sábado, 9 de julio de 2016

Vititi Mensu: El registro o consulta con mpaka

  Mucho se ha escrito sobre el palo monte, pero poco o casi nada sobre la liturgia o ritual y los diferentes métodos de vititi o adivinación empleados por los brujos y brujas para ver el aura y el nsila o camino de cada persona, así como los nsaras o trabajos que marcan los nfumbes, nkisis y demás entidades espirituales, para salvarlos, resolver sus problemas y hacer realidad sus sueños y deseos más profundos. Las causas de ese silencio o vacío son dos, principalmente: Por un lado el palo monte y todas sus reglas, descendientes de los brujos bantú que llegaron como esclavos a Cuba, son muy herméticas o secretas y, por otro, la adivinación en el palo monte es muy diferente de otros sistemas adivinatorios, como los de la santería y el tarot, por ejemplo, cuyos arcanos o signos siempre se repiten al pie de la letra. Los registros de palo monte, en cambio, ya sean de mayombe, kimbisa, nuevos kimbisa, briyumba, shamalongo, o buey suelto, son de naturaleza fundamentalmente espiritual. Es decir, que el Padre o Madre, Tata o Yayi, brujo o bruja que oficia, debe emplear y potenciar sus habilidades mediúmnicas o extrasensoriales para comunicarse con los espíritus, recibir sus inspiraciones y ver a través de sus ojos.

Los signos del chamalongo solo son una referencia para auxiliar a los brujos, especialmente a los ngueyos o aprendices. Estamos trabajando arduamente para terminar y publicar el tratado general de los chamalongos este año, pero existen otros detalles del registro o consulta de gran interés para cualquier persona que se inicia en las reglas muerteras o que decida recorrer el camino del buey suelto, que enseñan la liturgia o procedimientos básicos del registro con cualquier sistema de adivinación, espiritual o de signo, en persona o a distancia, y que podemos ir estudiando mientras tanto. De hecho, la mayor parte de lo explicado aquí formará parte del libro o tratado general de vititi chamalongo que preparo, como introducción.

Lo primero que debe saber un palero es que sin muerto no hay brujería, que sin espíritu no hay magia, por eso es preciso poseer al menos un nfumbe para hacer vititi o cualquier otro bilongo, con éxito. Los nfumbes se reciben de los mayores, cuando somos ngueyos, o se pactan o capturan personalmente, cuando tenemos más experiencia. Algunas personas nacen con dones mediúmnicos que les permiten comunicarse con facilidad con los nfuiris o los que ya no están vivos, y pactar con ellos o capturarlos, para transformarlos en nfumbes. Todos los nfumbes son nfuiris que aceptaron trabajar con un ngangulero o cayeron en su trampa.

Los nfumbes no son los únicos espíritus con los que trabajamos los brujos, también están los mpungus ( espíritus de plantas, minerales, animales y fuerzas elementales de la naturaleza, espíritus acuáticos, de montañas y volcanes, etc ), los nkuyos ( espíritus que moran en el monte, en cruces de caminos, líneas de tren, mercados, cuevas y ojos de agua, etc ), los ndokis ( espíritus oscuros, nfuiris que tuvieron una muerte violenta, prematura o injusta, que no estaba en el nsila o destino trazado por Nsambi ) y los karires ( fuerzas primigenias y violentas de la naturaleza, antiguos dioses y demonios ) entre otros.

A los mpungus no se les posee, son demasiado poderosos para eso, pero podemos trabajar con ellos y contar con su guía y protección, si sabemos cómo. Un nkisi, por ejemplo, es la alianza entre un brujo y uno o varios mpungus, a través de un nfumbe que se consagra a ellos exclusivamente. Cuando decimos nganga o nkisi nos referimos al recipiente o prenda donde habita un nfumbe en estrecha relación con un mpungu o un nkuyo, fundidos en una sola entidad, pero también nos referimos al dueño de la prenda, a la persona viva que cierra el triángulo espiritual que activa el poder mágico. Espíritu vivo + espíritu muerto + espíritu de la naturaleza = nkisi o nganga.

En el caldero de un brujo o en la cazuela de una bruja, tiene que habitar un nfumbe ( espíritu pactado o esclavizado ) y parte de la fuerza o energía espiritual de uno o varios mpungus ( como Sarabanda, que es la fuerza del fuego y del hierro, o de 7 Rayos, que es la fuerza del rayo ), nkuyos ( como las entidades que viajan en los meteoritos o se ocultan en los hormigueros, ojos de agua, cuevas y caminos ) o ndokis ( que pueblan los cementerios, morgues y hospitales, las casas malditas, los parajes oscuros y negativos, las copas de los árboles antiguos y frondosos, etc ). De los karires o demonios no se hacen nkisis ni ngangas, ya que son entidades demasiado peligrosas para darles el poder de una nganga o prenda mayor, solo se montan kini kinis o muñecos de palo con ellos.

Los nfumbes se pueden recibir de manos de los padrinos en mpakas o gajos, con los que se podrá fundamentar un nuevo nkisi, o directamente en la nganga o recipiente definitivo. Se puede consultar y trabajar con el nfumbe en la mpaka o en el nkisi, la diferencia está en el poder, que es mucho mayor en la nganga. Con un nkisi se puede hacer cualquier trabajo, mientras que la mpaka se emplea para emergencias o trabajos menores cuando se está de viaje, para comunicarse a distancia con el nkisi y, sobre todo, para vititi.

La mpaka o cuerno cargado es un artefacto básico en las reglas de palo monte. Hay varias clases de mpaka y cada una tiene sus propias funciones. La mpaka para consultar lleva un espejo en su boca y se llama vititi mensu, el ojo del nkisi. Cada nganga posee su propio ojo. Sin su vititi mensu las entidades que conforman un nkisi no pueden ver con claridad y precisión a las personas, objetos, lugares y situaciones que el brujo señala y sobre los cuales quiere enfocar su poder, pasando el espejo de la mpaka por ellos, como una cámara de video remota, o sobre las patipembas ( firmas o trazos mágicos ) o muñecos cargados que los simbolizan.

Cuando una persona acude a la consulta de un palero, ambos se sientan junto a la prenda, donde el nkisi pueda ver todo lo que pasa a través de su ojo o vititi mensu. Si la consulta se realiza lejos de la prenda, la mpaka debe estar presente, a menos que se trate de un brujo poderoso y experimentado, capaz de comunicarse a distancia con sus nkisis sin necesidad de mpaka, mostrándoles las cosas que le interesan en la pantalla de su mente. Las personas con alto poder de visualización, capaces de imaginar cosas complejas con cierta precisión y detalle, no precisan de mpaka para consultar, pues los nfumbes y nkisis pueden ver por sus ojos y escuchar sus palabras dentro de su cabeza. Ellos son los verdaderos nganga, los tatas mayores que están tan unidos a su nkisi que pueden trabajar sin prendas, pues lo llevan dentro. Cuando el nganga mira, aunque sea ciego, son los muertos quienes miran por sus ojos, y cuando abren la boca, son ellos los que hablan con su lengua.

La potencia de un registro no disminuye con la distancia. Las consultas realizadas para una persona que no se encuentra físicamente frente al brujo o bruja pueden tener la misma claridad que una sesión en persona ( o incluso más, puesto que a menudo resulta más fácil concentrarse en silencio, sin las distracciones que genera el consultante con su parloteo ), pues uno de los principios de toda magia es que la parte es igual al todo y, por lo tanto, se puede ver y actuar espiritualmente sobre una persona, cosa o situación a partir de su nombre, su foto, su cabello, su sudor, su sangre, o dibujos y muñecos que le representan. Para los espíritus no hay diferencia entre la imagen directa y la simbólica para rastrear a los vivos y encontrar sus auras en el plano astral de la existencia.

El aura es el reflejo espiritual de la energía vital de los seres vivos. Los no vivos no tienen cuerpo ni aura, pero, a diferencia de la mayoría de las personas, pueden verla con claridad desde el plano astral. Conociendo el aspecto del aura de alguien, un brujo puede descifrar su nsila y los factores que lo afectan u obstaculizan, por las tonalidades e intensidades de sus colores. Sabiendo eso, puede elegir y ejecutar el nsara más apropiado para resolver cada problema, no sin antes confirmar con las entidades implicadas ( los distintos mpungus y nkisis que rigen a una persona o trabajo ) si todo está correcto.


Sólo los videntes, brujos y espiritistas pueden comunicarse directamente con los espíritus y ver el aura de las cosas vivas. Los tarotistas, babalawos y muchos santeros que consultan sin pasar muerto ( sin ser mediumnidad ) no pueden ver el aura, únicamente los arcanos y signos que los santos y orishas emplean para comunicarse con los vivos. Los signos pueden interpretarse erróneamente con más facilidad que los colores del aura. En el palo monte se emplean para trabajar ambos sistemas, vititi mensu y vititi chamalongo, según las necesidades de cada momento. En el registro inicial se suele usar más la mpaka para estudiar el caso y luego la fula o pólvora y/o los chamalongos, para ir preguntando y confirmando cosas puntuales sobre los trabajos o prendas correspondientes.

Hoy en día la fula, por ser un sistema más delicado y peligroso, no se emplea casi en las consultas y trabajos, quedando reservado para los rituales y ceremonias más importantes, como pactos con nfumbes y karires, montaje de prendas, rayamientos, cajón de muerto, funerales y fundación de nuevos munansos, juegos, potencias o templos.

Volviendo a la consulta, tenemos al buey suelto ( brujo/a que recorre su camino en solitario ) sentado en el suelo junto a su prenda y/o mpaka. El consultante o, en su ausencia, el rastro ( nombre, imagen, pelos, sudor, etc ), se coloca frente al practicante. Entre ambos se traza la patipemba o firma de vititi cuatro vientos, la consulta o registro, con yeso blanco.

El círculo del cuatro vientos simboliza al planeta tierra y al universo material en general. Las cuatro flechas indican los cuatro elementos básicos -aire, fuego, tierra y agua-, que corresponden a los cuatro puntos cardinales -norte, este, sur y oeste-, y el centro donde convergen es el quinto elemento, el astral o más allá, el mundo espiritual, la dimensión sin materia.

Es fundamental que el cuatro vientos se trace teniendo en cuenta los puntos cardinales. El practicante se coloca al sur de la firma y el consultante o su rastro, encima, al norte. La mpaka vititi mensu debe quedar a la izquierda del brujo, aunque hay muchos que prefieren ponerse al norte, con la prenda a su derecha, lo cual también es válido. Se enciende una vela blanca delante de las prendas, donde no debe faltar tampoco un vaso o copa de agua con una rama de albahaca y un crucifijo ( que no implica que seamos cristianos, ya que un palero puede estar bautizado o no en cualquier religión. Hay brujos católicos, musulmanes, budistas, etc. La cruz es un símbolo prehistórico universal, anterior a todas las religiones, que se refiere al misterio de la muerte y a la existencia espiritual, en general ).

Después hay que saludar a Nsambi, a los mpungus y nkuyos, a  los nfumbes y nkisis, a los ancestros y nfuiris guías, y llamar o invocar a las entidades con las que vamos a trabajar. También decimos en voz alta el nombre del consultante y demás personas implicadas, así como los objetivos principales que se persiguen. Esto se hace mientras rociamos con chamba, aguardiente de caña y abundante humo de puro de tabaco a la prenda y/o a la mpaka, para que despierten los espíritus y presten atención. Los saludos se acompañan de golpes rítmicos de bastón o maraka de muertos.

La mpaka se pasa por el rostro y manos del consultante o sobre su rastro, para que el ojo del nkisi pueda reconocer bien a la persona. Tengan en cuenta que los no vivos, los que no tienen cuerpo ni materia alguna, tampoco poseen ojos, ni oídos o cualquier otro órgano sensorial que les permita percibir la realidad física; ellos sólo perciben la energía o, mejor dicho, el resplandor espiritual de la energía de las cosas terrenales y de los seres vivos, y la mpaka viene a ser como una lupa que ilumina y agranda ciertos lugares, situaciones e individuos, destacándolos del resto. Sí, la mpaka es para los espíritus como un faro o una linterna en la oscuridad.

El humo de incienso, cáñamo, tabaco y salvia, entre otras yerbas y preparados, potencia la percepción extrasensorial del practicante vivo y, al mismo tiempo, la percepción astral o energética de la materia, que poseen los espíritus.  En la brujería afroamerindia de la que brota el camino del Buey Suelto, se emplea mucho el tabaco, puro o en mezcla con otras yerbas y sustancias, para facilitar vititi, la videncia.

Después de pasar la mpaka por el cuerpo o rastro del consultante, el brujo rocía de chamba y aguardiente el espejo y luego lo ahuma soplando con el cigarro encendido dentro de la boca. Repite varias veces esta acción, mirando el reflejo de las velas en el cristal de la mpaka, hasta que empieza a "ver" lo que sus aliados en el más allá le muestran o responden. Esa visión es más o menos precisa dependiendo de las facultades y experiencia del brujo.

La mpaka se mueve en la mano del brujo empujada por los espíritus, sintonizando las imágenes en los reflejos del espejo. Otros nganguleros prefieren hacer girar la mpaka en el suelo, con la mano, sobre el cuatro vientos, o atarla con cordel y colgarla del techo para que gire por sí misma. Los muertos hablan en el aire que mueve la mpaka y en los resplandores del otro mundo que se ven en su cristal. El humo y las cenizas, la humedad del licor y las partículas de la chamba, junto con la saliva del propio brujo, se acumulan en la superficie del espejo, alterando sus reflejos. No hay códigos, ni signos con la mpaka, su secreto consiste en mantener la vista sobre el cristal del espejo sin perder de vista al consultante, persiguiendo cada movimiento aunque sea mínimo, para no perder ninguna imagen o revelación; fuera de eso, cada brujo desarrolla su propia forma o estilo, que es la mezcla de la tradición heredada de sus mayores con sus propios aportes y experiencias.



Los métodos de hipnosis y autohipnosis de la sicología moderna se basan, curiosamente, en los mismos principios que los antiguos chamanes bantúes empleaban para entrar y salir a voluntad de distintos tipos e intensidades de trances, manipulando la luz y el ritmo de los sonidos. También el péndulo y la ouija tienen un principio parecido al de la mpaka. Y es que los reyes de la música y del trance fueron siempre los sabios africanos, los pueblos más antiguos y espirituales de la tierra.

