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sábado, 1 de junio de 2024

Diez Personajes Mitólogicos de Cuba


En Cuba existe una rica tradición mitológica
 llena de personajes misteriosos, criaturas fantásticas y leyendas transmitidas oralmente de una generación a otra durante cientos de años; y algunos de ellos han sobrevivido hasta nuestros días. 

Estos seres fabulosos, moldeados por el tiempo y el encuentro entre individuos de culturas tan distintas como las africanas -bantúes y yorubas, principalmente-, las aborígenes -taínos, siboneyes y guanajatabeyes- y las europeas -andaluces, canarios, gallegos, asturianos y catalanes, entre otros-, han dejado una huella profunda en la cultura mágica del pueblo cubano.

1. Güije

Enlazado con las universales apariciones de seres míticos de variados genios y apariencias en los ríos, lagunas y ojos de agua de los cinco continentes, en Cuba se encuentra el famoso mito del Güije o Jigüe; el más extendido en toda la isla. 

De origen indio en sus comienzos, recibe la influencia del esclavo africano y se convierte en el Güije negro y enano que ha penetrado nuestras artes, poesía, pintura, dibujo, cine, ballet, cancionero.

Se trata de un negrito cabezón, feo, con una gran boca, ojos saltones y el pelo enmarañado. Es un duende protector de las plantas y animales del monte, y que impone severos castigos a quienes maltratan la naturaleza.

Son enamoradizos y acostumbran a hostigar a las muchachas hermosas que van a los ríos a bañarse o a lavar.

2. Cagüeiro

El cagüeiro es una especie de brujo, bandido, montero y hermitaño que tiene la facultad, al verse perseguido por sus fechorías -robaba, asaltaba y estafaba-, de convertirse en cualquier animal -puerco, chivo, vaca, conejo, pájaro- u objeto inanimado -como el tronco de un árbol caído- para lograr escapar o pasar desapercibido.

Este mito de la región Oriental de Cuba, cuyo nombre viene de voces taínas y puede traducirse como “el que siempre escapa” pronunciaba un ensalmo -o se ponía la camisa al revés, según otras versiones- y se convertía en el animal que deseaba. 

3. La llorona de Cuba

Se trata de una muchacha que había sido raptada por un pirata para hacerla su mujer, pero ella se resistía a sucumbir antes él, por lo que un día, lleno de cólera, el pirata le cortó la cabeza. 

La joven se escondió en una cueva y mediante pociones y conjuros logró pegarse la cabeza. 

Esta desgraciada y atormentada alma en pena sale de su escondite el primer viernes de enero, el Viernes Santo, el Viernes de Dolores y el viernes antes de la Natividad del Señor. 

4. La Gritona

A este mito, de origen claramente europeo, se le describe como una mujer desnuda montada en un caballo blanco, con la crin ensangrentada; seguida por un perro que arrastra una cadena y el canto de una gallina; que aterrorizaba a los carreteros que viajaban de noche por las lejanas guardarrayas con un grito que helaba la sangre.

Todavía hoy en día hay personas que viajan de noche por los campos de Cuba y afirman haber escuchado ese grito sobrenatural que pone los pelos de punta.

5. Babujal

Babujal es un espíritu maligno que toma la forma de un lagarto y se cuela, sin saber por dónde, en el estómago de algunas personas, causando molestias, enfermedades y desgracias.

Los hechiceros de la zona de Bayamo, de donde procede el mito de este oscuro ser, lo expulsan mediante un ritual que consiste en hacerlo salir del cuerpo a cuajazos- golpes o azotes con una vara o rama-, mientras se invocan espíritus benéficos.

6. Ñangajúa

Se trata de una bruja que se come a los niños. Nunca duerme por lo que los niños deben evitar alejarse de la casa y adentrarse en el monte, donde habita.

Su apariencia es la de una anciana horripilante con el poder de quitarse la piel para volar y de ese modo colarse en las casas y llevarse a los niños o chuparles la sangre, mientras duermen. 

Los creyentes la alejan con cruces de cedro o pimienta negra y su origen parece  herencia canaria; ya que en dichas islas -de la costa africana, pero pertenecientes a España desde el siglo XIV- existe una larga tradición de aquelarres femeninos con idéntica mala fama.

7. Madre de aguas

Es una enorme majá con un par de cuernos en la cabeza, con escamas muy duras. La Madre de aguas habita en la laguna de Itabo y en la laguna de Río Grande, ambas ubicadas en Cienfuegos.

Este misterio autóctono cubano, que ya existía antes de la llegada de los españoles a la isla, es uno de los pilares fundamentales de los cultos mágicos afrocubanos de origen bantú, representada en las diversas ramas del Palo Monte como la Ñoca o Mboma Ñoca, la serpiente enroscada en los bastones de los nganguleros y representada como una flecha serpenteante en las patipembas o firmas paleras.

Con el pasar de los siglos y el sincretismo con la religión católica y los cultos yoruba, Madre de Agua ha mudado su piel de serpiente de río por el de diosa de todas las aguas, dulces y saladas; emparentándose con otras divinidades acuáticas como la Kalunga conga y la Yemayá de los yoruba.

