domingo, 9 de junio de 2024

La Gente del Río: Mitos y Leyendas Anfibias

En las selvas de África, a lo largo de Suramérica y en el Caribe, perviven numerosas leyendas sobre pueblos primitivos que habitan ríos y lagunas, dotados de características anfibias. Estos seres poseen ojos de cocodrilo, piel de rana, escamas de serpiente, membranas entre los dedos, dientes afilados como pirañas y la habilidad de permanecer largos periodos bajo el agua, nadando con gran destreza para atrapar a sus presas.


¿Es posible que estos pueblos, adaptados a vivir principalmente en el agua, hayan desarrollado mutaciones anfibias?


La respuesta es sí. Aunque hasta ahora solo se ha comprobado científicamente la mutación genética de la tribu Bajau en Filipinas, que les permite bucear sin ayuda durante 13 minutos a 70 metros de profundidad, es plausible que muchos mitos sobre seres sobrenaturales, mitad humanos y mitad criaturas acuáticas, tengan un origen real.




Imitando a los Depredadores Acuáticos


Es común que los pueblos primitivos imiten la apariencia y habilidades de los depredadores más poderosos de su entorno, como osos, leones, tigres, águilas, cocodrilos y boas. La mitología universal está plagada de referencias a seres anfibios, como sirenas, tritones y ninfas.


En América, abundan las divinidades y seres relacionados con ríos, lagunas y manantiales. Algunos ejemplos incluyen:





Yacuruna: El Neptuno amazónico


Yacuruna es uno de los seres mitológicos más importantes de la selva baja de la Amazonia. Se le representa como un ser anfibio emergiendo de las profundidades de ríos o lagos, adornado con algas, cangrejos y caparazones de tortugas. Su nombre proviene del quechua y significa “hombre de agua”.

Según la leyenda, Yacuruna se mueve por los ríos y lagos montando un cocodrilo o lagarto negro. Luego, puede adoptar forma humana para atraer y seducir a sus víctimas, llevándolas a las profundidades acuáticas. Allí las convierte en seres submarinos similares a él, con cabelleras de algas y ojos parecidos a los peces.

Los lugareños creen que los náufragos, al zozobrar las embarcaciones, siguen viviendo en el fondo de las aguas bajo el dominio de este ser, que también se manifiesta como “Yaras”, o sirenas selváticas.





Mama Cocha: La diosa Inca de las aguas


Mama Cocha, la sirena de la mitología inca, es la diosa de todas las aguas. Representa al mar, sus mareas, lagos y fuentes de agua. Comúnmente se le rendía culto para calmar las aguas bravas y obtener buena pesca.

Era una de las Cuatro Madres elementales junto con Pachamama, Mama Nina y Mama Wayra. Junto con Mama Quilla (La Luna) y Pachamama, constituía la trinidad lunar entre los incas, representando las tres fases lunares.

Mama Cocha era especialmente venerada a lo largo de la costa de los actuales territorios de Perú, Ecuador, Sur de Colombia y Norte de Chile, donde la pesca era esencial para la vida. Su papel incluía proteger a las poblaciones incas contra maremotos, tempestades y otros desastres marítimos.

Como esposa del dios supremo Viracocha y madre de Inti y Mama Quilla, Mama Cocha personificaba lo femenino y equilibraba el mundo conocido. A menudo se la identificaba con el agua de lluvia que fertiliza la tierra.




Yara: La Sirena venezolana


El culto a María Lionza tiene sus raíces en el tiempo previo a la llegada de los españoles a Venezuela en el siglo XV. Los indígenas que habitaban lo que hoy conocemos como el Estado Yaracuy veneraban a Yara, una Diosa de la Naturaleza y del Amor. Según algunos lingüistas, el término “Yaracauy” significa “lugar de Yara”.

 

Los indígenas describían a Yara como una mujer triste con grandes ojos verdes, pestañas largas y caderas amplias. Su fragancia evocaba las orquídeas, y su sonrisa era dulce y melancólica. Sus cabellos lisos y largos llegaban hasta la cintura, y tres hermosas flores adornaban sus orejas.

 

Según la leyenda, Yara, una hermosa princesa indígena, fue raptada por una enorme culebra dueña de lagunas y ríos, que se enamoró de ella. Los espíritus de la montaña castigaron a la culebra, haciéndola hinchar hasta reventar y morir. Yara fue entonces elegida como dueña de las lagunas, ríos y cascadas, convirtiéndose en madre protectora de la naturaleza y reina del amor.

