sábado, 22 de marzo de 2025

Aprendiendo las Firmas de Palo Monte. Tratado Kimbisa de Buey Suelto 2ª parte

Cruces y círculos

Para interpretar y aplicar correctamente las patipembas, debemos entender cómo fueron creadas, no reproducirlas tal y como las encontramos en libros y documentos. Salvo en los ideogramas de banderas y signos básicos, que son inmutables, las firmas de Palo Monte nunca se dibujan dos veces exactamente igual. Existen ligeros, pero imprescindibles, detalles del diseño que debemos alterar para actualizarlos y que reflejen nuestras circunstancias actuales. De lo contrario, sería como hacernos un traje siguiendo un patrón estándar, pero sin adaptarlo a nuestra talla; difícilmente saldrá bien.

Entre estos detalles destacan los pequeños círculos (-) y cruces (+) que parecen decorar las flechas de las mpembas, pero que en realidad indican una serie de factores variables que es preciso ajustar si queremos tener éxito. Estos incluyen los signos que salen en las diferentes consultas que se realizan antes, durante y al finalizar los trabajos, así como los signos negativos (-) o positivos (+) que debemos añadir para equilibrar o desequilibrar la polaridad de las energías involucradas en dichas obras. No están de adorno y nunca se repiten del mismo modo, aunque a ojos del profano el dibujo parezca ser el mismo.

Para calcular la polaridad exacta o la cantidad precisa de energías positivas y negativas que debemos conceder a cualquier nsara o trabajo para que funcione con eficacia, los pequeños círculos y cruces deben documentar los signos de al menos dos tiradas de nkobos (conchas, chamalongos), nzandis (cocos) o cauris (caracoles). La primera tirada arroja uno de los 16 signos básicos y su correspondiente mpungu regente o de cabecera de la persona que solicita el trabajo, independientemente de cuál sea la naturaleza de su deseo o problema (curar, limpiar, abrir caminos, amarrar, hechizar, guerrear, atraer, alejar, beneficiar, dañar, etc.). La segunda tirada nos dice el signo complementario, y la combinación de ambos obtiene como resultado uno de los 256 signos dobles o complejos del oráculo palero. Debemos seguir su letra o contenido para elegir adecuadamente los ngandos, ofrendas y demás ingredientes que perfilarán la obra y personalizarán el dibujo de su firma (ver https://palomontenegro.blogspot.com/2024/07/los-16-signos-basicos-de-chamalongo.html ).

Los 8 círculos y/o cruces que componen cada uno de los 256 signos complejos pueden sumar un resultado equilibrado o neutral si la cantidad de círculos y cruces o de energías negativas y positivas es la misma, o un resultado desequilibrado cuando esta es diferente. Si tiene más cruces que círculos, el desbalance será positivo, y si ganan los círculos, será negativo. En las obras de magia blanca o buena, como limpiezas, sanaciones, abrecaminos e iniciaciones, entre otras, es preciso que las energías positivas y negativas estén igualadas. Mientras que en los trabajos de magia roja o del corazón, como bilongos, hechizos y nkangues de amor, lo apropiado es que las energías positivas representadas por cruces superen en número a los círculos negativos. En cambio, en las makumbas de magia negra o maligna, como cierres de caminos, maldiciones, guerras y ñampies, es necesario que los círculos de energías negativas sean más que las cruces positivas.

 

Balance de energías

Para equilibrar o desequilibrar a conveniencia las energías de cualquier obra, debemos añadir cuatro signos más a la firma, para un total de 12 círculos y/o cruces. Esos cuatro signos extra no se averiguan consultando, como en el caso de los 8 anteriores, sino que se eligen deliberadamente para que la suma final de los 12 signos dé el resultado que precisamos, según el tipo de magia que vayamos a utilizar para resolver las diferentes situaciones y peticiones que se nos presenten.

Analicemos gráficamente cómo funciona esta parte del ritual o trabajo y la simultánea y gradual configuración de las firmas, llamada Kini Ntuí o balance de las energías:

El gráfico 1 muestra en su parte superior la primera tirada de chamalongos, de la cual se obtiene el signo básico de la consulta (que en este ejemplo es un signo de Nkuyo Lucero) y, a su derecha, la segunda tirada, de la cual obtenemos el signo complementario (que en este caso pertenece a Chola Wengue). En la parte inferior podemos ver cómo se expresa la suma o combinación de los signos de ambas tiradas en forma de cruz o cuatro vientos, en forma lineal horizontal y en forma lineal vertical.

Cualquiera de las tres formas de escribir los signos dentro de una firma es válida, aunque muchos paleros preferimos usar la forma vertical en la mayoría de las consultas y obras, ya que resulta más cómoda y rápida para trabajar. Reservamos el modo cuatro vientos, que es más detallado y fácil de entender, para ilustrar nuestros tratados y enseñanzas. Mientras que el modo horizontal lo empleamos para anotar los signos en las libretas-expedientes de cada ahijado o cliente, que incluyen datos personales y de todas sus consultas, signos, correspondencias y trabajos, con fechas, horas, incidencias, observaciones, etc., porque ocupa menos espacio en el papel.

De la suma del signo básico y el complementario surge uno de los 256 signos dobles o complejos del Chamalongo. En el ejemplo del gráfico 1, este signo corresponde a Lucero y Chola Wengue, quienes actúan como mpungus de cabecera del ahijado o solicitante de ayuda, o como regentes de la situación en que se encuentra. Este signo posee una energía total de (5+ y 3-).

El tata puede tomar ambos mpungus o elegir uno de los dos y desechar el otro, a la hora de seleccionar la obra más pertinente y ajustar su carga y su correspondiente firma a las circunstancias presentes para resolver el caso. Para ello, debe tener en cuenta una serie de factores, como el sexo, el carácter y las vibraciones del sujeto, la naturaleza de su problema o deseo, y las percepciones o inspiraciones espirituales recibidas en referencia a este durante las sesiones de consulta u otros rituales que le haya dedicado.

En el gráfico 2 vemos tres firmas diferentes y sencillas de estudiar, todas ellas nacidas del mismo signo doble o complejo de Lucero y Mamá Chola mostrado en el gráfico 1.

La primera firma se puede utilizar en cualquier obra de magia blanca o benéfica, como un despojo o un abrecaminos. En color rojo aparecen destacados los cuatro ideogramas extras (+000) añadidos ex profeso por el ngangulero para equilibrar e igualar las energías positivas y negativas, condición neutral indispensable en las obras blancas. Los símbolos rojos forman un signo de Madre de Agua, que será la tercera fuerza o mpungu dominante en este ejemplo. El marcador total pasa de (5+ 3-) a (6+ 6-).

La segunda patipemba sirve para hacer nkangues y bilongos de amor. Se indican en color rojo los cuatro ideogramas extras (0++0) adicionados por el hechicero para que las energías positivas superen en número a las negativas, cualidad esencial de este tipo de trabajos rojos. En este ejemplo, los símbolos extras modelan un nuevo signo de Lucero, por lo que las fuerzas dominantes seguirán siendo Lucero y Mamá Chola. El marcador pasa de (5+ 3-) a (7+ 5-).

La tercera mpemba es apropiada para ejecutar trabajos de magia negra destructiva. En rojo se ven los cuatro signos extras (0000) agregados por el brujo para desbalancear las energías de la firma hacia el polo negativo, estado imprescindible en todos los salakos o trabajos de brujería maligna. En la imagen de ejemplo, los ideogramas extras determinan un signo nefasto relacionado con ndokis y karires, regido por Centella Ndoki, que es la tercera fuerza de esta makumba de guerra. El marcador pasa de (5+ 3-) a (7- 5+).

El gráfico 3 ofrece otro ejemplo de combinación de tiradas y balance de energías, que desemboca en un signo doble de Sarabanda y Kobayende con una energía total de (3+ 5-).

En el gráfico 4 podemos ver las mismas tres firmas de trabajos del gráfico 2, pero adaptadas al signo doble de Sarabanda y Kobayende del gráfico 3, junto con algunas de sus variaciones.


La firma del Abrecaminos tiene tres variantes: dos con Chola Wengue y una con Ngonda Nkisi. En los tres casos se añade (3+ 1-) = (+++0) a la firma para equilibrar sus energías y que den como resultado (6+ 6-).

La mpemba de Guerra también posee tres variaciones: una con Sarabanda, otra con 7 Rayos y otra con Cabo Ronda. En los tres casos se agregan (2+ 2-) = (++00) para que predominen las energías negativas y sumen (5+ 7-).

La patipemba del Nkangue no tiene variaciones porque, para que primen las energías positivas, la única posibilidad es añadir (4+), que corresponde únicamente a Tiembla Tierra.

Continuará…

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miércoles, 26 de febrero de 2025

Aprendiendo las firmas de Palo Monte

Tratado Kimbisa de Buey Suelto 1ª parte


La dimamanga o lenguaje de patipembas o firmas del Palo Monte es un lenguaje secreto empleado por los brujos paleros para comunicarse con los espíritus mediante dibujos simbólicos—similares a los del Vudú haitiano—que se trazan en el suelo y sobre algunos objetos litúrgicos del nso nganga o santuario durante los rituales. Este lenguaje se desarrolló en los cabildos congos de la isla de Cuba durante la época colonial, entre los siglos XVI y XIX.