De vuelta a la consulta: si el brujo posee ciertos dones extrasensoriales, o si tiene un buen día, puede que no le haga falta nada más -ni fula, ni chamalongos, ni naipes, etc- que su mpaka para ver e interpretar el aura de una persona y, teniendo en cuenta sus preguntas y deseos, establecer un diagnóstico correcto de su caso; pero si no los posee, no se angustie, porque se pueden desarrollar con el tiempo y voluntad. Muchos grandes paleros no eran mediumnidad cuando se rayaron, pero la fueron desarrollando a lo largo de los años, con la práctica constante. Se por experiencia que cualquier persona que practique esta técnica de la mpaka cada noche durante años, antes o después, empieza a ver lo invisible. Mientras tanto, los chamalongos o cualquier otro oráculo de nuestra preferencia, nos ayudarán a terminar el registro.

A las personas preocupadas por la salud les aclaro que el humo del tabaco no hay que aspirarlo, solo soplar para que salga abundante, y los licores ( chamba, aguardiente, ron, vino seco, vino tinto, etc ) no hay que tragarlos, sino atomizarlos con la boca. Se sopla chamba sobre las prendas al principio, para despertar a los nkisis, y después continuamos con aguardiente de caña y más humo, soplando en las cuatro direcciones, arriba y abajo, para que todo el ambiente se cargue bien ( Esa es una de las razones por las que el nso nganga o templo de consulta debe ser un cuarto pequeño, para que se llene de humo con facilidad ). Esa atmósfera propicia el trance y las posesiones espirituales, abriendo una puerta entre nuestro mundo y la dimensión astral.

El uso de sillones de balance para mecerse mientras se sopla licor y humo, también potencia y provoca las inspiraciones espirituales. Yo recomiendo practicar un rato todos los días después de la caída del sol. Más que un ritual, este ejercicio es como sentarse a charlar con un amigo invisible. Se comparte la bebida, el tabaco y las preocupaciones, las penas y alegrías, con los nfumbes. No hay que verlo como un deber, o no funcionará, sino como un momento mágico de relajación, meditación y comunión espiritual. Se saludan y mencionan a las entidades y se comentan con ellos los principales acontecimientos del día, se estudian los casos o problemas a solucionar, se repasan y actualizan los proyectos, etc, mientras respiramos y nos va llenando, poco a poco, de la presencia de nuestros aliados invisibles, hasta sentir sus mensajes con claridad dentro de la mente.

La luna es fundamental para desarrollar vititi, pues Ngonda nkisi es la reina de los sueños, el subconsciente, las plantas de poder y las percepciones extrasensoriales, y su visión durante los ejercicios resulta muy inspiradora. A diferencia de muchos trabajos de magia que no deben realizarse en luna llena o menguante, las consultas y ejercicios espirituales funciona mejor mientras más grande y visible sea la luna. Las peores fechas para hacer registros nuevos son las noches sin luna, y las mejores, las de luna llena.

Para ejercitar vititi se pueden usar puros de tabaco o preparar grandes cigarros con una mezcla de picadura de tabaco puro, un poco de salvia y flores secas de campana o de támbula, enrollada en hojas de tabaco, en papel de estraza o en papel de fumar 100% natural. También podemos preparar una chamba especial para estas sesiones, a base de aguardiente de caña y hojas y flores de albahaca, hierbabuena, tabaco, salvia, támbula, flor de campana y toda clase de plantas enteógenas y de nkunias o árboles sagrados, como ceiba, jagüey, flamboyán y ciprés de cementerio. A esta chamba no se le echa fula, pimientas, ni picantes de ninguna clase, en cambio sí lleva menga de paloma o de cualquier ave que vuele ( no gallinas ) y un chorrito de miel de caña y de abejas.

Flores y yerbas aromáticas, inciensos y esencias espirituales, como agua de florida y 7 potencias, y música o sonidos rítmicos y naturales( instrumentos de percusión y sonajeros, principalmente ), también resultan elementos válidos para acompañar y potenciar las prácticas espirituales, especialmente si se realizan con la mpaka. Se trata de saturar las percepciones físicas con determinados olores fuertes, humo denso, resplandores de velas encendidas, sabores y sonidos rítmicos, etc, para forzar a la consciencia a enfocar su atención más allá de los sentidos ordinarios. Las formas que vemos en el cristal de la mpaka bajo esas condiciones sensoriales, si se observan fijamente con los ojos entornados, se transforman una y otra vez, revelando las respuestas que buscamos.

Con el tiempo y la práctica se consigue entrar en un estado ideal de semi-trance ( que, a diferencia del trance o posesión completa, permite al practicante mantener cierta consciencia de lo que sucede y recordar lo que ha expresado el espíritu a través de su mente, ojos y cuerdas vocales, y su práctica no debilita tanto al cuerpo. Desde afuera, la persona en semi-trance parece mareada o ebria, con las pupilas dilatadas, párpados entornados, mirada perdida, lenguaje y gestos torpes, la respiración y el pulso se alteran ) en pocos segundos, que transcurren mientras se encienden las velas y el cigarro, se escupen los primeros buches de chamba y se saluda a los espíritus, con licencia de Nsambi. La propia preparación y cuidado del nso nganga es un ritual, una rutina litúrgica que prepara a la mente para el salto de consciencia que implica abrirse a los no vivos y dejar que sientan y se expresen con nuestro cuerpo, pero sin bajar la guardia, ni olvidarnos del mundo material que nos rodea. Al enfocar el espejo de la mpaka con los ojos, ya la mente del brujo se haya lista para sumergirse en una visión espiritual a través del cristal.

No es que vayamos a ver una película en la mpaka, como si fuera un celular; las visiones se proyectarán en el interior de la mente desde los reflejos que estallan sobre el cristal. Se consigue así la visión simultánea de las imágenes que entran por los ojos ( lo que sucede en el nso a nuestro alrededor, el consultante o su rastro, los trabajos, etc ), las que están en la memoria del brujo ( sus conocimientos y experiencias personales ) y las que muestran los espíritus, que son las revelaciones, propiamente dichas. En toda esa información recibida en un resplandor, el brujo aprende a encontrar patrones y asociaciones simbólicas que le ayudan a descubrir nuevos nsilas o caminos, soluciones y respuestas.



Por eso es tan importante conocer el significado esotérico o secreto de los colores, figuras geométricas, números, animales, planetas, objetos y demás elementos simbólicos que aparecen en nuestros sueños, visiones y trances, y su relación o equivalencias con los diversos factores que activan la magia, como la hora y día de la semana en la que se deben hacer los trabajos o rituales; la cantidad de palos, yerbas, animales, etc, que deben emplearse; los elementos, mpungus y otras entidades que rigen una obra o intervienen en un caso; la naturaleza del problema que aqueja al consultante; el tipo de trabajo que hay que hacer; etc.

Cada planeta corresponde a un día de la semana, a ciertos colores, números y figuras geométricas, a determinadas divinidades, santos y otros espíritus, que, a su vez, trabajan con ciertos palos, yerbas, animales, minerales, etc, y moran en lugares y parajes específicos. Conociendo ese código secreto, que es el lenguaje de Nsambi y de todos los espíritus, se pueden interpretar con bastante precisión los símbolos que nos rodean; en ellos está escrito el nsila de todas las cosas, presentes, pasadas y futuras.

La Luna, por ejemplo, corresponde al lunes, segundo día de la semana y, por tanto, al número dos. Su figura geométrica es la línea, que posee dos puntos, y sus divinidades, todas aquellas entidades relacionadas directamente con la Luna, como Ngonda, Chola Wengue y Madre de Agua, ya que la Luna se refleja de noche en las aguas y altera las mareas. Por esa razón, el Agua es un elemento primordial en relación a la Luna, pero también lo es el Fuego de los rayos solares que refleja en su superficie. Si el Sol es el padre que cuida la vida durante el día, la Luna es la madre que vela por las noches. El Agua tiene que ver con las emociones y deseos, ya que las lágrimas, tanto de dolor, como de alegría, están hechas de agua, y el reflejo de la Luna en el cielo y en las aguas saladas y dulces de este mundo evoca sentimientos profundos que inspiran poesía, música y arte en el corazón de los humanos. Por eso Ngonda, la Luna, es el planeta y el mpungu de los amantes, poetas, visionarios y lunáticos.

El Sol ( sunday ) es el domingo, el primer día de la semana y le corresponden el número uno y la figura del círculo, puesto que solo posee un punto. Su Elemento es el Fuego, ya que el Sol es una gran bola de candela. Los rayos del Sol calientan y animan la vida, pero en alta intensidad producen incendios, erupciones volcánicas, fuego. El fuego licua los minerales y permite crear y dar forma a los metales, por eso el Sol rige el trabajo y los metales, las forjas y fábricas, el oro y el hierro, las herramientas y máquinas que, a su vez, pertenecen a Sarabanda.

Como Sarabanda controla los metales, sus elementos básicos son el Fuego y la Tierra, y sus planetas, el Sol y Marte, el tercer día de la semana y antiquísimo dios de la guerra. Las armas son herramientas. Un mbele -cuchillo, machete- sirve para matar y destruir, pero también para cortar y construir; de igual forma, Sarabanda es mpungu de violencia, guerra y destrucción, pero también de trabajo, justicia y creación, como mismo el Sol es capaz de dar vida y de quitarla, según la intensidad o la cercanía de sus rayos.

Y así sucesivamente. Cada elemento que aparezca en nuestras visiones o que salga por nuestra boca al manipular una mpaka vititi mensu, puede ser asociado a determinados elementos y mpungus que regirán las consultas y obras que se lleven a cabo para solucionar el caso por el que se pregunta o en el que se esté trabajando. No basta ser médium o poseer dones extrasensoriales para ser un buen ngangulero, también es importante conocer los símbolos y sus correspondencias con los diversos mpungus y factores de la brujería. Las visiones son confusas y se pierde gran parte de los mensajes, como en los sueños, que al despertar casi no recordamos nada, por eso, mientras más símbolos y correspondencias domine el practicante, más posibilidades tendrá de hacer una lectura acertada a partir de cualquier color, número, figura, etc, que logre retener en su memoria.



miércoles, 8 de junio de 2016

Kalunga Siete Legua: Madre de Agua por camino de Sarabanda


Esta prenda la monté recientemente para una ahijada que vive en New York. Es un fundamento de Kalunga o Madre de Agua, Siete Legua; es decir, por nsila o camino de Sarabanda. En Kimbisa las mujeres reciben fundamentos femeninos( Kalunga, Chola Wengue, Mariwanga, Ngonda, etc ), aunque se monten por camino o ascendente de mpungus masculinos( Sarabanda, Siete Rayos, Lucero, Kobayende, Tiembla Tierra, Cabo Ronda, Brazo Fuerte, etc ), como en este caso. Las Madres o yayis kimbisa no reciben prendas de hombre, como Sarabanda, sino que reciben fundamentos de su mpungu de cabecera, cruzado con el mpungu de su camino, que generalmente es masculino( compensación cósmica ). Por eso esta ahijada recibe una Madre de Agua por camino de Sarabanda montada en cazuela de barro, en vez de un Sarabanda montado en caldero de hierro, como reciben los Padres kimbiseros.



Por su parte, los Padres o tatas kimbisa no reciben fundamentos puros de mpungus femeninos( aunque pueden montarlos para sus ahijadas ), solo prendas menores, como mpakas, muñecas, calabazas, etc. De esa forma, brujos y brujas pueden trabajar con la energía de todos los mpungus, aunque sean de polos opuestos. Esta Kalunga Siete Legua no tiene nada que envidiarle a un Sarabanda puro.

Saludos a todos y que Nsambi y Madre de Agua acutaren.


domingo, 3 de enero de 2016

Letra del año 2016. Consejo cubano de sacerdotes mayores de Ifá

Hola amigos: Les traigo la letra de Ifá del año 2016, sacada conjuntamente por las dos principales asociaciones de babalawos cubanos, la Comisión Miguel Febles Padrón y la Sociedad Cultural Yoruba. El año pasado me quejaba de que ya no se sabía a quién creer, pues cada una publicaba cosas opuestas, y parece que me oyeron. Los felicito por dar este paso importante de unificación, diálogo e intercambio, que podría inspirar otros pasos hacia la reconciliación nacional, y oro porque el gobierno cubano no interfiera en los asuntos culturales y espirituales de su pueblo, pues son lo único que nos queda.
Este será un año revuelto en todas partes y pasarán cosas malas, pero también algunas buenas que valdrán por todas las desgracias. El año del Mono de Fuego -en el horóscopo chino- será inquieto e inestable y traerá grandes avisos y noticias que cambiarán el mundo y nuestras vidas de forma considerable.

Letra del Año 2016
ccdsmifa.gifConsejo Cubano De Sacerdotes Mayores De Ifá
LETRA DEL AÑO 2016

PREDICCIONES DE IFA PARA CUBA Y EL MUNDO

A los sacerdotes de Ifá, a los hermanos Oriates, Babaloshas, Iyaloshas e Iworos.
Pueblo religioso en general y a quien pueda interesar.

El día 31 de Diciembre del 2015 se reúnen en la sede social de la Sociedad Cultural Yoruba los miembros de la Comisión Organizadora de la Letra del Año Miguel Febles Padrón “Awo Odi Ka” y el Consejo de Mayores de Cuba, para realizar la Ceremonia de Apertura del Año 2016.

Esta ceremonia fue Presidida por el Sacerdote de Ifá Ángel Padrón Cárdenas “Awo Baba Eyiobe” y el respaldo de los Sacerdotes de Ifa de todas las familias de Cuba y sus descendientes en el Mundo, sacó La Letra el Sacerdote más pequeño.

Signo Regente: OBEYONO

Oración Profética: “Un beneficio de comprender con mayor equidad siguiendo los patrones de Elégbà”.

Onishe a Elegba: Eyebale (Sacrificio) Otan
Onishe Ara: Sarayeye con 3 Jio Jio y Baños con Atiponla y Cascarilla, Otan

EBBO: 1 Pollon Blanco, un mazo de berro y demás ingrediente, Otan

Divinidad Regente: OGGUN

Divinidad Acompañante: OSHUN

Bandera del Año: VERDE CON RIBETES AMARILLOS




ENFERMEDADES DE CUIDADO EXTREMO

1.- Enfermedades digestivas (Alteraciones del Páncreas).
2.- Enfermedades neurológicas (Embolias).
3.- Brotes de Epidemias e Intoxicación masiva.

Acontecimientos de Interés Social

1.- Estallidos migratorios.
2.- Incremento de las Inversiones extranjeras.
3.- Apertura de los convenios y encuentro entre países.
4.- Estallidos sociales provocados por la desesperación.

