miércoles, 11 de agosto de 2021

Los Orígenes Ancestrales Del Palo Monte. Un viaje desde el reino del Manikongo hasta los montes de Cuba


 Huyendo de las guerras de expansión de los hamitas, numerosos pueblos bantúes emigraron desde los grandes lagos del este de Africa ecuatorial hacia las sabanas y bosques tropicales de los ríos Congo, Cunene, Cubango, Chobe y Kasai entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Entre esos pueblos estaban algunos de nuestros ancestros africanos, que se radicaron en la región costera de lo que hoy es Angola y en parte de los actuales territorios de Zaire, Cabinda y el Congo. Con el tiempo, esas comunidades se fundieron en una sola, conocida como el reino del Manikongo.

 La tradición oral de los bakongos -nombre genérico de los bantúes que se asentaron en esa zona- cuenta diferentes historias acerca de la constitución de su reino. Una de ellas afirma que nueve de los sobrinos del Manikongo -máxima autoridad o rey- abandonaron el clan de su tío y cruzaron el río Zaire para asentarse en tierras ribereñas, fundando los nueve clanes descendientes directos del monarca. Otra, en cambio, dice que Mtinu Wene, el primer Manikongo, después de mucho guerrear, logró asentarse al sur del río Congo y distribuyó las tierras conquistadas entre sus nueve principales generales. A partir de ese momento, el nueve se convirtió en un número sagrado para los bakongos.

 

Durante el juramento de lealtad al Manikongo, los nueve jefes se expresaron así: 

 

1- Yo soy Ndumbu A Nzinga, planta trepadora que se enrolla en espiral. Mis ramas se anudan alrededor de todo el país.

 

2- Yo soy Manianga, el que está sentado. Me siento en la silla y en la estera. Yo he hecho nacer a los mbembas y a los Nlazas.

 

3- Yo soy Nanga, el cojo, pero voy muy lejos. Las piedras de mi estufa son cabezas de hombres. Mi cuchara de comer es la costilla de un gran pez.

 

4- Yo soy Mankunku, el guerrero que lo derrumba todo a su paso. Yo vencí a los ndembos, los tambores de los más poderosos. Que nadie venga a molestarme ni con el timbal ngongie ni con el tambor ngoma.

 

5- Yo soy Ngimbi, el que hace crecer con abundancia todo lo que nutre y alimenta. Los madiadias o falsas cañas de azúcar que se cortan por la mañana, al mediodía nuevamente se mecen al sol.

 

6- Yo soy Mbenza, aquél que rompe, corta y atraviesa. No corto las cabezas de los ratones, sino las de los hombres.

 

7- Yo soy Mpudi A Zinga, un gran pez y además un halcón que, pese al fuego, caza por encima de la hierba en llamas.

 

8- Yo soy Mboma Ndongo, la gran serpiente que deja huellas a su paso. Se arrastra por todo el Congo, por Loango. Madre que hace bien a todos los clanes.

 

9- Yo soy Mabaka, el que reparte las tierras, pero las leyes de esas tierras quedan en mis manos, en mi poder.

 

Los habitantes del reino del Manikongo llegaron a ser unos dos millones y medio antes de la llegada de los portugueses en 1482. Los hombres eran formidables herreros, cazadores y guerreros. Las mujeres se dedicaban a la agricultura. Lo que encontró Diego Cao -el gran navegante y descubridor portugués- al desembarcar en esas tierras fue descrito, no sin cierta admiración y sorpresa, como un reino grande y poderoso, muy poblado y con muchos vasallos.

 

Pese a la centralización del poder en la figura del Manikongo, ese reino poderoso preservaba numerosos rasgos de la sociedad matriarcal tanto en su ordenamiento social como en sus creencias; basados ambos en el sistema de mbila o kanda; términos sinónimos que pueden ser traducidos como la ley del clan.

 

Un niño pertenece al clan de su madre quien, a su vez, pertenece al de su tío materno. Es un conjunto orgánico y místico de todos cuantos han sido paridos por mujer incluyendo, naturalmente a los ancestros, cuyos nombres llevan los diferentes clanes. Los ancestros eran, en ese contexto, la clase, por así llamarla, preponderante. Eran los maestros dotados de un poder sobrehumano; eran los verdaderos propietarios de la tierra, de la cual sus descendientes son los usufructuarios.

 

Los habitantes de las tierras ancestrales ocupaban el segundo peldaño de la escala social. El clan, que en puridad ya había dejado de ser tal, puesto que estaba subordinado a un poder central, ocupaba muchas aldeas según las líneas de descendencia que se hubieran constituido a través de los tiempos. La jefatura de cada aldea pertenecía por derecho de herencia al descendiente más directo de la primera mujer de la primera línea. Ese jefe era también el sacerdote principal del culto a los antepasados, de cuya estricta observancia dependía la prosperidad del clan y sus miembros. Él era, pues, el heredero y representante de los ancestros en la tierra y, a la inversa, era también el representante de los miembros del clan ante los antepasados.

 

Este culto, sin embargo, está cimentado en la autoridad que se adjudicaba al padre con respecto a sus hijos, a los cuales no gobernaba, a diferencia de la madre, pero de cuyo respeto vitalicio era acreedor por el solo hecho de haber contribuido a su concepción. La autoridad paterna sobrevivía al padre fallecido. Y sus hijos le rendían tributo después de muerto, de la misma manera que reverenciaban a los ancestros, de los cuales el padre pasaba a formar parte al morir.

 

La existencia de un poder político central se reflejó más en la jerarquización de la divinidad y sus características funcionales, que en el ordenamiento social dentro de sus clanes. Y aunque la descripción y análisis de esa divinidad han llegado a nosotros por medio de los misioneros que intentaron la catequización de los bakongos; con la inevitable identificación de una deidad única con el Dios de la Iglesia Católica; lo que resulta incuestionable es que los bakongos si tenían una deidad única: Nsambi, que puede equipararse con el Supremo Hacedor de los cristianos. 

 

Para los bakongos, Nsambi creó el cielo y todos los astros, y también a la primera pareja humana, de la cual desciende la humanidad entera. Nsambi interviene en la creación de cada individuo. Cuando un niño esta a punto de nacer, el alma material entra por una de sus orejas, indicando que ha ocurrido el nacimiento “verdadero”. Al morir el hombre, el alma material regresa a Nsambi. Nsambi dispone de la vida y la muerte de todo lo existente, y castiga a los transgresores de sus leyes. Entre éstas, la principal es el respeto a los padres. Nsambi es veraz y omnisciente, está en todas partes, pero no se le representa en cosa material alguna, ni siquiera en imágenes.

 

Nsambi es más grande y poderoso que todas las demás categorías de espíritus de los muertos, entre las que destacan los Nkisi; especialmente Funza, el nkisi creador del feto en la matriz y Bunzi, dios tutelar del clan, de cuyo bienestar y felicidad es responsable. Los ancianos consideraban a Nsambi el dueño de todo y de todos; sin embargo éste no se muestra a los vivos. Habita en el cielo y no baja a la Tierra, pero lo ve todo. Las líneas de la palma de la mano y los profundos surcos de la columna vertebral se conocen como la escritura de Nsambi y también como sus caminos, por los cuales penetra al cuerpo de los hombres. Pero como Nsambi dejó que la muerte reinara sobre la humanidad, su figura no es objeto de culto. Puesto que no se le puede conmover con ruegos, arrepentimientos u ofrendas, ocupa un lugar secundario en la imaginación popular.

 

Algunos mitos narran que el hombre y la mujer fueron creados en el cielo y bajados a la Tierra por un hilo de araña, y que una persona llamada Tuka Zulu -el que vino del cielo- visitaba la Tierra cabalgando sobre un relámpago en calidad de enviado de Nsambi, para curar a los enfermos y resucitar a los muertos. Tuka Zulu se convirtió mas tarde en Mukulu o Nkulu, el ancestro de la humanidad, que también trajo semillas de todas las plantas útiles y enseñó a los hombres todos los usos y costumbres, incluso las fúnebres.