Cada una de las diferentes reglas o ramas paleras—Mayombe, Briyumba, Kimbisa, Chamalongo y Buey Suelto—que surgieron de aquellos cabildos negros cuando, a finales del siglo XIX, fue abolida la esclavitud en la isla, atesora con celo sus patipembas y los métodos para conjugarlas, interpretarlas y aplicarlas eficazmente. A su vez, cada tata posee sus propias variaciones de las firmas originales heredadas de su rama a través de sus padrinos, lo cual va enredando y complicando exponencialmente el aprendizaje de este cautivante idioma esotérico en cada generación y provocando, lógicamente, frustración entre los nuevos ngueyos; especialmente entre los bueyes sueltos que no viven en Cuba y se sienten perdidos a la hora de aprender la dimamanga en solitario. Por eso me propongo, con este artículo o serie, explicar de la forma más sencilla y práctica posible las principales firmas y cómo entenderlas y usarlas.

 

El círculo

El punto o círculo es la figura geométrica más elemental, pues solo contiene una línea o trazo, y simboliza a Kalunga: el infinito vacío original previo al nacimiento de la luz y, al mismo tiempo, el más allá; la oscuridad eterna posterior a la muerte de la luz. Astrológicamente, Kalunga representa al espacio cósmico y, espiritualmente, al mundo de los muertos. Además, se le asocia con el mar, cuya oscura y mortal inmensidad era, a ojos de nuestros primitivos ancestros bantúes, semejante o igual al insondable misterio de la noche y al pavoroso enigma de la muerte; y, por tanto, también corresponde o encarna al elemento agua, fuente de vida y de muerte a la vez; inicio y fin, alfa y omega.

El elemento agua es negativo y femenino, por lo que Kalunga también lo es. Esa es la razón por la que en la dimamanga el círculo puede indicar, dependiendo del contexto en que se utilice o interprete, situaciones, respuestas o entidades negativas, como ndokis (espíritus oscuros) y divinidades acuáticas femeninas, tales como Madre de Agua, Mamá Chola y Ngonda Nkisi.

En las firmas paleras, los pequeños círculos y cruces que se alternan dentro del dibujo señalan las energías o entidades negativas y positivas, respectivamente. Mientras que los círculos grandes suelen formar parte de las patipembas o emblemas propios de mpungus y nkisis de agua. Excepto los grandes círculos que encierran a los demás trazos y elementos, como en el caso de la firma del Cuatro Vientos—un círculo con una cruz dentro—que se emplea para consultar con los chamalongos, y de los círculos que se dibujan alrededor de los oficiantes y participantes para protegerles de las energías y entidades negativas durante los rituales.

La cruz

La cruz es el segundo símbolo básico de las firmas de Palo Monte y representa todo lo opuesto al círculo; es decir, la luz primigenia que rompió la oscuridad eterna y dio origen a nuestro universo, el elemento fuego, la energía positiva y masculina que alumbra la vida, transmuta la materia, insufla el espíritu y enciende la consciencia. Por ende, no es de extrañar que este símbolo luminoso se encuentre presente en todas las culturas prehistóricas y religiones de la antigüedad, asociado al fuego, al sol, a las estrellas y a Dios.

En la dimamanga, las cruces pequeñas que alternan con pequeños círculos indican las fuerzas positivas en contraposición a las negativas, así como las respuestas positivas, verdaderas o afirmativas a las consultas; en tanto que las cruces grandes se forman al cruzar dos líneas o flechas, una vertical y otra horizontal, que, habitualmente, conforman las firmas o emblemas de entidades de fuego masculinas como Nkuyo-Lucero, Nsasi-Siete Rayos, Sarabanda y Lugambé, además del símbolo del Cuatro Vientos.

Si el círculo es siempre negativo, pasivo o receptivo, como las apacibles y expectantes aguas de los óvulos, la cruz que completa al Cuatro Vientos es como el fuego que anima a cada espermatozoide en su odisea por intentar llegar a ellos y fertilizarlos. Este símbolo—el Cuatro Vientos—nos habla de vida, acción, movimiento, espacio y tiempo, ya que nada de eso existía hasta que brotó la luz, y de cómo orientarnos entre los diferentes planos de la realidad.

 

Las flechas

Por lo general, el trazado de las firmas de cualquier obra o ceremonia comienza con una flecha recta troncal o principal en dirección sur-norte. Se empieza desde el extremo inferior, que corresponde a la posición en el espacio del oficiante, y se termina en la punta superior, que señala la posición de la nganga o altar.

Las flechas, tanto las del Cuatro Vientos como las de todas las innumerables firmas conocidas, siempre indican actuación y traslación en el espacio-tiempo. Las flechas horizontales marcan el paso del tiempo: con la punta hacia la izquierda en dirección al pasado, con la punta hacia la derecha en dirección al futuro y con una punta en cada extremo en ambas direcciones, así como la relación entre el agua y el fuego, lo femenino y lo masculino, lo emocional y lo racional, el ying y el yang. Por otro lado, las flechas verticales nos muestran el espacio y los lugares, las metas y los caminos, y la relación entre el aire y la tierra, lo intelectual y lo mundano, lo divino y lo terrenal.

Cuando la flecha vertical apunta hacia arriba indica las preguntas, peticiones y trabajos del brujo hacia los mpungus, nfumbes y demás aliados espirituales que tenga. La flecha vertical hacia abajo representa justo lo contrario, las respuestas, recomendaciones y acciones de esas divinidades aliadas desde el plano astral, donde habitan los dioses y espíritus, en dirección al mundo terrenal de los seres mortales. Cuando la flecha vertical posee dos puntas, una en cada extremo, significa que la acción entre el cielo y la tierra, entre los espíritus y los vivos, entre el tata y sus aliados en el más allá es mutua y se mueve en ambos sentidos.

Las flechas diagonales indican la distancia entre una persona y el cumplimiento de sus sueños u objetivos, o el conflicto entre dos sujetos, sus deseos, actos y objetivos opuestos. Asimismo, pueden representar las obras mágicas aconsejadas por las entidades para vencer enemigos, superar obstáculos y alcanzar metas. Dependiendo de su orientación dentro del Cuatro Vientos, las flechas transversales pueden señalar la trayectoria que deben seguir los nfumbes para llevar los bilongos, macumbas y nkangues recomendados desde la nganga hasta su destino. Encima de estos trazos se colocan los diferentes elementos, sustancias y ofrendas que complementan la receta de dichas obras o trabajos de brujería.

Además, podemos encontrar flechas de todo tipo—verticales, horizontales, diagonales, curvas y serpenteantes—en la composición de las firmas de muchas entidades paleras y de sus hijos (paleros que los tienen como mpungus o nkisis de cabecera). Estas flechas enfatizan determinados números distintivos, como, por ejemplo, siete flechas en la patipemba de Siete Rayos o cinco en la firma de Mamá Chola. También pueden simbolizar ciertos elementos y factores, como rayos, tridentes, astros, cuatro vientos, mpakas o cuernos, ñocas o serpientes, entre otros.

La ñoca, majá ó 21

La flecha serpenteante simboliza a mboma ñoca, la enorme boa endémica de Cuba que puede llegar a medir hasta seis metros de largo. Esta serpiente es adorada como encarnación animal de una mboma, misterio o divinidad acuática, tanto por los aborígenes taínos como por los congos que más tarde llegaron a la isla como esclavos y, posteriormente, por sus descendientes criollos, quienes la conocen como Madre de Agua. En la charada china—juego o sorteo basado en la astrología y el esoterismo tradicional chino, de gran popularidad en Cuba desde mediados del siglo XIX y con significativa influencia en la formación de los cultos sincréticos afrocubanos—mboma ñoca corresponde al número 21, cargado de simbolismo y poder mágicos. En el Palo Monte, se le considera uno de los ngandos o poderes fundamentales de los nkisis Madre de Agua y Sarabanda—prendas que también son autóctonas de Cuba—y además puede aparecer en algunas firmas emblemáticas de Mamá Chola, Kobayende y Cabo Ronda, pues la serpiente no solo es un símbolo acuático, sino que también está asociada a la medicina y a la justicia.

En las patipembas de los trabajos, la ñoca o flecha serpenteante suele ser el último ideograma y se traza por encima del resto de la firma, indicando la salida o despedida de los nfumbes encargados de llevar la obra a su destino. A esta parte final del ritual se le llama “arrear al muerto” y consiste en colocar fula (pólvora mezclada con ciertos polvos y sustancias) cubriendo el dibujo de la flecha y, a continuación, prendiéndole fuego para detonarla y hacer salir disparados a los nfumbes en dirección a su misión. Aunque la fula también se puede colocar en la flecha tronco, especialmente si la firma no lleva ñoca.

En el diseño de algunas patipembas más enrevesadas, que corresponden a obras más complejas e incluyen la realización de varios trabajos más pequeños y la participación de diversas entidades mágicas y espirituales, como en el caso de las firmas necesarias para llevar a cabo un rayamiento o iniciación, o para montar y consagrar un nuevo fundamento, que abarcan distintos ritos, despojos, mambos (cantos y rezos), oblaciones, etc., es posible detectar más de una ñoca secundaria alrededor de otra flecha serpenteante de mayor tamaño, representando los “arreamientos” previos al último y principal. Sin embargo, no ahondaremos en esas firmas en esta introducción a la gráfica secreta de los muertos, pues pertenecen a un nivel superior.

