A partir de ahí se desarrolló el tradicional diálogo del juramento Kimbisa, con muy pocas variaciones del texto original, que aparece en el libro La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, de Lydia Cabrera.


Terminado el juramento, estallaron frente a mi muchas voces que me animaban a cruzar el umbral de la puerta. Di tres pasos a ciegas y todo el mundo empezó a gritar y a aplaudir. Me quitaron la venda y la música arrancó de nuevo, pero nadie bailaba. Me hicieron un corro que se fue abriendo y cerrando a medida que avanzaba hacia el poste central.


El padre Umbral y sus amigos me escoltaron hasta un poco más allá del poto mitan, donde empezaba la franja de prendas y fetiches que separaba a los fundamentos de la multitud. Nos detuvimos allí, la música se interrumpió en seco y se hizo un silencio sepulcral, que hasta las aves nocturnas que poblaban la selva respetaron, durante unos instantes eternos, hasta que Umbral volvió a hablar:


"Entre todas esas prendas hay algo que dejé para ti", me dijo. "¡Tráemelo!"


Me orienté como pude en medio de la expectación general, hasta localizar los fetiches, frente a la cazuela de Lucero. Caminé con cuidado de no pisar nada, consciente de tener todos los ojos clavados en cada paso que daba. Me incliné y recogí del suelo el nchila con la mano izquierda. Esperaba que estuviera allí y que fuera exactamente igual a como lo percibí con mi cuerpo astral, un rato antes, pero aún así me sorprendió comprobarlo.


Al darme la vuelta hacia Umbral con el nchila en la mano, se quebró el silencio de golpe y todo el mundo prorrumpió en vítores y abrazos. "¡Bienvenido, hermano!", me gritaban con alegría.


Entonces seguí hasta el altar y saludé a Kunankisi tendiéndome boca abajo en el suelo, con los brazos en cruz y la mirada fija en el espejo del santísimo sacramento, que reflejó la luz de todas las velas de la sala, cegándome por un instante en el que se detuvo el tiempo y pude entender los secretos que el gran misterio y tesoro de los Kimbisa me confiaba, y que no debo revelar por ahora. 


Después saludé uno por uno a todos los fundamentos, y luego volví al altar y me senté en un taburete que pusieron, con los pies descalzos sobre la tierra y el torso desnudo. El rayamiento consistió en una firma que me tatuaron con tinta negra y roja en el pecho, encima de la vieja cicatriz de Tata. Y me lo hicieron con los ojos bien abiertos, entre brindis, bromas y caladas, para mayor diferencia con el ritual antiguo.


La músicos siguieron tocando, pero fuera del templo, hasta el amanecer. Hubo un banquete con los animales sacrificados, arroz, frijoles, viandas, frutas y algunos platos y dulces nativos, pues se unieron a la fiesta invitados que llegaron de poblados vecinos, varios jefes y chamanes entre ellos, que también bailaron y cantaron a sus espíritus.


Nchila, resguardo en forma de corazón.