 

Todos los elementos de la naturaleza, incluyendo a sus espíritus, y cuyo conocimiento heredaron de Mukulu, eran sagrados para los bakongos. Las plantas que les sirvieron de sustento, cobijo y medicina; los animales de pelo y pluma que cazaban; las aguas que calmaron su sed y aliviaron su cansancio; y la tierra que contenía las plantas y las aguas benefactoras y que, al término del largo trayecto, fue sembrada y rindió sus frutos; eran reverenciadas como una extensión divina de Nsambi. De ahí que las creencias venidas a Cuba desde el reino del Manikongo giren alrededor de esos elementos. 

 

Los astros y fenómenos de la naturaleza también poseen poderes y atributos propios. El remolino, por ejemplo, tiene poderes semejantes a los de los nkisi que traen la desgracia y la desolación, quienes se trasladan de un sitio a otro valiéndose de los tornados y tormentas. El cielo es el dueño de la lluvia; la produce y la retiene, y de esa forma gobierna a los seres humanos, porque de ella depende el sustento y la buena salud de éstos. El rayo es sagrado y sirve para castigar las transgresiones humanas.

 

 Cada estrella está asociada a una actividad humana particular y los cometas predicen sequías prolongadas y grandes hambrunas. La luna, y no el sol, es para los bakongos el más notable de los cuerpos celestes. Cuando hay luna nueva, la tierra tiembla porque ella se lleva las almas de las personas y los animales para ganar fuerza y “llenarse”. Para ellos la luna es masculina. Su esposa es, según la región de que se trate, el lucero de la tarde o la estrella de la mañana. El sol, en cambio, es una mujer muy trabajadora que descansa poco. Él y la luna están en constante conflicto. Si la luna prevaleciera, el mundo languidecería hasta extinguirse bajo su hechizo. El día en que choquen, la humanidad perecerá. 

 

El río Congo es muy respetado por su inmenso poder sobre la vida de los hombres. Los ancianos cuentan que en los viejos tiempos el río era un ser viviente que podía castigar crímenes y leer los secretos del corazón. Por eso, antes de cruzarlo, se le hacían oraciones y ruegos.

 

Es comprensible, pues, que la base de las Reglas de Palo Monte sean los Nkisi o espíritus de la naturaleza y de los ancestros, contenidos en los recipientes mágicos llamados fundamentos o prendas. Estos receptáculos de formas diversas contienen un universo en miniatura, tal y como lo perciben los paleros, herederos del conocimiento bantú. Las prendas encierran aguas, hojas, hierbas, piedras y tierras tomadas de distintos sitios; dientes, picos, garras de variados animales, junto con pequeños fragmentos de sus huesos o de un ser humano cuyo espíritu pasa a vivir en ese Nkisi o fundamento. Este puede ser físicamente una calabaza, un atado de corteza de árbol o de tela basta, un caldero de hierro o de barro y hasta un caracol. En ocasiones son también unas esculturas de madera y arcilla que representan figuras humanas, a las que se fija un espíritu con resina y bilongo -medicina, magia-, llamadas Nkuyos.

 

Un Nkisi o prenda es un objeto artificial habitado o influenciado por un espíritu y dotado por él de poder sobrehumano. Por espíritu se debe entender, en este caso, no un alma descarnada, sino el alma de un difunto que ha tomado, por voluntad propia, después de su muerte, un cuerpo adaptado a su nuevo modo de "ser”.

 

De ahí que el término Nkisi designe tanto al espíritu como al objeto material que le da cuerpo y le permite “ser” pese a estar muerto, y que puede ser dominado por una persona viva. Ese objeto o receptáculo es compuesto o fabricado por un Nganga, la persona intermediaria entre los vivos y los muertos. Todo hombre o mujer que posea un Nkisi es, por tanto, su Nganga.

 

Cuenta la leyenda que el primer Nkisi fue compuesto por Mukulu, el primer ancestro que descendió del cielo y enseñó a los hombres cómo fabricar o componer un Nkisi. Los Nkisi tienen aliento, pero no igual que las personas. Escuchan al Nganga y hacen lo que éste les ordena. La vida del Nkisi no termina, sino que se transmite para formar una especie de linaje. Según la tradición popular congolesa, el primer Nkisi fue hecho en el agua, origen de todos los seres vivientes, e inauguró el linaje de Nkosi, el destructor. Después se compusieron los Nkisi del linaje de Kyere, la alegría. Así, de cada Nkisi pueden “nacer” tantos otros como estime su Nganga, pero cada uno de ellos debe ser igual al primero, cuyo nombre adoptan. El Nganga es también quien transmite el arte de componer un Nkisi a los novicios y les enseña sus propiedades, manejos y tabúes.

 

El hombre es considerado como un ser dual por los bakongos, compuesto por una entidad exterior: el cuerpo físico que se entierra y se descompone, y una entidad interna que constituye la esencia misma del ser humano. Esta, a su vez, está compuesta por dos entidades separadas: la Nsala y el Mwela.

 

Nsala es la parte del hombre que no es visible en el cuerpo exterior; es su alma o mejor, la esencia de la vida. Es considerada como un ser viviente que actúa como la adivina del hombre, al cual puede abandonar momentáneamente para vagar por el mundo y conocer los acontecimientos que afectarán a su dueño en el futuro. Para los Ngangas, la Nsala es visible en forma de kini -que significa sombra-. De ahí que a los nkuyos o muñecos mágicos se les llame en Cuba Kini Kini -sombra sombra-, en referencia a que los Nkisi o esencias espirituales que contienen se mueven por el mundo como sombras vertiginosas. Igual que el cuerpo físico tiene su sombra, el alma o espíritu también tiene la suya. La Nsala no abandona el cuerpo físico hasta que el hombre se muere y la sombra se separa de él. 

 

En cambio, Mwela es el aliento divino que permite a las personas respirar y vivir; concepto similar al Prana del hinduismo. Si el Mwela abandona el cuerpo, el hombre muere. Este aliento mágico puede posesionarse de cualquier animal. Para prolongar la vida de un ser humano, se mezclan unas gotas de su sangre con las de un animal determinado para que ambos compartan el mismo aliento y la vida se prolongue. Cuando el hombre muere, su aliento se va a Kalunga, el mundo de los muertos.

 

En la tierra de los muertos la vida continúa de manera semejante a la vida terrenal, si bien carente de penas y enfermedades. La muerte, dicen los bakongos, sólo ocurre una vez y es como una recompensa. Los habitantes de Kalunga generalmente están divididos en dos grandes grupos: los Nkuyu -llamados Nfumbes en Cuba- y los Nyumba -llamados Nfuiris en Cuba-; divididos a su vez en numerosos subgrupos con variadas y complejas funciones que sería muy largo explicar aquí. Nkuyu o Nfumbe significa espectro, visión y también cambio, transformación. No tienen los Nkuyu un Iugar definido en el mundo de los muertos, sino que andan errantes en el mundo de los vivos y son susceptibles de ser capturados por un Nganga. Por el contrario, los Nyumba o Nfuiris son aquéllos espíritus que no se transforman en espectros. Es decir, que no adquieren una apariencia diferente a la que tuvieron en la vida, porque no deben pagar por hechos censurables, y por eso pueden mezclarse con los vivos y pasar desapercibidos.

 

También existen los Simbi, a los que a menudo se les confunde con los espíritus de los muertos, aunque para nada se parecen a éstos. Los Simbi se manifiestan en torrentes o inundaciones súbitas que arrasan con chozas y cosechas. Un Simbi no puede ser capturado y encerrado en una prenda, sino tras muchas dificultades y peligros. Alguien que, a riesgo de su vida y su cordura, capture a un Simbi se convierte automáticamente en Nganga, sin necesitar de otra iniciación. Estos espíritus habitan en apartadas lagunas, pozos y ojos de agua, que tienen la reputación de ser lugares muy peligrosos para quienes se acerquen a ellas.

 

Los Karires son algunas de las figuras más misteriosas de la mitología de los bakongos. Nkadi Mpemba, Ndoki, Lukankasi y Lugambé son los Karires más conocidos en Cuba, pero en el reino del Manikongo se contaban por cientos.

