lunes, 15 de noviembre de 2010

LA NUEVA REGLA KIMBISA ( primera parte)

Los Herederos de Andrés Petit:

En 1999, vísperas del nuevo milenio, en una casa del habanero barrio de Nuevo Vedado, fue fundada la Nueva Regla Kimbisa, una fraternidad esotérica cuyos miembros practican una singular mezcla de procedimientos de brujería afroamericana y alta magia occidental y técnicas sicofísicas orientales, inspirados por el espíritu de Andrés Petit, el legendario fundador, en La Habana del siglo XIX, de la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, al cual consideran su Espíritu Guía o Santo Patrono.


Se dice que el líder fundador de Los Nuevos Kimbisa era un antiguo kimbisero al que, estando recluso en la prisión de Valle Grande, en La Habana, en espera de un juicio por homicidio, se le manifestó el espíritu de Andrés Petit para iluminarle y que, a raiz de ese encuentro, su vida y su suerte cambiaron para siempre.


Una de las versiones dice que se le apareció como un fantasma en la noche y que hablaron sin palabras durante horas, mientras el resto de los 174 hombres de su compañía dormían. El se encontraba recostado en el suelo, porque solo había 120 camas y las ocupaban los más veteranos. Hacinado e incapaz de dormir, se lamentaba de su mala suerte y le oraba en silencio a sus mpungus y a Eléggua, su santo, cuando una voz elegante, pero firme, surgió en su mente, cortando como un velero la tormenta de sus pensamientos, a la vez que una sombra nebulosa iba cobrando forma humana ante sus ojos. La figura se fue aclarando hasta dejar ver a un mulato con un anticuado traje que jugueteaba con un extraño bastón entre sus manos. El kimbisero reconoció inmediatamente los rasgos que tantas veces había tratado de desentrañar en el retrato del fundador de su Regla que había colgado en la pared, sobre el altar de su munanso, debajo del crucifijo del Santo Cristo del Buen Viaje. Esa fue la única vez que lo vió. A partir de entonces fue una presencia invisible que llega de pronto y le susurra al oído y le muestra visiones en la pantalla de su mente o que se manifiesta hablando desde el cuerpo de algún perro de prenda.


Otros dicen que nunca hubo aparición, solo una voz en su mente que le ayudó a mantener la esperanza, prometiéndole la libertad si juraba que al salir de prisión dedicaría su vida a continuar la obra de Andrés Petit. En lo que si todos coinciden es que, contra todo pronóstico, el kimbisero, cuyo verdadero nombre desconozco y al que actualmente se le conoce como Padre Umbral Mundo Nuevo o simplemente, Padre Umbral, resultó absuelto del cargo de homicidio por emoción violenta al aparecer pruebas inesperadas de que la víctima, que espoleó públicamente al kimbisero hasta provocar una pelea en la que resultó muerto de un golpe en la cabeza, iba armado con un punzón con el que planeaba asesinarle simulando defensa propia, aprovechando el hecho conocido de que el kimbisero era un karateca bastante avanzado, de temperamento violento y aficionado a la bebida. No queda claro, en cambio, si el móvil fue la envidia o cierta mujer. Quizás fueron ambas cosas.


Durante los tres meses que estuvo en Valle Grande, el futuro Padre Umbral, siguiendo las indicaciones del espíritu de Andrés Petit, se dedicó a meditar y a escribir sin descanso. No era un hombre muy instruido que digamos; en sus treinta y pico de años apenas había terminado la secundaria y los libros que había leído podían contarse con los dedos de una mano. Su carácter nervioso no le permitía concentrarse demasiado en los estudios y cualquier actividad intelectual le aburría y frustraba. Por el contrario, destacaba desde niño en los deportes, sobre todo en el baseball y en las artes marciales. Un profesor de Judo le enseñó a meditar en la secundaria y, pese a que nunca le interesó, ni la practicó fuera de aquellas clases, la técnica se había quedado impresa en un rincón de su memoria. En la cárcel, San Andrés Petit, como le llaman los Nuevos Kimbisa, le ordenó desempolvarla y practicarla durante tres horas, cada día. De ese modo conseguía la concentración suficiente para ordenar y poner por escrito todo lo que el espíritu le revelaba.