 

A pesar de la conquista española, el mito de Yara sobrevivió, aunque con modificaciones. La religión católica la cubrió con el manto de la Virgen María, y así nació Nuestra Señora María de la Onza del Prado de Talavera de Nivar, conocida posteriormente como María Lionza.




 

La Madre de Agua: Una Ninfa de los Ríos

 

La Madre de Agua, leyenda folklórica colombiana, aparece en los ríos de Antioquia, Tolima y el Magdalena Medio. Es una mujer joven y bella, con cabellos dorados y ojos azules. Su mirada es penetrante, y su atracción hipnótica.

 

Esta verdadera ninfa de las aguas tiene los pies volteados hacia atrás, dejando rastros en dirección contraria. Persigue únicamente a los niños, llamándolos con ternura. Los enloquece y atrae con amor maternal, pero su fuerza de atracción preocupa a los padres.


Los niños flechados por la Madre de Agua enferman, sueñan con la bella rubia que los adora y la llaman con frecuencia. Cerca del río, escuchan su voz y se arrojan al agua con peligro.

 

Según la creencia campesina, la Madre de Agua surgió de una joven española que se enamoró de un apuesto indígena. El padre de la joven ahogó al niño fruto de su amor, y la madre, desesperada, se lanzó al río, convirtiéndose en una deidad apasionada por los niños y vengativa hacia la humanidad.





Ochún: Reina de las Aguas Dulces

 

Aunque no es una divinidad precolombina, la orisha Ochún, originaria de Nigeria, se ha convertido en una de las más adoradas en toda América. Miles de devotos yorubas cruzaron el Atlántico hacia el Nuevo Mundo como esclavos entre los siglos XVI y XIX, llevando consigo su devoción.


Ochún reina sobre las aguas dulces del mundo: arroyos, manantiales y ríos. Personifica el amor y la fertilidad. Los creyentes acuden a ella en busca de ayuda en asuntos monetarios y románticos, así como las mujeres que desean tener hijos, pues ella controla la fecundidad.

 

Su figura se integró perfectamente con las religiones indígenas y el catolicismo europeo, transformándose en reina de los nuevos cultos sincréticos en Iberoamérica, como el Candomblé brasileño, el Vudú de Haití y Santo Domingo, y la Santería cubana.


En resumen, la mitología americana está llena de divinidades y seres mágicos de la naturaleza que conectan la curiosidad e imaginación humanas con el mundo acuático y sus misterios.


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sábado, 1 de junio de 2024

Diez Personajes Mitólogicos de Cuba


En Cuba existe una rica tradición mitológica
 llena de personajes misteriosos, criaturas fantásticas y leyendas transmitidas oralmente de una generación a otra durante cientos de años; y algunos de ellos han sobrevivido hasta nuestros días. 

Estos seres fabulosos, moldeados por el tiempo y el encuentro entre individuos de culturas tan distintas como las africanas -bantúes y yorubas, principalmente-, las aborígenes -taínos, siboneyes y guanajatabeyes- y las europeas -andaluces, canarios, gallegos, asturianos y catalanes, entre otros-, han dejado una huella profunda en la cultura mágica del pueblo cubano.

1. Güije

Enlazado con las universales apariciones de seres míticos de variados genios y apariencias en los ríos, lagunas y ojos de agua de los cinco continentes, en Cuba se encuentra el famoso mito del Güije o Jigüe; el más extendido en toda la isla. 

De origen indio en sus comienzos, recibe la influencia del esclavo africano y se convierte en el Güije negro y enano que ha penetrado nuestras artes, poesía, pintura, dibujo, cine, ballet, cancionero.

Se trata de un negrito cabezón, feo, con una gran boca, ojos saltones y el pelo enmarañado. Es un duende protector de las plantas y animales del monte, y que impone severos castigos a quienes maltratan la naturaleza.

Son enamoradizos y acostumbran a hostigar a las muchachas hermosas que van a los ríos a bañarse o a lavar.

2. Cagüeiro

El cagüeiro es una especie de brujo, bandido, montero y hermitaño que tiene la facultad, al verse perseguido por sus fechorías -robaba, asaltaba y estafaba-, de convertirse en cualquier animal -puerco, chivo, vaca, conejo, pájaro- u objeto inanimado -como el tronco de un árbol caído- para lograr escapar o pasar desapercibido.