Recomendaciones:

1.- Evitar contaminación ambiental.
2.- Garantizar la recogida de basura y saneamiento de barrios y sitios marginales.
3.- Extremar las medidas higiénicas y sanitarias para evitar la proliferación de epidemias.
5.- Establecer acuerdos favorables respecto a la política migratoria.
6.- Preservar los conceptos éticos y morales de los religiosos practicantes.
7.- Cuidado con la confección, manipulación y distribución de alimentos.
8.- Utilizar el dialogo como herramienta importante en la solución de los conflictos.
9.- Lograr un equilibrio entre los salarios y el alto costo de los artículos de primera necesidad.
10. El respeto debe reinar en las relaciones con la familia y el medio social donde nos desenvolvemos.
11.- Signo que augura peligro de guerra.
12.- Signo que advierte de descontrol en las gestiones económicas.
13.- Un peligroso aumento de actos terroristas.
14.- Estimular la procreación de la familia, creando métodos que garanticen el aseguramiento de los infantes.
15.- Recomendamos que las personas consulten con sus Padrinos en busca de orientaciones precisas.

Recomendadas en este signo.

NOTA: Tomar como referencia los modelos positivos (avances) y los modelos negativos (errores) de los años
1994, 1999 y 2002. Donde este Odu tuvo regencia.

Refranes Conductuales del Odù

“El gandido agranda el vientre y achica su cabeza”.
“La Paciencia te hace Rey”
“El dinero en el mundo lo encontramos, y en el mundo lo dejamos”.
“Cuando tenemos guerra con nuestra propia cabeza, siempre salimos vencidos”.
“La orgullosa laguna se aparta del arroyuelo, como si el agua no fuera lo común entre ambas”.

Agradecemos a los Órganos Masivos de Comunicación que hacen posible que estas Predicciones lleguen a todos los rincones del Mundo.

LOS SACERDOTES DE IFA DE CUBA Y EL MUNDO LES DESEAN UN FELIZ AÑO 2016

domingo, 13 de septiembre de 2015

Rayamiento en la aldea de los nuevos Kimbisa

Gráfico de la iniciación y del templo de los nuevos Kimbisa.
Cuando el sol comenzó a ocultarse en la selva amazónica, el ritmo de la aldea cambió por completo, pasando del moderado ajetreo cotidiano a la excitación colectiva de los preparativos para mi rayamiento. Yo observaba a los hermanos entrar y salir del templo dando carreritas y portando toda clase de cosas - fuentes y cestas con yerbas, frutas, bebidas y alimentos; monos y diversas aves, incluyendo un guacamayo; amplificadores, tambores y otros instrumentos musicales y objetos rituales - sentado entre las gruesas raíces de la mafumeira, que formaban un cómodo asiento natural frente al bohío, amplio y circular, destinado únicamente al culto mágico. Tenía que permanecer allí sin moverme hasta que empezara la ceremonia, haciendo penitencia, que es un concepto que Andrés Petit tomó del catolicismo y acopló, a su manera, en la liturgia Kimbisa.

Recordé que en mi primer rayamiento, en la regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, tuve que hacer penitencia durante varias horas, hincado de rodillas en la tierra, con los ojos vendados, frente a una prenda. Esta vez, al ser ya mi tercer rayamiento kimbisa ( el segundo fue cuando me rayaron Padre o Tata, como prefieran decirlo ) y no existir, por tanto, factor sorpresa alguno, no tenía sentido vendarme los ojos, pero de la penitencia -que es una oportunidad forzada de limpiar la consciencia del churre de los errores y pecados del pasado, antes de entrar en el templo-, no me pude librar. 


La penitencia es esencial para todos, seamos neófitos o brujos consagrados, porque hay arrastres que no se quitan con baños, despojos, ni rompimientos, si no somos capaces de enfrentarlos y vernos en su reflejo, hasta que logremos vencer a esos demonios y perdonarnos a nosotros mismos con nuestros propios medios. Para las grandes religiones organizadas, como la iglesia católica, el pecado es una mancha moral que debe ser limpiada para no ofender con su vulgaridad a la divinidad y a los espíritus santos, pero en la magia y en la brujería, que son disciplinas prácticas, evitamos los juicios morales, tan susceptibles de ser manipulados por diversos intereses y/o grupos, y preferimos guiarnos, no por las reglas de los juegos y modas de las sociedades humanas, sino por las leyes espirituales de Nsambi - el Creador-, como el hecho universalmente aceptado de que, cualquier crecimiento y evolución espiritual o mágica solo es posible desde una mente fuerte y disciplinada, que sepa acallar el ruido de las preocupaciones mundanas proyectadas por el ego, y modular el pensamiento a voluntad, para sintonizar con las frecuencias precisas de cada entidad espiritual de los planos astrales o metafísicos. Los espíritus descarnados o difuntos, y los espíritus naturales -como los Elementos, los Vientos, los Astros, los mpungus del mundo vegetal y los totems del reino animal, entre otros- no poseen cuerpo o materia, pero sí energía. Y la energía, como todos sabemos, puede ser empleada de muchas formas prácticas -curación, conocimiento, poder, amor, venganza, etc- que constituyen la brujería. 


Es decir, que a diferencia de la penitencia religiosa, que se hace para lavar los pecados morales, la penitencia de los brujos es una especie de auto-despojo mental. Por eso vemos tantos casos de ex-criminales, personas que encontraron a tiempo el camino de los brujos y se salvaron. No fue porque se volvieran moralistas después de una vida de maleantes, sino porque el mundo mágico resulta más apasionante y provechoso que el mundo del hampa, pero, paradógicamente, exige una serenidad y concentración que es difícil cultivar en ambientes violentos. Por eso es frecuente ver cómo los nervios de acero de un delincuente se transforman en virtudes mágicas con la práctica de la brujería. No se vuelven buenos por seguir ninguna moral humana, ya sea social o religiosa, sino que trascienden la maldad a medida que evolucionan espiritualmente, así de simple.


Yo era consciente de que la penitencia es simbólica, en el sentido de que no se trata de esas pocas horas de meditación antes del rayamiento, sino de alcanzar un estado mental a lo largo de la vida; pero también lo era del tremendo valor del símbolo, ya que el neófito recordará cada detalle de la noche de su iniciación el resto de su vida, como una lección grabada en fuego en la memoria, un primer gran paso hacia la disciplina mental que caracteriza a los brujos. Pero como yo no era un neófito, podía darme el lujo de hacer trampa y atender más a lo que estaba ocurriendo fuera, que dentro de mi ser. Quizás por eso Umbral había dispuesto que no me taparan los ojos. Tal vez la verdadera importancia de mi penitencia fuera documentar lo mejor posible en mi memoria el singular e inédito evento que experimenté esa noche.


Nadie hablaba conmigo, pero todos me sonreían al pasar y estaban pendientes de mi. Me ofrecían aguas de yerbas y zumos de frutas para limpiar mi organismo y al mismo tiempo mantener mi cuerpo hidratado y nutrido, pese al ayuno( no comía nada sólido desde antes del mediodía, cuando me dieron una ensalada de verduras, huevos y frutas ). Cuando sentí ganas de orinar, un chico que pasaba se volvió hacia mí de pronto, como si hubiera escuchado mis pensamientos, y me indicó con un gesto de la mano que orinara del otro lado del árbol, que da a la selva y es poco transitado. Así lo hice y luego me quedé pensando sí no habría sido todo ilusión mía, ya que en realidad el chico no había pronunciado palabra y su gesto, que en su momento me pareció tan claro, pudo ser un simple saludo o visaje.


Di media vuelta alrededor del tronco y volví a sentarme en mi puesto, entre las raíces. Alcé la vista y descubrí un calidoscopio de infinitas ramas y estrellas brillando en la noche alrededor de una luna tan grande que casi podía tocarla. Sus luces titilaban alegremente, como si bailaran con las hojas de la mafumeira al compás de la aldea. Existía una conversación evidente entre el cielo y la tierra a través de aquél árbol. Cuanto más me concentraba, más sentía que sus voces se iban aclarando y acercando, como si aprobaran que un intruso mortal espiara su diálogo por un rato. Me esforzaba tanto por entender los cuchicheos entre los astros y seres de la noche y las hojas, piedras y criaturas de la tierra, que llegado a un punto sentí que perdía el equilibrio ( lo cual era muy extraño, teniendo en cuenta que me hallaba sentado ) y, de pronto, estaba cayendo hacia arriba, fuera de mi cuerpo, como si la gravedad funcionara a la inversa y el espíritu fuera más pesado que la materia que le alberga.


Comprendí que mi consciencia se encontraba fuera de mi cuerpo físico, a lomos de mi aura o cuerpo astral. Estoy habituado a viajar a voluntad por el astral y a tratar con diferentes entidades, siguiendo los rituales y procedimientos de seguridad( como el círculo mágico, las patipembas y los rezos correspondientes, entre otros ), pero no estoy acostumbrado a que un ente desconocido me saque de un tirón de mi propio cuerpo, como un niño jugando con un caracol entre sus dedos. Fue una sensación muy desagradable, que por un instante casi me hace sucumbir al pánico, pero logré controlarme a tiempo. Dejé de prestar atención a los miedos del ego y lo despedí como a un perro. "Cuida la casa", le dije, y el perro, sorprendido, me vio echar a volar -o más bien ascender dando saltos flotantes, como una pluma en el viento- hacia la copa de la mafumeira.


La sorpresa del perro -me explico- era la sorpresa del ego, acostumbrado a regir el pensamiento, que de pronto ve como otra voluntad superior a la suya lo trasciende, y entonces deja de ladrar sus temores e inseguridades y cumple la orden: se queda cuidando de que las constantes vitales del cuerpo -ese caracol que ocupamos temporalmente- sigan funcionando correctamente mientras yo vuelo en el astral.


De lo anterior se podría deducir -y lo hago-, que existe más de una consciencia habitando cualquier cuerpo humano. Lo qué creemos ser -yo, en singular-, en realidad es nosotros, el -generalmente- mal llevado matrimonio entre espíritu y ego. Tan mal llevado, que en la mayoría de los casos ni se hablan, como si el otro no existiera.


Por un lado actúa el ego -esa voz neurótica que roba tanta pantalla en nuestra mente que llegamos a creer que es la única, como si ego y yo fueran lo mismo-, que a lo largo de millones de años de evolución ha ido adueñándose del control de algunos sistemas del organismo humano, como el sistema motor ( piernas, brazos, articulaciones, músculos, etc, ) y, por consiguiente, del movimiento de la columna y del cuello, para ver y escuchar selectivamente; de las manos, pies y órganos sexuales, para tocar, tomar, transformar e interactuar con el mundo físico; del lenguaje verbal ( que es posible gracias a los músculos o cuerdas vocales ) y del pensamiento racional, que legitiman y sostienen la ilusión del ego en la mente.


Y por otro lado tenemos al espíritu -la porción de Nsambi que todos llevamos dentro- que es la consciencia que realiza el trabajo más duro y complejo, encargada del funcionamiento del sistema circulatorio, digestivo, excretor, respiratorio, regenerativo e inmunológico, entre otros, incluso durante el sueño, cuando hasta el ego se echa la siesta. El espíritu no descansa, ni se distrae con las trivialidades de la vida social que piensa el ego, salvo cuando éstas afectan la salud del cuerpo y de la mente, o entorpecen su trabajo de cualquier otro modo. 


El ego tiene una gran importancia, no vayan a pensar lo contrario. Sin el ego no habría esa ilusión de individualidad que hace la vida terrenal más emocionante y gracias a la cual se ha desarrollado la civilización humana. Y sin la civilización no habríamos creado las ciencias y las artes, físicas y metafísicas, como la medicina, la genética, la música o la magia, por ejemplo. Disciplinas cuyo desarrollo ha permitido mejorar y alargar la vida humana y la experiencia terrenal del espíritu.


El ego también produce cosas malas y muchas tonterías, como las guerras, la represión, la economía y las fotos de gatos en Internet. Lo hace con buena intención, para distraernos  y evitar que nos angustiemos con la idea de la muerte, sin embargo, para evolucionar espiritualmente, e incluso para tener una vida material y emocional satisfactoria, es preciso meditar mucho la muerte, tratar con ella a diario, hasta perderle el miedo y verla como a nuestra mejor amiga. La muerte es la verdad disfrazada de miedo.


Todo eso y mucho más, se puede pensar en un instante en el astral, ya que en esa dimensión no funcionan las leyes físicas, como la dependencia entre tiempo y espacio, del plano material. De modo que no puedo precisar cuánto rato pasó desde que salí de mi cuerpo y ascendí, hasta poder ver, debajo, la copa de la mafumeira y mi cuerpo sentado entre sus raíces, con la cabeza mirando hacia arriba y la boca abierta, con expresión de asombro. 


Junto a mi cuerpo se apiñaba en silencio un grupo de curiosos. 


Distinguí al Chino y a Umbral, que miraban hacia lo alto del árbol, como si pudieran verme flotar a través de sus ramas. Sus caras brillaban de forma inusual, como si Ngonda -nkisi de la Luna- les apuntara con un foco de luz desde lo alto de un escenario a oscuras.

"Deja de mirarte en el espejo y atiende hacia arriba", me dijo una voz que venía del tronco del árbol y de los ojos del padre Umbral al mismo tiempo. "Ve, yo cuido la casa", me ladró el ego desde mi cuerpo en silencio.

Hice caso y cambié la vista. Ahora flotaba por encima del bohío. En la entrada, afuera, había una figura oscura que me llamó la atención. No tenía sombra el individuo o, más bien, era una sombra sin cuerpo, un fantasma. Pero brillaba de un modo que le distinguía de un nfumbe corriente. Podía tratarse de un santo, de un buda u otro espíritu muy elevado. Me acerqué hasta poder reconocerlo.


 Conocía el rostro de Andrés Petit de haberlo visto en un par de retratos antiguos, que constituyen el único testimonio visual, documentado, de su apariencia, ya que su cadáver, libretas, prendas mágicas, y demás pertenencias, fueron escondidos con gran secreto por sus herederos espirituales más cercanos. No me sorprendió que fuera él -en cierto modo era lógico-, pero de todos modos me impresionó la intensidad y perfección de su proyección. Los fantasmas de los nfumbes corrientes son muy confusos e inestables, pero el fantasma de Andrés Petit era y nítido y firme como el de un santo o un buda, o como un holograma.


La voz de Petit sonó igual que el árbol, los astros, vientos y piedras rodantes del camino: "Ven, mi niño".


Seguí al fantasma al interior del bohío. Había mucho ajetreo, pero nadie reparaba en nosotros. Entre el punto más alto del techo cónico y el centro del suelo de tierra apisonada, se alzaba un poste de madera, a cuyo alrededor se colocaban las ofrendas a los distintos nkisi, al estilo del poto mitan del vodú haitiano. El largo tronco de madera sagrada ( señalado por un rayo, supe luego ) facilita el desplazamiento de las entidades entre las dimensiones físicas y las astrales. 