La estrella o lucero

Dos cruces cruzadas entre sí forman una estrella de ocho puntas, un símbolo que, dependiendo de las circunstancias rituales, puede representar a las estrellas en general o a un astro en concreto, como el Sol o el planeta Venus, excepto la Luna, que posee su propio ideograma.

Cuando se traza en el fondo de la cazuela o caldero de una nueva prenda, el signo de la estrella se llama “firma del sello” y simboliza a Nsambi, el dios Sol que alumbró la creación del universo. Sus rayos se extienden hasta el infinito en las ocho direcciones o puntos cardinales, y su fuerza es esencial para fundamentar todas las ngangas.

Si vemos una sola estrella de ocho puntas dentro de otra firma mayor, por lo general representa a Lucero, el planeta Venus, en relación con el mpungo Nkuyo. Pero si aparecen varias estrellas dentro del dibujo, indican la influencia de otros astros sobre las situaciones y obras presentes. Esto depende de la estación del año, la hora en la que se esté trabajando, o de los mpungus de cabecera del Tata o de la persona a la que se quiere ayudar.

Es importante destacar que a cada mpungu le corresponden uno o varios astros:

- Nkuyo Lucero: el planeta Venus(apodado Lucero del Alba, Lucero Madrugada, Lucero Prima, etc.) y el planeta Mercurio.

- Nsasi Siete Rayos: el planeta Júpiter y el Sol.

- Sarabanda: el planeta Marte y el Sol.

- Watariamba Cabo Ronda: Saturno y Marte.

- Kobayende: Mercurio y Neptuno.

- Tiembla Tierra: Saturno y Venus.

- Kalunga Madre de Agua: la Luna y Neptuno.

- Chola Wengue: Venus y la Luna.

- Mariwanga Centella Ndoki: Marte y Júpiter.


La Luna

Ngonda, la Luna, el planeta mágico por excelencia cuyo poder altera las mareas y el comportamiento de las personas, no se representa con una estrella, ya que posee sus propios ideogramas para reflejar las distintas fases lunares y su influencia sobre nuestro mundo. Además, Ngonda Nkisi es una prenda antigua que se monta con matari de meteorito, al igual que Lucero, pero en versión femenina. Según algunas yayas de la vieja guardia que todavía atesoran su secreto, es considerada su propia hermana pequeña.

 

El triángulo

El triángulo es una figura geométrica de fuerte simbolismo esotérico asociado al elemento fuego que aparece en muchísimas firmas paleras. Cuando lo encontramos con una punta hacia arriba, como una pirámide, suele representar a Nkuyo Lucero y la relación de la tierra con el cielo, de lo material con lo espiritual. Por otro lado, el triángulo invertido indica lo contrario: las influencias del cosmos sobre nuestro planeta, de los mpungus, karires y nfumbes sobre los mortales. También puede simbolizar algunos animales totémicos o de sacrificio, como toros, bueyes, ciervos y cabras.

 

El cuadrado

Las figuras geométricas cuadradas o rectangulares generalmente corresponden al elemento tierra en relación con el aire, como en el caso del mpungu Tiembla Tierra y del avatar o camino de Watariamba llamado Mundo Nuevo (la cárcel). También se emplean para describir la disposición del nso nganga o templo y el amarre de sus cuatro esquinas, así como para señalar otras edificaciones, como locales comerciales, viviendas, iglesias, mercados, hospitales, cementerios, etc.

 

El rombo

El cuadrado invertido, rombo o diamante corresponde al elemento aire y al mpungu Kobayende. Este símbolo también puede aparecer en las firmas de karires, ya que algunos de sus ideogramas contienen dos triángulos. De hecho, muchos paleros consideran a Kobayende como un karire más, ya que gobierna las epidemias, enfermedades y otras plagas fatídicas. Incluso algunos creen que es, junto a Lugambé, Lukankasi y Kadiampembe, uno de los cuatro jinetes del apocalipsis.

Debido a su relación con Kobayende y las fuerzas que gobiernan la salud y la muerte de las personas, el diamante también puede simbolizar o anunciar la muerte o, por el contrario, una salvación casi milagrosa.

Además, muchos paleros emplean el rombo representando al corazón en sus nkangues o amarres de amor y en el dibujo de las firmas para montar y consagrar resguardos de protección y talismanes mágicos, como los nchilas (vocablo congo que significa corazón, poder o amuleto) y los makutos.

Más información sobre el montaje de los resguardos de palo monte en: https://palomontenegro.blogspot.com/2024/07/como-se-monta-un-resguardo-de-palo-monte.html.

 

El remolino

La figura de la espiral o remolino corresponde al elemento aire en relación con el fuego y la tierra, simbolizando fenómenos atmosféricos destructivos como tornados y tormentas de rayos y centellas, y al mpungu Mariwanga-Centella Ndoki. Puede aparecer en sus firmas emblemáticas y en las de sus obras, pero también podemos encontrarla en patipembas de trabajos regidos por otras entidades, representando el concepto de rebambaramba, vira mundo o revolución cuando es preciso enfrentar (la flecha del remolino apunta hacia la derecha) o provocar (la flecha apunta hacia la izquierda) una situación caótica y, a veces, violenta.

 

Los signos de chamalongos

Los signos del Palo Monte corresponden a los innumerables posicionamientos que pueden adoptar cuatro chamalongos al caer sobre la firma del Cuatro Vientos durante una consulta, de los cuales 16 constituyen los signos básicos (ver https://palomontenegro.blogspot.com/2024/07/los-16-signos-basicos-de-chamalongo.html) y el resto sus combinaciones (ver https://palomontenegro.blogspot.com/2023/01/vititi-chamalongo-montenegro-tratado.html).

Cabe destacar que a cada una de las principales entidades paleras—mpungus, nkisis, nkuyos, nfumbes y karires—le corresponde uno o varios de los 16 signos básicos, como se puede apreciar en el gráfico, los cuales a menudo aparecen dentro de sus patipembas emblemáticas y también, por extensión, en las firmas personales de sus “hijos”.

Los signos se pueden anotar dentro de una cruz (visible o imaginaria), ordenados de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, o de forma lineal, ordenados de izquierda a derecha, como se muestra en la imagen.

 

Las firmas básicas

A continuación, veremos una serie de firmas básicas emblemáticas de las principales entidades paleras. Estas patipembas sirven para distinguir los signos de cada mpungu. Están compuestas por un signo básico dentro de una cruz, círculo, triángulo, cuadrado o rombo, según su elemento correspondiente.

Las patipembas de las diversas obras de cada mpungu o nkisi nacen de sus firmas emblemáticas básicas, a las que se van añadiendo nuevos elementos, signos, flechas, ñocas, etc., para reflejar la naturaleza de los trabajos (consultas, limpiezas, sanaciones, abrecaminos, amarres, makumbas, consagraciones, pactos, etc.) y su orientación en el espacio-tiempo, como iremos viendo a continuación.













continuará…

Saludos a todos y que Nsambi acutare!

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sábado, 8 de febrero de 2025

Los Pactos del Palo Monte


En el Palo Monte, un culto mágico-religioso nacido en Cuba y similar al Vudú haitiano y a la Macumba de Brasil, fruto del sincretismo entre diversas religiones y creencias chamánicas africanas y amerindias, así como el catolicismo, el espiritismo y la magia negra europeos, han sobrevivido con bastante fidelidad algunos de los rituales mágicos más antiguos de la humanidad. Estos incluyen los pactos con diversas entidades, como los nfumbes y nkisis (espíritus), y divinidades, como los mpungus y karires (espíritus o fuerzas de la naturaleza), para obtener sus favores a cambio de ciertos sacrificios y ofrendas. Incluso, podemos decir que el tronco principal que estructura la liturgia del Palo Monte, del que crecen sus distintas ramas o reglas, consiste en una serie de pactos con dichas entidades que cada ngueyo o aprendiz debe realizar a lo largo de su evolución como palero.

Pacto Nfumbe

El primer pacto que debe llevar a cabo un palero es el pacto con los muertos, conocido como “rayamiento” o ritual de iniciación. En este ritual, se hacen una serie de cortes en forma de cruz en la piel del neófito, y se introduce en las heridas polvo de los huesos de los nfumbes que habitan en la nganga de su padrino. A continuación, se colocan algodones sobre las cruces para cerrar las heridas; los cuales, una vez secos, se colocan dentro de la nganga para que los nfumbes posean el rastro del ahijado y puedan reconocerlo y localizarlo siempre que sea necesario. De esta forma, mediante el intercambio de restos de huesos y restos de sangre entre difuntos y vivos, queda sellado el pacto con los muertos.

De este pacto se obtiene la protección y el reconocimiento del recién iniciado como nuevo palero por parte de los nfumbes de su padrino. A partir de ahí, el ngueyo tiene derecho a consultarse y a aprender el oficio congo con su Tata, quien también debe entregarle sus primeras prendas básicas correspondientes a su nsila o camino, según su mpungu de cabecera (Nkuyo, Nsasi, Sarabanda, Chola Wengue, Mariwanga, Kalunga, Kobayende, Ngurufinda, etc.). Estas prendas, en este orden, son el makuto, el collar de bandera y el Lucerito o Lucero Guía con su juego de chamalongos.