Este mito de la región Oriental de Cuba, cuyo nombre viene de voces taínas y puede traducirse como “el que siempre escapa” pronunciaba un ensalmo -o se ponía la camisa al revés, según otras versiones- y se convertía en el animal que deseaba. 

3. La llorona de Cuba

Se trata de una muchacha que había sido raptada por un pirata para hacerla su mujer, pero ella se resistía a sucumbir antes él, por lo que un día, lleno de cólera, el pirata le cortó la cabeza. 

La joven se escondió en una cueva y mediante pociones y conjuros logró pegarse la cabeza. 

Esta desgraciada y atormentada alma en pena sale de su escondite el primer viernes de enero, el Viernes Santo, el Viernes de Dolores y el viernes antes de la Natividad del Señor. 

4. La Gritona

A este mito, de origen claramente europeo, se le describe como una mujer desnuda montada en un caballo blanco, con la crin ensangrentada; seguida por un perro que arrastra una cadena y el canto de una gallina; que aterrorizaba a los carreteros que viajaban de noche por las lejanas guardarrayas con un grito que helaba la sangre.

Todavía hoy en día hay personas que viajan de noche por los campos de Cuba y afirman haber escuchado ese grito sobrenatural que pone los pelos de punta.

5. Babujal

Babujal es un espíritu maligno que toma la forma de un lagarto y se cuela, sin saber por dónde, en el estómago de algunas personas, causando molestias, enfermedades y desgracias.

Los hechiceros de la zona de Bayamo, de donde procede el mito de este oscuro ser, lo expulsan mediante un ritual que consiste en hacerlo salir del cuerpo a cuajazos- golpes o azotes con una vara o rama-, mientras se invocan espíritus benéficos.

6. Ñangajúa

Se trata de una bruja que se come a los niños. Nunca duerme por lo que los niños deben evitar alejarse de la casa y adentrarse en el monte, donde habita.

Su apariencia es la de una anciana horripilante con el poder de quitarse la piel para volar y de ese modo colarse en las casas y llevarse a los niños o chuparles la sangre, mientras duermen. 

Los creyentes la alejan con cruces de cedro o pimienta negra y su origen parece  herencia canaria; ya que en dichas islas -de la costa africana, pero pertenecientes a España desde el siglo XIV- existe una larga tradición de aquelarres femeninos con idéntica mala fama.

7. Madre de aguas

Es una enorme majá con un par de cuernos en la cabeza, con escamas muy duras. La Madre de aguas habita en la laguna de Itabo y en la laguna de Río Grande, ambas ubicadas en Cienfuegos.

Este misterio autóctono cubano, que ya existía antes de la llegada de los españoles a la isla, es uno de los pilares fundamentales de los cultos mágicos afrocubanos de origen bantú, representada en las diversas ramas del Palo Monte como la Ñoca o Mboma Ñoca, la serpiente enroscada en los bastones de los nganguleros y representada como una flecha serpenteante en las patipembas o firmas paleras.

Con el pasar de los siglos y el sincretismo con la religión católica y los cultos yoruba, Madre de Agua ha mudado su piel de serpiente de río por el de diosa de todas las aguas, dulces y saladas; emparentándose con otras divinidades acuáticas como la Kalunga conga y la Yemayá de los yoruba.

8. La Luz de Yara

Este mito se basa en la historia real del cacique taíno Hatuey, que se enfrentó a los colonizadores españoles y fue quemado vivo por ellos, en Yara, en el Oriente de Cuba.

Hatuey había navegado desde la isla de Quisqueya -actual Santo Domingo- hasta la isla de Cubanacán -actual Cuba- para alertar a sus vecinos contra los españoles y que arrojaran todo el oro que poseyeran a los ríos, porque, decía, ése es el dios de los blancos por el que luchan y matan.

Al final su rebelión fue sofocada y Hatuey fue capturado y condenado a morir en la hoguera; a cuyas llamas se arrojó con valentía cuando el célebre cura Bartolomé de las Casas se ofreciera a bautizarlo para que pudiera ir al cielo: “Si los españoles van al cielo, yo no quiero ir allá con gente tan cruel”, dicen que dijo antes de lanzarse al fuego.

Cuentan que una luz tenue y misteriosa se desprendió de la inmensa hoguera y vagó errante por aquellas dilatadas llanuras, y que todavía puede verse brillar en algunas noches oscuras como una promesa latente de venganza y libertad.

Aquella luz es el alma de Hatuey, la Luz de Yara.