Los misioneros europeos los equipararon en sus crónicas, por su enorme y terrible poderío, con las huestes de Satanás; aunque en realidad estas entidades son muchísimo más antiguas que los demonios de la tradición judeocristiana y, por tanto, de la concepción del Bien y el Mal. De hecho, los Karires fueron los primeros seres que creó Nsambi, arrancándose trozos de su propio cuerpo, para que le hicieran compañía en su infinita soledad y le ayudaran a dar forma al universo. A ellos encargó crear las estrellas para iluminar su Gran Obra, fundiendo con su fuego divino el plasma original hasta lograr las sustancias y elementos de que están hechos todos los astros y galaxias.

 

En algunas zonas del reino del Manikongo se le llamaba Ndoki, no a un espectro o espíritu, sino a un poder, a una fuerza mágica, transmisible por consanguinidad, que permitía a quienes la poseyeran o recibieran dominar a los espíritus de los muertos sin precisar objeto mágico alguno. Las personas que detentaban este poder eran también llamadas Ndokis; que significa hijos del Karire Ndoki. De ellas se decía que tenían la facultad de convertirse en animales de conocida ferocidad: cocodrilos, leopardos o serpientes de gran tamaño, y también en ciertas aves, cómo lechuzas, búhos y auras tiñosas.

 

La presencia en las Américas de un crecido número de esclavos pertenecientes a los diversos clanes bakongos bajo la égida del Manikongo, se debe a un cúmulo de circunstancias, entre las cuales no fue la de menor importancia la rápida catequización del Manikongo de la época, bautizado como Alfonso apenas nueve años después de la llegada de Diego Cao a la zona. Accedería al trono con el nombre de Alfonso I en 1507, ocupándolo ininterrumpidamente hasta su muerte en 1543. Fue él quien estableció las primeras relaciones con los portugueses, cuyas costumbres adoptó, y quien les suministró los primeros esclavos con destino a la colonia de Brasil. Pero cuando las exigencias de mano de obra para esa posesión portuguesa crecieron, como para que resultara imposible satisfacerlas por otra vía que no fuera la guerra, Alfonso I y sus sucesores no estuvieron dispuestos a ello. En 1575 al Congo llegó Paulo Dias de Novais, inaugurando una nueva era en las relaciones de Portugal con el reino del Manikongo. Dias plantó su cuartel general al sur del río Congo e inició la guerra de conquista contra los bakongos de Ngola, entrenando al propio tiempo a bandas de nativos para la captura de prisioneros de guerra, embarcados después como esclavos, y para la expansión de las fronteras coloniales.

 

Para 1591, el dominio efectivo del Manikongo se había reducido a seis provincias: Bamba, Sonho, Naundi, Pango, Bata y Pemba. Casi setenta años resistió el reino del Manikongo las depredaciones portuguesas y los conflictos internos que la expansión colonial trajo consigo antes de decidirse a presentar batalla. Los resultados fueron desastrosos. La unidad del reino se resquebrajó con enorme rapidez y para fines del siglo XVIII el dominio del Manikongo sólo alcanzaba unas pocas aldeas en la periferia de Mbanzakongo. Demasiado cercano al ojo de la tormenta colonial, el reino del Manikongo fue devastado por ella.

 

No fue exclusivamente a Brasil adonde fueron a parar los bakongos capturados en el reino del Manikongo. También arribaron, entre otras islas del Caribe, a Cuba, transportados a la fuerza en los navíos de empresas europeas, que fueron las encargadas de este infame comercio trasatlántico entre los siglos XVI y XIX.

 

Para finales del siglo XVI, la población negra en Cuba era mayoritaria. Los cronistas de la época calculaban que un 60 % de la población total, la cual fluctuaba entre los 15.000 y los 20.000 habitantes, estaba constituida por africanos traídos a la Isla en calidad de esclavos y sus descendientes criollos. Entre los esclavos vendidos en el mercado cubano muchos fueron identificados como congos, cabindas y ngolas. 

 

Desembarcados en diferentes puntos de Cuba, cientos de bakongos fueron destinados a plantaciones de caña, café y tabaco esparcidas por toda la isla. Fueron ellos los que compusieron, en honor a los nueve reinos sagrados del reino del Manikongo, los primeros nueve Nkisi de Cuba, de los cuales nacieron otros muchos. Estos, a su vez, procrearon los que, junto con aquellas prendas originales, llegarían a ser los fundamentos de las Reglas de Palo Monte en Cuba. Dos de ellas fueron hechas en Pinar del Río; una en La Habana; dos en Matanzas; una en Santa Clara; otra en Camagüey; y otras dos en Oriente.

 

Nómbrense las de Pinar del Río, Ndumbo A Nzinga y Mananga. Ndumbo A Nzinga fue compuesta a finales del siglo XIX y pertenecía a Saturnino Gómez, descendiente libre de algún esclavo de la dotación del ingenio Santa Teresa, en Bahía Honda. Con el tiempo el nombre de esta prenda devino en Ngundu Batalla Sácara Empeño.

 

El Nkisi Mananga servía a los esclavos congos que escapaban de la hacienda Candelaria de don Francisco Javier Pedroso, alrededor de 1806. La hacienda lindaba con la Sierra del Cuzco y en sus terrenos, donde hoy se ubica el pueblo de Candelaria, está la loma de Juan Ganga, famoso cimarrón que montó la prenda. Esta recibió el nombre de Manawanga o Mariwanga; que se corresponde con la orisha yoruba Oyá, dueña de centellas y remolinos e identificada con la Virgen de la Candelaria.

 

Mboma Ndongo fue el Nkisi compuesto por los bakongos en La Habana, por el año 1812, en el antiguo caserío de Guanabo, en Guanabacoa. En esa localidad de la provincia habanera ocurrió un importante levantamiento de esclavos congos y yorubas de la dotación del ingenio Peñas Altas. Casi todos los insumisos fueron masacrados por el mayoral Antonio Orihuela. El reducido grupo de sobrevivientes pudo escapar llevándose la krillumba de una de sus compañeras asesinadas llamada Regla Ngola. En lengua, Mboma es la Virgen de Regla.

 

Los Nkisi Nanga y Mankunku fueron compuestos en la provincia de Matanzas. Nanga recibió el nombre de Mundo Catalina, Manga o Nanga Nsaya. Su dueña era la familia de los Melgarez, que radicara, a finales del siglo XIX, junto a la laguna sagrada de San Agustín de Ibáñez en Pedro Betancourt. Fue montada por esclavos del ingenio Diana Soler, propiedad del potentado español Juan Soler. El ingenio fue quemado poco después. Mankunku se convirtió en Mayimbe Nkunku Sácara Empeño, y procede de las lomas de Quimbámbilas, en Perico. Fue fundamentada por cimarrones huidos del ingenio Tinguaro en esa jurisdicción. De esta prenda, famosa por su movilidad, nacieron otras muchas que, a su vez, se propagaron por toda la Isla. Come gallo negro e hierbas en forma peculiar.

 

En Santa Clara los esclavos cimarrones del ingenio Buena Vista, propiedad de Justo Germán Cantero, prepararon una prenda con el nombre de Makaba, Mbumba Kuaba o Kaba. Esos cimarrones deambulaban por las montañas de Trinidad y las Alturas del Muerto, hasta el río Ay de los Negros, e identificaban su fundamento en la Osha con Yewá. Makaba era una prenda de extrema sensibilidad, hecha con la krillumba de una joven negra que fuera atacada y descuartizada por las jaurías de los rancheadores durante su fuga.

 

Ngumbi o Nkindi es oriunda de Camagüey, y encierra el espíritu de Ngumbi, nombrado en vida Ciriaco. Era éste un negro bozal cuyo cimarronaje tuvo como escenario la periferia del poblado camagüeyano de Santa Cruz del Sur. Los negros entrados por las costas de esa provincia aun después de suprimida la trata, pronto formaron grupos cimarrones los cuales, según las crónicas de la época, atacaron a santa Cruz varias veces en el año 1851, ocasionando pérdidas humanas y materiales nada desdeñables.