8. La Luz de Yara

Este mito se basa en la historia real del cacique taíno Hatuey, que se enfrentó a los colonizadores españoles y fue quemado vivo por ellos, en Yara, en el Oriente de Cuba.

Hatuey había navegado desde la isla de Quisqueya -actual Santo Domingo- hasta la isla de Cubanacán -actual Cuba- para alertar a sus vecinos contra los españoles y que arrojaran todo el oro que poseyeran a los ríos, porque, decía, ése es el dios de los blancos por el que luchan y matan.

Al final su rebelión fue sofocada y Hatuey fue capturado y condenado a morir en la hoguera; a cuyas llamas se arrojó con valentía cuando el célebre cura Bartolomé de las Casas se ofreciera a bautizarlo para que pudiera ir al cielo: “Si los españoles van al cielo, yo no quiero ir allá con gente tan cruel”, dicen que dijo antes de lanzarse al fuego.

Cuentan que una luz tenue y misteriosa se desprendió de la inmensa hoguera y vagó errante por aquellas dilatadas llanuras, y que todavía puede verse brillar en algunas noches oscuras como una promesa latente de venganza y libertad.

Aquella luz es el alma de Hatuey, la Luz de Yara.

9. Ma Dolores

Ma Dolores fue una famosa curandera conga, que se estableció en Trinidad a mediados del siglo XIX, tras la abolición de la esclavitud.

Para ganarse la vida, curaba con aplicaciones de saliva y con pañitos mojados, cuya eficacia supuestamente se debía a las virtudes maravillosas del agua de un manantial próximo al bohío de la vieja, de donde se surtía, y que aún hoy se conoce con el nombre de La Poza de Ma Dolores.

Ma Dolores fue juzgada por el delito de infidencia -que significa violación de la confianza o fe de las personas, o lo que viene a ser lo mismo: estafa y hechicería- como un enemigo peligroso para la integridad nacional y condenada a fusilamiento.

Cuando se le notificó la terrible sentencia, la vieja exclamó: “A mí no va matá… Los angelito me viene a bucá y me va llevá”.

El día señalado para su ejecución, momentos antes de que el pelotón disparara contra ella, se vio venir a todo galope a un oficial español gritando. “¡Perdón para el reo, perdón para el reo..!”

10. Abikú

Abikú es un vocablo yoruba que significa predestinado a morir” y se refiere al niño que muere antes de la pubertad, y su espíritu regresa al mundo en otro niño que nace después.

Este espíritu oscuro nace y muere una y otra vez, siempre antes de cumplir 12 años, causando inmenso dolor en sus padres; de cuyo sufrimiento se alimenta. 

Cuando muere, para reconocerlo y que no pueda seguir engañando más a la familia en que nace, se hace en el cadáver una marca: se le corta un pedacito de oreja, la falange entera o la punta de un dedo, y cuando vuelve a este mundo, ya se sabe quién es.

Esta creencia, totalmente yoruba, está muy arraigada en la isla; difundida por la regla de Ocha o santería; que es la religión mayoritaria en la isla.


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domingo, 23 de octubre de 2011

LAS SOCIEDADES SECRETAS EN CUBA: Abakuá, Ifá y Palo Monte

Fetiche Yombe. Siglo XIX

Los bantús, o bantues, eran tribus nómadas, que tuvieron su origen, según algunos etnólogos, en las mesetas de Banchi, Nigeria, o en las planicies al norte de Camerún, y otros los ubican en las tierras fértiles del sudeste sahariano, donde hace alrededor de 2500 años comenzó una explosión demográfica que se prolongó hasta el siglo XIX, emprendiendo así la mayor migración realizada en el continente africano. Caminando siempre hacia el sur, estos vigorosos pueblos, bien armados, ya que dominaban el hierro, conquistaban y esclavizaban a los pigmeos y bosquimanos que se encontraban a su paso, poblando las sabanas al oeste de Tanzania y dividiendose en dos grandes grupos: uno se dirigió, siguiendo el curso del Unbangui y atravesando Zaire y Angola, hasta el Atlántico; y el otro atravesó los grandes lagos hasta llegar al Zambase y al oceano Índico. Se cree que los Kikongos atravesaron la selva ecuatorial y llegaron al sur de la actual república Congoleña, a principios de la era cristiana, fundando diferente clanes familiares que se asentaron en la región.

El radical NTU, común en muchas lenguas bantús, significa persona humana y el prefijo BA forma el plural de la palabra MUNTU( persona ), por lo que BANTÚ significa SERES HUMANOS, PERSONAS, PUEBLO DE LOS HUMANOS.

El reino Kikongo se fundó en el siglo XIV y comprendía una extensa zona de la actual Angola y del sur de Zaire. Es precisamente en esta región, al sur de la selva ecuatorial, la más densa de Africa al sur del río Congo, donde estaban asentados los Yombes, desde hacia más de diez siglos. Esta situación geográfica propició la rápida evolución y florecimiento de esta y otras tribus de la región. Su sociedad, estructurada por un control patriarcal con leyes que prohibían la alianza con otras tribus de etnias diferentes, se vio muy afectada por la influencia dominante de los conquistadores, lo que hizo proliferar las sociedades secretas independientes en cada familia, para corregir las infracciones de las leyes tradicionales, por parte de los miembros de la comunidad.

