
En Cuba conviven numerosos cultos religiosos, mágicos y esotéricos —aborígenes, europeos y africanos— que, tras siglos de convivencia durante la época colonial, terminaron entrelazándose hasta formar una gran religión afrocubana que abarca y resignifica a todas las demás.
No es una religión oficial, como ocurre con el Vudú en Haití, reconocido por el Estado desde 2003, pero sí funciona como tal en la práctica: la mayoría de los cubanos participa de ella, y tarde o temprano tendrá que ser reconocida formalmente. Su influencia, además, ya rebasa lo nacional y se expande con rapidez por toda América y parte de Europa.
Dentro de esta vasta religión sincrética se integran, sin conflicto alguno, ceremonias tan diversas como el bautismo católico, la misa espiritista, el oráculo de Ifá, el rayamiento palero y la coronación del orisha tutelar. Y es que para los criollos y mestizos cubanos, la variedad es riqueza: nada se desecha, todo suma, y mientras más, mejor. Esta esencia ecléctica de la mentalidad cubana se refleja no solo en sus creencias religiosas, sino también en su gastronomía —que combina ingredientes y recetas de cuatro continentes: el casabe y los tamales taínos, los potajes españoles, el quimbombó y el fufú africanos, y los vegetales y arroces fritos de los chinos— y en su música popular, construida con instrumentos y estilos tan disímiles como los tambores africanos, el piano europeo, la guitarra flamenca, la corneta china y las contradanzas españolas.
Siguiendo esta lógica, los cubanos suelen transitar por distintos ritos de diversas tradiciones religiosas del mundo, escogiendo aquellos que consideran más poderosos o adecuados para cada etapa de sus vidas.
El primer ritual al que se somete a un niño en Cuba es el bautismo católico. Aunque los padres practiquen otras religiones —como la santería o el palo monte— prefieren iniciar a sus hijos en el mundo espiritual mediante el primer sacramento cristiano, que los limpia del pecado original y les abre la posibilidad de ascender al paraíso tras la muerte. Además, el bautizo funciona como una protección básica contra el mal de ojo y la brujería; sin él, se considera inapropiado exponer a un infante a ritos más complejos u oscuros, especialmente los de ascendencia yoruba o bantú.
Por eso es raro encontrar en la isla a alguien de iyabó —iniciado yoruba— o rayado —iniciado congo— antes de la mayoría de edad. Son caminos trascendentales que marcan toda la vida, y deben asumirse con la madurez que los más jóvenes aún no poseen. Solo cuando un niño presenta enfermedades o trastornos sospechosos de tener un origen espiritual —y para los cuales la ciencia moderna no ofrece soluciones claras— los padres recurren a santeros, babalawos o paleros para salvarlo.
Ya sea en la infancia, en la juventud o en cualquier otro momento de la vida, por necesidad, ambición, curiosidad o cualquier otro motivo, el primer paso para adentrarse en las religiones africanas de la isla es acudir a la consulta de un sacerdote yoruba o de un tata nganga para ser “registrado” mediante sus respectivos oráculos.
A los santeros y babalawos se acude en busca de purificación, protección y orientación; por eso se les llama padrinos y madrinas. A los paleros, en cambio, se suele recurrir como última instancia, cuando los santos y orishas fallan o desaprueban los deseos de sus hijos. Los nganguleros trabajan con espíritus atrasados y entidades diabólicas que, aunque logran resultados con rapidez y sin muchos escrúpulos, implican riesgos por la naturaleza oscura de esas fuerzas y por el tipo de personas que frecuentan sus munansos.
El oráculo más completo de la isla es el tablero de Ifá, un ritual solemne ejecutado por uno o más babalawos. En estas consultas se determina el signo o camino del individuo, los orishas tutelares que le corresponden —equivalentes a santos católicos y mpungus paleros— y los ebbós o trabajos necesarios para limpiar y abrir sus caminos. También se revelan las ceremonias y fetiches que deberá recibir a lo largo de su vida para desarrollarse plenamente. Además, es posible investigar si la persona debe o puede rayarse en Palo Monte, independientemente de que continúe o no su camino en la Ocha. De hecho, si el consultante “pasa muerto” —mediumnidad, posesión espiritual— el babalawo lo remitirá sin dudar a la consulta de un tata palero.
Aunque tradicionalmente existe cierta rivalidad entre babalawos y tatas —para coronar Orúla es imprescindible no pasar muerto, mientras que para ser brujo es requisito indispensable; y la santería prohíbe rayarse después de hacer santo— en la práctica las ramas yorubas y las raíces bantúes se entrelazan y complementan, dando forma al gran árbol de la religión criolla. Por eso abundan los religiosos que son santeros y paleros a la vez —y, a menudo, también espiritistas— y trabajan con una u otra disciplina según convenga.
Los principales escalones de la religión cubana pueden ordenarse así:
• Bautizo católico.
• Consulta de Ifá.
• Recibir elekes o collares de santería.
• Recibir Guerreros y Ozun de Ocha.
• Recibir Mano de Orúla.
• Rayarse en Palo Monte. Puede hacerse en cualquier momento antes de coronar Ocha:
-Rayamiento ngueyo: iniciación en el Palo.
-Rayamiento tata nganga: convierte al ngueyo en brujo con pleno derecho.
-Rayamiento tata nkisi: grado máximo, con potestad para fundar una nueva rama o potencia.
• Secta Abakuá. Ser aceptado como ñáñigo —fraternidad esotérica de origen nigeriano, exclusiva de hombres— es un honor enorme. Sus requisitos son estrictos: los aspirantes deben ser “guapos”, valientes y ejemplares como hijos, padres y amigos, dispuestos incluso a arriesgar la vida por sus hermanos. Puede hacerse en cualquier momento antes de coronar santo o Ifá.
• Coronar Ocha. Asentar el orisha tutelar en la cabeza. Los santeros pueden trabajar también Palo Monte y espiritismo. De hecho, muchos se hacen una misa espiritista antes de coronar santo para investigar su cordón espiritual y confirmar que el orisha señalado por Ifá es el correcto.
• Espiritismo Cruzado o Shamalongo. La más joven de las reglas cubanas, surgida en el siglo XIX, mezcla espiritismo europeo con magia africana y chamanismo caribeño. Las personas que pasan muerto pero no desean practicar brujería, o que no son aceptadas en Palo Monte —por ser homosexuales o hijos de Obbatalá, que no tolera la hechicería— pueden desarrollar su mediumnidad como espiritistas o como “caballos de santo” en la Ocha.
• Hacer Ifá. Coronarse con Orúla y convertirse en babalawo. Después de esto, ya no se puede continuar en Palo Monte: o se es tata, o se es babalawo, pero no es posible ejercer ambas cosas a la vez.
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