Pacto Nkisi

Tras culminar su aprendizaje inicial, el cual puede tardar meses o años, dependiendo de la dedicación del ahijado y del celo de su padrino, el ngueyo está listo para pasar al siguiente nivel: convertirse en tata nganga mediante el segundo rayamiento y poder trabajar con una nganga y tener sus propios ahijados. Para esto, recibe de su mentor las siguientes prendas: cuchillo consagrado que le otorga el derecho litúrgico a matar y sacrificar ofrendas vivas, bastón ritual para llamar a los nfumbes y nkisis, y una mpaka gajo de la nganga de su padrino, de la que brotará e irá creciendo su propia nganga.

También es válido recibir una nganga completa con todos los yerros y ngandos, pero es muy costoso y el tiempo que se ahorra en su montaje se pierde en conocimiento, pues se aprende mucho más de mecánica fabricando un motor que comprándolo ya hecho. Por esa razón, hay tantos paleros en el mundo que poseen nganga y trabajan con ella, pero desconocen los rituales de su fabricación, ya que no estuvieron presentes durante la misma, y no saben montar nuevas prendas para sus ahijados.

Pero volviendo al tema de los pactos, para obtener una nganga, ya sea recibiéndola completa o aprendiendo a montarla paso a paso, también es preciso cerrar un trato con una entidad sobrenatural. En este caso, con un nkisi, ser resultante de la fusión entre un nfumbe o difunto y un tótem o espíritu de la naturaleza. Este pacto, al igual que el pacto de muertos, es para toda la vida y más allá, pues establece un vínculo espiritual entre el palero y el nkisi que trasciende la muerte física. El palero jura trabajar en vida para que el nkisi pueda evolucionar espiritualmente y escapar de la oscuridad elevándose hacia la luz divina, y el nkisi, a cambio, se compromete con él a cumplir en la Tierra todas las misiones que le encomiende. Una vez muerto el palero, éste se funde con el nkisi y juntos los tres -tata, nfumbe y mpungu- comparten la misma suerte en el inframundo, con más posibilidades de ascender hacia Dios que por separado.

 Pacto Karire

Por encima de los pactos con nfumbes y nkisis están los pactos Karires, que vienen a ser la versión bantú de los pactos diabólicos de la tradición judeocristiana, pero con la diferencia de que estos misteriosos ritos ya se practicaban en África muchos siglos antes de la aparición en Medio Oriente del dios hebreo Yahveh y del demonio Belial (conocido más tarde como Satanás por los cristianos), negociando con algunas de las entidades espirituales más antiguas y poderosas del universo, como los karires. De hecho, muchos expertos opinan que los dioses actuales, surgidos en la antigüedad, son las mismas divinidades adoradas por los humanos durante milenios de prehistoria, pero con nombres y rasgos distintos que han ido variando a través de los siglos y del devenir de las distintas e incontables civilizaciones y lenguas.

Los pactos con karires pueden hacerse siendo o no palero, por mediación de un Tata Nkisi (palero que ha realizado el tercer rayamiento que da acceso a los tratados secretos que permiten pactar con Karires y fundar su propia rama) experimentado en tratos con estas ancestrales y poderosísimas entidades. Llegado el caso, el ngangulero invocará a los karires en un ritual especial conocido como consulta karire para plantearles la petición del solicitante. Si algún karire se manifiesta durante la consulta y acepta el pacto propuesto, éste debe sellarse rápidamente, antes de dos semanas como mucho, para evitar que el karire se impaciente y dé por roto el pacto, lo cual le daría derecho a cobrarse la deuda con la vida del solicitante o de alguno de sus seres queridos. Por esa razón, es conveniente estar muy seguros de querer hacer el pacto antes de proponérselo a los karires.

Se puede pactar con un karire para casi cualquier cosa, salvo para escapar indefinidamente de la muerte, ya que es posible burlarla durante mucho tiempo, pero tarde o temprano siempre nos alcanza. Se puede pactar con un karire para salvarse de una enfermedad terminal u otra amenaza equivalente; para librarse de la cárcel o de un enemigo; para obtener riquezas, éxito, fama, amor o potencia sexual; y también para conseguir poder terrenal o espiritual, sabiduría, intuición, carisma, dones mágicos, capacidades extrasensoriales, etc. Pero únicamente se puede pedir un deseo en concreto por pacto.

Se pacta con karires cuando todo lo demás falla. Cuando, por ejemplo, los amarres no logran recuperar o dominar el corazón del ser amado, un pacto karire de amor conseguirá cumplir este deseo con rapidez y eficacia. Si los amuletos y obras de abrecaminos no atraen la prosperidad de una persona, un pacto karire de fortuna le abrirá nuevas relaciones y oportunidades que le conducirán con certeza hacia los éxitos y riquezas que tanto ansía. Si las obras de sanación no salvan al paciente, un pacto karire de salud lo hará, y si las makumbas no frenan al enemigo, un pacto karire de poder lo neutralizará para siempre. Y así sucesivamente.

Una vez aceptado el pacto en cuestión, el Tata preparará una mpaka o cuerno con los datos de la persona, la firma y nombre del karire, y una serie de ngandos (sustancias y elementos naturales, como ciertas tierras o rastros, piedras, huesos, plumas, semillas, palos, yerbas, etc.) en su interior, que empleará para sellar el pacto en nombre del solicitante, ya que presenciar este ritual secreto es tabú tanto para los profanos como para los neófitos del Palo Monte.

Concluido con éxito el ritual de sellado, el Tata entregará o hará llegar la mpaka al solicitante del pacto para que lo active derramando un poco de su propia menga (sangre) sobre el espejo que cierra la boca del cuerno, colocado sobre la firma del karire. La persona deberá repetir este ritual de activación todos los años en la misma fecha, hasta que dé por cumplido su deseo y avise al tata para finalizar el trato. Si incumple esta regla por cualquier razón e interrumpe el pacto por su cuenta, sin que el tata realice previamente el correspondiente ritual de cancelación, el karire tendrá derecho a cobrarse la deuda de sangre como estime conveniente.

Los karires son muchos y están por todo el universo dirigiendo las fuerzas que le dan forma y estabilidad a los planetas y galaxias, como la fuerza gravitatoria, la electromagnética y la nuclear, pero solo unos pocos han permanecido hasta nuestros días en la frágil y limitada memoria humana. Ellos son, en lo que al Palo Monte se refiere, Lugambé, Lukankasi, Kadiampembe y Ndoki. Estos karires no son malvados ni están interesados en el alma humana como los demonios judeocristianos, aunque son más poderosos y en ocasiones pueden resultar más terribles que estos, ya que su existencia es muy anterior a la de los dioses locales de nuestro planeta y trasciende el infantil concepto humano del bien y el mal. Poseen el poder de crear y destruir mundos, especies y civilizaciones enteras sin otro criterio que no sea el de llevar a cabo la gran Obra de Dios.

Para los karires, la muerte no existe como fin, sino como reciclaje de la vida, por lo que el bien y el mal tampoco existen para ellos. Todos los dramas humanos—nuestros miedos, ambiciones, deseos, frustraciones y calvarios—son tan intrascendentes para estas inconmensurables entidades como los sueños de los ácaros para nosotros. Sin embargo, los karires se privan por la sangre humana—hay quien dice que los vampiros descienden de ellos y que fueron los primeros dioses, en el tiempo en que los humanos apenas se distinguían de otros animales y ni el propio Nsambi se había dado cuenta de que estábamos desarrollando la consciencia—; manjar espiritual que no apareció en el universo hasta eones más tarde de su creación. La energía que contiene la menga humana es infinitamente más compleja y rica que la energía de los animales, plantas y minerales, pues la mortalidad unida a la consciencia constituye el motor de transmutación de la realidad más poderoso y original surgido de la evolución natural. La especie humana ha evolucionado más en los últimos 3000 años que todo el planeta en trillones de años. Ninguna otra criatura teme a la muerte y ambiciona la eternidad como nosotros, por lo que nuestra sangre sabe a desesperación y a esperanza a la vez; a amor por la vida y a pasión por lo desconocido, al mismo tiempo.

Y esa es—el sabor de nuestra sangre—la única razón por la que los karires acuden a nuestro llamado y sucumben a nuestras peticiones, pese a que las consideren patéticas en su mayoría. Concedernos el deseo de cosas inútiles que no podremos llevarnos a la próxima vida, como la abundancia material, el éxito social, el placer, el amor o la venganza, implica para ellos un esfuerzo mínimo, como el que nos cuesta a nosotros soplar para espantar una mosca; pero el sabor de nuestra menga recompensa con creces desviarse brevemente de su importante labor en el universo para satisfacer nuestras primitivas y egoístas pretensiones mortales.

 Pacto de Sabiduría

El pacto karire más ambicionado por los brujos paleros es el pacto de sabiduría, también conocido como tercer rayamiento. Si el primer rayamiento, el que te convierte en ngueyo, es un pacto con nfumbes, y el segundo rayamiento, el que te convierte en tata nganga, es un pacto con un nkisi, el tercer rayamiento viene a ser un pacto de sabiduría y poder espiritual con un karire que transmuta al tata nganga en tata nkisi, permitiéndole acceder a los secretos más profundos y poderosos del Palo Monte. Estos incluyen los tratados que sirven para montar los famosos muñecos brujos llamados kini-kines o chicherekús, que permiten fundar una nueva rama o potencia muertera, o realizar pactos con karires, entre otros dones y honores.