 

Las prendas de la antigua provincia de Oriente son particularmente interesantes. La que responde al nombre de Mbudi Yamboaki Nzinga fue preparada en el pueblo de Yara. La importancia histórica de esa localidad radica, entre otros hechos no menos trascendentes, en que allí se asentó el cacicazgo indio de Macaca, donde fue quemado vivo el indio Hatuey el 10 de octubre de 1513. El esclavo dueño de esa prenda era Baltasar Yamboaki, de quien se dice era así llamado porque su prenda contenía la krillumba de un Yambiaki, que en congo significa indio.


 En el punto conocido por Peralejo, situado entre Manzanillo y Bayamo se libró una de las más cruentas batallas de la guerra de 1895-1898. Allí fue emboscada por las fuerzas mambisas al mando de Antonio Maceo la columna del brigadier Fidel Alonso de Santocildes, quien escoltaba al general en jefe del ejército español en Cuba, Capitán General Arsenio Martínez Campos. Este logró a duras penas romper el cerco insurrecto y dirigirse hacia Bayamo, dejando pertrechos y heridos en poder de los mambises. Tuvieron muchas bajas, entre ellas el propio Santocildes, cuyas kriyumbas fueron recogidas por los mambises descendientes de congos y ngolas que blandieron sus machetes en esa batalla para fundamentar sus prendas, nombradas Mbenza Bana. 


Saludos a todos y que Nsambi acutare.


sábado, 3 de julio de 2021

El Nacimiento De Nsambi


Nsambi, Sambi o Sambia, cómo lo pronuncian muchos religiosos cubanos, es el nombre de Dios en el Palo Monte. Un Dios máximo y primigenio, más antiguo y poderoso que cualquier otra divinidad; ya que fue la primera consciencia en despertar y el creador de la existencia misma. La gran explosión que dio origen al espacio y al tiempo; según la teoría científica del Big Bang; fue en realidad el despertar de Dios, el ojo de Nsambi abriéndose en medio de la Nada e iluminándola por primera vez.

Antes de eso Nsambi dormía en el eterno e infinito vacío de la no-existencia. Era Uno con la Nada y el valor de Uno era Cero, porque la Nada es la Muerte; el estado anterior a la vida al que todo y todos retornamos algún día. Pero ocurrió un milagro, un acontecimiento imposible e inexplicable científicamente y, por tanto, mágico: La Nada tuvo un sueño, y en ese sueño original se vio a sí misma como un punto de fuego brotando de las tinieblas e iluminando el vacío. Un punto de fuego con consciencia de sí mismo; la primera luz; que siguió expandiéndose hasta despertar a la existencia.

Y el Fuego, la Luz, la Consciencia y la Existencia eran una misma cosa: la Vida, y una sola entidad: Dios, Nsambi; el gran misterio inescrutable, el principio creador del tiempo y del espacio, de la materia y de la energía, de la consciencia y del espíritu. Y el valor de esa unidad divina era y es infinito, pues, ¿Acaso hay algo más valioso que la vida?

La vida, la existencia, este universo, son el sueño de Nsambi; porque únicamente en el mundo de los sueños lo imposible es posible y la Nada puede modelarse como arcilla para crear la Gran Obra de Dios. La realidad, incluyendo las leyes físicas que la dominan, es mágica. La gravedad, la evolución natural, la humanidad y el desarrollo científico y tecnológico también son mágicos, porque es imposible encontrar o concebir racionalmente la causa que produjo el efecto existencia. Solo los sueños, la magia y la poesía -que vienen a ser la misma cosa- pueden explicar cómo pudo surgir algo de la nada.

Es un hecho que con Nsambi no se puede “trabajar” porque nunca “baja” ni responde a nuestras invocaciones y súplicas. Por esa razón en los rituales de Palo Monte únicamente se le saluda como señal de respeto, y muchos paleros piensan que Nsambi se desentendió de este mundo después de crearlo; pero nada más lejos de la verdad. Nsambi no baja porque ya está aquí entre nosotros y en todas partes; arriba y abajo al mismo tiempo. Su carne es el material de que están hechas todas las cosas y criaturas del universo, y su mente la suma de todas las consciencias. Cuando la flecha del cazador surca el cielo y atraviesa a su presa en pleno vuelo, Nsambi es a la vez el cazador, la flecha, el cielo y el pájaro herido.  Nsambi es todo, la pregunta y la respuesta al mismo tiempo.

Cuando trabajamos la Magia o brujería a través de los mpungus o divinidades y de los nfumbes o espíritus de este universo, en realidad estamos manipulando la energía de Dios. Ya sea para bien o para mal, todas nuestras obras son parte de la gran obra de Nsambi, y tanto los ángeles como los demonios son criaturas soñadas por Él. Y por esa razón; porque todas las cosas y todos los seres somos parte de Nsambi; los humanos también soñamos y tratamos de hacer realidad nuestros sueños.





jueves, 13 de mayo de 2021

El Mal De Ojo

De igual forma que el cuerpo físico está expuesto en todo momento a infinidad de peligrosas e invisibles partículas; como las bacterias y los microbios; para el cuerpo astral o espiritual existe la amenaza constante de los espíritus malignos, la brujería y el mal de ojo. Este último es una manifestación natural del mal que se produce a través de los ojos; que son las ventanas del alma. Las energías negativas de la gente pueden salirse por los ojos y contagiar a quien se observa; especialmente cuando se hace con envidia, rencor u otros malos sentimientos. Las miradas de las personas enfermas, pervertidas, malditas o marcadas de algún modo por el mal o la desgracia, pueden causar diversos daños si se enfocan sobre otros individuos con cierta intensidad.

Existen varias formas de mal de ojo. De manera inconsciente, el agresor piensa en alguien y lo juzga. El poder de su mirada puede afectar a la víctima con diversas dolencias, malestares o mala suerte en los días posteriores. El mal de ojo provocado de manera semiconsciente es aquél que realizan personas que miran mal y juzgan a los demás deseándoles la desgracia. Se suelen llamar inconscientes porque generalmente las personas que lo producen no conocen el poder mental que tienen. Por último, el de manera consciente es el más peligroso de todos, ya que la persona que lo produce es consciente de su poder y lo emplea con alevosía. 

La palabra griega "envidia" viene de la expresión "aquella que nos mira con mal ojo" y de ahí el mal de ojo; del cual los griegos protegían a los jóvenes marcando sus frentes con barro o cieno.

Mal que bien, los adultos tenemos trucos para protegernos del mal de ojo; que generalmente usamos sin darnos cuenta, de forma automática; como contener la respiración o desviar la mirada de los ojos de los individuos que nos dan mala espina; pero los niños, debido a su inocencia, no poseen aún esas habilidades y son muy vulnerables al mal de ojo; por lo que deben ser protegidos siempre. Cómo están aún más indefensos cuando duermen, los padres no deberían permitir que extraños observen a sus bebés dormidos. En cualquier caso, un pedacito de ceiba con una cinta roja o un imperdible de plata con un ojo azul de cristal junto a la cuna protegerán del mal de ojo a la criatura.


















Otros talismanes que funcionan contra el mal de ojo son un trozo de azabache o de coral rojo, o un diente de perro; poderosos y benéficos ingredientes mágicos que no faltan en la confección de makutos y nchilas; los resguardos o amuletos de protección y buena suerte que portamos los practicantes y creyentes del Palo Monte. 

También el ajo y el alcanfor protegen contra el mal de ojo y ahuyentan a las entidades oscuras, y cruzar los dedos o hacer la higa(enseñar el dedo del medio) o un corte de manga(gesto procaz y soez con una mano en el interior del codo y el brazo con el puño en alto) a quién nos mire mal.

El célebre palero Andrés Petit, fundador de la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, afirmaba que no hay mejor defensa contra el mal de ojo que la oración a San Luis Beltran. Cuentan que la llevaba siempre consigo y se la escribía de memoria a cualquiera que se la pidiera, y que ése papel, escrito de puño y letra por el gran brujo, sí se doblaba siete veces en forma de triángulo y se guardaba en el bolsillo o en la cartera, actuaba como un poderoso resguardo contra todo mal.