Fetiche Kikongo

Lo que en su origen incluía a toda la tribu, se convirtió en hermandades herméticas separadas por familias, cada una defendiendo sus propios intereses económicos y políticos, que con el tiempo llegaron a formar verdaderos imperios personales, basados básicamente en el poder mágico del tótem que dio origen a la sociedad.

Las sociedades secretas guardan con sigilo sus actividades y componentes, pasando desapercibidas a la comunidad, que apenas conoce sus manipulaciones y siente su influencia, la cual se torna inquietante para los infractores de las normas tradicionales, ya que todo está relacionado con la actividad mágica.

Las iniciaciones estaban reservadas solo a los hombres de una misma familia, aunque podían incluirse miembros de otros clanes con los que se tenía pacto de sangre o alguna alianza mística totémica. Pasaban por diferentes grados y probada su fidelidad, le revelaban los secretos poco a poco a cada nuevo grado, ocupando una determinada función, hasta llegar a la cabeza, privilegio reservado a muy pocos.

Los infractores de los tabúes o los delatores de los secretos de la sociedad pagaban con la vida y, en muchos casos, con la de toda su familia, cualquier perjuicio que causara a la hermandad.

Con la llegada de los colonizadores europeos y las constantes guerras de poder entre diferentes etnias de la región, las sociedades secretas fueron consolidando su poder más y más, hasta convertirse en organizaciones con estructuras políticas y sociales propias, que constituían gobiernos autónomos a los que se sometían otras sociedades menos poderosas u otras que se creaban con el fin de extender su dominio por toda la región; imponían sus leyes con su poder terrorífico e inviolable, consiguiendo el respeto y reconocimiento de otras sociedades secretas, con las cuales pactaban alianzas para evitar la ruptura de la armonía entre los miembros de una misma etnia.

Miembros de una tribu bantú en
Africa actual
Los Yombes constituyeron sociedades poderosas, como la de los hombres leopardo, la de los hombres cocodrilos, hombres monos y hombres cobra, cuyas infraestructuras nunca pudieron ser penetradas por personas ajenas a la tribu, conservando, de ese modo, las tradiciones más ancestrales hasta nuestros días.

A Cuba y a otras partes de América, llegaron esclavos provenientes de los Yombes y de otras tribus bantús, durante la colonia española. Muchos de ellos pertenecían a diversas sociedades secretas, al igual que los esclavos provenientes de la Nigeria del Sur, los Calabares y el Camerún; a los que los españoles llamaban genéricamente carabalíes o bríkamos y entre los cuales llegaron los futuros fundadores de la Regla Abakuá, la sociedad secreta más poderosa de Cuba.

A diferencia de los lucumíes( cultura Yoruba ), que eran más abiertos, los congos y los carabalíes provenían de culturas muy machistas y secretistas; por eso la regla de Ocha floreció en Cuba y
 se mezcló con hombres y mujeres de diversas razas, mientras que las reglas congas( paleras ) y Abakuá se mantuvieron en secreto y se resistieron durante mucho tiempo a dejar entrar en sus ritos a personas de otras etnias, mucho menos a blancos, mulatos y mujeres.

Ceremonia de Ifá en Cuba
Con el tiempo, los paleros fueron dejando entrar poco a poco a las mujeres en sus juegos( potencias, sectas, reglas, templos ), aunque sujetas a ciertas restricciones, como el tabú de la menstruación, que les prohíbe participar de los ritos durante ese período o el tabú que les impide convertirse en Yayas( sacerdotiza de igual nivel que un Tata ) hasta que no alcanzan la edad de la menopausia. Sinembargo, los abakuás siguen sin admitir mujeres en sus juegos, al igual que los babalawos, que constituyen la única secta de origen yoruba( regla de Ifá ) de carácter semi-secreto y que no admite mujeres entre sus miembros.

No fue hasta el siglo XIX que Andrés Petit fundó la primera potencia Abakuá para blancos y mulatos y la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, en la que las tradiciones mágicas congas o bantús se mezclaron con las yoruba, la religión católica y otras disciplinas esotéricas de origen europeo, como el espiritismo y la masonería. Gracias a él, las tradiciones congas y carabalíes se integraron en la cultura criolla, creando uno de los sincretismos culturales y religiosos más ricos e interesantes de todo el mundo.

En próximos pots trataré el tema de la sociedad secreta Abakuá con más profundidad, pues, aunque actualmente la integran, tanto negros, como blancos y mulatos, su culto se mantiene casi intacto de influencias foráneas. La pureza con la que conservan sus tradiciones es un legado vivo de nuestros ancestros africanos y por ello posee una gran importancia para el estudio de nuestra cultura afroamericana y sus secretos.

El uso de máscaras es fundamental en las
sociedades secretas, como la Abakuá.