9. Ma Dolores

Ma Dolores fue una famosa curandera conga, que se estableció en Trinidad a mediados del siglo XIX, tras la abolición de la esclavitud.

Para ganarse la vida, curaba con aplicaciones de saliva y con pañitos mojados, cuya eficacia supuestamente se debía a las virtudes maravillosas del agua de un manantial próximo al bohío de la vieja, de donde se surtía, y que aún hoy se conoce con el nombre de La Poza de Ma Dolores.

Ma Dolores fue juzgada por el delito de infidencia -que significa violación de la confianza o fe de las personas, o lo que viene a ser lo mismo: estafa y hechicería- como un enemigo peligroso para la integridad nacional y condenada a fusilamiento.

Cuando se le notificó la terrible sentencia, la vieja exclamó: “A mí no va matá… Los angelito me viene a bucá y me va llevá”.

El día señalado para su ejecución, momentos antes de que el pelotón disparara contra ella, se vio venir a todo galope a un oficial español gritando. “¡Perdón para el reo, perdón para el reo..!”

10. Abikú

Abikú es un vocablo yoruba que significa predestinado a morir” y se refiere al niño que muere antes de la pubertad, y su espíritu regresa al mundo en otro niño que nace después.

Este espíritu oscuro nace y muere una y otra vez, siempre antes de cumplir 12 años, causando inmenso dolor en sus padres; de cuyo sufrimiento se alimenta. 

Cuando muere, para reconocerlo y que no pueda seguir engañando más a la familia en que nace, se hace en el cadáver una marca: se le corta un pedacito de oreja, la falange entera o la punta de un dedo, y cuando vuelve a este mundo, ya se sabe quién es.

Esta creencia, totalmente yoruba, está muy arraigada en la isla; difundida por la regla de Ocha o santería; que es la religión mayoritaria en la isla.


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viernes, 3 de mayo de 2024

Obra Palera de Abrecaminos

Abrecaminos paso 1
Imágenes paso a paso de una obra de Abrecaminos para evolución y ascenso de una mujer en una empresa dirigida por hombres.

Como pueden apreciar en las fotos, la patipemba o firma mágica de este tratado va transformándose a lo largo del ritual; de modo que el aspecto final de la misma dista mucho de su forma original.

Por esa razón, es aconsejable que los nuevos paleros no empleen en sus trabajos patipembas copiadas de libros y tratados; pues la mayoría de las firmas que se publican reflejan momentos específicos de obras realizadas en casos concretos y no funcionan si se repiten en otros rituales y situaciones. 

Abrecaminos paso 2


Abrecaminos paso 3


Abrecaminos paso 4


Abrecaminos paso 5


Abrecaminos paso 6


Abrecaminos paso 7


Abrecaminos paso 8


Abrecaminos paso 9 final.



































lunes, 22 de enero de 2024

¿Cómo Se Monta Una Nganga De Buey Suelto?

 

























Una nganga de Buey Suelto es siempre y por definición, un camino nuevo; pues no nace del gajo de otro tronco o fundamento, ni hereda linaje alguno; sino que es creada desde cero por el palero que, forzado por circunstancias particularmente hostiles y alienantes que lo arrancan de su hábitat natural y le arrojan en tierras extrañas -como la esclavitud en tiempos pasados y la emigración en la actualidad-, recorre el solitario, pero especial sendero del Buey Suelto.
 
Si cuatro patas tienen los bueyes
¿Porqué yo solo kuenda con dos?
Si par de mpaka tienen los bueyes
¿Porqué una sola solita yo?
Si par de bueyes tiene la yunta
¿Porqué buey suelto voy yo?
 
Coro: ¿A dónde está mi yunta?
¿Porqué buey suelto yo?
Nfuiri está mi yunta
Buey suelto kuenda yo.
 
Para montar o fabricar una prenda de Buey Suelto; también llamada prenda viajera o universal, ya que fue concebida para viajar y/o funcionar en cualquier parte del mundo; podemos usar cualquier receptáculo que esté compuesto o confeccionado exclusivamente con materiales naturales, como arcilla, madera, metal, cuero o tela, entre otros. 

Si llevamos una vida un poco nómada y necesitamos una prenda que sea portátil, deberíamos elegir para contenerla algún recipiente pequeño y ligero, pero resistente, como, por ejemplo, una calabaza seca, una güira grande, una mochila, bolsa o canasta de tejido fuerte -sarga, yute, cáñamo, yarey-, o un saco o valija de cuero; pero, si ya hemos echado raíces en un sitio y no pensamos mudarnos más, podemos montarla en objetos más grandes y pesados, como cazuelas de barro, calderos metálicos, cajones y maletas de madera, urnas de piedra, mármol o loza, etc. 