Lo de usar textos sagrados como protección también lo hacen los musulmanes, que se protegen de las miradas envidiosas o infieles con fragmentos del Corán cocidos al forro de sus ropas para que no se vean, pues los amuletos son contrarios a la ortodoxia islámica; y los taoístas chinos, que escriben sus hechizos en el aire o en papeles que luego queman.

En el antiguo Egipto se empleaba el “Ojo de Horus” como protección contra el mal de ojo, y de ése símbolo proviene el ojo dentro de un triángulo de los masones, el ojo de cristal azul llamado nazar que usan los turcos y griegos, y el ojo con una lengua atravesada por un cuchillo que tanto se ve en las casas humildes de Latinoamérica, para ahuyentar el mal de ojo y las malas lenguas. Otra forma de crear mal de ojo, según la cultura popular guatemalteca, es que cargue al recién nacido alguien en estado de ebriedad. En Centroamérica suele recurrirse a una piedra llamada ixahi, la cual se utiliza para absorber el mal de ojo al frotarla en el cuerpo. Una vez hecho esto, es necesario tirarla. Y en Perú, se acostumbra llevar en la muñeca del niño, una semilla frutal amazónica llamada Wayruru, para protegerlo de los espíritus ocasionantes del mal de ojo. 












En la antigua Roma, a las personas que eran conocidas por la fuerza maligna de sus miradas se les pagaba bien por maldecir a los enemigos de sus clientes. Por el contrario, en la Edad Media se les perseguía y cualquier infeliz con estrabismo podía acabar quemado en la hoguera. Actualmente se considera superstición el mal de ojo y la policía no hace caso a denuncias de esa clase en ninguna parte, pero quizás por esa razón nunca antes se habían vendido tantos amuletos contra el mal de ojo en todo el mundo como en los tiempos modernos. 

No obstante a que la ciencia aún no tiene una explicación para este fenómeno, y por tanto lo niega, a las personas se nos sigue erizando la piel cuando un extraño nos observa por la espalda o alguien nos halaga demasiado, y no es extraño que con el tiempo se confirme que era mala persona alguien que nos desagradaba sin razón evidente. Y es que, por muchos siglos siglos y revoluciones del pensamiento que pasen, la intuición natural -nuestro espíritu o voz interior- continuará avisándonos de los peligros que nos acechan mucho antes de que éstos sean visibles para la mente racional. Aunque no encontremos una conexión lógica entre la sensación de peligro que experimentamos y la mirada de cierto individuo, no debemos desoír a nuestra intuición cuando nos alerta.


ORACIÓN A SAN LUIS BELTRÁN

Criatura de Dios, te exorcizo, trato y bendigo en nombre de la Santísima Trinidad
Padre, Hijo, y Espíritu Santo,
Tres personas diferentes y una única esencia verdadera:
y de la Virgen María, Nuestra Señora,
concebida sin la mancha del pecado original.
Virgen antes de dar a luz,
durante el parto V, y después de dar a luz V,
por la gloriosa Santa Gertrudis,
tu esposa concedida y amada,
por las Once Mil Vírgenes,
por san José, San Roque y San Sebastián,
y por todos los santos de tu corte Celestial,
por tu Muy Gloriosa Encarnación,
Muy Glorioso Nacimiento,
Muy Gloriosa Pasión,
Muy Gloriosa Resurrección,
y Divina Ascensión.
Por tan altos y sagrados misterios que yo de verdad creo, ruego a tu Divina Majestad,
poniendo como intercesora a ti Divina Madre,
Nuestra Abogada,
que liberes y cures a esta afligida criatura
de cualquier enfermedad, mal de ojo, dolor, accidente, o fiebre, o cualquier otra herida o mal o enfermedad,
Amén Jesús.
Sin mirar a la persona indigna que preferiría tales sacrosantos misterios, con tal buena fe te ruego a ti, oh Señor,
por tu mayor gloria y por la devoción de aquellos aquí presentes,
que con tu piedad y merced,
cures o liberes de esta herida, aflicción, dolor, humor, enfermedad, alejándolo de este sitio y lugar.
Y que tu Divina Majestad no permita
que le sobrevenga accidente, corrupción, o herida ninguna, dándole salud, para que, con ella,
pueda servirte y realizar tu Más Sagrada Voluntad. Amén Jesús.
Te exorcizo y trato,
y Jesucristo Nuestro Señor te cura, te bendice,
y permite que se haga su Divina Voluntad. Amén Jesús. Consumatum est, Consumatum est, Consumatum est.


Saludos a todos y que Nsambi acutare,

sábado, 27 de febrero de 2021

Cómo Se Monta Un Tiembla Tierra



El nkiso o fundamento de Tiembla Tierra se puede montar en un güiro grande o en una cazuela de barro, que hay que lavar con 8 yerbas de este mpungu; comoYagruma, Siempre Viva, Campana Blanca, Ceiba, Ciruela, Algodón, Artemisa y Jagüey; mezcladas con agua de río, pozo, lago y agua del primer aguacero de Mayo, junto con todos los ingredientes que llevará la nganga. Al terminar, se guardan las hojas ripiadas para luego ponerlas en el fondo del recipiente, una vez que la patipemba o firma haya sido sellada.

Dentro del güiro o cazuela se pinta con pemba o yeso blanco la firma, se delinea con fula y se quema con un puro de tabaco encendido. Lo mismo se hace en una concha grande de nácar con 8 monedas de plata, que se cubre con un trozo de piel de majá y encima se derrite cera virgen hasta que la concha quede sujeta al fondo del recipiente. Sobre este sello se coloca un poco de las yerbas del lavado, todo tipo de piedras preciosas y semipreciosas que se puedan obtener, monedas de muchos países, limallas o fragmentos de 8 metales diferentes -incluyendo oro-, 8 palos pequeños de Tiembla Tierra; como Rasca Barriga, Granada, Almácigo, Cuaba, Palo Ramón, Chirimoya, Caisimón y Anón; un poco de azogue, alquitrán, precipitado rojo y amarillo, cuarzo blanco y rosado, 8 mates rojos, 8 mates grises (semillas de Quita Maldición); polvo de huesos del nfumbe, de marfil, nácar, murciélago, alacrán, araña, abeja, avispa, sapo, ciempiés, águila, jicotea, jutía, tomeguín, sijú, lechuza, pitirre, sinsonte, gaviota, zunzún, gallo fino, guinea, paloma blanca, rabiche, torcaza, tojosa, tórtola, cotorra, canarios y periquitos de todos los colores; colmillos de perro, gato, cocodrilo, jabalí, león, leopardo u otras fieras felinas; granos de todas las pimientas, varias clases de chiles picantes, 8 pequeñas piedras blancas de la cima de una montaña, dientes y un pedazo de hueso del nfumbe, 8 agujas, 8 cauries, 8 pequeñas flechas plateadas como las de Ochosi, una pequeña balanza plateada, un sol plateado, una luna plateada, una media luna plateada, una bola de cristal transparente, una pequeña bola de cristal negro, una bola de nácar y un balín de hierro. Encima se vierte cera virgen derretida hasta cubrir por completo todos los elementos.

Cuando la cera está seca, se le pone en el centro la matari de Tiembla Tierra (piedra recogida en una montaña y se le sacrifica una jicotea y dos palomas blancas en el lugar) y alrededor un poco de todas las tierras (monte, río, mar, cruce de caminos, hormiguero, iglesia, plaza o mercado, hospital, policía, juzgados, cárcel, tumba del nfumbe pactado y casa del dueño de la nganga ), una piedra de rayo y otra de centella y 21 palos de fundamento, más 8 palos de Tiembla Tierra como los mencionados anteriormente. También se le pondrá una daga plateada, una escalera plateada, una flecha plateada como las de Ochosi, un cuchillo de caña brava, la yayi (pedazo de caña brava con un nudo en el medio, para que quede como un vaso por cada extremo. Por un lado se le pone agua de mar y arena y azogue y se sella con cera virgen, y por la otra parte del nudo se le pone agua de río, arena de río y azogue y también se sella con cera virgen), la mpaka mensu (tarro de buey cargado con un machuquillo de 21 hierbas de Tiembla Tierra, aserrín de todos los palos que lleva la prenda, un mate rojo, polvos de cabeza de culebra, gallo negro, lechuza, cotorra, carpintero, totí y pitirre, polvos de cocuyo y huesos del muerto, lengua de gallo, una moneda de plata, limallas de todos los metales, tierras de todos los lugares, todo tipo de pimientas y chiles picantes, azogue, hojas y cenizas de tabaco, carbón, pezuña de perro y de gato, colmillo de jabalí y de toda clase de felinos que quepan. Se sella con cera virgen y un espejo ) y, por último, la kriyumba y los huesos del muerto.