El área de las ofrendas, alrededor del poste, estaba encerrada en un grueso círculo de mpolo o polvo blancuzco, mezcla de distintas sustancias aislantes, como cascarilla de huevo, yeso, harina de ñame, sales y fula( pólvora ), para que los nkisi y karires no puedan traspasar ese límite sin autorización.


Los miembros de la aldea traían sus propias prendas( mpakas, bastones, nkisi, calabazas, makutos, etc ) y las colocaban dentro del círculo para que los gajos comieran en comunión con sus padres, en el orden en que iban siendo llamados con la música.


Los músicos tocaban sus instrumentos -tambores, sonajeros, teclados y cuerdas eléctricas- y cantaban, situados al oeste del centro, punto correspondiente al elemento Agua y a la energía mágica del sonido. Improvisaban variaciones a partir de ritmos y mambos fijos para cada entidad. Sonaban como una descarga de jazz y un cajón de muerto ocupando el mismo espacio-tiempo. Era una locura, musicalmente hablando, pero de algún modo mágico toco encajaba a la perfección.


La entrada estaba ubicada en el extremo sur del templo circular y los fundamentos estaban colocados en el suelo o sobre diversos taburetes, piedras, etc, contra la pared de bambú o colgando de las vigas de bambú del techo, ocupando desde el este hasta el oeste, casi la mitad del espacio del bohío. En esa parte, que vendría a ser el altar, solo operaban los tatas mayores y sus discípulos más aventajados. El resto de la aldea se agrupaba en la otra mitad, contemplándoles trabajar, bailando y cantando, como en un rave. Afuera, un par de chicos velaba mi cuerpo, junto a la mafumeira.


Empezando por el este, puede reconocer a 7 Rayos en la figura tallada en cedro de un guerrero con un brazo en alto, a punto de lanzar una lanza ( verdadera, de una tribu del Amazonas ), y el cuerpo erizado de clavos, puntas de lanza y de flechas, alrededor de un espejo en la zona abdominal. De los pinchos colgaban tiras de cuero y piel de fieras, ropa rasgada, papeles escritos, fotos, trenzas y mechones de pelo, colgantes, aretes, dientes, etc. 


A los pies del nkisi, sobre un tocón, se hallaba una enorme güira de la que sobresalía un haz de palos y ramas terminados en lanzas y flechas de sílex o metal, y un sable antiguo, de la época colonial, rodeando a una cabeza humana, parcialmente momificada -con algo de pelo y piel acartonada, pero sin ojos, nariz, ni labios, con la mandíbula inferior desencajada, un puro de tabaco entre los dientes, y coronada con una cabeza de jaguar disecada y plumas de diversas aves, de colores cálidos y vivos, en lo alto. De los palos colgaban mpakas, makutos, collares y brazaletes de cuentas y cristales, medallitas y cadenas de oro, con pequeñas piedras y cuarzos rojos, colmillos y garras de felinos, plumas y cabezas de pájaros, dedos humanos, etc.


Alrededor del nkisi Nsasi y de la güira de 7 Rayos se acumulaban numerosos accesorios y elementos rituales, como güiras de diferentes tamaños, botellas con bebidas y sustancias, frascos con trabajos dentro y velas ardiendo encima, huesos, cuchillos, chamalongos, una pipa con un cabo de tabaco, unas claves de madera, un pequeño tambor, manzanas y flores rojas, yeso, etc. 


Las tres cosas -nkisi, nganga, y su corte de accesorios y atributos- formaban una montaña rojiza de más de dos metros de altura, cubierta de sangre fresca y plumas de las aves sacrificadas. Nsasi 7 Rayos -el nkisi del rayo y del fuego, de la electricidad, el corazón de la fiera( en África es el tigre y el león, en la Amazonia es el jaguar ), el rey de la selva, el castigo de Nsambi, el alma del tambor-, vibraba de energía vital, borracho de menga, de materia viva. Con su poder absorbía el humo de los puros e inciensos cercanos y formaba un cuerpo etéreo y cambiante, mediante el cual se manifestaba, danzaba con la música y, de vez en cuando, se lanzaba sobre alguna persona y la poseía durante unos minutos, en plena danza. Yo veía claramente cómo lo hacía con los ojos de mi cuerpo astral.


A su lado estaba Sarabanda -poderoso guerrero, nkisi del hierro y de los metales, de la forja, el ferrocarril, los transportes, la industria, el trabajo y la fuerza del hombre-, un enorme caldero de hierro de tres patas, repleto de palos, cadenas y herramientas de hierro y acero, herraduras, machetes, crucifijos, un cráneo humano, dos tibias cruzadas, plumas de mayimbe y de cóndor, varias mpakas, etc.


Sobre Sarabanda estaba un casco metálico del ejército colombiano, lleno de tierra de cárcel, guerra y cementerio, entre otros elementos, de la que sobresale otra kriyumba( cráneo ), un par de manos en los huesos, palos cortos, flechas, dardos, una cerbatana, una bayoneta, un revólver, medallas militares, una canana con balas, una oreja humana, cornamenta de ciervo, chivo y otros animales, numerosas plumas de aves, y hasta el pico de un tucán. Todo bien apuntalado entre los palos de Sarabanda, y entizado hasta arriba en soga de horca y cadenas con grilletes y candados. Se trataba de Watariamba, Cabo Ronda, el guerrero cazador, el soldado, el policía, el criminal, la fuerza de la guerra y de la cárcel.


Coronando la torre de Sarabanda y Watariamba, estaba la piel de un jaguar, fijada con la cornamenta de un ciervo, y encima el cráneo de un mayimbe y muchas plumas grandes y negras. 


El conjunto parecía un demonio humeante y cornudo, un guerrero de hierro, envuelto en su capa de jaguar y plumas negras, erizado de machetes, armas y pinchos chorreando sangre, y echando humo como un dragón por varios puros colocados en los ojos vacíos de las kriyumbas y entre los huesos de las manos. las luces de cientos de velas se reflejaban en los espejos de las numerosas mpakas, como inquietantes ojos brillando en la oscuridad.


Astralmente, pude ver la energía entrelazada de ambos mpungus -Sarabanda y Cabo Ronda- con varios nfumbes, formando un solo y formidable nkisi ( al que lo kimbiseros llamamos, simplemente, Sarabanda ), cuya aureola era más amplia e intensa que la del propio 7 Rayos.


A la izquierda de Sarabanda había una cazuela de cerámica, de un hermoso color rojo oscuro -realizada por indígenas vecinos-, sostenida por tres palos medianos, sobre el círculo de yeso de un 4 Vientos. Sobre las cuatro flechas, debajo de la cazuela, había cuatro nsandis de coco. Dos boca arriba, y dos boca abajo. Se trata de Lucero, nkuyo de los caminos, dueño del nsila o suerte de las personas en la tierra, el mensajero de Nsambi.


De la tierra oscura de la cazuela roja sobresalía un cráneo humano hasta el hueco de la nariz, como si espiara cualquier movimiento a su alrededor. En el fondo de la cuenca de los ojos, tenía dos pequeños espejos redondos, que aumentaban la sensación de vigilancia. Veintiún ramas o palos delgados, coronados con plumas de diversos pájaros, formaban un cono en torno a la kriyumba de ojos de espejo, con un penacho de plumas multicolor en la punta. 

También tenía cuatro garabatos: Uno a rayas rojas y negras, otro a yayas negras y blancas, otro negro con algunas rayas rojas, y otro rojo con puntos negros.

Colgando del techo, justo sobre la cazuela de Lucero, se encuentra una güira mediana, con su tapa, cubierta de trazos de yeso de patipembas, con cuatro plumas grandes de cóndor clavadas en sus costados, en cruz, como la firma de un Cuatro Vientos, que es realmente el espíritu de esta prenda. En Briyumba se le conoce como Ngurufinda, pero para muchos kimbiseros ese nkisi del monte es el propio Lucero, pero por camino aéreo. 


Es decir, Lucero en la tierra, y 4 Vientos en el cielo, son el mismo Nkuyo, mensajero entre Nsambi y los humanos, señor de los destinos y, por tanto, de la adivinación. Cualquier sistema de consulta, registro u oráculo de los nuevos Kimbisa se consagra, ante todo, a Lucero-Cuatro Vientos, el Vigilante, el Guardián de las puertas. Tampoco hay makuto o resguardo de protección y suerte, que funcione sin su licencia. En general, cualquier brujería para evolución en el mundo material, debe hacerse, para que tenga éxito, contando con su apoyo. 


La forma del halo energético de esta compleja entidad mágica, suma de espíritus de astros y nkuyos del monte, con nfumbes de humanos, recordaba la silueta de un perro alado, que lo mismo retozaba en el suelo, entre los pies de la gente, que revoloteaba alegrmente por encima de sus cabezas.


Después de Lucero, en el extremo norte del bohío, había un altar de madera cubierto con delicadas telas rojas, con patipembas bordadas en hilo dorado, y muchos objetos y luces de velas y humo de incienso. Era el secreto de Kunankisi, el mayor misterio y fundamento de la regla Kimbisa de Andrés Petit.


Debajo del retablo, en el suelo, escondido tras un fino velo rojo, había un viejo ataúd de caoba, abierto por la mitad superior. Dentro se adivinaba un cráneo y un traje oscuro, con camisa amarillenta, y un crucifijo en el pecho. Una de las mangas descansaba fuera del féretro, con una mano esquelética en el suelo, con los dedos entrelazados a un cáliz de oro, medio lleno de sangre reciente.


Sobre el altar habían numerosos objetos, fotos, imágenes y figuras de bulto, entre los que divisé varias cruces de diferentes culturas, budas de jade, santos católicos, collares de cuentas, caracoles y semillas, tallas y máscaras africanas, cetros y tongos, dos lanzas cruzadas, un arco primitivo y su carcaj lleno de flechas, con plumas de múltiples aves, flautas, claves, sonajeros, un instrumento de tres cuerdas montadas sobre un hueso largo, ensamblado a un carapacho de tortuga, y muchas barritas de incienso y velas rojas, de distintos tamaños, encendidas, rodeando el retrato enmarcado de Andrés Petit y un ánfora de porcelana roja, con finos dibujos en negro y dorado, y un santísimo sacramento de oro y plata, colocados en el centro. 


Por encima de todo, en lo alto de la pared, colgaba un Cristo del Buen Viaje de plata, con su mirada puesta en el cielo y su decisión, tomada; en espera, tan solo ya, de su licencia, para reunirse con el Padre allá arriba, en su reino eterno.


A la izquierda del altar de Kunankisi se hallaban las cazuelas de Tiembla Tierra y Brazo Fuerte, las fuerzas del terremoto y del volcán, respectivamente. La prenda de Tiembla Tierra es de arcilla blanca, con kriyumba completa, palos y cadenas; mientras que la de Brazo Fuerte es de barro rojo y lleva los cuatro huesos principales de los brazos de un nfumbe rodeando su cráneo, apuntalados con palos emplumados, con las manos cruzadas por encima. Ambas ngangas estaban cubiertas de sangre y muchas plumas blancas. Cuatro gallos y palomas del mismo color, sin cabeza, reposaban a sus pies, entre restos de sangre, pétalos y yerbas.


Después vi otro fundamento que me impresionó profundamente: Un esqueleto completo, de pie, con muletas y harapos de yute, como San Lázaro. A sus pies estaba la cazuela de Kobayende, nkisi de las enfermedades y hospitales, llena de palos, yerbas y flores, machetes, los cráneos de dos perros, y un sombrero de yarey. Numerosas obras en platos blancos y pequeñas fuentes de barro, y velas encendidas, se agrupaban alrededor, en el suelo.


Junto a Kobayende estaba Mariwanga, más conocida en América como Centella Ndoki, la fuerza de los vientos malos ( remolinos, ciclones, huracanes, tornados, etc ), reina de los muertos y señora del cementerio. Habita una cazuela de cerámica negra, cubierta de patipembas de yeso blanco. De la tierra sobresale hasta los ojos el cráneo con pelo de una cabeza de mujer. Lleva una corona de bronce oxidada, y un collar de perlas blancas, que contrasta con la tierra oscura, a su alrededor. Lleva dos tibias cruzadas, la quijada inferior del nfumbe sobre la kriyumba y la corona, palos, machete, bastón, una escoba, cadenas, grilletes, la cabeza de un gato negro de ojos verdes, una muñeca negra vestida de rojo oscuro y cuentas multicolores, entre otros elementos. La rodean copas de cristal con vino tinto y menga, güiras con mambas de yerbas y figuritas de arcilla atravesadas por alfileres, velas, puros, sangre, flores de muertos, humo, el cuerpo del gato y de algunas aves, plumas negras, etc.


A su lado estaba Madre de Agua, fundamento que agrupa a diversas entidades acuáticas, como Kalunga y Chola Wengue, recogidas en diversos recipientes, agrupados en torno a una Venus de ébano -medio vestida con retazos de sedas azules, amarillas y doradas, y cuentas de cristal, nácar, turquesas y otras piedrecitas de diferentes tonalidades-, y cubiertos con una gruesa red de pescar.


Kalunga, la fuerza de las aguas saladas, de los océanos y de las lágrimas de las madres, ocupaba una tinaja de arcilla cubierta de conchas, perlas, caracoles, corales, estrellas y caballitos de mar incrustados, de cuya ancha boca salían diversos palos, mpakas, yerbas, flores, anzuelos, un ancla, un arpón, un machete y una corona de plata, que rodeaban la parte superior del cráneo de una mujer ahogada.


Una calabaza junto a Kalunga albergaba la fuerza de las aguas dulces, Chola Wengue, nkisi de la abundancia y de la sensualidad. Estaba decorada con polimitas de Cuba, adornos femeninos de nácar y cobre, cadenitas y medallas de oro, perlas y piedrecitas de río. Por la boca de la calabaza sobresalían algunos palos, huesos, un largo puñal, una mpaka de caña de bambú cargada, una corona dorada y plumas de pavo real y de otras aves coloridas.

A los pies de las prendas, rodeando la red, había una maraca azul decorada con cuentas, una campanita de oro, endulzamientos en vasos, copas de cerveza y licores, tacitas de café, diminutos naipes españoles, un Tarot, una bola de cristal, un péndulo, cuarzos, güiras con mambas de yerbas, flores y preparaciones, figuritas de cera de abejas amarradas con estambres y cintas de colores o castigadas con agujas y cordel apretado, lámparas en calabazas y cocos cortados por la mitad, muchas velas rojas, azules, blancas y de miel ardiendo, barritas de incienso, puros y cigarrillos finos humeando, sangre, cuerpos y plumas de aves recién sacrificadas, etc.