La elección entre tantas opciones puede decidirse preguntando con fula o con los chamalongos, o siguiendo una inspiración, sueño u otra señal que hayamos experimentado.

El recipiente finalmente elegido puede ser nuevo o usado, puesto que el primer ritual al que se le somete para consagrarlo enteramente a las prácticas mágicas consiste en lavarlo en mamba -agua mezclada con plantas y otras sustancias- de agua dulce, agua de lluvia, agua de mar, aguardiente de caña, 21 yerbas y humo de tabaco, para despojarlo de cualquier arrastre negativo del pasado.

Las 21 clases de yerbas, tallos, hojas, flores o raíces con las que se limpia el receptáculo deben ser las mismas con las que el ngangulero trabajará habitualmente -y fáciles de encontrar en su zona-, divididas en tres tipos principales: 7 yerbas “blancas” para hacer el bien, limpiar, despojar, sanar, fundamentar y proteger; 7 yerbas “rojas” para trabajos y amuletos de suerte, amor, dinero, justicia, éxito, guerra o poder, entre otras pasiones y problemáticas mundanas; y 7 yerbas “negras” para hacer el mal, cerrar caminos, desgraciar, enfermar, someter, enloquecer, herir, matar, atrapar nfumbes, pactar con karires, etc; aunque, como podrán comprobar a continuación, algunas de estas plantas sirven lo mismo para hacer el bien que para hacer el mal.

Nfitas y musangas -bejucos y yerbas- blancas:

Algodón, abrecaminos, ajo, albahaca, hierbabuena, pata de gallina, flor de campana o datura, marpacífico, siguaraya, girasol, granada, hinojo, laurel, tabaco, mejorana, perejil, plátano, romero, ruda, sabila, salvia, hiedra, almácigo, agracejo, almendro, anamú, viramundo, artemisa, escoba amarga, azucena, bejuco san pedro, bijagua, bledo blanco, cabo de hacha, cambia rumbo, canutillo morado, caobilla, ceiba, coralillo blanco, cundeamor, chirimoya, diamela, dagame, rascabarriga, espanta muerto, grajo, galán de día, galán de noche, grama, guinda vela, incienso, salvadera, jagua, jia blanca, jiquí, madreselva, sacu sacu, mierda de gallina, hortensia, millo, ocuje, peregrina, prodigiosa o siempreviva, quitamaldición, rompe camisa, rompezaraguey, sauco blanco, tuna blanca, verbena.

Nfitas y musangas rojas:

 Adormidera, calabaza, siguaraya, abrecaminos, caña de azúcar, maíz, maravilla, mastuerzo, mejorana, pata de gallina, perejil, pimienta, rosas, ruda, hiedra, mandrágora, ají guaguao, alacrancillo, albahaca, algarrobo, amansa guapo, anamú, apasote, arabo colorado, escoba amarga, viramundo, campana blanca, ayua, bejuco baracoa, bejuco perdiz, botón de oro, caimito dorado, cairel, canela, caumao, ciruela huesito, copey, coralillo blanco, embeleso, escoba de bruja, espigeli, espuela de caballero, estropajo, frescura, galán de día, galán de noche, geranio de olor, girasol, guinda vela, hierba fina, jagua, jia amarilla, jobo, lagaña de aura, majagua, sacu sacu, hortensia, no me olvides, orozuz de la tierra, ortiguilla, paraíso, para mí, pega pega, pega pollo, pendejera, peralejo, platanillo de Cuba, raspalengua, sauzgatillo, tibisí, tripa de jutía, tuna brava, vencedor, verdolaga, yagruma, yaya, zarza blanca.

Nfitas y musangas negras:

 Calabaza, limón, pimienta negra, mandrágora, adormidera, rompehueso, ají guaguao, agracejo, ayua, bijagua, cagadilla de gallina, caumao, cuaba prieta, frailecillo cimarrón, huevo de gallo, jia brava, maboa, maguey, majagua, sapote, ortiguilla, peonía, pica pica, tapa vista o yaba, yaya.

Patipemba o firma del sello de las prendas de Buey Suelto.


El Sello de la nganga:

Cuando el recipiente está lavado y seco se puede proceder al sellado de la nueva prenda. 