Una vez completado el montaje de Tiembla Tierra, se le lleva a una loma o colina y se entierra; no sin antes sacrificarle una jutía y una lechuza en el hueco; cuyos cuerpos se dejan sobre la prenda antes de cubrirla de tierra. Pasados 21 días y sus noches se desentierra el fundamento y se le sacrifican encima un gallo fino y dos palomas blancas, cuyos cuerpos quedarán en el hoyo. La nganga se traslada a la casa  de su dueño y se le da entrada en la misma matándole una chiva pequeña y dos gallos finos.

Saludos a todos y que Nsambi acutare,

viernes, 5 de febrero de 2021

Cómo Se Monta Una Nganga Saca Empeño



                   

Saca Empeño, Cabo Ronda o Vence Batalla, entre otros nombres de ngangas famosas, es la prenda o fundamento de Palo Monte que trabaja con el mpungu Watariamba; también conocido como Wengue, Nkuyo Lufo, Surumba Mukalla o Nfumba Bata; que rige la caza y todo lo relacionado con persecuciones, emboscadas, policía, cárcel, juicios y temas legales en general; equivalente congo del orisha yoruba Ochosi y del santo católico San Norberto. Es una prenda que actualmente se ve poco, porque son pocos los Tatas que tienen a Watariamba como mpungu de cabecera y, sobre todo, porque es muy complicada y difícil de montar y su conocimiento se ha ido perdiendo con los años, y a menudo se la confunde con Sarabanda; aunque son dos prendas completamente diferentes.

 

Una característica que diferencia radicalmente a Saca Empeño de Sarabanda y de cualquier otra nganga es que no se monta con un muerto, sino con dos. Dos difuntos que en vida hayan estado presos y que, además, uno haya sido buena persona y el otro muy malo; para poder lidiar con los polos positivo y negativo de la justicia, y para hacer bueno o hacer malo, según se necesite. Por eso esta prenda tiene dos personalidades: una es sutil y trabaja como 7 Rayos y la otra es brusca y trabaja como Zarabanda.

 

Al igual que Ngurufinda, Saca Empeño se construye en un güiro grande que hay que lavar con una mezcla de 7 hierbas trituradas con las manos: Hierba mora, pomarrosa, galán de noche, verbena, higuereta, almendro y hojas siguaraya, malafo ( aguardiente de caña de azúcar ) y zumo de 7 granadas. También se lavan con esta mezcla todos los demás ingredientes que contendrá la prenda, y las hierbas trituradas se apartan y se guardan para ser usadas después, durante el sellado de la firma.

 

Una vez seco el güiro tras el lavado, se le pinta en el fondo con pembe o yeso y fula ( pólvora mezclada con polvos de 21 palos ) la firma de Watariamba; la cual también se trazará de igual modo en el fondo de una pequeña cazuela de hierro -lo suficientemente pequeña para que quepa dentro del güiro- y, utilizando un puro de tabaco encendido, se quemarán las dos firmas. 

 

En el fondo del güiro se pone una moneda de plata y encima una flecha de hierro, semejante a las que se usan para el orisha Ochosi, y se cubre con un pedazo de piel de venado y se prosigue a verter cera virgen derretida para sellar estos ingredientes al fondo del güiro; e inmediatamente, antes de que se seque la cera, se le coloca encima la cazuelita de hierro, para que quede fija dentro del güiro, cubierta de cera hasta la mitad, aproximadamente.

 

En el fondo de la cazuela se pone otra moneda de plata y siete monedas de diferentes países, un poco de tierra del monte, cementerio, iglesia, juzgados, cárcel, mercado y hospital», 7 corales, un fragmento pequeño de hueso de cada uno de los dos muertos con los que se hizo el tratado, un poco de polvo o limallas de todos los metales ; 7 mates rojo, un ojo de buey, polvos de los 21 palos tradicionales ( jiqui, quiebra hacha, palo hueso, malambo, yaya, ceiba, palo ramón, palo cambia voz, abre caminos, yo puedo más que tú, guayacán, caja, para mi, vencedor, cuaba, tengue, guayaba, palo hueso, llamao, ateje, tapa camino, espuela de caballero, uña de gato, ciprés, mangle prieto, cambia rumbo, bejuco verraco, jagüey, siguaraya y moruro, entre otras ) de las Ngangas, mas 7 palos de Watariamba: Palo rasca barriga, rompe hacha, ciruela, pomarrosa, mamoncillo, almendra de costa, y granada; una bola de hierro pequeña, una de cristal color negro y otra color blanca, y polvos de todas las aves que se puedan colectar; incluyendo cabeza de mayimbe, lechuza, pájaro carpintero, tomeguín, pitirre, sijú, gavilán y faisán hembra y macho; polvos de cabeza de jicotea, majá, ratón, hurón, sapo, lagarto, ciempiés, alacrán, perro, gato, pato, ganso, pescado de agua dulce y de agua salada, un pedacito de oro, plata, colmillo de perro, marfil, jabalí, león, mono, leopardo, y de todos los felinos que se puedan encontrar, 7 caracoles de cualquier tipo, azogue, almagre, precipitado rojo y amarillo, 7 peonías, 7 semillas de todos los colores de la planta maravilla, dos figuritas de hombre de plata o bañadas en plata, 7 piedras pequeñas de color negro, una piedra de rayo y otra de centella.

 

Cuando todos estos ingredientes están en la cazuelita, se cubren con un pedazo de piel de venado y encima se vierte cera virgen derretida, hasta que la cazuela quede cubierta por completo en el fondo del güiro. Encima de este sello, al secar, se pone un poco de todas las tierras, una matari relativamente grande, encontrada en un monte o bosque de montaña, y el juego de 21 palos más los 7 antes mencionados.

 

Esta Nganga lleva siete puñales y cuchillos, 7 puntas de flechas y lanzas, una escalera y dos ataúdes de cedro en miniatura, un pequeño majá o serpiente de plata, un clavo de línea de tren, una herradura, la Yayi ( pedazo de caña brava con un nudo en el medio que divide su interior en dos cavidades. Una se llena de agua de mar, arena y azogue y se sella con cera virgen, y la otra con agua y arena de río, azogue y también se sella con cera ), la mpaka Mensu ( tarro de buey cargado con 21 hierbas del mpungu de la prenda en cuestión, un pequeño fragmento de cada uno de los palos usados, un mate rojo, polvos de cabeza de gallo negro, lechuza, cotorra, pájaro carpintero, totí y pitirre, una moneda de plata y limallas de todos los metales, tierras y arenas de cementerio, hospital, cárcel, cuatro esquinas, monte, iglesia, juzgados, río, mar, plaza o mercado y rastro de la casa del dueño de la prenda, todo tipo de pimientas, ajíes picantes, azogue, cocuyo, lengua de gallo y hueso del muerto, y sellado en su boca con un espejo y cera virgen ), las dos kriyumbas y demás huesos, y una cabeza de venado con sus tarros.

 

Al concluir el montaje de Saca Empeño, se lleva la prenda a una loma y se entierra allí; no sin antes sacrificar un gallo negro y un maja en el hoyo. Pasados 21 días, se desentierra la y se le sacrifican encima 7 aves diferentes. Después se saca la prenda y se dejan los cuerpos de los animales enterrados en el hueco. Saca Empeño es llevada para la casa donde “vivirá” y allí se le da entrada con sacrificios de un venado pequeño, un chivito, una jutía y 7 pájaros salvajes.