Encima de Madre de Agua, colgando del techo, a la misma altura que el 4 Vientos, estaba Ngonda Nkisi, Mamá Canasta, la fuerza de la Luna y de las plantas enteógenas, la hermana pequeña de Lucero, que rige el subconsciente, los sueños y ensueños, y la imaginación. Su recipiente consistía en una cuna de mimbre, con un nido encima y varias cabezas de lechuzas y búhos dentro, de la que sobresalían yerbas, flores, cactus, setas, ramas, palos y huesos menudos -de una niña de 3 años-, un garabato y una escoba pequeños, entizado todo con collares de cuentas y plumas de pájaros diferentes, blancas, negras, grises, moradas, azules, verdes, rosadas y anaranjadas.


Delante de los fundamentos, como una fila de peones protegiendo a las piezas de mayor calibre, se colocan los guardieros -nkuyos y kini kinis o muñecos de palo-, las mpakas, calabazas y otras prendas de los miembros de la aldea, ordenadas genealógicamente -los gajos o prendas más antiguos se colocan más cerca de sus fundamentos y los gajos nuevos, más alejados-, para que se alimenten y festejen en comunión con los troncos ancestrales, de abuelos a padres, de padres a hijos, y así sucesivamente, vivos y muertos, todos unidos.


Entre toda esa gruesa franja formada por montones de fetiches y artefactos de brujería, el fantasma de Petit me señaló un pequeño nchila -resguardo en forma de corazón o punta de lanza- camuflado entre las sombras de varios nkuyos, muy próximo al fundamento de Lucero. Desde el borde exterior de la franja, donde empezaba el grupo de gente, resultaba prácticamente invisible para los ojos de un cuerpo físico.


En ese momento, los músicos hicieron una pausa y me fijé en que los capacitados también concluían los sacrificios, y sus ayudantes corrían a limpiar del suelo los restos y a rematar la faena con fuertes buches de chamba y aguardiente de caña, y densos chorros de humo de tabaco y otras yerbas. Los bailadores aprovecharon para refrescarse, y una cuadrilla de veteranos, comandada por Umbral, salió por la puerta en dirección a mi cuerpo.


"Ya son las horas", me dijo el rostro de Petit antes de esfumarse y los tambores volvieron a sonar, pero en esta ocasión con un ritmo más solemne, casi marcial, y a la vez más hipnótico. 

Debía volver a mi cuerpo, pensé, y en seguida estaba afuera, en la noche, flotando de prisa hacia la mafumeira, donde empezaba a mover las manos y a sacudir los pies.

Las caras se apartaron un poco de mi rostro, hasta que pude distinguir al Chino y a Umbral, que me estudiaban atentamente. Detrás de ellos había otros hermanos curiosos, aguardando para echar una mano, si necesitaba ayuda para levantarme. Parpadee y respire hondo, y todo el mundo sonrió. Me encontraba bien, aunque mareado y con el estómago encharcado. Vomité, me dieron varias palmadas en la espalda, y me sentí mucho mejor.


Mientras me ponía en pie y los brujos me guiaban hacia la puerta del bohío, me explicaron que la bebida sacramental que tragué al comenzar la penitencia, cuatro horas atrás, contenía una dosis generosa de cierta mezcla de plantas de poder, que limpia y dilata los canales espirituales. Crea el mismo efecto en el aura que varios días de ayuno y concentración, pero sin desnutrir, ni deshidratar al organismo vivo. Una purificación indispensable para entrar al templo y jurar como nuevo Kimbisa. Este requisito, me contó el padre Umbral, fue inspiración directa de San Petit, cuando fundaron la aldea. Desde entonces, todos los novicios pasan por lo mismo.


Nos detuvimos y me vendaron los ojos antes de llegar a la puerta. Alguien golpeó tres veces sobre madera, y una voz grave respondió desde el interior: "¿Quién llama?". A partir de ahí se desarrolló el tradicional diálogo del juramento Kimbisa, con muy pocas variaciones del texto original, que aparece en el libro La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, de Lydia Cabrera.


Terminado el juramento, estallaron frente a mi muchas voces que me animaban a cruzar el umbral de la puerta. Di tres pasos a ciegas y todo el mundo empezó a gritar y a aplaudir. Me quitaron la venda y la música arrancó de nuevo, pero nadie bailaba. Me hicieron un corro que se fue abriendo y cerrando a medida que avanzaba hacia el poste central.


El padre Umbral y sus amigos me escoltaron hasta un poco más allá del poto mitan, donde empezaba la franja de prendas y fetiches que separaba a los fundamentos de la multitud. Nos detuvimos allí, la música se interrumpió en seco y se hizo un silencio sepulcral, que hasta las aves nocturnas que poblaban la selva respetaron, durante unos instantes eternos, hasta que Umbral volvió a hablar:


"Entre todas esas prendas hay algo que dejé para ti", me dijo. "¡Tráemelo!"


Me orienté como pude en medio de la expectación general, hasta localizar los fetiches, frente a la cazuela de Lucero. Caminé con cuidado de no pisar nada, consciente de tener todos los ojos clavados en cada paso que daba. Me incliné y recogí del suelo el nchila con la mano izquierda. Esperaba que estuviera allí y que fuera exactamente igual a como lo percibí con mi cuerpo astral, un rato antes, pero aún así me sorprendió comprobarlo.


Al darme la vuelta hacia Umbral con el nchila en la mano, se quebró el silencio de golpe y todo el mundo prorrumpió en vítores y abrazos. "¡Bienvenido, hermano!", me gritaban con alegría.


Entonces seguí hasta el altar y saludé a Kunankisi tendiéndome boca abajo en el suelo, con los brazos en cruz y la mirada fija en el espejo del santísimo sacramento, que reflejó la luz de todas las velas de la sala, cegándome por un instante en el que se detuvo el tiempo y pude entender los secretos que el gran misterio y tesoro de los Kimbisa me confiaba, y que no debo revelar por ahora. 


Después saludé uno por uno a todos los fundamentos, y luego volví al altar y me senté en un taburete que pusieron, con los pies descalzos sobre la tierra y el torso desnudo. El rayamiento consistió en una firma que me tatuaron con tinta negra y roja en el pecho, encima de la vieja cicatriz de Tata. Y me lo hicieron con los ojos bien abiertos, entre brindis, bromas y caladas, para mayor diferencia con el ritual antiguo.


La músicos siguieron tocando, pero fuera del templo, hasta el amanecer. Hubo un banquete con los animales sacrificados, arroz, frijoles, viandas, frutas y algunos platos y dulces nativos, pues se unieron a la fiesta invitados que llegaron de poblados vecinos, varios jefes y chamanes entre ellos, que también bailaron y cantaron a sus espíritus.


Nchila, resguardo en forma de corazón.

sábado, 25 de julio de 2015

Encuentro en la Amazonia con el Padre Umbral y los nuevos kimbisa

Los nuevos kimbisas, al igual que muchos brujos de la vieja guardia, no permiten que sus voces e imágenes sean capturadas de otro modo que no sea con la memoria que, en su opinión, es la verdadera fortuna de los mortales. Por eso las citas que verán entre comillas no son transcripciones exactas de las conversaciones, pero sí muestran las cosas que presencié y aprendí entre ellos este año, en la selva, tal y como las recuerdo, aunque con mis propias palabras. Muchas de las conversaciones con el Padre Umbral las resumo en forma de preguntas y respuestas, para facilitar su comprensión y no alargar demasiado el texto.

No es frecuente que tenga que subir a un avión de improviso para cruzar el mundo pero tampoco es la primera vez que lo hago y se que no será la última. Recientemente estuve en Brasil, invitado por la familia de una joven muy enferma que conoció a un tata ahijado mío, que ejerce en Sao Paulo. Mi ahijado es fuerte y consiguió que la paciente se sintiera mejor durante un tiempo, pero llegados a un punto su energía ya no fue suficiente para salvarla y me llamó para que le echara una mano. Era un caso muy feo, pero entre los dos pudimos llevarlo a buen término en pocos días.

Terminada la curación, dejé a mi ahijado a cargo de la convaleciente y tomé otro vuelo a Manaos, capital del estado de Amazonas. Acudía a otra cita largo tiempo aplazada por las circunstancias de la vida. El encuentro con _en mi opinión_ uno de los brujos más visionarios e interesantes del exuberante universo mágico afroamerindio: el Padre Umbral Mundo Nuevo, fundador y guía de la Nueva Regla Kimbisa.

http://palomontenegro.blogspot.com/2010/11/la-nueva-regla-kimbisa-los-herederos-de.html.

http://palomontenegro.blogspot.com.es/2010/11/la-nueva-regla-kimbisa-los-herederos-de_20.html.

En Manaos alquilé un todoterreno y conduje durante horas en dirección norte, siguiendo con el GPS las coordenadas recibidas la noche anterior, en un mensaje de texto, hasta un restaurante de carretera, cerca de Boa Vista. Allí me esperaban tres hermanos kimbisa: dos jóvenes y un viejo conocido. 

El "Chino" me reconoció enseguida y se levantó para abrazarme, todo gritos y sonrisa, como buen habanero. Es un kimbisero de la vieja guardia, como yo y nos conocemos desde Cuba, hace veintipico de años. Fue de los primeros en unirse al Padre Umbral cuando fundó la Nueva Regla Kimbisa, en 1999. 

Por ese entonces yo estaba viviendo en Estados Unidos y luego en Europa _cuando en el 2004 el Padre Umbral y algunos de sus nuevos kimbisa abandonaron la isla en balsa y después empezaron a viajar por América, hasta llegar al Amazonas_, así que nunca tuve oportunidad de conocer personalmente al Padre Umbral y a su regla, pero amigos como el Chino me mantuvieron al tanto y por eso siempre tuve curiosidad por su trabajo. Por fin estaba a punto de conocer al brujo más renovador y polémico del mundo religioso afrocubano desde que el propio Andrés Petit fundara la primera potencia Abakuá para blancos y mestizos, en el siglo XIX, cuando la isla era aún colonia española.

Después de las presentaciones y de comer algo rápido, mientras me ponía al día con el Chino, dejamos mi coche en el aparcamiento del restaurante y los cuatro nos fuimos en "La flecha", una vieja camioneta Ford modificada con neumáticos de tractor, un motor nuevo y una flecha plateada pintada a cada lado, a lo largo del vehículo.

"Cosas de los chicos" _me explicó el Chino y me contó durante el trayecto, entre otras cosas, cómo en los últimos años, poco tiempo después de "ser adoptados por la Amazonia", el reducido grupo de nuevos kimbisa que se mantenían unidos al Padre Umbral cuando llegaron allí, empezó a ver crecer su número con gente de la zona de la frontera o que venían de Brasil, Venezuela y Colombia ( aunque también tenían gente nueva de Mexico y Francia que conocieron por otras vías ); principalmente jóvenes con grandes inquietudes espirituales _"y medio achicharrados"_, añadió mi amigo, señalando en broma a la cabeza de sus compañeros, que al unísono empezaron a hacer muecas y visajes. 

Camino al campamento de los nuevos kimbisa, en un intrincado lugar de la selva amazónica, me enteré de que ahora eran cerca de 70 hermanos viviendo en "la Aldea", como llaman ellos al antiguo asentamiento indígena sobre el que se establecieron. Un lugar de poder, me advirtieron y lo pude comprobar esa noche no más llegamos.

La bulla se escuchaba en varios kilómetros antes de entrar a la aldea, que me recordó una feria de noche, llena de lamparitas solares( se preocupan mucho por la ecología y el medio ambiente, por lo que emplean luces y baterías solares y dinamos para hacer funcionar la mayoría de sus equipos ), antorchas y faroles de papel. Los tambores retumbaban en mi pecho acelerado y, en contraste, el sonido melancólico de una guitarra eléctrica( amplificado con la batería de un jeep ) me puso los pelos de punta desde la base de la columna hasta la cabeza. Tuve que controlar mi respiración para calmar mi pulso y no caer en trance allí mismo, antes de bajar del carro. Nunca había sentido una llamada tan intensa ni en los mejores salones de santo de Matanzas, ni en los toques más duros de ñáñigos y nganguleros de Oriente y de La Habana, donde orishas y nkisis pugnaban por "montarte" en cuanto cruzabas la entrada de la casa o del solar donde se estuviera tocando.

Pese a lo anacrónico que pudiera parecer el uso de un instrumento tan moderno como una guitarra eléctrica en un ritual chamánico en medio de la selva amazónica, lo cierto es que ambos sonidos -tambores y cuerdas eléctricas_ se complementaban a la perfección para inducir al trance con violencia inusitada: _"La electricidad es una energía natural y por eso también es mágica, aunque provenga de una guitarra o de un rayo. ¿Qué crees que hacían los viejos tatas africanos trabajando con imanes y mataris( piedras ) de Nsasi( 7 Rayos, la fuerza del rayo ), si no emplear las energías eléctricas y magnéticas de esos elementos para manipular las leyes de la naturaleza?"_ me explicó el propio Padre Umbral, un rato después de ser calurosamente recibidos en el campamento. 

"La espiritualidad no radica en el objeto en sí, como una guitarra, un tambor o una mpaka, sino en el uso que le damos" _continuó_. "Un machete no tiene poder mágico si se usa para cortar caña. El machete tendrá poder si se dedica exclusivamente a tareas mágicas, que no son de este mundo. Y lo mismo pasa con la gente. Todos nacemos con potencial, pero si no lo consagramos a la búsqueda espiritual nunca tendremos poder espiritual o mágico; como prefieras llamarlo. No se puede vivir como una persona normal, como un esclavo más de la sociedad materialista, con todo su consumismo, estrés y banalidad, y pretender ser una persona especial, original y mucho menos con poderes mágicos".

La Aldea consistía en un cinturón de tiendas de campaña alrededor de un puñado de edificaciones de madera y bambú atados con soga de cáñamo, adobe y grandes hojas secas de plátano y palmeras que, a su vez, rodeaban una amplia y concurrida plaza de tierra apisonada, con un pozo y una enorme Mafumeira ( especie de ceiba ) en el centro, bajo la cual se encontraban varios hermanos tocando diferentes tambores y sonajeros tradicionales, instrumentos artesanales de viento y cuerdas, la guitarra eléctrica y unos teclados eléctrónicos que no conseguía escuchar. Los teclados, me explicaron los jóvenes ( Fabio, de Brasil y el "Cuco", colombiano. Ambos de veintitantos, llevaban cerca de dos años en la Aldea, desde que pasaron las pruebas y fueron aceptados y rayados en la Nueva Kimbisa ), emitían sonidos binaurales, en frecuencias imperceptibles para un humano de forma consciente. Por eso no los escuchaba. Portaban mensajes subliminales dirigidos a los espíritus de vivos y no vivos, para potenciar los efectos de la música, atrayendo a las entidades sin materia a este plano y facilitando diversos niveles de trance y otros estados especiales en los humanos. Así logran ocultarse de espíritus burlones y peligrosos, sintonizando exclusivamente con cada entidad que precisan en cada ocasión, y enfocan con mayor intensidad y precisión los ataques y pinchas( trabajos, enviaciones espirituales para malo o bueno ).