Primero se traza la patipemba o firma del sello en el fondo con yeso blanco -color de los muertos- y a continuación se repasa con yeso amarillo -color de los vivos- y después se colocan 21 monedas de 21 países distintos sobre el dibujo; una moneda de plata en el centro de la firma y el resto alrededor del círculo.

Encima de la firma y de las monedas se coloca un círculo de pergamino o cuero que lleva trazados por la parte de abajo, en menga nfioto o tinta china, los datos del ngangulero -nombres y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, nombres y títulos o grados religiosos y el dibujo de su firma personal- y los del nfumbe -nombres y apellidos, fecha y lugar de nacimiento y de defunción- con el que ha pactado previamente y, por la cara de arriba, los datos del mpungu -divinidad, orisha, santo-, nsimbi -fuerza o espíritu del agua- u otro mbumba o misterio de la naturaleza capturado en una matari o piedra, que completa al nuevo nkisi; así como su nombre y firma.

Luego se envuelven cabellos, vellos y uñas del brujo en un algodón con sus secreciones y se atan a un fragmento de hueso del nfumbe y a la matari con hilo de colores, a definir según el tipo de matari y nkisi:

-Lucero -Nkuyo, Mañunga, Cuatro Vientos-: Matari, piedra o mineral de meteorito. Color rojo intenso. Fiera o animal principal: perro jíbaro, zorro, coyote, jabalí. Animal de sacrificio: Perro, jutía, gallo -especialmente el negro de cresta roja-, cabrito negro.

-Nsasi -Sabranu, 7 Rayos-: Matari de rayo. Color rojo claro. Fiera o animal principal: tigre, león, toro. Animal de sacrificio: Tortuga, gallo -especialmente el blanco de creta roja-, novillo, carnero, venado.

-Mariwanga -Centella Ndoki, Vira Mundo-: Matari de rayo. Color granate o rojo oscuro. Fiera o animal principal: Hembra de león o de cualquier otra fiera felina. Animal de sacrificio: Gallina -de cualquier color, menos blanco-, hembra de cualquier felino o rumiante.

-Kalunga -Baluande, Madre de Agua-: Matari del mar. Color azul. Fiera o animal principal: tiburón, barracuda, pez víbora. Animal de sacrificio: Gallina blanca o de Guinea, gaviota, pelícano, paloma, peces y mariscos.

-Chola Wengue -Mamá Chola-: Matari lisa de río, laguna u ojo de agua dulce. Color amarillo, ámbar, dorado, cobrizo, anaranjado. Fiera o animal principal: cocodrilo, piraña, boa, majá. Animal de sacrificio: Gallina de Guinea, pato, grulla, garza, ganso, pavo real, guanajo, cisne, flamenco, faisán, codorniz, paloma.

Ngonda -Mamá Canasta, La Luna-: Matari de meteorito. Color gris claro, plata. Fiera o animal principal: Lobo, lechuza, búho. Animal de sacrificio: Los mismos de Madre de Agua y Mamá Chola.

-Sarabanda -Rompe Monte, Vence Batalla-: Mineral de hierro, piedra de forja o ferrocarril. Color verde. Fiera o animal principal: Leopardo, jaguar, guepardo, macho cabrío. Animal de sacrificio: Chivo, gallo, tiñosa.

-Watariamba -Cabo Ronda, Mundo Nuevo-: Matari de encrucijada. Color azul claro. Fiera o animal principal: Perro de caza, perro policía, halcón, águila. Animal de sacrificio: Los mismos de Sarabanda.

-Tiembla Tierra -Pandilanga, Mamá Kengue-: Matari de montaña, volcán o zona sísmica. Color blanco, marfil. Fiera o animal principal: Elefante, rinoceronte, buey, búfalo. Animal de sacrificio: Aves de color blanco o claro, como gallos y palomas; becerros, bueyes.

-Kobayende -Pata Llaga, Tata Pansúa-: Matari de monte o de pantano. Color morado. Fiera o animal principal: Tiñosa, buitre, hiena, perro callejero. Animal de sacrificio: Chivo con barba, gallina de Guinea, gallo, paloma.

-Los Karires -Lugambé, Lukankasi, Kadiampembe, Ndoki, etc-: Matari de cueva subterránea o fosa común. Color negro. Fiera o animal principal: Felino negro de ojos claros, murciélago, cuervo, serpiente venenosa, criaturas con dos cabezas u otras deformidades. Animal de sacrificio: Gatos, cabritos, gallos, palomas y otras aves de color negro.