 

Saludos a todos y que Nsambi acutare,


PINCHA AQUÍ PARA SOLICITAR UNA CONSULTA PERSONAL O ENCARGAR UN TRABAJO CON EL PADRE MONTENEGRO 

martes, 12 de enero de 2021

A Propósito De Abakuá

En la anterior publicación hablamos del “llanto palero”, y mencionamos también al “llanto Abakuá” y a sus nkomos o tambores funerarios; por lo que hoy quiero ahondar en ésta; la más hermética e intimidante cultura religiosa afrocubana; llamada en ocasiones la masonería de los negros por las similitudes entre ambas fraternidades y su coincidencia en la historia cubana; como veremos más adelante.

 

La Abakuá es una sociedad secreta exclusiva para varones, de naturaleza religiosa y de ayuda mutua, que tiene sus orígenes en los cabildos carabalí en Cuba. Carabalí era el nombre dado en Cuba a los efik y los ekpe o ejagham (ekoi en Cuba) del sur de Camerún y Nigeria (Calabar), quienes en su tierra de origen se organizaban en sociedades secretas masculinas llamadas ngbe o ekpe (leopardo; fiera fundamental también en el Palo Monte).

 

El primer juego o potencia de la sociedad abakuá surgió en Cuba en la aldea de Regla en el año de 1836, y se difundió luego por La Habana, Matanzas y Cárdenas. Sus miembros llegaron a ser conocidos bajo el nombre de ñáñigos, un vocablo usado para designar los bailarines callejeros de la sociedad, también denominados diablitos o iremes, populares entre la gente del pueblo en Cuba, a raíz de su participación en el carnaval del Día de los Tres Reyes (6 de enero), cuando bailaban por las calles luciendo su atuendo ceremonial: un traje multicolor a cuadros, con un gorro cónico adornado con borlas.


Inicialmente, los abakuás sólo admitían negros como socios; sin embargo, a fines del siglo XIX las políticas de admisión de algunos juegos o potencias se liberalizaron permitiendo el ingreso de mulatos y blancos ( gracias al mítico brujo afrocubano Andres Petit; que también era un destacado masón; quién fundó la primera potencia Abakuá que aceptó a criollos blancos y mestizos en su “juego” ) . El objetivo de estas confraternidades era, y sigue siendo, la protección espiritual de sus afiliados y la ayuda económica; fruto de una cuota mensual destinada a auspiciar las actividades de la sociedad; pero también auxiliar o vengar a los hermanos que caen presos o son agredidos u ofendidos por miembros de otras potencias o por cualquier otro individuo o grupo enemigo.

 

El ejemplo más conocido de la beligerancia y valentía de los ñañigos a la hora de defender a sus hermanos, y que también ilustra la relación con las logias masónicas; auténticos hervideros de conspiraciones independentistas en las que abundaban los estudiantes e intelectuales contrarios a la corona; fue el intento de liberar a los 8 estudiantes de medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871 por las autoridades coloniales, acusados de profanar la tumba de Gonzalo de Castañón; un periodista defensor del colonialismo español; en el que murieron heroicamente 5 hermanos Abakuá de uno de los estudiantes condenados; quien también era masón.

 

La sociedad posee una compleja organización jerarquizada, donde cada miembro u obonekue tiene funciones laicas y rituales específicas y detalladas. Los miembros se tratan unos a otros como hermanos y están vinculados por un juramento que los obliga a mantener en absoluto secreto lo relacionado con la sociedad y sus rituales herméticos. Cada juego tiene de 13 a 25 dignatarios o plazas, que gobiernan la sociedad y celebran los ritos, y un número ilimitado de iniciados. Las cuatro principales plazas son ocupadas por miembros que reciben los nombres de Iyamba, Mokongo, Isué y Isunekue. Estos nombres provienen del complejo mito de origen de la sociedad, un mito que juega un papel omnipresente en los rituales y en la organización jerárquica de los abakuás.

 

Anaforuana, las firmas Abakuá. Noten el
parecido con las Patipembas de Palo Monte.

Aparte de sus actividades como sociedad de ayuda mutua, los abakuás desempeñaban complejos rituales y ceremonias (plantes), bastante teatrales y dramáticos, en especial aquellos en que aludían a sus mitos de origen. Las ceremonias, tales como iniciaciones y ritos fúnebres, rituales para nombrar dignatarios, ceremonias para crear nuevos grupos, o la ceremonia anual para rendir homenaje a Ekué, bastante dramáticas, eran secretas y se llevaban a cabo en el cuarto sagrado del templo, conocido como el fambá, irongo o fambayín. Este cuarto era preparado para el ritual con signos místicos denominados anaforuana o firmas ( soy de la opinión de que las patipembas o firmas del palo monte se deben en parte al aporte, en los orígenes de la regla conga, de paleros que también eran Abakuá, y en parte a la influencia masónica, muy prolífica en su simbología ), dibujadas en el espacio ritual y en los objetos. Este sistema de escritura pictográfica también es usado por los abakuás para transmitir información.




Similitudes entre firmas Abakuá y símbolos masónicos.

 Como en otras reglas afrocubanas, la música es fundamental en las actividades rituales de los abakuás, quienes tienen dos tipos de conjuntos de tambores. Un conjunto sirve para las celebraciones públicas y el otro, un conjunto de tambores rituales simbólicos, se usa en las ceremonias esotéricas.

 

El primer tipo de conjunto está compuesto por cuatro tambores abiertos, ligeramente troncónicos, cada uno fabricado de un solo tronco de madera. Este conjunto se completa con otros instrumentos de percusión: dos sonajas llamadas erikundí, y una campana (ekón) hecha con dos triángulos de hierro a los que se les agrega una agarradera. Los tambores más grandes del conjunto a veces se elaboran de listones o duelas de barril o tonel. La piel (cabra) se monta a un aro que se mantiene en su lugar con una serie de cuerdas y cuñas (cuatro por lo regular) llamadas itón o bekumá. Estos tambores carecen de adornos o de pinturas decorativas. Como tambores sagrados son sometidos a una serie de ceremonias para consagrarlos y requieren un cuidado ritual especial. Son “alimentados” con sangre de los sacrificios y su piel debe ser marcada con los ideogramas abakuá (anaforuana).


Tambor Ekué a la izquierda, y a la derecha tambor Bonkó.

El tambor más grande de este conjunto (altura: 1m.; diámetro: 23 cm aprox.) es llamado el bonkó enchemiyá. Se coloca ligeramente inclinado en el piso sobre una piedra u objeto similar. Un tamborero (monibonkó) se sienta encima del cuerpo del tambor y lo toca con sus manos mientra otro (monitón) se acuclilla cerca a la parte baja del tambor y le golpea el cuerpo con dos palillos llamados itón. A veces el tambor se coloca derecho en el suelo y el tamborero toca de pie. Los otros tres tambores se conocen con el nombre genérico de enkomó o nkomos. Sus tamaños oscilan entre 9 y 10 pulgadas de altura y de 8 a 10 pulgadas de diámetro. A pesar de que no difieren considerablemente en tamaño se afinan para producir tres tipos de sonidos: el tambor más alto es el binkomé, el del medio es el kuchí yeremá, y el más bajo es llamado el obiapá o salidor. Se tocan sosteniendo el tambor debajo de un brazo, golpeándolo con el otro. La técnica de interpretación es similar a la que se usa para tocar el bongo, que involucra toques con los dedos, en vez de toques con toda la mano. Tradicionalmente la liturgia funeral ( llanto Abakuá ) se toca usando estos tres tambores, aunque algunos juegos usan el conjunto completo.

 

El conjunto de tambores “simbólicos” también comprende cuatro: el enkríkamo, el ekueñón, el empegó, y el eribó o seseribó, que a excepción del eribó son similares en morfología a los tambores descritos arriba. Además de estos existe otro tambor “simbólico”, el ekué, un tambor secreto que se mantiene oculto detrás de una cortina en el cuarto sagrado conocido como la famba. Los primeros cuatro tambores simbólicos difieren de aquellos del otro conjunto en la forma como están decorados: un penacho o plumero (varilla o caña vestida con muchas plumas), similar a los plumeros usados por los dignatarios a cargo de cada uno de estos tambores, se coloca al borde de los tambores, donde va la piel. Cada tambor tiene un plumero, mientras que el eribó tiene cuatro. Además de este adorno, los tambores simbólicos a veces se decoran con una “camisa” puesta cerca de la piel, hecha de jirones de una fibra llamada beléme o beléfe.