"Igual los nfumbe tocan", me dijo el Cuco señalando a la mafumeira, de cuyas ramas colgaban cientos de objetos o fragmentos que producían resplandores y un murmullo de sonidos de cristal, como risas de niños traviesos, mecidos por invisibles vientos, que servían de fondo coral al mágico concierto."Así sabemos que no estamos hablando solos. Compartimos la música con ellos y si no vienen o no están contentos por algo, desafinan."

Nos dirigimos hacia una de las casas iluminadas, en cuyo amplio portal se agrupaban una docena de personas que nos abrieron paso entre la neblina de sus tabacos( los cubanos llamamos tabaco a los puros y cigarros, a los cigarrillos ) hasta un hombre de camisa clara de mangas cortas, que miraba absorto el espectáculo con los brazos tensos y las manos cruzadas a la espalda. Sin darse la vuelta, me hizo una seña con el hombro de que me acercara y después señaló con el dedo hacia algo invisible, a medio camino entre nosotros y el fuego de la hoguera que iluminaba el centro de la plaza, convertida esa noche en escenario mágico y portal entre mundos. Era el Padre Umbral.

Nadie me lo había dicho, pero yo sabía que era él o, mejor dicho, mi espíritu lo sabía y por eso mi cuerpo se puso en alerta en cuanto me acerqué a su aura, bastante más ancha e intensa que la de cualquier persona normal y que la de muchos religiosos. Me dije que era una reacción natural a la presencia de un espíritu tan fuerte y complejo y me controlé. No obstante era incapaz de mirar directamente hacia el punto en el espacio que señalaba su dedo, como si al hacerlo fuera a caer en una trampa. Umbral sonrió sin volver el rostro y a mi se me pusieron los pelos de punta.

Empezó a hablar sin cambiar de posición, como si leyera el texto en aquél punto imaginario en el que tenía clavados los ojos. "Nuestros ancestros se comunicaban con los muertos y los sin cuerpo desde la noche de los tiempos, pero lo hacían dando palos de ciego y sus éxitos eran poco prácticos, comparados con las armas y tecnologías de los europeos". Se quedó en silencio un instante y luego giró la cabeza y me dijo: "Por eso casi desaparecemos del todo ( los brujos ), como los puñeteros dinosaurios. Esa es la razón por la que estamos experimentando con las energías sicofísicas o espirituales o como prefieras llamarlas, empleando métodos científicos, y estamos adelantando mucho".

Nos estrechamos las diestras e intercambiamos varios saludos secretos sin que mediaran presentaciones orales, ante la mirada asombrada de los más jóvenes y risueña, de complicidad, de los viejos kimbiseros. "Un saludo por cada hermandad a la que pertenecen..." _escuché que le explicaba el Chino a Fabio, Cuco y otros dos jóvenes que me habían presentado al llegar. 

"En la marea de la modernidad se ha perdido casi todo el conocimiento mágico tradicional, o eso creía todo el mundo" _continuó el Padre Umbral. Su lenguaje era educado, pero su voz pronunciaba las palabras con cierta inseguridad, como si no se fiara del todo de ellas. No era precisamente un hombre culto cuando el espíritu de Andrés Petit, fundador de la regla Kimbisa del santo Cristo del buen viaje, se le manifestó estando preso en Cuba y empezó a instruirlo en la que sería la misión de su vida: fundar la Nueva regla Kimbisa_. Ese evento sobrenatural marcó y transmutó su ser para siempre, colmándolo de conocimientos que el santo Petit confió en su cabeza, para hablar por su boca y guiar a sus hijos desde la dimensión de luz que su espíritu alcanzó al liberarse del cuerpo y de este mundo.

"Pero todo está registrado en la música, como una copia de seguridad grabada en frecuencias sonoras cuya existencia habíamos olvidado. No andaban mal encaminados los ocultistas europeos con el asunto de la música de las esferas y el principio hermético de la vibración sonora, pero mientras ellos poseían la teoría y el lenguaje musical capaces de explicar la magia, pero careciendo de ella en la práctica, tras siglos de racionalismo; los brujos africanos conservaban sus primitivos trances cuando sonaban los tambores rituales y concluían lógica, pero erróneamente, que el poder estaba en y era el, propio tambor. En realidad el objeto tambor contiene la carga negativa o pasiva, el hardware, por decirlo de alguna manera, pero la música es la energía positiva, la información espiritual activa, el software que completa el poder mágico del tambor cuando se le hace sonar en la frecuencia y el ritmo adecuados. Existe un mambo ( música, tonada ) o varios, para cada espíritu y para cada cosa que se quiera ver o hacer" _Argumentaba con la precisión de un profesor y con la naturalidad de un frutero. Llevaba unos chinos desgastados, botas de montaña y un morral de cuero en bandolera. Al fijarme mejor, veo que no se trata de un morral cualquiera y que el cordón de cuero que lo sostiene y le cruza el torso desde el hombro hasta la cadera, presenta varios bultos pequeños, semillas, cuentas, metales y colmillos, entre otros elementos atados, como un collar de guerra. Después supe que solo lo lleva en las ceremonias y trabajos y nunca a la vista cuando sale de la selva.

A los nuevos kimbisa no les gusta exhibir prendas que puedan delatarlos como brujos; prefieren pasar desapercibidos en el mundo cotidiano, "para que no nos puedan cazar la pelea", me dice el Chino guiñando un ojo. Sus protecciones las llevan bajo la piel, tatuadas con una tinta cuya receta es secreta, formando patipembas o firmas mágicas correspondientes a sus aliados espirituales, ángeles de la guarda, etc. De esa forma siempre las llevan consigo hasta en la cárcel y solo las muestran cuando quieren, al desnudar el torso, pues los tatuajes kimbisa empiezan ( de kunanchila ) con la cruz del primer rayamiento en el lado izquierdo del pecho, sobre el corazón y se van enriqueciendo con nuevos dibujos simbólicos, a medida que el iniciado avanza en el sendero espiritual de su regla. 

¿Y cómo encontraron ese camino, maestro? Le pregunto al Padre Umbral. ¿Fue el trabajo de los herméticos lo que les puso en la pista correcta o fue revelación del propio Andrés Petit, como se rumorea? 

Se queda un rato inmóvil, pensativo _gesto al que ya me voy acostumbrando_ y luego asiente varias veces con la cabeza, como si recibiera instrucciones de un entrenador invisible.

"Es verdad que fue Andrés el que me insistió en que investigara en la música y estudiara la vibración de los sonidos en relación con la energía y los planos espirituales _comenzó de pronto Umbral mientras sacaba una pipa de madera y un saquito de tela del morral. Metió la pipa en el saquito y la llenó con una mezcla de plantas secas en la que había de todo, hasta tabaco, aseguró_, pero si no llega a ser por la tecnología digital no hubiéramos podido dar pie con bola. El trabajo inconcluso que se llevó Andrés a la tumba era sobre la música y los sonidos, en gran parte, y tuvo que esperar casi cien años para que apareciera la tecnología adecuada ( programas informáticos, ultrasonido, binaurales, instrumentos de alta precisión y fidelidad, etc ) y un tipo lo suficientemente loco o desesperado, como yo, para hacerle caso y embarcarse en esta aventura".

Pregunta: ¿Cómo se le manifiesta el espíritu de Andrés Petit? ¿Es una voz o también puede visualizarlo, como a un fantasma?

Respuesta: "La primera vez fue en medio de una crisis nerviosa en la prisión. Tocar fondo es duro, pero tocar fondo en el tanque( la cárcel ) es el infierno. Y en ese punto estaba yo, disolviéndome en la mierda del fondo del tanque, cuando de pronto, en el momento más crítico, se me apareció Andrés Petit por primera vez y me salvó. 

En esa ocasión lo vi perfectamente, como te estoy viendo a ti ahora, pero me encontraba tan mal que creí estar alucinando. Pero después continuó visitándome en sueños y lo que me decía tenía sentido y continuación, ¿sabes? Era de locos y metía respeto, pero yo no tenía nada que perder, así que empecé a hacerle caso y a tomar nota de todo lo que me decía, primero disimulada y luego, abiertamente.

 Al principio solo escribía en la celda, pero después me llevaba la libreta y el lápiz a todas partes y había gente que creyeron en mi y me cuidaban para que nadie me molestara cuando entraba en trance en cualquier parte y me ponía a escribir. Podía escribir horas de un tirón, si estaba cómodo y nada me interrumpía. Cuando escribía entraba en un estado de semi trance en el que veía la realidad ordinaria borrosa o desenfocada y tenía que detenerme para no tropezar. No lo veía, pero escuchaba su voz y si entornaba los ojos, lo hacía con más claridad y podía escribir al mismo tiempo. Funciona mejor que los sueños, que se pueden olvidar o confundir y resulta más sano que un coma o un colapso nervioso, que son otras formas espontáneas de vislumbrar otras dimensiones". 

Pregunta: ¿Qué pasó a continuación? ¿Cómo le salvó y cuál es el estado actual de su comunicación con el espíritu de Andrés Petit?

Respuesta: "No fue solo que mi caso se resolviera de pronto, por un golpe de suerte y que fuera absuelto cuando tenía todo, hasta a mi mismo, en mi contra, sino que fue como una cura de caballo que me hizo despertar a lo bestia, en todos los sentidos. Yo era kimbisero y religioso, pero había perdido la fe y el rumbo, así que cuando me vi libre, fue como un milagro, ¿me entiendes? Uno se abandona hasta morir cuando pierde la fe, pero la súbita revelación de la existencia sobrenatural nos aporta la fuerza que necesitamos para levantarnos y seguir adelante. Cualquier cosa es posible después de eso. 

En mi caso, dejé de vivir a lo loco, me limpié y me centré. Por primera vez sabía lo que quería en la vida y tenía confianza en mi mismo. Nunca más he vuelto a sentirme solo. Tú me entiendes: es algo que nos pasa a todos los muerteros, pero no es lo mismo experimentar trances leves y confusos de cualquier nfuiri perdido ( que es lo que más abunda: espíritus recién descarnados y totalmente desorientados que se quedan pegados en racimos a este plano, hasta que, con el tiempo, consiguen ascender, si no los atrapa un karire por el camino o un brujo con una botella ) a que baje por voluntad propia un espíritu elevado ( casi o más que un santo, en mi opinión ), como el de Andrés y no se limite a responder preguntas simples, dar consejos o mensajes ambiguos y hacer curaciones ( como muchos mpungus, nkisis, orishas y santos ), sino que dicta libretas enteras de conocimiento esotérico de valor incalculable. 

Actualmente no hay necesidad de una comunicación tan fluida e intensa, pero siempre que surge un problema o pregunta importante, nos avisa y ayuda; por eso es Andrés Petit y no San Luis Beltrán el espíritu guía de la Nueva regla Kimbisa. Y no solo a mi, se le manifiesta a todos los nuevos kimbisa al menos una vez en la vida, generalmente en el rayamiento Padre y en momentos de vida o muerte. 

Puedes preguntarle a cualquiera. Aquí todo el mundo tiene su relación especial con Andrés, pero cuando se trata de un aviso o mensaje general, todos lo recibimos a la vez. Y si se manifiesta en sueños, a la mañana siguiente todos recordamos lo mismo. Claro que eso es aquí, que es donde hay más nuevos kimbisa juntos, pero a medida que uno se aleja del campamento su influencia va menguando".

Pregunta: ¿Qué más diferencia a la nueva kimbisa de la kimbisa tradicional y cómo es la vida en la Aldea, en ese sentido?

Respuesta: "En realidad da igual, todos somos kimbiseros y trabajamos con Andrés Petit, pero nosotros estamos en contacto directo con su espíritu, así como el propio Andrés estuvo en contacto directo con San Luis Beltrán, que fue su guía espiritual en su tiempo. Los primeros kimbisa dedicaron muchos esfuerzos al estudio de la magia negra y del espiritismo aplicados a la adivinación, a la curación física y a la limpieza espiritual, por lo que sus templos en La Habana eran abiertos al público que acudía en busca de consejo y ayuda; pero nosotros estamos concentrados en la investigación y por eso tenemos que mantenernos en secreto, sin implicarnos demasiado con la comunidad. Con todo y eso, tenemos que mudar el campamento cada cierto tiempo. Así llevamos más de una década, desde que salimos de Cuba. Hemos estado viviendo largos períodos en Tampa, en la zona de la frontera con Mexico, en Colombia, Perú y Brasil. Pero desde que llegamos a la Amazonia supimos que la selva es nuestro hogar definitivo. Las máquinas de talar tardarán todavía otros diez años en llegar hasta aquí, si no logramos detenerlos antes. Ese es uno de nuestros objetivos: salvar la selva amazónica, el corazón del mundo.

En la Aldea hay que hacer de todo. Cultivamos algunas cosas y principalmente recolectamos, criamos animales, cazamos, pescamos, construimos, reparamos, cocinamos, etc. Nos repartimos las tareas y el resto del tiempo lo dedicamos a nuestras cosas. Aquí todos tenemos proyectos individuales y a la vez colaboramos en los colectivos, como el concierto de esta noche. Tenemos cierta influencia de las tradiciones espirituales del lugar, como la ayahuasca y algunos practicamos capoeira, pero también hemos incorporado elementos y experiencias de otras tradiciones esotéricas y de los lugares por los que hemos ido pasando en nuestra peregrinación".

En los días siguientes tuve oportunidad de ver cómo se desarrollaba la rutina de la comunidad. Se rigen por la luz solar, despertando al amanecer y cesando, con la puesta de sol, todas las actividades "normales", para dar paso a otras muy diferentes: las obras y rituales mágicos, que duran toda la noche y a veces, parte de la madrugada. El sol para trabajar y la luna, para hacer brujería. 

De día son una comunidad horizontal, sin jefes ni estructuras sociales rígidas, pero que funciona con sorprendente eficacia. Cada cual hace lo que sabe y quiere hacer, y las tareas menos agradables o interesantes, como limpiar o ayudar en la cocina, se van rotando entre todos. Trabajan lo justo para cubrir sus necesidades y el resto del tiempo lo destinan a proyectos colectivos e individuales, de índole espiritual. 