Un tata nganga normal puede ejercer el oficio congo, consultar, hacer trabajos, rayar, tener ahijados y montar y entregar prendas. Pero solo un tata nkisi posee el derecho y el poder suficiente para tratar y pactar con los karires, oficiar terceros rayamientos, crear nuevas prendas y firmas, y fundar nuevas ramas y liturgias paleras. Sin embargo, es importante advertir que, después de que alguien realiza el pacto de sabiduría, ya sea directamente o por mediación de su padrino, no puede hacer más tratos con karires para sí mismo. Tras el tercer rayamiento, un tata nkisi puede cerrar nuevos pactos para otras personas, ahijados o clientes, pero no para beneficio propio.

Y es que la sabiduría es el bien máximo, por encima de cualquier otro poder, riqueza, placer o triunfos terrenales, ya que constituye el conocimiento práctico de las leyes espirituales que rigen secretamente la realidad material que nos envuelve y limita, brindándonos la oportunidad de liberarnos de todos nuestros miedos y encontrar, por fin, más allá de la carne, el reino de Dios.

Quien hace el pacto de sabiduría ya no sueña con amores y glorias, ni ambiciona riquezas ni se preocupa por la suerte del mundo ni por su propia salud física, pues al enfocarse de lleno en conseguir que su consciencia acompañe a su espíritu cuando este abandone su cuerpo y el mundo para, de esa manera, trascender conscientemente la muerte y conservar los recuerdos de su ego en el más allá, la cantidad de energía que se ahorra y se concentra en su ser, habitualmente desperdiciada en satisfacer o resolver instintos viscerales, conflictos emocionales y deseos egoístas, es tan grande e intensa que su salud siempre es buena y el amor, el dinero y el reconocimiento social llegan por sí solos a su vida, atraídos como las olas a la orilla por su inmenso poder.

Saludos a todos y que Nsambi acutare!

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jueves, 17 de octubre de 2024

LA CHARADA CUBANA: Influencia china en la formación del pensamiento mágico cubano

La Charada Cubana, Charada China, rifa Chiffá o juego de la Bolita no solo es la lotería más popular en Cuba, sino también una herramienta esotérica criolla para descifrar el significado oculto de los sueños. Es fruto del sincretismo entre elementos de distintas tradiciones culturales y religiosas, como la china, la africana y la europea, que coincidieron y se mezclaron en la isla desde mediados del siglo XIX.

Actualmente, la Charada Cubana consiste en 100 números que representan a distintos animales, personas, oficios, lugares, situaciones y cosas. Sin embargo, al principio solo contaba con los 36 “bichos” de la Charada China original, la cual se difundió por la isla a partir de 1847, con la llegada de cerca de 125,000 inmigrantes del sur de China para trabajar en los campos de caña de azúcar.

Aquellos trabajadores chinos eran muy pobres y llegaban a Cuba con poco más que lo puesto, pero en sus mentes y corazones atesoraban valiosos conocimientos de su rica y milenaria cultura, que dejaron hondas huellas en la formación de las costumbres e idiosincrasia de los cubanos.

Su influencia más evidente fue en lo culinario, pues los chinos aportaron a la incipiente gastronomía cubana la salsa china (salsa de soja), el arroz blanco, el arroz frito, las frituras de vegetales, las maripositas (empanadillas fritas), la naranja china, el mamoncillo, los frijolitos chinos (judías azuki o hong dou) y la col china, entre otros ingredientes y platos. También introdujeron su particular forma de cocinar, cortando diversos alimentos en trozos diminutos y mezclándolos y salteándolos con rapidez y mucho fuego. Además, en la música popular cubana se puede reconocer la contribución china en la sonoridad de instrumentos tradicionales como la corneta china y la cajita china, que se integraron perfectamente con la percusión africana y con las cuerdas y acordes españoles. Aunque menos conocida, su influencia espiritual en la formación de los cultos mágicos cubanos también fue notable.

La religión más popular entre aquellos culíes chinos que emigraron a Cuba era como un gran arroz frito compuesto por múltiples y variados ingredientes mágicos, religiosos y filosóficos, tomados del chamanismo tradicional de Asia oriental, del budismo, del taoísmo y del confucianismo, y sincretizados a fuego lento durante siglos.

La Charada de 36 animales era un juego de azar y apuestas muy popular en China, pero poseía otro aspecto menos vulgar y conocido: un trasfondo esotérico basado en la astrología china, que, a diferencia del zodíaco occidental, se rige por un calendario lunar que comprende ciclos de 60 años divididos, a su vez, en períodos de 12 años correspondientes, cada uno, a un animal y un signo astrológico.

Cuenta la leyenda que, antes de abandonar definitivamente la Tierra, Buda convocó a todos los animales para despedirse, pero solo acudieron doce. En recompensa, Buda le otorgó a cada año el nombre de uno de aquellos animales, siguiendo el orden en que fueron llegando. El primero fue la Rata, seguido del Buey, luego el Tigre y sucesivamente el Conejo, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Cabra, el Mono, el Gallo, el Perro y el Cerdo o Jabalí. De esta forma, el año en que una persona nace tiene al animal correspondiente como regente en su vida.

A su vez, cada signo se divide en cinco categorías, correspondientes a los cinco Elementos o Momentos de transformación. Ellos son la Madera, el Fuego, la Tierra, el Metal y el Agua. En consecuencia, según el año, la Rata, por ejemplo, puede ser de Madera, de Fuego, de Tierra, de Metal o de Agua. Asimismo, los 12 signos se dividen en signos yang: la Rata, el Tigre, el Dragón, el Caballo, el Mono y el Perro; y en signos yin: el Buey, el Conejo, la Serpiente, la Cabra, el Gallo y el Cerdo.

Pero la Charada no era el único juego con cimientos del ocultismo chino que llegó a Cuba en aquel tiempo. El famoso Mahjong, cuya versión occidental y mucho más simplificada es el juego de dominó, por ejemplo, en sus inicios era un oráculo de 144 piezas de marfil llamado Ya Pai Shen Po. Este se componía de 34 piezas que se repetían un total de cuatro veces, como los cuatro palos (Oros, Copas, Espadas y Bastos) de la baraja europea o Arcanos Menores del Tarot, más otras cuatro piezas que se repetían solo dos veces, que vendrían a ser como los Arcanos Mayores del Tarot. En total, eran 144 signos combinables para realizar lecturas adivinatorias, como en la cartomancia occidental.

El Chiao Pai es otro antiguo oráculo empleado en las pagodas o templos chinos, combinado con otros sistemas adivinatorios. Su sencillez recuerda a los chamalongos del Palo Monte y a los cuatro cocos de la Ocha Yoruba, ya que sus respuestas se limitan a Sí y No, Verdadero y Falso, o Positivo y Negativo, al igual que en los citados oráculos cubanos.

Para consultarlo, se emplean dos trozos de madera que tienen una de sus caras plana y la otra convexa. La cara plana corresponde al principio yin y la convexa, al principio yang. Tras la pregunta, se arrojan las dos piezas a la vez. Si las dos caras planas caen bocarriba, la respuesta es negativa y significa “detenerse”, “no avanzar”, “no actuar”. En cambio, si las dos caras convexas caen bocarriba, la respuesta es positiva y significa “actuar”, “avanzar”, “hacer”. Pero cuando una de las piezas cae bocarriba y la otra bocabajo, se interpreta como respuesta neutra, indefinida o condicionada, y se recomienda profundizar con otra tirada o repetir la consulta en otra ocasión, semejante a como sucede cuando sale la letra Etawa en una tirada de cocos de la santería cubana.

Quiero decir que, cuando los chinos llegaron a Cuba en el siglo XIX, su mentalidad mágico-religiosa era tan rica y sincrética como la de los africanos de diversas etnias y sus descendientes criollos que poblaban la isla. Por lo tanto, se sintieron identificados espiritualmente e hicieron buenas migas con negros y mestizos. Pese a las paupérrimas condiciones en las que tenían que trabajar y vivir al principio, muchos de aquellos hombres de ojos rasgados y piel amarilla trajeron a sus familias o se casaron con esclavas africanas, a las que previamente compraban y liberaban, y echaron raíces en Cuba.

De aquellas mezclas genéticas surgieron los llamados mulatos chinos, tan apreciados por su gracia y belleza por los cubanos. Estos se criaron en solares y cuarterías de los suburbios de algunas ciudades, especialmente en los extramuros de La Habana, y crecieron codo con codo con los hijos de negros bantués, mandingas, yorubas, ararás y curros (de los que hablaremos con más amplitud en un próximo post) y de blancos pobres, como canarios, andaluces, asturianos y gallegos que emigraron a la isla a inicios del siglo XX en busca de un futuro mejor. Recocinando las tradiciones y creencias de sus padres en un gran ajiaco multicultural y sincrético, emergieron algunos de los más populares géneros musicales y danzarios cubanos, como la Rumba y el Guaguancó, y de las principales reglas o cultos mágico-religiosos practicados a lo largo y ancho de toda la isla, como las reglas Mayombe, Briyumba y Kimbisa del Palo Monte, las reglas yoruba de Ocha e Ifá y la sociedad secreta nigeriana Abakuá.