El empegó es el tambor usado por dignatarios que llevan el mismo nombre en invocaciones rituales especiales y para identificar como miembros de la sociedad a los participantes en un plante. Se conoce también como tambor de orden porque se usa para imponer la disciplina dentro del templo. Es el que abre y cierra todos los rituales. El ekueñón es el que usa el dignatario que “imparte justicia”. A este personaje se le asigna la tarea de los sacrificios rituales que deben ser presenciados por el tambor que lo personifica a él. El enkríkamo es el que se usa para convocar a los iremes o “diablitos”, que representan los espíritus de los fallecidos o entes sobrenaturales. El eribó está hecho de forma un tanto diferente de los otros tres tambores: la piel se pega o se cose a un aro hecho de un material flexible. Las ofertas inmolatorias se colocan sobre el tambor que representa al dignatario conocido como Isué (el “obispo”). Este tambor es sumamente reverenciado por los abakuás.

 

El tambor secreto, ekué, es uno de fricción, de una sola cabeza, de madera, con un sistema de tensión basado en cuñas. En la base tiene tres huecos que forman un pedestal con la forma de tres pequeñas piernas. Se toca al “frotar” un palillo sobre la piel del tambor. Siempre se mantiene escondido en el cuarto sagrado (fambá). El impresionante y casi sobrenatural sonido del ekué simboliza la voz mágica de Tanze, el pez que según el mito del origen de los abakuás, fue encontrado por una mujer llamada Sikán.

 

El mito del origen de los abakuás tiene numerosas versiones, algunas de ellas contradictorias entre sí, que giran alrededor de la forma cómo el dios Abisi envía una fuente de poder en la forma de un pez, Tanze, a dos tribus rivales conocidas en Cuba con los nombres de efor y efik. Es una mujer, Sikán, quien primero encuentra el pez en el río, y las diferentes versiones del mito explican las razones de su sacrificio y la exclusión de las mujeres de la sociedad. Algunos dicen que Sikán, que pertenecía a la tribu de los efor, reveló indiscretamente el secreto a los efik; según otros, ella traicionó su pueblo al casarse con un miembro de la tribu rival. En otras versiones del mito, Sikán, la dueña original del secreto, fue muerta por los varones para arrebatarle el poder, prohibiendo la participación de las mujeres en las ceremonias de tal forma que el poder nunca vuelva a sus manos.


De acuerdo con una de las versiones del mito dos tribus de Calabar, los efor y los efik, hostiles entre sí, vivían separados por un río sagrado, el Oddán, donde, según la tradición, Abisi (Dios) iba a entregar el Secreto a los elegidos (los efor). En este río los pescadores oyeron por primera vez la voz de trueno del sagrado (sonido que imita el ekué), una fuerza sobrenatural que de acuerdo con las profecías había asumido la forma de un pez y prometía honor, riqueza y prosperidad a la tribu que lograse su posesión.

 

Sikán, la hija de Mokuire o Mokongo, un prestigioso anciano de la tribu efor, fue al río a recoger agua, como acostumbraba hacerlo a diario. Poco después de haber puesto la calabaza llena de agua sobre su cabeza, oyó un estruendoso ruido fantasmal, que la llenó de miedo. Mokuire, luego de ser advertido que el pez estaba en manos de un mortal, siguió el camino al río y se encontró a su hija. La exhortó a mantener el secreto de lo que había experimentado, temiendo la reacción de Nasakó, el brujo de la tribu, quien le había dicho que el que descubriera el secreto debía morir.

 

Sin embargo, Mokuire llevó a Sikán a la cueva de Nasakó, quien tomó la calabaza con el pez y la escondió. Los miembros más importantes de la tribu fueron notificados, y gastaron muchos días consultando los oráculos, discutiendo, averiguando, tratando de decidir si Sikán había visto o no el pez sagrado, Tanze. Mientras tanto, Tanze se debilita y finalmente muere. Se fabrica un tambor, el ekué, con madera de palma, cubierto con la piel de Tanze, pero la voz sagrada se niega a hablar. Algo se debe hacer para recuperarla. Nasakó piensa que únicamente la sangre de Sikán, quien descubrió el Secreto, podría devolverle la vida. Sikán es sacrificada, pero el tambor permanece silente. Finalmente, Nasakó lleva a cabo una serie de ceremonias rituales que incluyen el sacrificio de un gallo y una cabra, y el fundamento o poder el tambor se afianza, su voz es recuperada.

 

Los efor, bajo presión de los rivales, los efik, acuerdan compartir el secreto con ellos, y así siete miembros de cada tribu, exceptuando Nasak, firman un acuerdo. De aquí viene la tradición de tener 13 plazas o puestos en la sociedad, los trece miembros que originalmente firmaron el pacto.

 


Desde el principio, la rivalidad entre los diferentes juegos abakuás de La Habana y Matanzas condujo con frecuencia a enfrentamientos violentos que contribuyeron a crear la mala fama que se ganó esta fraternidad secreta. Las conexiones criminales de algunos de sus miembros sumadas al racismo, las crónicas de la prensa sensacionalista y la ignorancia rasa alimentaron los prejuicios e incitaron la represión y la persecución que han acompañado a los ñañigos a través de su historia. 

 

Desde fines del siglo XIX hasta algunos decenios más tarde, ser abakuá era considerado un delito y también un sinónimo de “guapo”, tipo duro; al punto de que había hombres que pagaban mucho dinero para poder entrar en un plante, con el objeto de ser respetados y temidos en la calle. Ya en el siglo XX, muchos políticos, militares, músicos y gente relacionada con los bajos fondos buscaban la protección de alguna potencia Abakuá. 

 

Ejemplos célebres de abakuás de armas tomar fueron los del famoso chulo habanero del barrio de San Isidro Alberto Yarini, que murió acuchillado por asunto de mujeres a manos de un proxeneta francés y cuya leyenda fue llevada al cine más tarde; y el del gran percusionista cubano Chano Pozo, al que mataron a tiros en New York en 1948 por un asunto de drogas.


Yarini a la izquierda y su amigo
José Basterrechea.



 En la Cuba posterior a la Revolución los juegos abakuás continuaron siendo considerados focos potenciales de resistencia popular y su culto la más reprimida y malentendida de las prácticas religiosas afrocubanas. En el decenio de 1960 hubo arrestos indiscriminados de conocidos abakuás y las medidas represivas contra ellos continuaron en los años setenta. Desde entonces, sus valores se han deteriorado mucho a causa de la marginación sufrida durante décadas y a la miseria y la corrupción moral de la sociedad cubana actual. 

 

Antes, la buena conducta era un requisito imprescindible para ser Abakuá, y sólo si el delito cometido era por cuestiones de honor se aceptaba a un ex presidiario; ahora hasta en las cárceles hay plantes y aceptan a cualquier criminal. Para iniciarse como Abakuá hay que tener más de 17 años y ser recomendado por algún padrino, pero las exigencias han disminuido últimamente. Muchos de los nuevos iniciados son adolescentes con pésimo comportamiento social y jóvenes ex convictos. Los juramentan tipos irresponsables que no verifican ni averiguan mucho sobre los antecedentes de los postulantes; solo les interesa cobrar. De modo que la hermandad se está transformando en una versión cubana de las maras y gangas de Centroamérica y Norteamérica; más enfocada en la “guapería” y la delincuencia que en los aspectos religiosos y culturales de Abakuá.


Joven ñañigo exhibiendo su Eribanga o tatuaje Abakuá.


PINCHA AQUÍ PARA SOLICITAR UNA CONSULTA PERSONAL O ENCARGAR UN TRABAJO CON EL PADRE MONTENEGRO