A parte de los músicos, que suelen internarse en la selva para ensayar sin molestar a sus compañeros, está el grupo de los recolectores que, además de yerbas medicinales y mágicas y frutos y raíces para la alimentación, buscan nuevas plantas( en el Amazonas hay miles de especies sin catalogar ) y estudian sus propiedades curativas, nutritivas y espirituales. Los más ágiles, silenciosos y con buena puntería, se dedican a la caza( con arco, lanza y cerbatana, como los nativos. Las armas de fuego se destinan principalmente a la defensa contra otros humanos, como bandidos y narcoguerrilleros. Con los indígenas hay respeto e incluso amistad con algunas tribus, que saben que respetan la selva y son gente de palabra ) o captura de diferentes aves y fieras cuyas plumas, pieles y otros ngandos, son muy apreciados en la aldea para la realización de trabajos y prendas mágicos, y en muchos casos también su carne enriquece el menú con recetas exquisitas de sesos de mono, ancas de rana y diversos cuadrúpedos, serpientes, lagartos y hasta algunos insectos y bichos. 

La dieta de los nuevos kimbisa se basa en frutas, tubérculos y verduras que recolectan o cultivan, pescado( la aldea se encuentra junto a un afluente del Amazonas y muchos pasan las tardes pescando en sus aguas ) y chivos y pollos que crían para los sacrificios, pero el responsable de la cocina es un auténtico chef de escuela y entusiasta de la gastronomía de las numerosas tribus y comunidades de toda esa zona de la selva donde convergen las fronteras de Brasil, Venezuela, Colombia y Perú( al menos esa era el área que habían explorado hasta el momento ), que enriquece con sus exóticos( y a veces repugnantes ) platos la mesa kimbisa.

Esa dieta, rica en vitaminas y proteínas, pero muy baja en carbohidratos de lenta asimilación, como los cereales y harinas, los mantiene a todos delgados, pero muy sanos, lo cual se nota en la piel y el cabello, en el brillo de los ojos, la sonrisa perenne y la tremenda vitalidad que despliegan en todas sus actividades, casi como niños.

Toda el agua que beben la filtran y hierven antes de acumularla en tinajas. La suelen tomar en multitud de infusiones y cocimientos de hierbas y raíces medicinales y espirituales que llevan siempre en sus cantimploras. Los medicamentos son muy caros para ellos y la selva les provee de infinidad de sustancias calmantes, estimulantes, curativas, etc, cuyo conocimiento es uno de los mayores tesoros encontrados por los nuevos kimbisa en su éxodo. 

Todas las mañanas me daban un brebaje aromático y delicioso, mezcla de café y hierbas de la zona, que estimulaba todo mi cuerpo y sentidos sin alterar la claridad de mi mente. Podía trabajar, caminar o conversar horas y horas sin sentir cansancio físico ni alteración nerviosa. Ellos la toma todo el día, sobre todo cuando entran en la selva y durante los entrenamientos físicos.

En general todos hacen mucho ejercicio y poseen cuerpos nudosos y elásticos, capaces de trepar con facilidad por los árboles, de nadar, saltar y correr con vigor y gracia al mismo tiempo, casi como animales. Me precio de mantenerme en forma a mis cuarenta y pico de años, pero en la Aldea vi hombres y mujeres de la edad de mis padres que lucían mejor que yo y, definitivamente, se encontraban en mejor forma que un servidor. 

"Somos animales que piensan, no cerebros que caminan", me dijo Umbral cuando le pregunté sobre el énfasis que ponía en el desarrollo físico de sus discípulos. "Si no podemos desarrollar nuestro cuerpo físico ( que es sólido y visible ), cuidarlo, fortalecerlo y perfeccionarlo a voluntad, cómo podemos pretender desarrollar las habilidades del espíritu, que es invisible e impalpable. El cuerpo del brujo debe estar limpio y afilado, como el templo y el machete".

Pregunta: ¿Eso se lo dijo Petit o es algo que aprendió de la filosofía oriental? Tengo entendido que era usted karateka antes de entrar en contacto con el santo Petit.

Respuesta: "Cierto, yo practicaba kárate en Cuba y judo, desde chama. Aprendí mucho, pero no lo sabía. Me refiero al conocimiento filosófico y mágico que contienen las artes marciales budistas y taoístas. Todo eso estaba en mí, pero yo solo me fijaba en la parte violenta y emocional de esas disciplinas, en el combate. Yo me crié en un ambiente duro y tuve una vida muy dura en Cuba hasta que caí preso. Practicaba, bebía, buscaba pelea y me metía en problemas. Estaba perdido. 

No, Petit no me dijo nada de filosofía oriental ni de artes marciales, pero esas cosas estaban en mí cuando el santo me habló y me liberó del miedo, y entonces salieron a flote y las vi desde otra perspectiva, y seguí profundizando. Tal vez por esas cosas me eligió."

Me explicó que le enseñaba artes marciales a sus ahijados porque creía firmemente en que desarrollaban el autocontrol, los sentidos y reflejos, la mente y la voluntad( que es poder espiritual en estado puro ), pero que no se los imponía. 

"Les dejo que elijan los deportes, disciplinas y actividades que prefieran. Lo que pasa es que hay varios muchachos que también practicaban artes marciales antes de llegar aquí, sobre todo los brasileros. En este país hay una larga tradición de judo, jiu jitsu y capoeira, que tiene raíces africanas. Capoeira es música, danza, guerra y magia, indio y africano a la misma vez, por eso nos vino como anillo al dedo y se integró naturalmente a nuestra propia forma."

Esa forma a la que se refiere Umbral es la liturgia actual de los nuevos Kimbisa, que comprende música propia( creada y ejecutada por sus músicos ), cantos y rezos( en una mezcla de español con palabras bantú y yoruba, entre otras culturas ), danza(  que al igual que la música, es creada con elementos de diferentes cultos afroamericanos, orientales y occidentales, tradicionales y modernos, para inducir el trance mediante las vibraciones mágicas del sonido y del movimiento ) y el lenguaje visual de sus patipembas, prendas y ritos.

"Lo que sí me enseñó el santo Petit con insistencia fue que el fundamento del poder Kimbisa y la esencia de su nueva regla, es la diversidad y mezcla de sus fuentes, y la libertad que tienen sus seguidores para experimentar con ellas en busca de su propio camino" -continuó el padre Umbral-.

"Es bueno conocer la tradición y partir de lo mejor de su conocimiento, pero sin fanatismo por lo viejo, ni fobia a lo nuevo. Es preciso razonar lo que aprendemos sin repetir como cotorras, para separar los verdaderos secretos mágicos de lo que es solo floklore. Nosotros hemos comprobado, por ejemplo, que no influye en qué lengua se hable o se cante, ni cómo se baile o se actúe, en el resultado mágico de un ritual; lo que sí resulta decisivo es conocer el significado de las palabras, decirlas o cantarlas de kunanchila, con corazón y que la música mantenga el ritmo preciso. Da igual la forma o estilo con la bailes, hermano, si sigues el ritmo correcto, tarde o temprano te montas( caer en trance ).

Pregunta: Pero en los toques de ocha cada orisha responde a un baile determinado, ¿no?

Respuesta: Pregunta con trampa( risas ). Vamos a ver, ¿qué fue primero, el baile o la música? La cosa está en el ritmo. Cada ritmo es diferente, cada toque para cada orisha, o para cada mpungu, nkisi, nfuiri, loa, santo, karire y el diablo colorao, es diferente y, por tanto, el baile que brota de los pies de la gente de forma natural al seguir cada ritmo, también sale diferente. 

Lo que pasa es que los africanos estaban muy adelantados espiritualmente, pero atrasados tecnológicamente. Sus lenguajes eran limitados en los tiempos y apenas concebían el futuro, pues vivían en un eterno pasado, hasta que llegaron los europeos pegando cañonazos y se los trajeron de esclavos para América. Tampoco tenían escritura propia, hasta que entraron en contacto con cristianos y musulmanes. La única forma de proteger la información que dominaban era el secreto y el culto al secreto, por lo que, para transmitir el conocimiento sin traicionar el secreto, tuvieron que disfrazarlo bajo complejísimas liturgias, con infinidad de toques, cantos, rezos y combinaciones de colores y elementos diferentes, para que los aprendices memorizaran el ritual de forma eficaz, pero sin captar su mecánica.

Andrés Petit intuyó eso en su época, pero era una idea demasiado fuerte para ese tiempo, por eso levantó tantas ronchas y se ganó tantos enemigos con su potencia Abakuá para blancos y mestizos y con su Kimbisa. Date cuenta que en La Habana, en lo que es hoy La Habana Vieja, siempre le estaban cazando la pelea para matarlo como fuera, con makumba o con sevillana. La idea era demasiado fuerte hasta para él mismo, que era muy católico, pues implica que ese dios creador, único y verdadero, que tratan de atribuirse todas las religiones y culturas del mundo, no solo es el mismo en todas partes, sino que además, dejó un regalo, una parte de sí mismo, en cada rincón del planeta. Atiende, porque esto es importante:

Dios es un rompecabezas cuyas piezas están por todas partes, en cada piedra, planta, bestia y en nosotros. Por eso, en cada especie animal o vegetal que desaparece, en cada reserva natural que se agota, en cada pueblo o cultura que se esfuma, perdemos una pieza de Dios, un trozo de la Verdad. Los humanos tenemos que parar ya de matar y destruir al mundo antes de que sea demasiado tarde. Quién sabe en cuáles especies y mentes se esconde el secreto de la vida eterna o la clave para viajar a mayor velocidad que la luz y poder conquistar el universo. 

Pregunta: Hay que admitir que la humanidad en conjunto tiene cada vez más consciencia ecológica y madurez social e incluso espiritual, comparada con la de hace dos o tres décadas, pero la máquina en la que viajamos todos ha perdido los frenos y nadie encuentra el modo de detenerla o desviarla hacia otra parte que no sea un final apocalíptico. Ni las religiones, ni las ideologías políticas, ni las tecnologías más modernas lo han conseguido. ¿Qué podemos hacer nosotros, simples personas, para salvarnos a todos?

Respuesta: "Debemos dejar de culpar a otros de nuestros problemas y de esperar a que otros los solucionen. Todos somos culpables directa o pasivamente del estado del mundo, desde el dueño de la empresa que ordena verter residuos químicos en las aguas, hasta el camionero que la ejecuta, el gobierno que lo permite y los consumidores que compran el producto. Tanta culpa tiene el que mata a la vaca, como el que le aguanta la pata. Por eso todos debemos cambiar ya mismo, sin esperar a que otros lo hagan primero. Y cambiar significa despertar y enfrentar la Verdad. Eso es lo que hacemos aquí, aceptar nuestra responsabilidad con el mundo y enfrentar la Verdad."

Pregunta: Usted habla de la Verdad como si ya hubiese sido descubierta y solo bastara mirarla fijo, pero, ¿a cuál Verdad de las tantas conocidas se refiere, o se trata de una Verdad inédita descubierta por los nuevos kimbisa o desvelada por Andrés Petit u otra entidad espiritual?

Respuesta: No hay que complicarse tanto, hermano. La Verdad es muy sencilla y todos la conocemos, pero a la mayoría de la gente le asusta hablar de ella y se evaden como locos en mil caminos sin salida. Me refiero a la Muerte, claro, la única certeza compartida por todas las personas del mundo y alrededor de la cual crece la humanidad. 

La muerte es la trama de la vida. El resto de las historias en que nos involucramos y que tanto nos preocupan( trabajo, dinero, sexo, amor, moda, apariencia, coches, mascotas, amigos, vacaciones, etc ) son secundarias, hasta tanto no resolvamos el conflicto primordial, la raíz del drama humano, que es la muerte. Da igual si vivimos siete o setenta y siete años, y si los vivimos felices o amargados. Nada de eso cambiará el destino de la muerte y por eso es un despilfarro vital, un lento suicidio. Debemos apuntar todos nuestros esfuerzos, tanto individuales como colectivos, hacia la solución de ese escollo contra el que se han estrellado todas las civilizaciones anteriores."

Pregunta: ¿Y es eso posible, vencer a la muerte? 

Respuesta: Qué más da, ¿acaso tenemos otra opción?

Pregunta: Cierto, pero saberlo resultaría muy estimulante. Mucha gente pierde la esperanza y se resigna a morir, pues no encuentran razones para seguir luchando o se esconden en alguna fe ciega y cruzan los dedos para que exista un paraíso esperándoles. ¿Qué les diría esas personas? ¿Al menos hay esperanza?

Respuesta: "Esa es la misma pregunta que se hizo Andrés Petit en su momento y a la que dedicó la mayor parte de su vida, al igual que todos los verdaderos sabios del pasado o del presente. Pocas personas lo han conseguido a través del tiempo, pero sí, es posible trascender, más que vencer a la muerte, y Petit fue una de ellas.

Vencer a la muerte o, lo que es lo mismo, vivir para siempre, lo lograrán las ciencias y sus tecnologías algún día no tan lejano, pero mientras tanto, lo que sí podemos hacer es trascender la muerte. Encontrar el modo de fundir nuestra mente con nuestro espíritu de forma consciente antes de morir, para poder marcharnos con él cuando abandone el cuerpo. Es decir, alcanzar la iluminación, como suele decirse."

Pregunta: ¿Y Petit le reveló el secreto para trascender la muerte?

Respuesta: "El santo Petit( Petit después de morir su cuerpo ) me detalló su experiencia( de hecho me contó casi toda su vida ) y eso ha sido de gran ayuda para esbozar un sistema que pueda funcionar con más personas y empezar a desarrollarlo. El dice que en este tiempo ya contamos con los medios y la capacidad para llevarlo a cabo con éxito, pero en el pasado ni siquiera el Buda había logrado crear un sendero preciso hacia la iluminación que pudieran seguir sus discípulos y los de éstos, tras su muerte. Tradicionalmente, la iluminación siempre se conoció en los círculos esotéricos como una hazaña individual, original e irrepetible, que cada persona debe resolver a su manera. La oración, la meditación y el trance son las formas o vías principales para alcanzar la iluminación. Todas funcionan, pero ninguna puede garantizar, ni de lejos, el éxito de las personas que las cultivan.

Nosotros estamos tejiendo un sistema integral para alcanzar la iluminación, con los retazos de conocimiento espiritual de las principales culturas y tradiciones esotéricas conocidas. Hemos adelantado mucho desde que llegamos aquí, pues la selva nos ha brindado la paz y el poder para hacerlo. Ella sabe que de nuestro éxito puede que dependa también su salvación. Sin embargo, aún es pronto para lanzar cohetes; no lo sabremos con seguridad hasta que pasen algunos años de resultados estables que podamos contrastar.