 Sobre la matari con el hueso y los rastros atados se derrama menga del brujo, malafo o aguardiente de caña y humo de nsunga, y se hace estallar fula, para sellar el pacto triangular -entre un vivo, un muerto y una fuerza de la naturaleza- que da vida al nuevo nkisi.

Después se da la vuelta a la matari de modo que el hueso del nfumbe y los rastros del palero queden hacia abajo y, seguidamente, se cubre todo con los diversos ntoto -tierras y rastros- que necesita la prenda; como tierra de sepultura o campo santo -preferiblemente de la tumba o cementerio donde fue enterrado el nfumbe-, tierra de un hormiguero bravo, tierra de un avispero, tierra de un cruce de caminos, tierra de la cima de una montaña, tierra del ferrocarril, arena de mar y de río, rastro de iglesia, rastro de un mercado, rastro de hospital, rastro de aeropuerto, rastro de forja o fábrica, rastro de estación de policía, rastro de juzgados, rastro de la cárcel, rastro de la casa del brujo y de otros lugares importantes para él.

Arriba de los ntoto se disponen como radios de una rueda 21 ramas o fragmentos alargados de las 21nkunias o palos de fundamento del nkisi y, rodeándolos, parte de la musanga o mezcla de yerbas empleadas en la mamba con la que al principio lavamos el recipiente; como se muestra en la imagen.

Las 21 nkunias deben estar compuestas por 7 palos blancos, 7 palos rojos y 7 palos negros; a elegir entre los siguientes:

Nkunias o palos blancos:

Tengue, Ácana, Rompehueso, Algarrobo, Agracejo, Almácigo, Acacia, Palo Bobo, Cabo de Hacha, Ceiba, Cocuyo o Palo Cenizo, Dagame, Dominador o Rascabarriga, Jiba o Espanta Brujo, Jagüey, Jiquí, Jía Brava, Jobo, Jiba, Jurubaina, Fresno, Laurel, Limonero, Macagua, Moruro, Palo Brujo, Palo Caja, Siguaraya, Yagruma, Palo Santo, Ateje, Abedul, Caoba, Cayajabo, Ébano Carbonero, Guara o Cambia Rumbo, Mangle Colorado, Roble, Viramundo, Guayabo, Guayacán.

Nkunias o palos rojos: 

Tengue, Ácana, Algarrobo, Amansaguapo o Cambia Voz, Cedro Macho o Yamao, Jagüey Macho o Yo Puedo Más Que Tú, Jobo, Jocuma, Majagua, Palo Cambia Voz, Palo Moro, Palo Mulato, Ateje, Abedul, Avellano, Caimito Morado, Canela, Canistel, Guayabo, Limonero, Manzano.

Nkunias o palos negros: 

Tengue, Rompehueso, Palo Bobo, Cedro Macho, Ciprés, Cabo de Hacha, Rascabarriga, Framboyán, Palo Diablo, Moruro, Palo Amargo, Palo Brujo o Malambo, Palo Negro, Palo Ramón, Palo Torcido, Yagruma, Yaya, Jía Brava, Viramundo, Guayacán, Higuera, Mangle Prieto.

Por encima de las tierras, palos y yerbas se espolvorean limallas de 7 metales puros -oro, plata, hierro, cobre, plomo, estaño, aluminio-, mpolos o polvos de ngandos o restos de animales, como arañas peludas, escorpiones, ciempiés, lombrices, termitas, cocuyos, escarabajos, hormigas, abejas, moscas, cucarachas, babosas, sapos, culebras, murciélagos, roedores, lagartos y de 21 pájaros de la siguiente lista: gallo, carpintero, gaviota, tomeguín, gavilán, cernícalo, tiñosa, totí, codorniz, cotorra, guinea, lechuza, búho, tecolote, pitirre, cuervo, urraca, águila, aguililla, halcón, caracara, milano, buitre, zunzún, colibrí, pato, sijú platanero, frailecillo blanco, querequeté, arriero, paloma, torcaza, perdiz, tojosa, canario, garza, grulla, gorrión, sinsonte, ruiseñor, cigüeña, golondrina, faisán, flamenco, tocororo, vencejo, sabanero, zorzal, cartacuba, catey, camao, azulejo, cóndor, loro africano, martín pescador, etc.