Concluyendo: La influencia de los chinos, especialmente en el juego de la Charada o Bolita durante la primera mitad del siglo XX, fue introduciendo entre los cubanos ciertas nociones ocultistas que faltaban o eran muy básicas en las religiones africanas, como la astrología, la numerología y la oniromancia o adivinación por medio de los sueños, que ayudaron a terminar de dar forma a la tremendamente sincrética espiritualidad cubana.

Números, correspondencias e interpretaciones de la Charada China en Cuba, actualmente:

1. El caballo, sol, tintero, camello, pescado chico

2. La mariposa, hombre, cafetera, caracol

3. El marinero, luna, taza, ciempiés, muerto

4. El gato, boca, soldado, llave, vela, militar

5. La monja, mar, candado, periódico, fruta, lombriz

6. La jicotea, carta, reverbero, botella

7. El caracol, sueño, mierda, medias, caballero

8. El muerto, león, calabaza, mesa

9. El elefante, entierro, lira, cubo, esqueleto, buey

10. El pescado grande, paseo, malla, cazuela, dinero, lancha

11. El gallo, lluvia, fósforo, taller, fábrica

12. La mujer mala, viaje, toallas, cometa, perro grande

13. El pavo real, niño, anafe, chulo

14. El gato tigre, matrimonio, sartén y cementerio

15. El perro, visita, cuchara

16. El toro, plancha, vestido, incendio, funerales, avispa

17. La luna, mujer buena, hule, camisón, armas, opio

18. El pescado chiquito, la iglesia, sirena, palma, gato amarillo

19. La lombriz, campesino, tropa, mesa grande, armadura

20. El gato fino, cañón, camiseta, tibor, libro, mujer

21. El majá, reloj de bolsillo, cotorra

22. El sapo, estrella, chimenea

23. El vapor, submarino, escalera, barco, águila

24. La paloma, música, carpintero, cocina

25. La piedra fina, casa, sol

26. La anguila, calle, médico

27. La avispa, campana, cuchara grande, canario

28. El chivo, bandera, político, uvas, perro chico

29. El ratón, nube, venado

30. El camarón, arco iris, almanaque, buey, cangrejo

31. El venado, escuela, zapatos

32. El cochino, enemigo, mulo, demonio

33. La tiñosa, baraja, santa, Jesucristo, bofetón

34. El mono, familia, negro, capataz

35. La araña, novia, bombillos, mosquito

36. La cachimba, teatro, bodega, coloso

37. La gallina prieta, gitana, hormiga, carretera

38. El dinero, carro, goleta, guantes, barril

39. El conejo, culebra, rayo, baile, tintorero

40. El cura, sangre, bombero, cantina, estatua

41. La lagartija, prisión, pato chico, jubo, capuchino

42. El pato, país lejano, carnero, abismo

43. El alacrán, amigo, vaca, puerta, presidiario y jorobado

44. Año del cuero, infierno, año malo, temporal, tormenta

45. El tiburón, presidente, traje, tranvía, estrella

46. La guagua, humo, hambre, hurón, baile, chino

47. El pájaro, mala noticia, mucha sangre, escolta, rosa

48. La cucaracha, abanico, barbería, cubo

49. El borracho, riqueza, figurín, percha, tesoro, fantasma

50. El policía, alegría, florero, alcalde, pícaro, árbol

51. El soldado, sereno, anteojos, sed, oro, presillas

52. La bicicleta, coche, abogado, libreta

53. La luz eléctrica, prenda, tragedia, diamante, beso, alguacil

54. Flores, gallina blanca, sueño, timbre, cañón

55. El cangrejo, los Isleños, caerse, sellos

56. La reina, merengue, piedra

57. La cama, ángeles, telegrama, puerta

58. Un adulterio, retrato, cuchillo, ferretero

59. El loco, langosta, anillo

60. Sol Oscuro, payaso, cósmico

61. El cañonazo, revolver, boticario

62. El matrimonio, nieve, lámpara, visión, academia, carretilla

63. El asesino, cuernos, espada, bandidos

64. Un muerto grande, tiro de rifle, maromero, relajo

65. La cárcel, comida, bruja, ventana, trueno

66. El divorcio, los tarros, la máscara, el carnaval

67. La puñalada, autoridad, fonda, aborto, zapato

68. Cementerio Grande, globo, cuchillo grande, templo, bolos

69. El pozo, fiera, la loma, vagos, polvorín

70. El teléfono, coco, tiro, barril, bala

71. Río, sombrero, perro mediano, pantera y fusil

72. El ferrocarril, buey viejo, serrucho, collar, cetro, relámpago

73. Un parque, navaja, manzanas, maleta, ajedrez, cigarrillo

74. El papalote, coronel, serpiente, cólera, tarima

75. El cine, corbata, viento, guitarra

76. La bailarina, el humo en cantidad, la caja de hierro, violín

77. Banderas, guerra, colegio, billetes de banco, ánfora

78. El obispo, sarcófago, rey, apetito, lunares

79. Coche de tren, dulces

80. El médico, la buena noticia, la luna llena, paraguas, barba, trompo

81. El teatro, ingeniero, cuerda, actriz

82. La madre, la batea, pleito, muelle

83. La tragedia, la procesión, el limosnero, el bastón, la madera

84. El ciego, sastre, bohío, banquero, cofre, la marcha atrás

85. El reloj, espejo, guano

86. El convento, tijera, desnudar, manguera

87. El baúl, fuego, plátanos

88. Los espejuelos, gusano, vaso, hojas

89. La lotería, agua, la monja vieja, melón

90. El viejo, el espejo grande, el caramelo

91. El tranvía, pájaro negro, bolchevique

92. Globo muy alto, suicidio, Cuba

93. Revolución, sortija, general, joyas, libertad

94. El machete, la mariposa grande, leontina

95. La guerra, alacrán

96. El desafío, periódico, pícaro, zapatos nuevos

97. El mosquito, mono grande, sinsonte, grillo grande

98. El piano, entierro grande, santo

99. El serrucho, carbonero, lluvia

100. El automóvil, Dios, el inodoro

 Fin

Saludos a todos y que Nsambi acutare.

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viernes, 20 de septiembre de 2024

El Misterio del Otro Yo



Pese a que usted, querido lector, siempre haya pensado que usted es usted y nadie más, porque su consciencia es única y no la comparte con nadie, lo cierto es que ni es tan única ni la única que habita en su cuerpo. En realidad, existen dos consciencias dentro de cada persona. Una es el Espíritu, que permanece durante todo el viaje a través de la existencia y del más allá, y la otra es el Ego, que solo lo hace durante el breve período de la vida terrenal y que abandonamos al morir, como las partes de sí mismo que va desechando un cohete espacial cuando escapa de la Tierra.

Hasta 1889, cuando Santiago Ramón y Cajal —quien, por cierto, hizo su servicio militar como médico en Cuba durante la Guerra de los Diez Años— publicó sus descubrimientos sobre el tejido cerebral, las neuronas y el sistema nervioso, se creía que la consciencia individual era la voz del alma o esencia espiritual que radicaba en el corazón de cada persona hasta su muerte, ya que este órgano es el que bombea la sangre por todo el cuerpo y, cuando cesa de latir y el cuerpo muere, se creía que era porque su espíritu o consciencia inmaterial lo había abandonado.

Hoy sabemos que el ego, esa consciencia que piensa que es única y la única dentro de su cuerpo y que se llama a sí misma “yo”, es un producto del cerebro, tan efímero y desechable como la cola de un cohete, la piel de una serpiente o el capullo de una mariposa. Pero hay otra consciencia dentro de usted que ya existía antes de su nacimiento y que no morirá cuando su corazón deje de latir; trascenderá todas sus vidas, muertes y demás estados de existencia durante eones, si es preciso, hasta concluir su misión y retornar al Creador. Esa consciencia silenciosa es el espíritu, el verdadero ser del que formamos parte.

Y si no me cree, piense: si usted es quien decide los movimientos de su cuerpo, la dirección de su mirada, las palabras que pronuncia, la ropa que se pone y los alimentos que le gustan, ¿quién dirige entonces el funcionamiento de sus órganos vitales? ¿Quién hace latir su corazón? ¿Quién digiere la comida que come? ¿Quién transmuta el oxígeno que respira en energía y el agua que bebe en sangre? ¿Quién cicatriza sus heridas? ¿Quién hace crecer su pelo? ¿Quién fabrica sus sueños y emociones?

El yo egoísta es la consciencia que interactúa con la realidad exterior y la comenta en un monólogo incesante durante toda la vigilia de su cuerpo, dominando sus sentidos y recursos ordinarios, como la mirada, los gestos, el lenguaje, los movimientos, la memoria consciente, el pensamiento lógico y el libre albedrío. El espíritu, en cambio, es la consciencia espiritual que domina todos los mecanismos internos o inconscientes, como la circulación sanguínea, los latidos del corazón, la digestión, los anticuerpos, el ADN, las emociones, los sueños, la memoria subconsciente, el destino y el recuerdo de otras vidas.

La consciencia del ego, como consecuencia de su especialización en el ámbito terrenal y social, se caracteriza por mantenerse desconectada de cualquier proceso interior biológico, ignorar la existencia del otro, temer a la muerte y creerse el ombligo del mundo. De ahí que se le llame egoísmo a comportarse con miedo y cobardía, como si nada ni nadie importara más que nuestra vida, y la existencia fuera puro “sálvese quien pueda”.