Entre tanto y con la guía del santo, hemos encontrado ciertos frutos y plantas medicinales y de poder que, combinados, disminuyen considerablemente la oxidación de los tejidos, ralentizando el envejecimiento del cuerpo y de la mente. Si a eso sumamos el intenso entrenamiento físico e intelectual al que nos sometemos, y la fuerza( energía, poder espiritual ) que absorbemos en nuestros ritos y viajes( astrales, en sueños y con plantas de poder ), creo que es muy posible que la mayoría de estos muchachos, si no todos, alcancen la iluminación a tiempo. Algunos ya lo han logrado, como la mayoría de los veteranos".

Pregunta: ¿Puedo probar esa combinación de plantas?

Respuesta: "La has estado bebiendo todas las mañanas desde que llegaste, y algunas tardes también. Parece que te gusta( risas ). ¿Cómo te sientes?"

Me quedé pensando unos instantes y tuve que admitir que me sentía estupendamente, tan bien que ni me daba cuenta. Dormía a pierna suelta y me despertaba fresco y con energías de sobra para toda la jornada. Hasta mi mente era más clara y rápida, cosa que había achacado en un principio a la pureza de la selva, pero ahora sabía que esa no era la única causa. En los jóvenes no se apreciaba tanto, pero tenía que reconocer que los más viejos del grupo, gente de mi edad y más, se encontraban en óptima forma física y lucían más jóvenes que yo. Tampoco recordaba haber visto a nadie enfermo o tan siquiera tosiendo, ni de mal humor. Se trataba sin duda de aquella especie de café. 

Pregunta: ¿Sabe que podría ganar mucho dinero con esas plantas, verdad? No tendrían que trabajar para subsistir y así podrían dedicar todo el tiempo y esfuerzos a la búsqueda espiritual. También contarían con más recursos para albergar a mayor número de estudiantes y adquirir mejores instrumentos y equipos...

Respuesta: "E inmediatamente se nos llenaría la selva de gente y máquinas sin corazón, arrancando árboles y plantas sin ton ni son, pisoteando vida y belleza, espantando a las aves con sus ruidos y a los espíritus con los flashes de sus cámaras. Ni la selva ni sus hijos( los indígenas ) nos los perdonarían jamás."

Pregunta: Pero esas plantas podrían hacer más larga y saludable la vida de la gente. ¿No existe algún modo de compartir ese bien con el resto de la humanidad sin traicionar a la selva y alterar la paz de la aldea kimbisa?

Respuesta: La población humana ha crecido desproporcionadamente en los últimos siglos, como un cáncer, destruyendo miles de especies a su paso y amenazando ahora con destruirlo todo en su suicidio apocalíptico. ¿Porqué querría el monte alargar la vida de su enloquecido enemigo mortal? Mucha gente tiene que morir todavía para que el número de humanos baje a un nivel inofensivo para el resto de las especies. La gente tiene que entender que en esta guerra para salvar al mundo, los malos somos nosotros.

Esas yerbas hay que ganárselas. No podemos alargar la vida de todas las personas o sería el fin del mundo en pocos años. Sólo las personas con corazón, que buscan su evolución integral sin fastidiar la vida de los otros, merecen ser más fuertes, ágiles e inteligentes durante más tiempo. ¿Te imaginas lo que pasaría si nuestro café llega a caer en manos de tiranos como Fidel Castro? Ni en el año 3000 volvería a ser Cuba libre."

Pregunta: El mundo está lleno de buenas personas, con buenas intenciones, pero que están atrapadas en la telaraña de la sociedad sin saber qué hacer, qué camino tomar para liberarse y ayudar a hacer de éste un mundo mejor. ¿Qué les aconseja a esas personas? ¿Cómo ser alguien con corazón? ¿Qué pasos deben dar para emprender la senda de la iluminación?

Respuesta: "El camino más rápido es éste, el nuestro. Pasarse de bando totalmente. Dejar el ejercito humano al que llaman sociedad y sus ciudades-campamentos, para abrazar la causa del planeta. Vivir en el monte y seguir sus reglas y enseñanzas. Mucho más duro es tratar de evolucionar en medio de la sociedad, pero el miedo al cambio es tan intenso que la mayoría prefiere seguir encadenados en lo que van dando tímidos pasos hacia la liberación.

A ellos les diría que traten de vivir como guerreros, sin sentir lástima de sí mismos, ni perder el tiempo en odios, envidias, lamentos y ambiciones sin sentido. Un guerrero solo posee lo que puede cargar encima sin dejar de viajar ligero, aquello que puede darle poder en vida y más allá de la tumba. Acostúmbrense a prescindir de todo lo demás, porque ni el dinero, ni el éxito, ni la fama, ni la belleza física, consiguen nunca trascender la muerte. Esas cosas banales que proyecta el ego son demasiado pesadas y siempre se quedan en tierra cuando el espíritu se libera del cuerpo, Por eso deben a acostumbrarse a vivir sin ellas cuanto antes. 

No se trata de vivir en la calle o bajo un puente. El dinero no es malo por sí mismo. Se trata de ganarlo y emplearlo únicamente en buenas cosas. No consumir productos innecesarios, de lujo, dañinos para el medioambiente o para la salud humana, o que sean fabricados por empresas y gobiernos que contaminan, explotan a sus trabajadores y ayudan directa o indirectamente a la alienación de las masas y a la destrucción del planeta. 

El verdadero poder del pueblo en la sociedad moderna no radica en el derecho al voto, sino en el consumo. El voto y las elecciones no cambian mucho, solo las caras de los títeres de turno de los poderes económicos. En cambio, el consumo sí es un voto de peso, pues puede hacer subir o caer empresas en un santiamén. ¿Te imaginas lo que pasaría si un buen día la gente decide no comprar más en las tiendas de los chinos o o dejar de beber Cocacola? Para restaurar la atmósfera y salvar al planeta solo es necesario que un tres por ciento de la humanidad renuncie a montar o usar nada que funcione o sea fabricado con derivados del petróleo durante 12 días. Ese es el tiempo que necesitará el resto del mundo para reconocer la salvación en ese gesto y comenzar a imitarlo.

Por eso el santo Petit dice que en esta época sí contamos con los medios para concebir un sistema integral y universal de iluminación. Pienso que se refiere a Internet y a los nuevos medios de comunicación, como los teléfonos inteligentes, que permiten a millones de gente ponerse de acuerdo en todo el mundo para hacer algo tan sencillo y aparentemente inofensivo como no beber más ron Havana Club, o no entrar más a un McDonald's, o no comprar más nada que sea made in China, por ejemplo.

Podemos acabar sin armas con el terrorismo, si logramos liberarnos del petróleo y superar las tecnologías que lo emplean. Los combustibles y energías alternativos están listos para dar el cambiazo, pero mientras sigamos comprando petróleo y exista un gota que extraer en el mundo, seguiremos en guerra. Elegir la bicicleta y el cartón antes que el coche y el plástico, es votar contra el terrorismo y ganar.

Para acabar con el machismo y la violencia doméstica solo tienen que dejar de consumir culebrones y canciones con letras estúpidas que reafirman la imagen de la mujer objeto y el culto al macho alfa.

¿Quieren acabar con la violencia en las calles? No compren más las drogas en el mercado negro. Cultiven sus propias drogas e intercambien con otros cultivadores para auto consumo.

 Dime qué consumes y te diré quién eres. La única forma de vivir dentro del monstruo de la civilización sin hacer daño al mundo, es consumir responsablemente, pensando en todos. Hay que mantenerse bien informados sobre los productos que tratan de vendernos y todo lo que hay detrás de su fabricación. Eso por un lado.

Por otra parte, hay que ser solidarios y ayudar sinceramente a otras personas que lo necesiten. Y no me refiero a la limosna para comprar pan, sino a ayudar a otros a hacer o a ganarse, su propio pan. No impedir ni ver con malos ojos el desarrollo de otras personas. Cambiar la envidia por la fraternidad es, sin duda, otra buena manera de crecer el corazón. Hay que compartir el conocimiento cuando las personas están listas para asimilarlo bien, ya que cada nueva generación tiene derecho a saber y, al mismo tiempo, es una semilla cargada de nuevos caminos.

Otra cosa importante y lo se porque lo he visto con estos ojos en todos los países por los que he pasado, donde la gente es esclava de sus empleos, es la necesidad de independencia económica. No hay nada malo en trabajar para otros, si nos gusta el empleo y tiene una buena remuneración, pero si no somos capaces de montar nuestro propio negocio o de encontrar un buen empleo a nuestra medida, es poco probable que logremos algo tan complejo como la iluminación. La iluminación necesita tiempo, energía y concentración, cosas que son casi imposibles de juntar llevando una vida de asalariado e invirtiendo nuestras mejores 40 horas semanales en algún insípido trabajo por cuenta ajena. Los días libres no bastan para vaciar la mente de toda la basura acumulada durante la semana, ni dos meses de vacaciones en un templo en el Himalaya son suficientes para alcanzar la iluminación.

El que tenga los recursos, felicidades, pero la mayoría somos pobres y nos vemos obligados a empezar la vida adulta como esclavos. Pero no debemos acostumbrarnos a esa condición, ni tampoco hundirnos en la auto lástima o lanzarnos como locos en cualquier aventura. Hay que trabajar con objetivos claros y voluntad, sin desviarnos en tonterías, hasta saltar a una mejor situación, desde la que podamos independizarnos por fin. 

Ahí es donde entra a jugar un papel estelar la brujería, que es una antigua, pero eficaz( sin ser superada hasta el momento ), tecnología espiritual para abrirnos camino por el mundo. Es la técnica mágica del cazador que se convierte en guerrero y del guerrero que se transforma en brujo. Ese saber es la herencia de los sabios del pasado, hombres y mujeres que vivieron con corazón en tiempos más primitivos y duros que los actuales y, por tanto, solo debe ser compartido con gente con corazón. Da igual su sexo, edad, raza o preferencias sexuales, mientras tenga corazón y éste lo lleve a la magia, la magia le abrirá sus puertas. Así es como hacemos aquí. No nos anunciamos, ni salimos en el mapa, pero si alguien nos encuentra le hacemos la prueba y si la pasa, lo aceptamos.

Pero volviendo al tema: la magia o brujería nos ayuda a sacar el máximo partido posible de nuestras aptitudes y circunstancias por muy escasas y difíciles que estas sean. La consulta con el brujo es el primer paso hacia la iluminación; encontrar un maestro o guía que nos enseñe a guerrear. Al igual que hay que mantener una dieta sana, hacer deporte y visitar periódicamente a los médicos, para mantener una buena salud física, también es fundamental mantener una buena higiene espiritual y consultarnos regularmente. Esto es, aprender a despojarnos y a atender las prendas recibidas, como mínimo. Cada persona debería tener al menos un buen makuto, nkuyo o mpaka, para que le proteja de todo mal y le lleve a su destino por el camino más corto o seguro."

Hay que usar la brujería para independizarnos, pero una vez libres, debemos invertirla en nuestra evolución espiritual, en vez de enfocarla solo en ambiciones y placeres terrenales. No es que sea malo vivir para el placer, es que constituye una pérdida, generalmente irreparable, de tiempo vital.

Después de dominar ese nivel básico de iniciación, podemos pasar al segundo nivel, que en nuestra regla equivale a convertirse en Padre o Madre( tata o yayi ). El objetivo primordial del segundo rayamiento es hacernos jurar( asumir responsabilidad ) por los nuevos secretos que vamos a recibir. Estos secretos son, como tú bien sabes, el trance, vititi( la vista mágica, los oráculos ), las patipembas y obras( trabajos y prendas ), el viaje astral( consciencia astral ), el ensueño( sueños lúcidos ) y las plantas de poder( diferentes palos y yerbas medicinales, mágicas y enteógenas ). 

También pertenecen al segundo nivel, aunque provenientes de la India y Asia, las artes marciales, la meditación y la visualización, entre otras disciplinas esotéricas orientales que nosotros incorporamos al cuerpo kimbisa. La brujería tradicional afroamericana cuenta con sus propios medios para alcanzar la iluminación, pero no está de más conocer los éxitos en ese sentido que han logrado los maestros yogis, taoístas y budistas, entre otros. Aquí hay muchachos que se sienten muy atraídos por todo lo oriental, por lo que es más probable que alcancen la iluminación con esas técnicas que con las afroamerindias, así que empezamos a trabajar sobre ellos por ahí, mientras que a otros, que son más sensoriales que intelectuales o marciales, les damos plantas de poder en el inicio y si reaccionan bien, seguimos dándoselas. A los más oscuros o muerteros les iniciamos en el trance y el trabajo con las prendas en el templo. Aprenden lo que quieren, pero los mayores siempre hacemos hincapié para que los jóvenes se especialicen en lo que se les de mejor. El que mucho abarca, poco aprieta."

Pregunta: Anteriormente ha mencionado que los nuevos kimbisa no buscan discípulos nuevos, pero que si de algún modo llegan hasta ustedes, les hacen la prueba y, si la pasan, les inician en su regla. ¿Quiere eso decir que yo, como llegué hasta aquí gracias al Chino, puedo pasar la prueba?

Respuesta: "Bueno, tú no tienes que pasar la prueba porque ya la pasaste cuando te rayaron kimbisa del santo Cristo del buen viaje. Si lo deseas puedes solicitar el rayamiento directamente. Nosotros votamos democráticamente y si le caes bien a la mayoría, te rayamos."

Pregunta: En ese caso solicito formalmente el rayamiento y me gustaría pasara antes por la prueba. Siento que necesito esa reafirmación para reforzar mi espíritu. ¿Sería posible o es mucho pedir, maestro?

Respuesta: "Claro que sí, hermano. Eso es cosa tuya y si la sientes, síguela, que tú sabes cómo es esto. Por lo demás no te preocupes, que ya está todo preparado para esta noche."

Pregunta: ¿Para esta noche, pero si acabo de pedírselo y son las cinco de la tarde? ¿Dará tiempo? ¿Y la votación?

Respuesta: "No te pongas nervioso, hermano, pero nosotros sabíamos que venías a eso, aunque nunca lo mencionaste, porque nos lo dijo el santo Petit, y la votación la hicimos la segunda noche que llegaste, mientras dormías como un tronco. Fue rápido( risas ). Tranquilo, le caes bien a todo el mundo, menos a mi( más risas ). Que no, hombre no, que es broma, nos caes bien a todos."

Hasta aquí la primera parte de la crónica de mi corta, pero reveladora y fructífera, estancia entre los nuevos kimbisa, en abril de este año, en la Amazonia, el corazón del mundo. Me ha llevado casi tres meses poner en orden mis notas y recuerdos para redactar lo que vi en forma coherente. Disculpen mis limitaciones narrativas; soy brujo, no escritor. En la segunda parte les contaré mi rayamiento y otras conversaciones que recuerdo con el Padre Umbral. Saludos a todos y que Nsambi acutare!