Sobre la matari se coloca la kriyumba -cráneo- o kongome -huesos en general- del nfumbe y encima se mata un gallo o una gallina; según el tipo de prenda que estemos montando.

Después se vierte cera natural derretida hasta cubrir todos los elementos dispuestos en el fondo del recipiente -incluyendo los cabos del tabaco y la vela empleados, y exceptuando la kriyumba o kongome, que se saca del recipiente después de comer-; sobresaliendo únicamente la parte superior de la matari y una serie de 21 pequeñas piedras semi preciosas, resinas, cristales, caracoles y semillas que se fijan en la cera a su alrededor antes de que se enfríe y endurezca, y que podemos seleccionar de la siguiente lista; sin olvidar que los elementos en negrita son imprescindibles:

Ámbar, amatista, amazonita, ágata, alejandrita, aguamarina, aventurina, azabachecoral rojo y negro, calcedonia, cornalina, todos los tipos de cuarzos, cristal de roca, caracoles cauri, fluorita, granate, jade, jaspe, lapislázuli, lágrima de apache, malaquita, magnetita, ojo de halcón, ojo de buey, ojo de tigre, ónix, peridoto, piedra lunar, perlas naturales, rodocrosita, rodonita, sodalita, sugilita, turmalina, turquesa, unakita, zircón y semillas de mate rojo, ojo de buey, guacalote o quita maldición, peonia, poa o corazón de changó, piñón botija, cabalonga, corojo, santa juana y árbol del coral o coralitos de Cuba.



Una vez seco el sello, procederemos a completar la prenda con los huesos, palos y demás elementos que la coronan en el siguiente orden:

Primero pondremos la kriyumba o kongome del nfumbe sobre la matari que sobresale del centro del sello, y después dispondremos las 21 nkunias o palos de fundamento -que deben ser de las mismas especies que los pequeños fragmentos incluidos en el sello- a su alrededor; y en cada uno de los 21 palos ataremos plumas de los mismos 21 tipos de aves contenidos en el sello.

Si estamos montando una nganga tipo Lucero, los extremos superiores de los palos con sus correspondientes plumas deben confluir formando un pico; mientras que en el resto de las prendas de buey suelto los palos se colocan en forma de abanico; salvo cuando se trata de una prenda viajera; en cuyo caso, y por cuestiones de espacio y portabilidad, los 21 palos deben ser más pequeños que los de una nganga sedentaria, para poder acomodarlos del modo más conveniente y quepan dentro de su valija o recipiente cerrado durante los desplazamientos.

Y por las mismas razones de espacio y portabilidad y, además, para evitar problemas con las autoridades policiales o aduaneras, las prendas viajeras tampoco incluyen kriyumba o kongome de nfumbe -salvo el pequeño hueso en el fondo del sello-, ni ngandos grandes, como cráneos de mamíferos; ni pesados atributos metálicos, como cadenas de hierro, clavos de ferrocarril, herraduras, puñales y machetes.

Sin embargo, si la nganga que estamos montando no es una prenda viajera podemos coronarla con 21 palos largos, kriyumba o kongome del nfumbe, ngandos -cabezas, colmillos, garras, piel- de fieras y animales de cierto tamaño; como perros, lobos, felinos, jabalíes, rinocerontes, elefantes, monos, cocodrilos, caimanes, serpientes, tiburones, pirañas y murciélagos; mpakas o cornamenta de cabras, toros, bueyes, búfalos, venados, antílopes, gacelas, etc; y toda clase de armas y herramientas metálicas. 

Aunque debo aclarar que, para empezar a funcionar con la prenda basta coronarla con la kriyumba o kongome, los palos y el cráneo o mandíbula de su fiera o animal principal; mientras que el resto de los ngandos y demás elementos se les pueden ir añadiendo poco a poco, según los vayamos obteniendo. En ese sentido, la corona de cada nganga narra su desarrollo en el tiempo; al igual que los anillos de los árboles dan fe de su antigüedad.

La nganga terminada se lleva al monte y se entierra al pie de un árbol de fundamento particularmente frondoso y, antes de cerrar el hoyo, se le da un gallo, miel de caña, miel de abejas, aguardiente y tabaco a Ntoto, Ngurufinda y al nkisi. Al cabo de tres semanas se desentierra y se retorna a casa del palero; donde se le da entrada con las ofrendas habituales y, según el tipo de prenda creada, sacrificio de tres animales: Uno de cuatro patas, uno acuático y otro de plumas.