Por su parte, el otro o yo espiritual se caracteriza por un desinterés casi absoluto por los acontecimientos exteriores y por la vida social del cuerpo cuyo funcionamiento dirige en silencio y desde las sombras. Para ello, la supervivencia física es secundaria comparada con la evolución integral del ser que compone y trasciende a todas sus pequeñas vidas y muertes físicas; por lo que su influencia sobre el ego se limita a editar la memoria cotidiana para censurar recuerdos traumáticos y potenciar otros más placenteros o útiles, y a enviarle esporádicamente advertencias y quejas en forma de sueños, premoniciones, visiones, augurios, achaques nerviosos y enfermedades psicosomáticas, etc.

Es decir, que los humanos no contamos con un canal natural de comunicación directa entre el yo y el espíritu; ambas consciencias actúan por separado y con total independencia una de la otra, al menos en la mayoría de las personas. Sin embargo, desde la noche de los tiempos han existido individuos con un vínculo espiritual más estrecho, capaces de acallar el pensamiento egoísta y ceder al otro temporalmente el control de sus movimientos y gestos, de su mirada y de sus cuerdas vocales para que pueda expresarse.

Ese estado se llama trance y entrar en él es un don con el que se nace, pero que también puede alcanzarse a través de ciertas técnicas esotéricas, como los trances inducidos por plantas de poder, meditación, aislamiento, ayunos y abstinencias, mediumnidad, danzas extáticas, hipnosis, rituales sagrados y el uso de fetiches, prendas o artefactos mágicos, como los nkisis, mpakas y ndoyis utilizados por los paleros, y otros artefactos parecidos empleados por los brujos de todas partes del mundo para comunicarse con los espíritus, salir de sus cuerpos y visitar otras dimensiones, como el ensueño y el plano astral.

El modo más sencillo y rápido de entrar en trance es tomando plantas de poder, pero su uso continuado puede perjudicar la cordura del practicante, por lo que se aconseja reservarlo para ocasiones especiales y para abrir los canales espirituales de los aprendices.

La meditación, en cambio, es una forma de entrar en trance muy segura y sana para el cuerpo, aunque su práctica puede resultar demasiado monótona e incómoda para quienes no están acostumbrados a sentarse inmóviles en el suelo durante mucho rato.

En los cultos afroamericanos preferimos entrar en trance danzando y cantando. Cuando el cerebro está enfocado en recordar la melodía y la letra de un mambo (canción, rezo) y su cuerpo en mantener la coreografía y el ritmo correctos, el pensamiento egoísta se calla y puede escucharse la voz del espíritu y de otras entidades.

También los fetiches o artefactos mágicos tienen el poder de atrapar la atención de quien los mira y dejar su pensamiento en blanco para que las entidades que los habitan, u otros espíritus que se encuentren cerca, puedan proyectar imágenes y palabras en su mente.

A su vez, la mediumnidad es la capacidad que tienen algunas personas, llamadas popularmente caballos de santo en Ocha y perros de prenda en Palo Monte, para entrar en trance y dejar que los espíritus tomen brevemente el control de sus cuerpos y puedan manifestarse, responder preguntas, sanar enfermos y ayudar en los trabajos en general.

Por último, quiero mencionar una técnica de trance que es puramente criolla, surgida en el crisol multicultural que fue América Latina durante 400 años de esclavitud y colonización europea. Me refiero a la costumbre de sentarse por las noches en una mecedora a fumar tabaco y mirar las estrellas. Tras una larga y calurosa jornada de trabajo en el trópico, el suave balanceo del cuerpo en el sillón, la respiración lenta y profunda de las bocanadas de tabaco, al ritmo del canto de millones de grillos y la vista perdida entre las formas que van creando el humo y los reflejos del firmamento, los músculos se relajan y la mente se queda en blanco, permitiendo que aflore la voz interior del espíritu y atrayendo a otras entidades.

Las personas religiosas que practican esta modalidad del Nuevo Mundo, especialmente los espiritistas, suelen beber café antes de empezar para no dormirse durante el ritual, y a cada rato atomizan buches de malafo o de ron a su alrededor para refrescar y atraer a los espíritus. Pero debo aclarar que no es necesario tragarse el humo ni el licor para lograr el trance; solo tomarlos y expulsarlos con la boca como un surtidor.

Tampoco es imprescindible encontrarse en el campo para practicar esta técnica. Podemos sustituir el canto de los grillos por la sinfonía de las olas del mar, el viento en una montaña, el suave sonido de una ciudad de madrugada o, incluso, por algo de música.

Los nganguleros usamos mucho este sistema, al cual llamamos “darse sillón”, pero meciéndonos frente a la prenda y soplando malafo y nsunga sobre ella. Si nadie nos interrumpe, podemos pasar así varias horas a solas con la nganga. Observarla y estudiarla con detenimiento es como asomarnos a nuestra propia alma, pero de eso ahondaré más en un próximo post.

Volviendo al tema que nos trae hoy aquí y para que se hagan una mejor idea de las implicaciones que tiene la dicotomía entre ego y espíritu para la humanidad, debemos entender que es un fenómeno único en la naturaleza. Ninguna otra criatura viviente de este planeta posee, como nosotros, una vocecita en la cabeza que no para de parlotear, quejarse y compadecerse de sí misma e interpretar la realidad de modo que siempre gire a su alrededor. Es cierto que existen animales muy inteligentes, como los perros, los delfines y los cuervos, por ejemplo, con sus propios recuerdos y emociones, igual que los humanos; pero no hay otra especie además de la nuestra con un ego que se cuestione el sentido de la vida, que critique la realidad y trate de transformarla a su medida, que se sienta especial entre todos los seres del universo y sufra por temor a la muerte.

Los animales, las plantas y los minerales poseen espíritu, pero carecen de ego. Los seres humanos éramos poco más que bestias hasta hace unos cuantos miles de años, cuando el ego despertó en nuestra mente como efecto secundario del extraordinario desarrollo del lenguaje verbal de nuestra especie. En toda la evolución, solo en los humanos germinó el don de la palabra; el fruto prohibido a los mortales y reservado a los dioses que un día mordimos y del que brotó el ego de la humanidad; el amargo precio que pagamos desde entonces por la sabiduría.

Somos la única especie que conoce los mecanismos que rigen la naturaleza y que podría hacer de este un mundo mejor, pero también somos la única desconectada del espíritu que nos anima a nosotros y a todas las demás criaturas; pues la densa sombra del ego oculta su discreto resplandor a nuestros sentidos, atrofiados tras milenios de intelectualización.

Así que no solo tenemos dos consciencias en vez de una, como creíamos, sino que, además, nuestro espíritu tampoco es único. Esa energía consciente a la que llamamos alma o espíritu es la misma que anima a todos los seres del planeta y emana de una sola fuente, que es Nsambi, el misterio primordial.

Al morir el cuerpo, la consciencia del ego se apaga automáticamente. Desaparece en un instante, llevándose consigo casi todos nuestros recuerdos, penas y glorias terrenales, como si nunca hubiéramos existido. El espíritu descarnado sobrevive y continúa su viaje, pero de la persona o ser social que fuimos solo quedan sombras y huellas.

A no ser que en vida hayamos alcanzado un alto nivel de evolución espiritual o iluminación, como los monjes que se convierten en budas y los chamanes o brujos que aprenden a trascender la muerte, el espíritu liberado se desprenderá del lastre de nuestra identidad, de la que solo conservará algunos ecos.

Por esa razón es que los nfumbes se manifiestan de un modo tan confuso y apenas recuerdan su nombre y algunos lugares y personas que les impactaron en vida. Cuando los brujos los invocan, las entidades que acuden al reclamo no son las almas de esos difuntos, sino las resonancias de sus vidas grabadas en las paredes del universo; reflejos fantasmales del pasado animados por la propia energía espiritual de quien los llama.

Y esa es también la razón por la que los nganguleros podemos trabajar con muchos nfumbes distintos, pese a tener kongome (huesos, restos) de un solo muerto en la prenda; pues hemos descubierto que todos los muertos son manifestaciones de una misma entidad espiritual: el Muerto. Al igual que el agua es siempre agua, aunque adopte la forma de cada recipiente por los que pasa. Incluso podemos tomar una kriyumba anónima, como las que se encuentran en fosas comunes, darle un nuevo nombre y convencer a su amnésico fantasma de que esa fue su verdadera identidad.

Cuando el espíritu se asienta en nuestro cuerpo, somos personas. Cuando lo abandona, somos el Muerto. Y cuando retorna a la luz del Creador, somos uno con Nsambi; somos Dios.

 Saludos a todos y que Nsambi acutare,


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jueves, 5 de septiembre de 2024

¿Quién es El Muerto?




Al igual que las ofrendas de tabaco, café y aguardiente de caña de azúcar, la misteriosa figura o concepto de El Muerto -así como suena en español; en singular y con mayúsculas- es un elemento común en todas las religiones o reglas mágicas afrocubanas, como la Santería o regla yoruba, las reglas congas o de Palo Monte, la regla Abakuá y el Espiritismo Cruzado. Aunque carezca de traducción exacta o equivalencia directa en los distintos dialectos africanos (bantúes, yorubas, nigerianos, etc.) que se hablan en Cuba.