 Llenó decenas de libretas con letra menuda; tratados enteros sobre las propiedades mágicas y curativas de las plantas y árboles, minerales y animales; sobre magia blanca y brujería; sobre metafísica, espiritismo, astrología, videncia y adivinación, entre otros contenidos y disciplinas. Pese a las duras condiciones del penal y la estricta vigilancia de los guardias, nadie le molestó mientras meditaba y escribía, ni le robaron o decomisaron sus notas. Era como si tuviera un escudo invisible a su alrededor.


Al principio se limitaba a reproducir en el papel las palabras que escuchaba en su cabeza, pero poco a poco comenzó a analizar lo que copiaba, a interpretar y a incluir sus propias obcervaciones. El espíritu le animaba a que razonara por si mismo, a que desarrollara su propio espíritu e intuición. "Los muertos fertilizan la tierra y los vivos la cultivan", le decía. En las últimas libretas, ya no se sabía dónde empezaba la voz de Andrés Petit y dónde terminaba la mente del Padre Umbral. La convivencia con aquella entidad fue como dejar una obra a la sombra de una Nganga, absorbiendo su poder, fundiéndose con su esencia.


El hombre que volvió a pisar las calles de La Habana no era ya el mismo tipo impulsivo e irresponsable que iba por la vida sin rumbo alguno; ahora tenía un objetivo y un candil para orientarse. Abandonó sus viejos hábitos y amistades de juerguista y empezó a consultar en su pequeño apartamento de Marianao. Hasta ese momento, pese a ser Padre Nkisi y tener su propia nganga, no se había sentido lo suficientemente serio como para ser un padrino de respeto. Ahora, en cambio, proyectaba un aura de gravedad y misticismo que atraía a la gente e inspiraba confianza.


Comenzó a consultar siguiendo la Regla Kimbisa tradicional, como se la había enseñado su padrino, pero pronto empezó a intercalar elementos nuevos, extraidos de sus libretas. Recomendaba la practica de las artes marciales y de la meditación para cultivar la disciplina y el autocontrol físico y mental y para aumentar, concentrar y enfocar la energía y limpiar y fortalecer los canales espirituales; introdujo el uso de hongos alucinógenos para desarrollar la videncia y la sensibilidad espiritual y técnicas de control de los sueños, visualización y viaje astral para enriquecer y amplificar las experiencias mágicas y perfeccionar la manipulación de las fuerzas y entidades espirituales; fundamentó nuevos nkisis y reformó la liturgia kimbisa, sintetizando y actualizando, eliminando lo pueril y añadiendo conceptos filosóficos y procedimientos más profundos y coherentes con el mundo moderno.


Un par de años más tarde y con la ayuda de un pequeño grupo de discípulos, consiguió mudarse a una casa más grande, en Nuevo Vedado, área donde encontró un público más receptivo a sus ideas e innovaciones espirituales y donde, por fin, logró crear el primer templo o munanso de la Nueva Regla Kimbisa. Allí pudo desarrollar su proyecto hasta darle la forma que tiene, más o menos, actualmente.


 Sus experimentos con hongos alucinógenos y la práctica de la meditación y de las artes marciales, le dieron cierta popularidad entre determinados jóvenes, sobre todo entre estudiantes universitarios interesados en temas esotéricos y espirituales; gente menos tradicional y con la mente abierta a nuevas posibilidades y con otro tipo de influencias, provenientes de la Nueva Era.


Como es sabido, la New Age o Nueva Era es una corriente surgida en la segunda mitad del siglo XX que defiende la idea de que el nuevo milenio o Era de Acuario, traerá un cambio de conciencia en la humanidad, un nuevo ser humano con un sentido espiritual más universal y elevado. La Nueva Era absorbe cualquier disciplina espiritual o filosofía nueva y se apropia y revitaliza las clásicas, como el cristianismo, el chamanismo, el taoísmo y el budismo, entre muchas otras. Esa tendencia suya a sincretizar procedimientos y creencias aparentemente incompatibles, como fundir el concepto del karma con el cristianismo, es también la piedra angular del pensamiento de Andrés Petit, quién defendía la idea de que todas las religiones guardan una parte del poder y de la verdad de Dios; de que mientras más amplios y variados sean nuestros conocimientos, más poderosos y sabios seremos; mejores seres humanos en la tierra y espíritus más elevados en el cielo. Y para probar esa idea, Andrés Petit creó la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, sincretizando deliberadamente elementos bantú, yoruba, abakuá, católicos, espiritistas y masónicos. No es de extrañar, entonces, que el Padre Umbral encontrara un mejor caldo de cultivo entre jóvenes influenciados, consciente e inconscientemente, por la Nueva Era, que entre santeros, espiritistas y paleros. Hasta sus antiguos hermanos kimbiseros veian con burla o con recelo su proyecto.