Cada cultura africana que arraigó en la Isla durante la época colonial trajo consigo sus propias palabras para referirse a los muertos o espíritus de personas difuntas en general. Los santeros, por ejemplo, usan el vocablo yoruba éggun para hablar de los muertos y los paleros emplean el vocablo bantú nfumbe. Sin embargo, ninguno de aquellos pueblos africanos poseía al llegar a la isla, que sepamos, una palabra especial para distinguir a El Muerto; en singular y con mayúsculas, como si fuera un nombre propio, título o apodo. Tampoco en las religiones cristianas ni en la hechicería europea, ni en el vudú caribeño ni en las reglas de Brasil encontramos un término similar; por lo que podemos concluir que se trata de un concepto espiritual puramente criollo cubano.

Santeros, paleros, ñáñigos y espiritistas cubanos reconocen a El Muerto como uno de sus principales aliados espirituales, pero existe muy poca información o ninguna -que yo sepa- que explique con precisión quién es El Muerto, para qué sirve o qué papel juega en la liturgia de estas religiones. Intentaré arrojar luz sobre esta cuestión que tanta confusión provoca, especialmente entre los nuevos ngueyos.

El Muerto, al igual que La Nganga, es un aporte criollo a las tradiciones mágicas africanas, europeas y de los aborígenes cubanos que se encontraron y fundieron en la isla entre los siglos XVI y XIX. Su figura, un tanto nebulosa e imprecisa, es un concepto aún en evolución, pero del cual ya se perfilan algunos rasgos:

El Muerto es todos los muertos a la vez. Es la sustancia única -distinta a la de cualquier otra forma de vida- de que están hechos todos los espíritus de las personas fallecidas desde que nuestra especie salió a la palestra.

El Muerto es, por tanto, el tótem de la humanidad y los vivos podemos atraparlo o pactarlo y contenerlo en los restos -especialmente en los óseos- de cualquier difunto; de igual forma que podemos contener el tótem de todos los tigres en la piel o en los huesos de cualquier tigre, el tótem de todos los toros en cuernos de cualquier toro, el tótem de las águilas en plumas de cualquier águila, el tótem de las tortugas en carapachos de cualquier tortuga, etc.

Cada individuo posee su propio Muerto, que es la suma de todos los espíritus de su cordón espiritual, de su linaje religioso, de sus santos favoritos y de los que habitan sus nkisis o prendas mágicas; pero a su vez, ese Muerto individual es solo un avatar de una misma entidad superior.

Por otra parte, y aquí viene lo más misterioso del tema, El Muerto es también El Vivo. La consciencia inmaterial colectiva que habla a través de los muertos que invocamos es la misma que habla a través de los vivos, solo que desde otra dimensión o estado de existencia. La misma consciencia que invoca en voz alta a los espíritus es la entidad que responde en forma de sueños y augurios, o a través de oráculos, trances y posesiones.

Para decirlo de otra manera, cuando El Muerto te habla, eres tú mismo, pero muerto y desde el más allá, donde el tiempo no significa nada. Por eso se nos pone la carne de gallina y los pelos de punta cuando sentimos la presencia de un nfumbe, pues lo que realmente percibimos es a nuestro propio espíritu descarnado, ya libre de la pesada carga del cuerpo físico y de los sufrimientos del mundo terrenal, recordándonos lo breve e insignificante que es nuestra vida comparada con el misterio infinito que nos depara la muerte.

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domingo, 18 de agosto de 2024

¿Hacer Brujería es Malo? (continuación de El Nsila: ¿Destino o Libre Albedrío?)

Obra de Palo Monte ante la Nganga
del Tata Montenegro

Pero, si Dios no juzga, ¿significa que no existe el pecado y que podemos cometer cualquier crimen, delito o injuria en este mundo sin temor a ser castigados en el otro?

Sí y no. El Bien y el Mal existen, pero solo en la mente humana. Ninguna otra forma de vida, ni animales, plantas, hongos, etc., se rige por esos u otros conceptos abstractos. En la naturaleza, la muerte y la vida dependen una de otra, y lo que es bueno para unos siempre resulta malo para otros.

Lo que es bueno para una oveja no lo es para la hierba de la que se alimenta. ¿Es acaso mala la oveja? Lo que es bueno para el lobo no lo es para la oveja que devora. ¿Es malo el lobo? ¿Y el hombre que mata al lobo que se come a sus ovejas, es bueno o es malo? ¿Y el hombre que mata a otro hombre para robarle las ovejas y alimentar a sus hijos con ellas, es malo o es bueno?

Obviamente, lo que es bueno y lo que es malo son distinciones relativas a la experiencia individual de cada ser vivo; salvo en el caso de los humanos, que hemos creado tradiciones y leyes para regular el bien y el mal dentro de la burbuja artificial de la sociedad.

Por tanto, los pecados existen, pero como obra del hombre, no como leyes dictadas por Dios; y prueba de ello es que las leyes y convenciones sociales que los juzgan varían mucho de una cultura a otra. Para los hinduistas y budistas, por ejemplo, matar animales puede ser pecado; mientras que en Occidente no. Para los cristianos, la lujuria es pecado, pero en muchas religiones orientales, como el yoga, el taoísmo y el tantrismo, se cultiva y emplea la energía desprendida de los actos sexuales en el desarrollo espiritual. En la antigüedad, el suicidio se consideraba una forma honorable de acabar con una vida desgraciada y no fue hasta el medievo, cuando la peste bubónica diezmó la población del viejo mundo, que sus líderes religiosos, temiendo que desapareciera la civilización, decidieron excomulgar a los suicidas para reducir en lo posible las cifras de muertos.

Incluso matar a otro ser humano puede ser considerado pecado o no, dependiendo de un sinnúmero de circunstancias y de factores sociales, culturales y religiosos. Y es que el propio concepto de justicia, que define lo que es justo o injusto, crimen o castigo, legal o ilegal, etc., es una apreciación subjetiva y siempre relativa al devenir histórico de cada sociedad.

Dios no nos castigará por nuestros errores terrenales, ya que Dios Creador es todo amor y no castiga. Será nuestro propio espíritu individual quien nos condenará y mortificará con terribles pesadillas y sentimientos de culpa y humillación, tanto en la tierra como en el más allá, hasta que entendamos y superemos aquellos que consideramos nuestros pecados. De esa forma, nuestra energía espiritual podrá sublimarse y ascender, ya limpia de toda mácula terrenal, hacia la luz divina.

Actualmente, la práctica de la brujería o hechicería está prohibida legalmente en muchos países del Tercer Mundo, como Ghana, Malawi, Arabia Saudita, Tanzania, República Centroafricana y Marruecos, y castigada con multas, cárcel e incluso penas de muerte. En contraste, en las naciones desarrolladas se respeta la libertad de culto, permitiendo a las personas adorar incluso a Lucifer si así lo desean.

Existe un resurgimiento de las artes oscuras en todas partes, debido en gran medida al fracaso de las grandes religiones monoteístas, como el judaísmo, el cristianismo y el islam, así como de las ciencias modernas, en hacer de este un mundo más justo y feliz. Los sacerdotes han defraudado la confianza depositada en ellos por los creyentes, abusando sexualmente de sus hijos o convenciéndoles de que vayan a la guerra, maten y se inmolen en nombre de Dios. Mientras tanto, las tecnologías hacen estragos en la ecología y convierten a las personas en esclavos de sus productos y servicios, incapaces de sobrevivir fuera de la artificiosa realidad “civilizada”.

Brujería, hechicería y magia negra son algunos de los epítetos peyorativos que han usado las religiones monoteístas, y posteriormente las ciencias modernas, desde que aparecieron hace algunos siglos, para descalificar los cultos mágicos o chamánicos tradicionales milenarios. Estos términos han sido utilizados para señalar y marginar a sus practicantes, calificándolos de salvajes, primitivos, malvados e ignorantes, y desplazándolos y suplantándolos por sus propios credos, templos y sacerdotes.

El pensamiento mágico, el chamanismo y demás artes esotéricas, en cambio, han acompañado a la humanidad desde su alumbramiento en la noche de los tiempos, educándonos en el amor y el respeto por la naturaleza, en la autosuficiencia y la libertad. Sus variadas disciplinas emplean los conocimientos secretos acumulados durante miles de años por nuestros ancestros para curar los males del cuerpo y del alma, proteger de maleficios y espíritus oscuros, propiciar la caza, favorecer las cosechas y la fertilidad de las mujeres, atraer el amor y la armonía del hogar, resolver disputas con sabiduría y defenderse con fuerza de sus enemigos.

Brujo, hechicero, palero o chamán es lo mismo: un hombre o mujer que ama la naturaleza en estado puro, que vive en la frontera entre la civilización moderna y el mundo mágico ancestral, que conoce las propiedades de las plantas y el carácter de cada especie animal de su entorno, que trata lo mismo con gente viva que con muertos y espíritus del monte, que es autosuficiente e independiente y no se inclina ante nadie, que se rige por su propia ley y ayuda a quien le ayuda y revienta al que se le enfrenta, y protege a sus aprendices como a hijos propios, educándolos con espíritu guerrero para que se abran camino en el mundo con voluntad y valentía. No sé ustedes, pero si algo de eso es malo, entonces yo prefiero ser malo.

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