La Nueva Regla Kimbisa, a diferencia de la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, redujo al mínimo en su liturgia la presencia católica, eliminando el culto a los Santos y añadiendo la figura del Buda( en sustitución del Espiritu Santo ) y la del propio Andrés Petit( en sustitución de San Luis Beltrán ) junto a la del Cristo del Buen Viaje, como guías principales de la Regla.


 Los nfuiris de antiguos esclavos africanos fueron sustituidos por personajes de la historia y de la cultura, como el intelectual, revolucionario y masón José Martí; el pintor y santero Juan Francisco Elso Padilla; el general mambí y palero Quintín Bandera; la revolucionaria y palera Celia Sanchez Manduley o la escritora e investigadora Lydia Cabrera, por solo mencionar los de origen cubano. El Padre Umbral anima a sus discípulos a encontrar a sus propios guías individuales entre los personajes muertos, relacionados de algún modo con la espiritualidad, con los que se identifican o les sirven de inspiración. Por eso algunos Nuevos Kimbisa desarrollan vínculos espirituales con figuras tan desconcertantes en el ámbito religioso afrocubano, como Krishnamurti, Aleister Crowley, Joseph Beuys o Carlos Castaneda.


Otro campo donde la Nueva Regla Kimbisa presenta diferencias básicas con el resto de reglas del Palo Monte es en la estructura y en el reglamento de la fraternidad. Los Nuevos Kimbisa no rayan para salvar, solo para iniciar. Para ser iniciado como ngueyo no se tiene en cuenta la raza, clase, nacionalidad, sexo o sexualidad del aspirante; la elección recae en la intuición del Padre del Munanso y si este no está seguro, la última palabra la tiene su espíritu guía. Se valora la inteligencia, la creatividad, las dotes espirituales, la seriedad, el valor y la lealtad.


Las mujeres no tienen que esperar hasta después de la menopausia para ser rayadas como Madre y poder tener nganga. El único tabú en este sentido que los Nuevos kimbisa conservan es el que prohíbe que las mujeres se acerquen a la prenda durante el período menstrual. Por lo demás, cualquier Madre Nkisi puede llegar a heredar la jefatura de un templo o fundar su propio munanso.


Los Padres y Madres Nkisi pueden consultar, hacer trabajos y obras y enseñar determinadas materias a los nuevos ngueyos, pero no pueden rayar. Para ello es necesario dominar primero todas las disciplinas y rituales, poseer experiencia y dotes docentes y de liderazgo. Cuando se reúnen esos requisitos y después de superar ciertas pruebas ideadas por el Padre o Madre líder del munanso, se procede a un tercer rayamiento, que no existe en otras reglas de Palo Monte, en el que el sujeto recibe los secretos necesarios para fundar y dirigir un templo.


La Nueva Regla Kimbisa es una sociedad esotérica muy cerrada, que no persigue la popularidad y elude la publicidad y cuyo objetivo fundamental es la investigación y superación espiritual y el desarrollo íntegro de sus miembros en todas las facetas de la vida. Su dinámica es la del cambio y la creatividad y es una de sus premisas que cada nuevo Padre o Madre Nkisi interprete lo aprendido y recorra su propio camino, aportando nuevos descubrimientos y posibilidades a la Regla. De esa forma honran al espíritu renovador de San Andrés Petit, su principal guía espiritual.


El Padre Umbral abandonó la Isla a principios del año 2004, en una lancha, junto a varios de sus discípulos más cercanos y sus principales fundamentos. Al parecer, San Andrés Petit le avisó de que tenía que viajar por el mundo en busca de 5 secretos que terminarían de fundamentar su proyecto. A los dos años de estar viviendo en Tampa, Florida, se marchó con parte de su tropa a California. Más de una docena de hombres y mujeres viajando en tres caravanas y varios coches y motos. De California no tardaron en pasar a México, a finales del 2007. Lo último que supe de ellos es que en el 2009 andaban por el estado de Roraima, Brasil, cerca del Amazonas.


En  la segunda parte les contaré más detalles sobre la cosmogonía, filosofía, técnicas y liturgia de este reciente y extraordinario fenómeno sincrético, que trasciende lo afrocubano y quién sabe hasta dónde llegará.


                  


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